viernes, 27 de febrero de 2015

BAJARME EL SUELDO ("EL COMERCIO", 24/02/15)


Todas las noticias, para bien o para mal, las recibo a primera hora de la mañana, con el desayuno, leyendo el periódico. Algunas me indignan y otras me sorprenden. El  diario de hoy concentraba ambas. Por una parte, el rey y toda su estirpe real se bajan el sueldo en un 20 %. Leo con cierto detenimiento y, pese a la rebaja, pese a ser la monarquía europea que menos cobra, el sostenimiento de la Casa Real nos cuesta a los españoles 7,77 millones de euros. Una bagatela de nada que dirían nuestros queridísimos políticos. Pero, ya se sabe, es lo mejor para la estabilidad del país y hay que ser políticamente correcto. Luego, ni quito ni pongo rey.
Llegado este punto me pregunto si yo no debería de seguir su ejemplo, porque supongo que lo habrán hecho para que tomemos nota el resto de los españoles y seamos un poco más solidarios con un país que hace agua por demasiadas partes, fundamentalmente por la económica. Hago mis cálculos. Soy mileurista, con una rebaja de un 20% pasaría a cobrar 800 euros. Dudo mucho que pudiera vivir. Si adoptase esa medida pasaría a engrosar la lista de la segunda noticia.
Va dicha noticia –que ni tan siquiera lo es-, 13 millones de españoles viven en la pobreza, en la cifra se incluyen 229.000 asturianos –un 21% de la población del Principado está en riesgo de exclusión o pobreza, que dicen las estadísticas-. Los números siguen hablando: un 11% son “pobres de empleo”, dicho así, tal cual, sin ruborizarse; un 15,7% son “hogares de baja intensidad de trabajo”, una buena forma de llamar a las cosas por su nombre, sí señor; y finalmente un 6,2 % sufre una “privación material severa”, vamos lo que vulgarmente se dice  “pobres de solemnidad”.
Y ahora, tras el desayuno, decido echar pie a tierra: comprobar por mí misma y sin estadísticas lo leído. No me hace falta ir lejos, a la vuelta de la esquina, en el paseo de Begoña. Pero no relataré quiénes, ni cuantos pobres piden en tan céntrico lugar o a la puerta de los supermercados, ya lo he hecho en otras ocasiones. Quien quiera comprobar que se dé una vueltecita por el lugar. Y mi pregunta, que no deja de ser estúpida, es si la bajada de sueldo de la monarquía servirá de algo a esa media docena de pringaos que estiran la mano tratando de hacerse con unas monedas que les resuelvan el día. Me temo que no. Desde luego qué medidas se toman desde las altas instituciones para… ¿tal vez engañarnos?



jueves, 26 de febrero de 2015

DOULAS Y MATRONAS (publicado en el diario "EL COMERCIO", 26/2/2015)



Gloria Aranguren, Amparín Platero, María Luisa Solares, Lolina, Mª Antonia, Sela,  Maribel -mi propia madre-, y un largo etcétera responde a aquellas comadronas –hoy se les conoce más como matronas- que desde que tengo memoria asistían en Gijón al nacimiento de los niños. Primero nacían en  sus casas y por fortuna, sanitariamente hablando, luego pasaron a los centros hospitalarios. Todas ellas – concretamente las que cito- eran mujeres tituladas en las facultades de medicina de Valladolid o de Salamanca, aclaro esto porque en alguna parte he leído que eran “parteras” sin formación. Es un error, en mi casa tengo el título de mi madre, y estoy hablando de la década de los cincuenta, lo que significa que su formación viene ya de bastante atrás. Mujeres avanzadas para su época que habían decidido formarse en una antigua profesión que requería, por el bien de la madre y del naciturus, una preparación muy específica. Aún conservo el recuerdo de mi madre levantándose a las tantas de la madrugada para desplazarse allí donde un niño estuviese a punto de nacer y también recuerdo cómo algunas veces permanecía más de un día al lado de la parturienta esperando el alumbramiento. Como ella, las demás. Todo el mundo las conocía en Gijón porque formaban parte de la vida familiar de las parejas jóvenes. Mi progenitora aún conserva una gran caja llena de fotografías de recién nacidos que ponen cosas como,  “a mi segunda madre”, “a quien me ayudó a nacer”… Pues bien, ahora aparecen  en escena unas señoras que dicen llamarse “doulas”  - el significado del vocablo, leo,  es el de  sirvienta de la mujer en griego-, que, según ellas mismas afirman “dan cariño, aconsejan, tranquilizan a las mujeres y las acompañan emocionalmente”. Como si eso no lo hubiesen hecho toda la vida las comadronas. Pero lo más grave es que no tienen ningún tipo de formación: invitan a dar  a luz en casa  - por supuesto, sin la participación del marido-, e incluso algunas  aconsejan que se coman la placenta,  ya que  dicen  tiene hormonas y facilita la lactancia. Kafkiano. Pero lo más grave, a mi entender, no es que existan ese tipo de personas, nadie está libre de cruzarse con un iluminado, en este caso iluminadas, lo que me parece gravísimo es que haya mujeres que se pongan en sus manos en pleno siglo XXI, y precisamente ahora que hemos conseguido formarnos, demostrar que no somos menores de edad. ¿O algunas aún lo siguen siendo?