viernes, 27 de marzo de 2020

"VIDA SUSPENDIDA", artículo de ÁNGEL AZNÁREZ publicado en el diario "LA NUEVA ESPAÑA" (27/03/2020)

                   "En el libro octavo de la Odisea
se lee que los dioses tejen desdichas para que a las futuras
generaciones no les falte algo que contar"
                            Jorge  L. Borges. "El culto de los libros"


                                        Seguimos en obligada reclusión, con la vida suspendida y sostenida por hilos; seguimos en retiro, no para cosas sublimes como hablar con Dios, sino para asuntos tan mundanos como evitar contagios. Miedo, mucho miedo de guerra, sin enemigos como nosotros, ni hostis ni inimicus, y miedo fundamental, pues es miedo al colmo, que es a la muerte misma. Nada de pensamiento, pues ese pensar habría de ser más de muerte que de vida, muy triste:un pensamiento de negrura y depresivo -ahora justificado- ante un futuro tan incierto o sin futuro.

                                     


 Visiones reales e imaginarias contemplan nuestro mundo que está al revés, pues las calles están vacías y las casas llenas, en otro tiempo, las calles llenas y las casas vacías. Ya antes ocurrió, por otras cóleras y pestes bubónicas, y con paisajes también similares y siniestros como los de "Muerte en Venecia", maestría de Mann y de Visconti. Miedo, mucho miedo a la muerte anunciada y contemplada, casi vivida.

                                          La cabeza, que tanto entretenimiento precisa para aguantar sana, en busca de distracciones para sobrevivir calmada o serena, hace que los ojos miren, ahora aunque de otra manera, como despidiéndose o con nostalgia, a lo que siempre nos acompañó, día a día, año a año: a las personas con las que convivimos, compartimos la vida y queremos; a las amistades y a los conocidos con muchos y grandes problemas, aumentados por esta "crisis" ¡Qué pruebas! Miramos también, de otra manera, a objetos importantes para nuestro vivir, que nos siguen acompañando, como esos cuadros colgados en las paredes de nuestras casas, como ese mueble o secreter, con cajones y estancos, donde escondemos papeles secretos y depositamos nuestras plumas; como esa biblioteca, con libros de trabajo y ocio, en la que tantas veces, casi inconscientemente, metíamos y sacábamos. Con energía decidí por necesidad, para entretener al tiempo y entretenerme yo, rebuscar libros y quitarles el polvo, ya amarillos de viejos, allí depositados en anaqueles desde tiempos antiguos.

                                         


  Viendo la biblioteca y hurgando en ella -la mía- más modesta y un tanto esmirriada, me acordé de la de Borges y de su cuento "La biblioteca de Babel", escrito en Mar de Plata en 1942 ¡Babel, Babel, nombre propio que tanto recuerda a G. Steiner! La Biblioteca borgiana, es muy peculiar, por ser laberíntica, "compuesta por un número indefinido, y tal vez infinito de galerías hexagonales". Como escribiera María Esther Vázquez en su texto sobre la Biblioteca de Borges (publicado en Tusquets Editores en 1996) "hay versiones en todas las lenguas de libros no escritos y abarca todos los libros". También me acordé de Umberto Eco y de su película "El nombre de la rosa", incendiada la biblioteca de ficción, una de las mejores de la Cristiandad, por el monje bibliotecario de la Abadía. ¡Cuánto debe a Borges el gran experto en conspiraciones como fue Eco! ¡Cuánto echamos en falta ahora a don Humberto, el gran fabular de Adso de Melk

                                             Buscando, primero encontré por azar, el número 27.98 de la Revista de Psicoanálisis de la Asociación Psicoanalista de Madrid; un interesante número dedicado a la Teoría y Clínica al Narcisismo, grave trastorno de la personalidad y tema siempre actual, ahora en particular, por la publicación en España este mismo años (2020) del libro tan clarificador como es "Los narcisos", de la francesa Marie France Hirigoyen. De este libro me quedó lo siguiente: "A través  de la autocomplacencia uno se puede engañar y percibirse de una forma mucho más positiva de lo que es en realidad". Ejemplo de ello, sobran...

                                             También encontré, por azar, el número 47 de la revista Archipiélago, correspondiente al año 2001, dedicado al "Pensar, narrar, enseñar la Historia". En dicho número, además de un artículo del recientemente fallecido, el abulense José Jiménez Lozano, hay otro importante de Paul Ricoeur, titulado "De la fenomenología al conocimiento práctico. Paisaje de mi vida". Pensador francés, muy de moda, por haber dicho Macron que había sido discípulo suyo, todo él muy interesante, me llamó la atención la siguiente frase: "PUES ES EN LA POLIS, EN LA CIUDAD, EN DONDE EL SER HUMANO SE REALIZA". Esa frase viene muy a cuento en estos momentos de reclusión forzosa por pandemia y con las calles vacías de la ciudad. Un tiempo en el que somos menos ciudadanos.

                                         
 Es ahora, con tanto vacío en las calles y tanto encierro en las casas, cuando nos damos cuenta de que el ser humano es un ser social -la verdadera condición humana es social-; que para el pleno desarrollo mental, los humanos necesitamos a los demás; que los egos, egocentrismos y egolatría, con torres o sin torres de marfil, conducen a la neurosis y a otras locuras de paranoicos, a diferencia del altruismo que ordinariamente sana y cura. Encerrados en casa, el miedo sustituye a la libertada -ni soy libre ni los demás lo son-; sin ciudad o espacios colectivos no somos ciudadanos, no podemos serlo, aunque la mediocridad, la indignidad, la corrupción y los narcisos locos, políticos o no, abunden en lo público o común. Y es que con la Ciudad, con la vida en común, ocurre lo mismo que con la palabra: por una parte, nos causan agobio e irritación, pues nos hace conscientes de nuestras muchas limitaciones -la relación social rechaza las imaginarias omnipotencias-, pero, por otra parte, aunque pueda parecer increíble, nos cura de nuestras debilidades mentales. La soledad, sin tener certero punto de referencia, agrava los desequilibrios.

                                            Ortega y Gasset en su "El tema de nuestro tiempo" (capítulo ocho) escribió lo que ya había pensado al principio de los años veinte del pasado siglo: "Ha sido un error incalculable sostener que la vida, abandonada a sí misma, tiende al egoísmo, cuando es en su raíz y esencia inevitablemente altruista. La vida es el hecho cósmico del altruismo, y existe sólo como perpetua emigración del Yo vital hacia lo Otro". Y las locuras  de don Quijote, sin sus amigos, el cura, el bachiller y el barbero, y su buen escudero, Sancho Panza, hubiesen sido más locas; sin ellos no hubiese médico ni escribano, que dio fe de su cordura.

                                             Es ahora tiempo de calles vacías, cuando entendemos la diferencia que estableció Aristóteles entre los llamados "idiotes" y "polites", según que intervengan o no en los asuntos de su ciudad. Es ahora cuando entendemos que el repliegue sobre si mismo, el encerrarse en si mismo, es de idiotas. Tal vez, lo que ahora, tristemente, estamos viviendo, pueda ser ocasión para una nueva reflexión, otra vez, en la que nos planteamos, nuevamente, eso tan olvidado, de averiguar en qué consiste ser verdaderamente humanos.

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lunes, 23 de marzo de 2020

"EL LIBRO Y LA LOCURA DE DEJARSE MORIR", por ÁNGEL AZNÁREZ RUBIO


                              
               
Foto publicada en el diario "EL COMERCIO", con motivo de su nombramiento en el TSJA

                                                                                     "De todos los instrumentos del hombre, el más asombroso es, sin ninguna duda, el libro. Los otros son prolongación de su cuerpo: el microscopio y el telescopio son prolongación de su vista; el teléfono es prolongación de su voz; tenemos el arado y la espada, que son prolongación de su brazo. Pero el libro es otra cosa: el libro es una prolongación de su memoria y de su imaginación".
                                                                                Jorge Luis Borges. Conferencia (sobre el libro).

         


          En estas fechas de reclusión forzosa, de pánico y de angustias, bueno es acudir, serenos en lo posible, a libros, a literatura, para aconsejarnos y distraernos. Y de entre los muchos libros, me acordé de los de Jorge Luis Borges, que es autor de fantasías sublimes, incluyendo -según  él- a la metafísica y a la teologia como ramas de la literatura fantastica; que es también Borges constructor de laberintos, que son como juegos de damas (o de azar en lengua persa), muy de ahora, que son tiempos borgeanos.

          Libros, biblioteca y laberintos:
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          Las reflexiones, filosóficas, de Borges sobre los libros, se reiteran en su obra. Así en "La biblioteca de Babel", en "El Aleph", en "Del culto de los libros", en las plurales refrencias al Quijote, y en la conferencia pronunciada, en Buenos Aires (finales de los años setenta del siglo XX), titulada "El libro", que, como él dijo: "El libro, este instrumento sin el cual no puedo vivir y que me es tan esencial como las manos y los ojos". En conversación con Osvaldo Ferrari, Borges mencionó a Emerson diciendo: "un libro es una cosa entre las cosas, una cosa muerta, hasta que alguien lo abre.Y entonces puede ocurrir el hecho estético, es decir, aquello que está muerto resucita" (Diálogos, Seix Barral 1992, página 85).

      
    En el gabinete mágico, que eso es una biblioteca, "están, encantados, los mejores espíritus de la humanidad, que esperan nuestra palabras para salir del mutismo". Y añade: "el universo (que otros llaman la Biblioteca) se compone de un número indefinido, y tal vez infinito de galerías hexagonales". Biblioteca, en la que hay versiones en todas las lenguas, y hasta de los  libros no escritos; la "Biblioteca de Babel", escrita en 1941, de Borges, que recuerda mucho al texto, una novela, de Umberto Eco "El nombre de la rosa", de una erudición excepcional, suma de investigaciones, de citaciones eruditas y de mentiras, también con espejos, de la Edad Media  de la Abadia. ¿Qué es la vida, qué la muerte, no dejó de preguntarse? Eso está novelado, en lo de la Rosa.


          Biblioteca que es un laberinto. Borges, constructor de laberintos, que es la biblioteca el mayor y más bello laberinto imaginable como escribe Rodríguez Monegal (Conversaciones sobre Borges,1995). Laberinto que está en el poema de Borges: "No oprimir un odiado laberinto de triple hierro y fuego doloroso las atónita almas de los reprobos" ("Del infierno al cielo"). Y laberinto recordatorio del que creó Dédalo, artífice genial, en Cnosos, para proteger al Minotauro, al servicio de Minos, padre de Icaro, de alas de cera, de vuelo alto y batacazo mortal.

          Pierre Menard, autor del Quijote:

          Volví a leer, otra vez -no sé si es un cuento, un ensayo o un juego- el "Pierre Menard, autor del Quijote", incluido en "Ficciones" (1944). El imaginario francés Pierre Menard, escritor símbolista y surrealista, formando parte de su obra subterránea e inconclusa, "escribió", de nueva e idéntica manera, únicamente los capitulos noveno, trigésimo octavo y un fragmento del veintidós (primera parte) de Don Quijote (Cervantes). No me corresponde ahora descifrar el enigma de la comicidad del cuento borgeano, del ensayo o del juego: la escritura en el siglo XX por un francés, Menard, de un libro del siglo XVII, escrito por el español Cervantes.

       
   Y no me corresponde porque la absurda pretensión de Menard -únicamente relacionada con la escritura de los capitulos indicados en el párrafo anterior- no incluyen al capítulo LXXIIII de la segunda parte de Don Quijote de la Mancha, titulado "De cómo don Quijote cayó malo y del testamento que hizo y su muerte", que es el capítulo que tanto me interesa. Menard nada llegó a escribir de él y lo escrito por Unamuno no me interesa.


          Muerte de Alonso Quijano, el Bueno:

          Es dificil saber de qué falleció el Quijano. Dice el texto: "YA fuese de la melancolía que le causaba el verse vencido o YA por la disposicion del cielo". Los sobrevivientes al difunto han de saber la causa concreta de la muerte de éste; tienen derecho a conocer. Tenemos los españoles derecho a saber de qué murio nuestro don Quijote. El texto de Cervantes es confuso, pareciendo, sólo pareciendo, que murió de melancolía; más aún, existe una contrariedad, pues no hay disyuntiva lógica (O) entre una causa concreta y específica -la melancolía- y una generalidad -la disposición del cielo- (siempre se muere por disposición del cielo).

          Ciertamente que razones tuvo don Quijote para morir de melancolía, pues regresó a su aldea muy humillado por amistades y amores, "con tristeza grande y permanente y que hace que el que la padece no halle gusto ni diversión en cosa" - que eso se dijo es la melancolía. El médico ratificó la misma: "Melancolías y desabrimientos le acababan" -dijo-. Sancho Panza, llorando, ante el lecho de muerte, dijo: "La mayor locura que puede hacer un hombre en esta vida es dejarse morir sin más  ni más, sin que nadie le mate ni otras manos le acaben que las de la melancolía".

 
Morir de melancolía debió ser dejarse morir de pena, a modo de un suicidio por depresión, y eso Sancho Panza, tan vitalista no lo podía aceptar, no comprendiendolo. De ahí su sabio consejo: es una locura dejarse morir, y es una locura estando el Bueno de Quijano tan cuerdo. Sancho Panza hizo lo que todos haríamos ante el que se quiere morir o matar por pena o penas, reales o soñadas: es una locura; es la mayor locura.


En estos tiempos de pandemia, también sigue siendo de mayor locura lo de dejarse morir.

          A.Aznarez


         


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sábado, 21 de marzo de 2020

ENTREVISTA PUBLICADA EN "LA NUEVA ESPAÑA" a ÁNGEL AZNÁREZ (9 de marzo de 2020)

EL EXMAGISTRADO GIJONÉS, TRAS JUBILARSE, ENFOCA SU VIDA A LA LITERATURA PARA "DEVOLVER A LA SOCIEDAD LO QUE ME HA DADO"

                                                            (Entrevista de I.P.)

Tras una intensa vida que le ha llevado, por fases, al Cuerpo Jurídico Militar, la Notaría y
magistrado del Tribunal Superior de Justicia de Asturias –todas ellas fruto, afirma, de la casualidad– el gijonés Ángel Aznárez se ha propuesto, tras un periodo de reflexión interna y profunda, a disfrutar en la recta final de “una buena vida”. El Derecho ha sido piedra angular en su trayectoria, uno de sus grandes amores, pero con la literatura, una disciplina con la que siempre ha coqueteado en forma de artículos, siente que ha ido generando una deuda que ahora está dispuesto a saldar. El exmagistrado, jubilado desde octubre de 2019, entra ahora en la cuarta fase, más meditada y reflexiva, con la que pretende devolver a la sociedad todo lo que ha recibido en su vida. Lo hará en forma de libros,sostiene, para que esta cuarta etapa en la que ha entrado no sea “una mera contemplación de ese final”.

La reflexión. ¿A qué me voy a dedicar? Esa fue la pregunta que generó en Ángel Aznárez su jubilación. Fueron momentos de meditación hasta que al final, convencido y habiendo logrado, en parte, “recuperar mi libertad de expresión” (de la que le privó su andadura por el TSJA), ha optado
por centrarse en la Literatura. “Voy a vivir de la pensión del Estado, y eso incompatible absolutamente a cualquier otro beneficio, es decir, todo lo que voy a hacer va a ser gratis”, asegura.
“Creo que es la oportunidad de darme a la gente sin pedir nada a cambio, sin entrar en las luchas entre la gente”, apunta. Ese concepto filosófico de la gratuidad, “estupendo”, es coincidente con la doctrina social de la Iglesia Católica, muy presente también en su carrera
Al concluir su etapa de magistrado–“no hay nada jurídicamente que lo supere”– se abrieron varios frentes.“Hay que ser fiel a lo que uno ha sido, y eso es incompatible con la abogacía, con un despacho o con ir a los tribunales; trabajar a escondidas sería un fraude y eso es inconcebible”, expone. En ese tiempo de reflexión, como es lógico, afloraron las dudas precisamente porque disfrutó de ese tiempo de meditación que en otros momentos relevantes de su vida brillaba por su ausencia. “Antes no hubo dudas porque fueron las circunstancias las que me hicieron pasar de una a otra fase”, desvela Aznárez, que encontró en la Literatura la respuesta que buscaba.
En la redacción de LA NUEVA ESPAÑA

Las etapas
. En la parte inicial de su trayecto Aznárez fue fiscal y allí fueron muchas las vivencias. “Con unas no estaba de acuerdo, y eso planteó problemas que motivaron la segunda fase”, matiza. La segunda etapa fue la de Notario, donde la casualidad volvió a jugar fuerte. “No es que yo quisiera ser notario, fue porque esas fueron las primeras oposiciones que pasaron por ahí; si hubiesen sido otras yo hubiese sido otra cosa”, expone.“Del mismo modo que nunca imaginé que pasaría a la judicatura”,
desvela. Su llegada al TSJA “se produjo porque unas personas muy próximas me dijeron que diera el paso y sobre la marcha dije que sí”. “Pensé que era una decisión equivocada al principio,pero al final vi que  fue acertada”, confirma.

Los secretos. En sus cerca de cincuenta años de ejercicio profesional ha sido una persona “sujeta a los secretos profesionales”. En todas sus etapas. “Hay cosas muy jugosas, secretos que si se supieran y revelaran sería muy atractivo, pero irán conmigo a la tumba”, zanja. Han sido varios los ofrecimientos para que compartiera sus vivencias en torno a la Transición española, también en lo relativo a los pensamientos más íntimos que como notario le confiaron muchas personas o las deliberaciones con sus colegas magistrados en el TSJA. “Poco a poco me he ido educando en el
secreto; en toda mi vida he tenido funciones diversas y muy importantes, pero nunca he cometido la falta de la indiscreción”, asegura. De hecho, ni siquiera ha tenido nunca “esa tentación” ni cuando habla ni cuando escribe. “No me ha costado porque sería tan grave para mí ser indiscreto que sería inconcebible”, expone.

La Iglesia Católica. Por un lado, el Derecho, por otro la literatura y, en el medio, la Iglesia Católica. “Me interesa mucho, fui educado en un colegio religioso y esa enseñanza religiosa ha sido muy importante en mi vida; también es objeto de estudio”. Aznárez ha escrito mucho sobre el Papa
Benedicto XVI, apenas del papa Francisco. Pero su mayor insistencia está “en la influencia que tienen los planteamientos religiosos en la vida política”. “También la crisis enorme del fenómeno de la secularización; De hecho, este tema supone una enorme preocupación. “En religiones con
clérigos, la falta de clérigos es algo catastrófico porque no existe transmisión de las nuevas generaciones de la Historia de la religión y la Iglesia Católica; dentro de poco no sabrán quién
es Jesucristo”, vaticina.

 Caridad y justicia. “Son dos cuestiones distintas”, dice Aznárez sobre la caridad y la justicia. “La caridad es un concepto religioso y la justicia es un concepto político; hay un término medio que es la equidad”, explica.“Hay que procurar que la legislaciones acerque a la justicia lo más posible”,considera.

 Orgullo. “No me gustan los grandes titulares”, avanza Aznárez para responder a la pregunta sobre de qué está más orgulloso de toda su carrera profesional. “De lo que me siento es de haber hecho en todo momento lo que tenia que hacer, y lo que hay que hacer no va relacionado con el aplauso”, responde al fin. “Hay veces que lo que hay que hacer es duro y exigente; yo fui número uno, pero no tengo medallas. No las quiero. No tengo premio  alguno”, recuerda. “Me interesa mucho el refrán de que la potencia del caballo no es la velocidad sino la capacidad de frenar en seco”, reflexiona. ¿Qué quiere decir eso? “Me siento orgulloso de frenar en seco en ciertas ocasiones”. ¿En cuáles? “Forman parte de los secretos”, responde.

 Arrepentimientos. Con la misma honestidad de la que antes hablaba, Aznárez afirma que “decir que no me arrepiento de nada no me parece responder a una realidad”. “Internamente hay que arrepentirse porque la vida es éxitos y errores”, estima el exmagistrado. Errores de los que “está llena la vida” y “de los que uno no debe arrepentirse. Pero una vida tan completa no puede entenderse sin esos errores. ¿Cuáles? “Durante un tiempo patrocinaba que a la hora de tomar decisiones todas debían ser muy pensadas, pero luego en mi vida hay decisiones que no dependieron de mi”, sentencia en referencia a aceptar su puesto de magistrado en el TSJA.

El azar. El azar es uno de sus temas de estudio y quizás de un libro propio. “Muchas veces atribuimos al azar lo que no entendemos como causas, porque hay veces que el ser humano frágil es llevado a situaciones y en esas situaciones él se deja llevar, surfear, y a veces va al infierno y a veces al cielo”, expone. “Ahí está la suerte”, confirma Aznárez.

El final.  La cuarta fase en la que está inmerso nace con un dicho que asume como propio y que dice que es “más difícil que acabar es comenzar”.“Es una fase donde he pensado mucho, una fase donde contemplas de forma inevitable el final de la vida”, pero donde “el tiempo, que ya es más escaso que el dinero, es escasísimo; aquí todavía es mas escaso”. Por tanto, “es una fase de mucha meditación, de pensamiento, hasta la muerte. Pero ojo, “es una fase donde puedes permitirte el lujo de hacerlo bien”.