sábado, 28 de noviembre de 2020

TEMAS GALLEGOS, por ÁNGEL AZNÁREZ RUBIO. Publicado en "LA VOZ DE ORTIGUEIRA" (26/11/2020)

      (Segunda parte)




En el artículo anterior de Temas gallegos escribí que había encontrado en el fondo de la biblioteca, también armario, un libro con ese mismo título, del autor Luis Moure-Mariño, y recordé haberlo comprado en la Librería de don David Fojo, allá creo, por el año 1978. Quería el artículo dedicarse al primer Capítulo de aquel libro, titulado Los judíos gallegos, y se concluía con la disyuntiva idea de Borges, de que todos, gallegos y no gallegos, o somos hebreos como Cristo, o somos griegos como Ulises. 



Según opinión de los lectores, que son los que aquí mandan y pagan -a diferencia de los políticos que son los que mandan para cobrar- lo más importante del artículo, lo que levantó eso que se llama “pasiones”, fue el recuerdo del
“cura–reloxeiro de Ladrido”, del que también, por cierto, me habló don David Fojo Salgueiro, en aquellos tiempos. 


Ahora añado que, visitando una vez un palaciego-PAZO, situado cerca de Santa Marta de Ortigueira, al fondo de un largo y encerado corredor, con buganvillas trepando por la fachada como ladrones, un reloj de péndulo, con latidos de “tic” y “tac”, hizo sonar las horas, diciéndome el dueño de la casona o pazo que tal reloj, con esfera y caja, era de la factoría del cura de Ladrido (parroquia cercana de Santa Marta), y –añadió- que en noches de tormenta, para miedo, las mismas ánimas del cura danzaban en el interior del reloj. 


La verdad es que no hice mucho caso de tanto prodigio, del reloj, pensando que eran fantasmadas propias de los fantasmas con los que vivía el propietario del pazo, que acariciaba a unos “micifús”, especie de gatos castrados de color negro, que parecían embrujados.


Doña María del Carmen Fojo Bouza, directora de La Voz de Ortigueira, me hizo llegar un librito u opúsculo de un tal Anxel M. Rosende, sobre “Francisco Xavier Méndez Neira, cura reloxeiro de Ladrido” (1744-1803), de 47 páginas, con portada y contraportada de color verde, figurando de la página 13 al final un llamado “apéndice gráfico”. De tal cura, reloxeiro, se escribe: “Era un alarife excepcional, e tiña organizada las cousas de tal xeito que podia facer moitos reloxios e ben”. 



Respecto a la labor pastoral del descendiente apostólico, se dice en el libritoo simplemente: “Foi rexedor durante vintecinco anos de súa vida de una pequena parroquia ortegana”. Parece ser –eso no se dice en el libro- que se desplazaba en una burra gris, con rabo del mismo color, a Céltigos, lugar de muchos celtas, a dar extremas unciones, y que su Iglesia, la de Santa Eulalia se llenaba de devotas de Ladrido y de El Valeo, tocadas con mantilla, para rezar rosarios y escuchar sermones, después de recoger berberechos en la ria y cocerlos empanados. 


Y fue un cura “encastrado” en una diócesis, la de Mondoñedo, de obispos milagrosos y creyentes todos en Dios, así San Gonzalo, que, según Cunqueiro, a petición de sus diocesanos, cada Ave María que rezaba, nave enemiga o normanda que se hundía. De los Obispos de Mondoñedo confieso que el que más me interesó fue don Antonio de Guevara, predicador, santo y jeta, siendo lo más destacado de la creación guevariana, escrita en prosa, el llamado “Arte de  Marear”.  


Doña P. A .G., que me escribió y dijo vivir, abaixo, en el Cantón de Santa Marta, me aseguró que, según ella, el cura Francisco Xavier, por ser relojero y de mucha precisión, era hombre científico, de las ciencias positivas, luego muy alejado de esas “cosas” de milagrería y de fascinación sobre lo del más allá y purgatorios, propio de la Santa Compaña. Discrepa y cree que no, que el cura-reloxeiro no participa en las reales procesiones de la Santa Compaña, por la playa de Ladrido o por el interior del valle de Couzadoiro. ¿Y yo qué sé, estimada señora? –respondo-. No obstante, precisaría a doña P.A.G que parece indiscutible que el relojero también era cura, luego también dado, por profesión y procesión, a milagrerías y creencias en el más allá. ¿No es así?



Chocante es, ciertamente, que un hombre –sacerdote- tan dedicado a la vida eterna, que es atemporal o eterna , se dedicare en sus ratos y raterías de ocio -los no ocupados por los negocios sacros- precisamente a medir los tiempos, que eso es el trabajo de relojería. ¿No creería, acaso, en Dios ni en la vida eterna, en cielos e infiernos para siempre? ¿La relojería sería tal vez arte diabólica? 


Si fuera hoy, el cura-reloxeiro de tiempos del Ilustrado Carlos III, Méndez Neira, sin duda ilustrado y de muchas “Luces”, tendría mucho éxito, pues no pararía de conferenciar sobre eso tan actual que se llama “la gestión del tiempo”. Si pudiera, al que fue párroco de Ladrido, yo pediría que me explicase qué es lo verdadero: si el tiempo pasa muy rápido como dicen los comprimidos o lentamente como aseguran los deprimidos.  


Continuaremos, y volveremos a los judíos gallegos, de la pluma de Digo Moldes, a la morriña de Moure-Mariño, y entraremos en lo de los moriscos gallegos, apellídense como se apelliden, incluso Ricote, en grafía de Cervantes. 


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lunes, 23 de noviembre de 2020

"EL ÚLTIMO PAPA EUROPEO", artículo de ÁNGEL AZNÁREZ publicado en "RELIGIÓN DIGITAL"

 


“La Capilla Sixtina es un singular cofre de memorias, ya que constituye el escenario solemne y austero de eventos que caracterizan la historia de la Iglesia y de la humanidad”.

   Benedicto XVI a los artistas (21.XI.2009)




Colosimo es francés, hijo de padre calabrés (italiano) y de madre francesa, editor, teólogo de la Iglesia ortodoxa y ensayista de talento, cuyo lectura de su último libro publicado, La Religion française (2020), habría de estimular a algún español a escribir uno muy necesario, que se debería titular La Religión española, que sería, sin duda, trabajo de titanes. Su hija Anastasia Colosimo, profesora de Teología política,  también de confesión ortodoxa, escribió en 2016 un importante texto sobre ese curioso delito, que es el de blasfemia, de mucho conflicto con la libertad de expresión. 


Nos interesa ahora el penúltimo libro de Colosimo, titulado Aveuglements (2018), que es un ensayo complejo y voluminoso (540 páginas) sobre “religiones, guerras y civilizaciones”. En el Capítulo I del Libro I se refiere a la que llama La invención de la teología política, uno de cuyos apartados se dedica a Carl Schmitt, titulado Nazi y católico, eminente constitucionalista de la República de Weimar y miembro del partido nazi en 1933. Sobre Schmitt  guardó mucho silencio Benedicto XVI en sus discursos sobre Erik Peterson, acaso por no ser políticamente correcto. Es en la página 387, después de referirse al discurso pronunciado por Benedicto XVI en Ratisbona, titulado Fe, razón y universidad, cuando Colosimo considera a Benedicto como “el último papa europeo”. 

                                                   


Si lo último entrecomillado, parece evidente y ya está asumido, quizá  tenga interés un análisis de los últimos acontecimientos sobre Benedicto XVI desde esa perspectiva, teniendo en cuenta las peculiaridades y excepcionalidades resultantes de una renuncia al Vicariato de Cristo, lo que supone una relación compleja entre un Pontificado emérito y otro ejerciente. Una renuncia, que empezó siendo anunciada el 11 de febrero de 2013, lunes de Carnaval, y que concluyó con la gran celebración litúrgica del Miércoles de Ceniza. A la renuncia hicimos última referencia en el artículo El Papa emérito y el Cardenal Sarah, aquí publicado, y es que los disparates, barullos, barrabasadas, en relación con las renuncias son innumerables y memorables: por ejemplo, y escrito quede de modo incidental, resulta que el Rey de España ha renunciado a la herencia de su padre, viviendo éste, con olvido de lo tan elemental que dispone el artículo 991 del Código Civil: “Nadie podrá aceptar ni repudiar sin estar cierto de la muerte de la persona a quien haya de heredar y de su derecho a la herencia”. Y todo el mundo calló…


Muy interesante resultó que el último Papa europeo haya sido precisamente un papa teólogo – me pasa lo que a Borges, que con los teólogos lo paso muy bien-, y que tanto hayamos disfrutado con los teólogos católicos europeos, como el dominicano Congar, los jesuitas de principio a fin como Rahner y Lubac, y el siempre sacerdote e ignaciano Hans Urs von Balthasar, jesuita de principio, ingresó en la Compañía en 1929, y no de fin, pues dejo de ser jesuita en 1950. Resultó impresionante el dato de que von Balthasar falleciese un día antes del previsto para colocarle la birreta cardenalicia. Volvamos a lo anterior: ¿Qué Teología no europea nos enredará y entretendrá? ¿Acaso la Teología política de los teólogos americanos de la Liberación? Confieso, pecadoramente, que mi euro/centrismo me desborda o rebasa, y no tengo nada que ver –nada, lo proclamo- con derechismos reaccionarios de clérigos mitrados y psiquiátricamente nostálgicos de cuentos de hadas como Alicia en el país de las maravillas. 


Nada me tranquilizan las palabras de Benedicto XVI contenidas en las Últimas conversaciones con Peter Seewald, que califica de “bello y alentador” que tengamos un primer Papa del Nuevo Mundo, que además –añade- es “italiano y sudamericano” a la vez. Parece normal que a un Papa sudamericano (Francisco) no le guste una edificación tan europea y tan de papas europeos como es un castillo –Castel (Gandolfo), que es muchas cosas: un palacio apostólico, una villa pontifical, un Vaticano menor, una residencia de verano, un lugar de muerte de papas en verano, y todo ello con el llamado beneficio de extraterritorialidad, que es beneficio propio de lo “vaticano” y por gracia de Mussolini (Acuerdos de Letrán). 

                                                    


Muchos son los testimonios de Benedicto XVI sobre Castel Gandolfo, lugar óptimo para rezar, escuchar música y leer, o sea, para “subir”, via pulchritudinis, hasta Dios. Por cierto que Georg Gaenswein, secretario y muy próximo al Papa Emérito, con el cual algunos quieren ser más fieros que lo fue el cardenal Tisserant, al morir Pio XII, con sor Pascualina Lehnert, también llamada “La Papisa”, dijo que uno de los libros de lectura papal en el repetido Castel, después de la renuncia, fue Gloria (de Estética teológica de Balthasar). Pudiera resultar que si Benedicto XVI no fuera emérito podría seguir disfrutando de las aguas y brisas del Lago Albano, pero eso ya no es posible por haber renunciado. No es igual, para un papa, morirse durante el verano en el Vaticano que en Castel Gandolfo, tal como allí murió Pablo VI, otro Papa que, al igual que Benedicto XVI, fue un esteta; acaso por eso murió allí. Y Pio XII, pero con éste, el problema fue otro.  


Éste que escribe, que tanto pensó en su bendito Papa Benedicto, debe pensar también en él en estos momentos, que no son de “estética”, sino de lo más antiestéticos, pues son momentos de enfermedad, que no es causa de asombro, contemplación  o gozo, sino de todo lo contrario, de dolor y de la corrupción del cuerpo, de absoluta pérdida de la forma y paso previo a la metamorfosis en polvo. Misterios de la muerte: si el hablador Juan Pablo II quedó mudo, el esteta Benedicto se llenó de pústulas y granos. Por eso en estos momentos me resulta tan interesante el pensamiento teológico de Ratzinger, que es el de Von Balthasar, sobre la Estética. 

                                        


Todos los Papas destacaron la importancia de lo bello y no únicamente por los papas que pudiéramos llamar “dandis” o estetas, como Benedicto XVI y Pablo VI; de éste fue célebre su Misa en la Capilla Sixtina con los artistas el 7 de mayo de 1964, también la aportación de obras de arte contemporáneo a la colección de los Museos vaticanos, y finalmente, su mensaje a los artistas con ocasión del final del Concilio Vaticano II. Importante fue la Carta a los Artistas de Juan Pablo II en la vigilia del Gran Jubileo del año 2000 o la declaración sobre los gustos estéticos del Papa Francisco efectuadas al jesuita Antonio Spadaro, Director de La civilità católica, en el verano del primer año de Pontificado. 


Es verdad que sorprendió el tránsito de la sobria vestimenta del Ratzinger cardenal, que paseaba por el romano Borgo Pío, con sotana negra de cura y cubierta su cabeza con un basco también negro, al Ratzinger papa, que fue calificado como el “papa de las marcas” y del “revival” de ropajes pontificios (gorros papales), resultando unos amaneramientos excesivos típicamente de arte germánico, como de Goethe


Benedicto XVI, en el lejano 13 de agosto de 2006, con ocasión de su viaje a la Baviera natal que tuvo lugar del 9 al 14 de septiembre, en una larga e importante entrevista televisada, no traducida al español, dijo, en contestación a la segunda pregunta: Creer es bello. Mas tarde, el 31 de agosto de 2011 en una Audiencia, precisamente en Castel Gandolfo, se refirió a la via pulchritudinis o vía de la belleza en referencia a las expresiones artísticas. El 21 de noviembre de 2009, en el importante encuentro en la Capilla Sixtina con artistas, pronunció un discurso: en primer lugar, definió a la belleza como el arte para encontrar a Dios, verum, bonum y pulchrum; en segundo lugar, recordó la gran aportación de la “estética teológica” de Von Balthassar, al inicio de su gran obra titulada Gloria; en tercer lugar efectuó un comentario artístico y teológico al Juicio final, allí pintado en la Capilla Sixtina.


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viernes, 13 de noviembre de 2020

"TEMAS GALLEGOS", Publicado en "LA VOZ DE ORTIGUEIRA" por ÁNGEL AZNÁREZ RUBIO (13/11/2020)

 

(Libro recomendado por el recordado don David Fojo)



Fondo de armario” son tres palabras que debiendo evocar ordinarias prendas de vestir, pronunciadas con ritmo y caída de labio, tienen aire romántico, como de “clase” de antaño, incluso con glamour. Cuando una mujer, hoy, habla de su “fondo de armario”, con pretensión glamurosa, casi siempre suele ser porque es muy tonta o está muy sola, pues sólo desde los desvaríos de la tontería o la soledad puede elevarse a la categoría de “glamuroso” lo que por esencia es elemental, salvo, salvo, naturalmente, que por fondo de armario se entienda otra “cosa”.



 Si el
glamour quiso ser, en su origen, una arma de seducción o treta femenina, hoy es también masculina o masculino, si bien la pretensión de algunos barones de ser “glamurosos”, suele acabar mal, muy mal, en adefesios o hazmerreír, aunque el papa Francesco, el de todo es posible y misericordioso, bendiga y diga adelante. Ni creí lo de antes, eso de que todo era pecado, ni creo lo de ahora, que todo sea misericordia. ¡Cuántos y cuántas perdieron tiempo y tiempo creyendo en los pecados y pidiendo y pagando absoluciones! 


Muy distinto al “fondo de armario” es el llamado “fondo de biblioteca”, que es un lugar o colocado desconocido de libros, que todo bibliotecario de postín no ha de saber que los tiene y que, de repente, un día, revolviendo o quitando polvos, los redescubre: es que los libros son como los cadáveres, que también se convierten en polveras. 





Ocioso por el confinamiento, del fondo de una estantería, casi ya momia, recogí el librito Temas gallegos, escrito por Luis Moure-Mariño, publicado en el año 1979 por Espasa-Calpe (Selección Austral). Asombrado por tal descubrimiento, me senté en una chaise-longue, de anticuario, en mi gabinete que está adornado con damascos de apagado o mustio color, teniendo cerca el billar de bolas blancas y coloradas. 



Pasé una página, pasé otra, y a la tercera, arriba a la derecha, vi escrito, a lápiz, en el libro antes indicado, lo siguiente: “225 pesetas. Es novedad. 15.V.79”. Caí en la cuenta que ese libro me lo había recomendado y vendido don David Fojo Salgueiro, querido, admirado y recordado amigo, que alabó a su autor, Moure-Mariño, fedatario como yo, no de Ortigueira, Cedeira, Estaca de Vares, Cariño, Mañón 


y El Barqueiro, sino de Auriab ella, como así llamaba en sus novelas a la ciudad de Orense la coruñesa Emilia Pardó Bazán, la de busto voluminoso y de piernas como torres, como las de su Pazo de Meirás. De David Fojo, dueño de La Voz de Ortigueira, fue la escritura del precio y la novedad del libro.


INCLINADOR EN EL CABO ORTEGAL


En mi alucinación creí ver fantasmalmente a don David, haciéndome señas de que sí, de que me lo había vendido él, y coincidiendo la venta del libro –eso me aseguró- con su narración maravillosa sobre el coñecido como o “Cura de Ladrido”, que, como es sabido, fue un cura-reloxeiro –en aquel tiempo, había abundancia de curas y curatos-. No obstante haber fallecido aquel clérigo relojero hace siglos en una parroquia de Ortigueira, su presencia es aún frecuente –eso me dicen actualmente vecinos- en procesión de la Santa Compaña, unas veces cerca de la Isla de San Vicente y la Ría de Ladrido, y otras por las corredoiras de San Cristobal de 

Couzadoiro. 


¡Qué bonito –recordé- lo que me contó don David de los dos hornos de fundición y del obradoiro para ajustes y montajes que tenía el tal cura-reloxeiro en su casa parroquial, con vistas a la Sierra de la Capelada a lo lejos!


LA MARINA DE SANTA MARTA

Del libro de Moure-Mariño me interesaron sus diecinueve capítulos, en especial el primero dedicado a los judíos gallegos, en el que escribe que las colonias hebreas en Galicia fueron menos numerosas que en otras partes de España. Eso es muy discutible como trabajos posteriores destacaron, siendo muy interesante, a estos efectos, el libro de José Ramón Ortega
Los judíos en el Reino de Galicia (1981), el de María Gloria de Antonio Rubio Los judíos en Galicia (2006) y la “apasionante” ruta por las juderías de Tuy, Ribadavia y Monforte de Lemos, Un Menorah en la catedral de Tui, publicada en el diario El País el viernes 10 de julio de 2020.   


Fue de pena que los restos del decapitado apóstol, de nombre Santiago o Jacob, camino del sepulcro en Iria Flavia, no hubiesen entrado en Galicia por la Ría de Ortigueira y la Playa de Cabalar (al parecer, según las últimas investigaciones entró por la Ría de Padrón). El tal Santiago fue el mismo que en otro tiempo, por matamoros, fue designado patrón de España, y tan judío que su nombre Jacobo derivó del hebreo Ya´akov, que en tal lengua desértica significa “el que es sostenido por la talón”, importante para quien no es posible ser sostenido por la cabeza, por haber sido decapitado. 


Lo de los judíos es muy importante, pues como escribiera Borges, todos somos griegos o hebreos en el exilio. De hebreos no consta que hubiera habido muchos en la Villa de Santa Marta. Tampoco consta que por la Ría de Santa Marta, camino de su Ítaca, hubiese navegado el griego Ulises, no obstante la abundancia de Penélopes a uno y otro lado, y con un lugar, como Miñano, tan propicio para organizar a los dioses olímpicos suculentas hecatombes.  


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sábado, 7 de noviembre de 2020

" EL CONFINAMIENTO", artículo de ÁNGEL AZNÁREZ publicado en "LA VOZ DE ASTURIAS" (6/11/2020)

      (Con recuerdo a una peste anterior)


No han pasado tantos años para tener olvidada nuestra idea de que las pestes y epidemias, eran asunto de pobres; que pasaban de largo, sin rozar nuestras fronteras, haciendo de las suyas, lejos, muy lejos de nosotros, en lejanas y tierras de África o Asia, en el llamado Tercer Mundo o lugares del Domund. Nosotros ya éramos del Primer Mundo y de virus, nada. Pensábamos que con las divinidades de la ciencia y la tecnología, estando a nuestro servicio y con su dominio, nada deberíamos temer de enfermedades inmundas y contagiosas, propias de tiempos pobres, remotos y miserables; tiempos antiguos y medievales.

Teherán

Hace aún menos tiempo, en los años ochenta del siglo XX, se vio avanzar la peste del SIDA, matando a muchas personas, amigos incluidos,  también en los países occidentales y aquí. Un pensamiento pacato contuvo los miedos y los espantó con la idea de que nada pasaba ni se contagiaba la enfermedad si se seguía la entonces llamada ortodoxia sexual -la llamada heterodoxia o copular con quien no era debido ni en debida forma podía causar “castigos y rabias divinas”. Nada que temer –se decía- con lo que se llamó el sexo seguro y de confesionario, sin extravagancias. 


Ante el SIDA –lo recuerdo muy bien- los políticos pusieron, como ahora, cara de asombro y se declararon impotentes; los científicos de la biomedicina reconocieron, como ahora, nada saber; y los clérigos y teólogos, en aquel tiempo, aún no había descubierto eso tan de ahora y de moda que es la misericordia de Dios. ¡Gracias, Francisco, por quitarnos la losa del pecado!  


Fue escandalosa la pasividad social en aquel tiempo ante la enfermedad contagiosa por el sexo –repito años ochenta-, en los que tanta gente murió, y es que la sensibilidad social ante tanta muerte, causada por el virus del Sida, fue muy escasa y vergonzosa. Las familias de aquellos fallecidos, desaparecidos en infames circunstancias, son ahora, en tiempos de pandemia universal, acreedoras del recuerdo y respeto.  


Las infecciones mortales con resultado en el mundo de millones de muertos, además de formar parte del pasado o de la historia de la Humanidad, están presentes, hoy, en nuestras vidas; no son de ayer y de lejos, sino de hoy y de aquí; planetaria y de todos, no de categorías especiales de la población. El azote es total, de ricos y pobres. 


Todo se provoca desde lo pequeño e ínfimo, desde lo defectuoso y lo desechable –prueba de la fragilidad humana-: el virus del COVID-19, como todos los virus, no son ni tan siquiera organismos vivos, sólo restos o pequeños segmentos de ADN; los virus son “nada” desde el punto de vista biológico; constituye un material genético desechable y defectuoso, pero que, asimilado por las cadenas de proteínas de los seres humanos, ya en los ADN, puede reproducirse y extenderse, hasta matar. Parece que el objetivo del COV-19 está en las células pulmonares y acaso en las cerebrales. Nada es seguro.

Teherán


De la inmundicia y de la miseria del origen viral, se pasa a una dinámica, también viral, especialmente difícil y compleja según dicen los especialistas científicos; de contagios, con resultados caóticos y grandiosos. De ahí lo difícil y costosas que resultan las medidas de hacer frente a la pandemia, destacando entre ellas el llamado confinamiento o aislamiento de las personas –mas eficaz cuanto más drástico sea- y ello para evitar la transmisión ciega del virus. No es casual que la medida más eficaz contra la peste sea la más costosa, una onerosidad que aumenta tratándose de un segundo confinamiento como el que ahora, noviembre 2020, se debate.


Uno de los grandes estudiosos de los confinamientos (y de la llamada “resiliencia”) es el neuropsiquiatra francés Boris Cyrulnik, que lo delimitó así: “el confinamiento es a un mismo tiempo una medida de protección física y medida de agresión psíquica”. Protección física mas importante cuanto más drástico sea, al eliminar la posibilidad de contagio o de extensión tan propiciadora del virus, y agresión psíquica, pues los encierros personales con sedentarismo, se contraponen a lo genuinamente humano, que es la alteridad y los contactos interpersonales. Es verdad que si muchas veces “los infiernos son los otros”, y que la vida social y comunitaria es fuente de conflictos, también es verdad que sin los demás lo individual se diluye y perece: las torres de marfil y los lugares sin voces humanas que dialoguen son lugares idóneos para la neurosis, las ansiedades, las depresiones y la locura. El goce egocéntrico tiene muy poco recorrido y acaba derrotado por la asfixia que ahoga. 


El mismo Cyrulnik señala que frente a los confinamientos no todos somos iguales, pues unos salen de ellos psicológicamente igual que entraron, e incluso fortalecidos, y otros salen, por el contrario, con muchas dificultades, y mal, muy mal. Todo dependerá, añade Cyrulnik, de las circunstancias personales y sociales de cada cual, siempre antes del confinamiento: mientras que, por ejemplo, los que disponen de un bienestar mental, tienen una familia estable, disponen de buenos trabajos y lugares confortables de residencia, pueden ver aumentados sus ocios en los confinamientos, encontrando nuevos aprovechamientos y distracciones, aquellos otros, por el contrario, con factores previos de vulnerabilidad física y mental, con problemas de precarización social y de baja calidad del trabajo, sin familia estable, padecerán, con el confinamiento, un gran traumatismo. Las desigualdades sociales antes del confinamiento se verán aumentadas después: conclusión terrible. 


Escribí en un artículo que titulé con ocasión del confinamiento de hace meses, titulado Culto y cultura: La pasión de leer y los hábitos de lectura permiten pensar con la cabeza de geniales escritores. La pasión de escuchar músicas obliga a que la cabeza se “mueva” a los ritmos marcados en libretos y partituras. ¿Qué hacen, mientras tanto, los no educados, sin culto a la literatura y la música?  ¿Cómo se entretienen o defienden sin horizontes? Gran diferencia, incluso en momentos apocalípticos entre los que disfrutan leyendo y escuchando música, y los demás. Otro gran motivo de desigualdad”.

Teherán


En homenaje al magnífico historiador, recientemente fallecido, Joseph Pérez, leí  nuevamente su libro  Historia, literatura, sociedad, publicado por la Universidad de Granada en 2010. En la página 167 figura lo siguiente: “Toda sociedad supone una cohesión interna en torno a un determinado sistema de valores comunes”.  Esto debería plantear –acaso haya que abordarlo- el tema de las crisis políticas, como la actual española, en tiempos de pandemias, en los que la confianza al poder político ha de ser tan importante, y que ahora parece faltar en España, por culpa de unos y otros. Precisamente confianza en tiempos de pandemia, y de toma de decisiones importantes y muy difíciles.


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