martes, 24 de abril de 2012

"JOSÉ MARÍA DEL BUSTO, MARQUÉS Y NOVELISTA", ARTÍCULO DE JOSÉ LUIS CAMPAL


(Artículo exclusivo para el blog Las mil caras de mi ciudad)


Las letras asturianas, aun estando bien provistas de una amplia galería de creadores, se encuentra no poco enjuta en lo que atañe a la necesidad de arrojar luz sobre aquellos otros escritores que permanecen, como errabundos espectros, en el injusto limbo del desconocimiento. Quiero hoy referirme a uno de estos marginados por la posteridad, al cual ni estudiosos ni, me temo, lectores prestan oídos: JOSÉ MARÍA DEL BUSTO Y CHAVES, quien además era marqués de Velagómez.

José María del Busto, en 1915

 Hijo de María de los Dolores de Chaves y Cistué, condesa de Cobatillas (que fallecería el 14 de diciembre de 1935, abrumada por la pérdida del hijo), José M.ª del Busto participó en sus años mozos en política militando en la Juventud Liberal Conservadora. Contrajo matrimonio el sábado 21 de junio de 1913, en el oratorio familiar de la marquesa de San Juan de Nieva, con una hija de ésta llamada María de Maqua y Carrizo, fruto de cuya unión tuvo dos varones: José María y Carlos José del Busto.
Del Busto colaboró en revistas y periódicos nacionales como La Esfera, Mundo Gráfico, Blanco y Negro, ABC, Alma Asturiana, El Progreso de Asturias, El Carbayón, El Parlamentario, El Popular, El Globo, Adelante. En volumen, dejó, que sepamos, siete libros y folletos:
1) Cuadros de la vida (Figuras que pasan. Impresiones. Perfiles literarios), Madrid, Pueyo Editor, Imprenta de El Trabajo, 1908, 126 páginas. [Esta obra la firmó como José del Busto-Solís]
2) Cómo se forma un corazón, Madrid, Imprenta Cervantina, 1915, 44 páginas.
3) La luna ríe... / Castillo de quimeras, Madrid, Imprenta Cervantina, 1915, 212 páginas [conoció una segunda edición en 1928, de mano de la madrileña Editorial Espasa-Calpe]. El crítico literario de Nuevo Mundo (24-VII-1915) declaró que La luna ríe... era «una narración madrileña, intensa, llena de interés, con bien acordada emoción»; sobre Castillo de quimeras opinaba, sin embargo, que «es un relato asturiano, de menor mérito, en el que las figuras se borran indecisas y en el que innecesariamente los personajes van y vienen entre vulgares pecadoras», todo lo cual no impedía que considerase que el autor «escribe muy bien, no decae en sus narraciones, da impresiones de realidad y de vida en la gestión de sus personajes».
4) Dos mujeres y un ladrón, Madrid, Editorial Marineda-Librería de Alejandro Pueyo, Imprenta de los Sucesores de Rivadeneyra, 1925, 276 páginas.
5) Aventura en el gran mundo, Madrid, Sáez Hermanos, “Nuevos novelistas españoles”, 1928, 234 páginas.
6) La dama del retrato.
7) Quince meses después... De la Monarquía a la República, Madrid, Centro Editorial Minerva, Imprenta de Galo Sáez, 1931, 189 páginas.

Portada de AVENTURA EN EL GRAN MUNDO, novela de José María del Busto 
Además, en estos volúmenes se avanzaban, en sus páginas interiores, títulos de próxima aparición o que se encontraban en fase de preparación, manuscritos que sospecho no pasaron a los moldes de imprenta, pues no me consta ninguna edición atribuible a nuestro autor con esa denominación. He localizado hasta 13, y los cito seguidamente:
1) El hijo (novela)
2) El amor que nace... (novela)
3) Resurrección (novela corta)
4) El último beso (novela corta)
5) Jardín de melancolías (cuentos)
6) Siluetas literarias (crítica)
7) De telón adentro (crítica)
8) Unión de almas (teatro)
9) Política española. La voz de los distritos (ensayo)
10) Políticos de España. De Isabel II a Alfonso XIII (ensayo)
11) La condesa de Espoz y Mina (ensayo)
12) Asturias (ensayo)
13) Espartero (ensayo)
De su discurso vital, o más bien de las lagunas derivadas del mismo, desconocía las fechas de su nacimiento y muerte. Recientemente, este último extremo me lo despejó el bibliotecario Juan Miguel Menéndez Llana tras verificarlo él en un trabajo de José Miguel de Mayoralgo y Lodo, conde de los Acevedos, titulado Movimiento nobiliario 1931-1940.


Poesía dedicada a José María del Busto y publicada en el diario gijonés EL POPULAR el 16 de septiembre de 1906 
Tirando de este ovillo hemos sabido que nuestro autor murió en Madrid repentinamente, a consecuencia de una angina de pecho que actuó velozmente, la tarde del martes 29 de enero de 1935, como se observa por la esquela que en su día publicó La Época. Aunque en ella se indicaba que era deseo del escritor ser enterrado en la intimidad, muchas personas no renunciaron a acompañarlo hasta el cementerio, estando integrada la comitiva por amigos personales del desaparecido literato como el académico José Francés o el diputado ovetense José Manuel Pedregal.
Al parecer, José M.ª del Busto falleció diez minutos después de haber concluido su último artículo, paradójicamente un texto necrológico sobre el expresidente del Gobierno español José Sánchez Guerra. Esta pieza póstuma la tituló “Tres horas de una vida” y la remataba así: «Don José Sánchez Guerra salió al campo donde España librara su combate. Detúvose un punto para atisbar las tiendas de uno y otro ejército; pero, al fin, marcha señero, solitario, por una vereda olvidada, plegándose únicamente al íntimo dictamen... Es cierto que su prédica defraudó aquella tarde, casi por igual, a republicanos y monárquicos, sin embargo todos advirtieron bien pronto cómo ese discurso decapitaba la dinastía secular, justamente cuando el orador rubricó su vida pública».

Esquela de José María del Busto y Chaves  
Las informaciones necrológicas resaltaron los valores del quehacer de José M.ª del Busto. La prensa madrileña lo dibujaba como «escritor de gran cultura y fino estilo que, a pesar de su juventud, había logrado sólido prestigio» (La Época, 30-I-1935) y afirmaba que «cultivó con pasión de enamorado la literatura, era un fino escritor, de temperamento sensible, acusado en sus novelas, en las que vertía delicadamente la nota romántica, prestándoles la noble efusión de bondad y caballerosidad que eran norma de su vida» (ABC, 30-I-1935). Por su lado, la agencia Sagitario, para la que Del Busto escribía artículos que luego ella distribuía entre los periódicos que habían contratado sus servicios, lo retrataba como autor de «prosa bella, pulcra y estilista, gran conversador y hombre inteligente, bondadoso, que no se encaramó a los cargos políticos de altura por su modestia proverbial, tanto que ni siquiera nos dijo nunca que poseía un título nobiliario», señalando igualmente que desapareció «cuando su talento irradiaba, en sus prosas admirables, de modo más racional».
En nuestra región, La Voz de Avilés aseveraba que era «persona de vasta y sólida cultura, reflejada en libros y artículos literarios y periodísticos, no haciendo muchos años que a raíz de la publicación de una de sus novelas, en la que se reflejaba su acendrado afecto hacia Avilés, le rindieron un homenaje los muchos admiradores que aquí tenía y tiene» (30-I-1935), mientras que en La Prensa, de Gijón, se le catalogaba de la siguiente manera: «Brillante escritor que gozaba de gran predicamento en los medios literarios y artísticos madrileños, trabajó durante muchos años como colaborador de importantes periódicos y publicó libros muy interesantes de ensayos y novelas en las que campeaba un fino y aristocrático estilo. Alguno de ellos hubo de adquirir grande y merecida difusión, siendo acogidos con aplauso por la alta crítica» (2-II-1935).

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