miércoles, 30 de junio de 2021

“LA POESÍA VISUAL DE NEL AMARO”, texto de la intervención de JOSÉ L. CAMPAL en la mesa redonda sobre Nel Amaro que tuvo lugar el viernes 25 de junio de 2021 en la Casa de Cultura de Pola de Lena, dentro del XVI Alcuentru d’Arte d’Acción

(Colaboración exclusiva para el blog Las mil caras de mi ciudad)
Siendo plurifacético y poliédrico, y multiplicándose en todas direcciones, el cuerpo geométrico llamado Nel Amaro tiene 4 vértices formales que dan cabida a cuantas variaciones e incorporaciones queramos “encerrar” en ellos, aunque cabría mejor decir cuantas variaciones e incorporaciones queramos “liberar” de ellos. Esos 4 vértices o puntos de encuentro son, por orden de emergencia: 1) el Amaro teatral; 2) el Amaro poeta discursivo primero, y verbovisual después; 3) el Amaro narrador de concisa o amplísima zancada; y 4) el Amaro accionista en arrolladora acción. Cuatro vértices que engloban al mismo espíritu transgresor que ensaya continuamente toda suerte de novedades e innovaciones aunque, y ahí reside su grandeza, carezca de redes de protección. Amaro sale a pescar y se moja el culo.
Y es que el primer y último vértice que hemos enunciado (el teatral y el accionista) se complementan y completan circularmente, pues antes que las eclosiones poético-prosísticas, existió un Amaro performer embrionario, un protoaccionista que se desenvolvió más en la escritura conceptual que en la ejecución asumida a cuerpo entero, que tardaría un poco más en adquirir carta de naturaleza. Y digo esto porque el 30 de marzo de 1977, cuando todavía ningún libro o plaquette ha salido de imprenta con su nombre de guerra, Nel Amaro compone, en Salamanca y en castellano, un texto titulado “13 acciones para salir a la calle”, uno de sus más antiguos guiones performativos; una propuesta que al año siguiente aparecerá publicada, con un sustancioso preámbulo, en las páginas 14-15 del número 2 de la revista ciclostilada mierense “El Cuélebre Literario”. Con sus formulaciones, pretende Amaro alcanzar «la acción personal y cívica repetida diariamente por todos y por ello desacralizada, negada artísticamente». En su introito a esas 13 acciones urbanas, Amaro demuestra un cabal y nada casual conocimiento de la práctica e historia de los avatares performáticos, aludiendo a «los events del grupo Fluxus (G. Brecht, L. Novack, Lee Heflin), los “happenings” de Allan Kaprow, las críticas de J.-J. Lebel y las “situaciones” de Dick Higgins»; eso faculta a un jovencísimo Amaro de 31 años para hablar de «arte-masa, arte participación» y evocar los «primeros “actos” en casa de John Cage y su irrupción europea al final de los cincuenta».
Abandono aquí este hilo. Lo he traído a colación para circunscribirlo, en edad bien temprana, a las voluntades experimentales de Amaro que encontrarán, en la década siguiente, la de los 80, una vehiculación más que apropiada en sus ejercicios visualistas, pues en el ciclón Amaro todo es, a la postre, un continuum. La poesía visual de Amaro, a poco que en ella se rasque, posee una inquebrantable raíz de compromiso con su entorno y tiempo histórico, el del convulso obrerismo de signo proletario, al que jamás dio la espalda, por complejo que fuera el contexto. Aun a riesgo de ser una voz que clamara en el páramo acomodaticio de la década del instantáneo enriquecimiento, como obscenamente proclamaba el ministro socialista Carlos Solchaga, la voz de Amaro acompaña al, a veces, desvalido luchador de clase pero sin compadecerlo ni mucho menos aislarlo de su problemática. Es la suya una poesía visual que se abastece de los logros de sus predecesores, picas en el Flandes experimental que Amaro estudia, interioriza y disecciona, y a las que les da su personal barniz, esa mordaz e implacable retranca astur que se entiende y asimila en cualquier parte del globo terráqueo. Una poesía de impacto imaginístico, concreta, directa, irónica y antibanal, que grita su denuncia con brutal sinceridad y con una economía expresiva que tan buen ojo clínico evidencia para el análisis y las paradojas. El posicionamiento de Amaro acerca de lo que suponía para él la poesía visual quedó esclarecido en un artículo de 2009, dos años antes de su muerte, cuando lo performativo había aparentemente relegado su faceta visual a un plano menos deslumbrador, aunque en el fondo se hallaba en ebullición dentro de sus inquietudes creativas imprimiéndoles fuerza. En esa confesión, Amaro expone su concepción de la poesía visual como «jubiloso mestizaje de haberes y saberes artísticos y literarios con los que se va un paso más allá en la comunicación, jugando siempre con lo verbal y lo icónico, con la disposición espacial, el uso tipográfico, el empleo o no del color». Poesía fronteriza e inconformista, pues, que, como apostilla Amaro, «rompe esquemas y se niega a ser encasillada».
Amaro llevó incluso sus poemas visuales fuera del marco de la especialidad, encontrándonoslos así en las cubiertas de algunas de sus obras discursivas en prosa, como puede fácilmente comprobarse en títulos como “Novela ensin títulu” o “Prietu jazz”. Y difundió su obra visual sobremanera a través de la circulación de tarjetas por vía postal, un procedimiento que, aunque más o menos económico, no todos los autores estaban dispuestos a asumir, pero en cuya estrategia de difusión el creador de Quentuserrón nunca se mostró tacaño, todo lo contrario: consumió no pocos de sus ahorros, aparte de en crear y sostener una amplia gama de fancines y colecciones literarias de bajo coste y alto nivel cualitativo, en mantener su constante flujo de comunicación por carta, intercambiando sus ideas y hallazgos con multitud de artistas nacionales e internacionales, prácticamente todos aquellos de los que conseguía sus direcciones. Estamos refiriéndonos, lo cual acrecienta su valor, a una época anterior a la democratización, si es que a ello hemos llegado, de las herramientas digitales, pues Amaro reconocerá en su momento que no fue hasta 2005 cuando empiece a usar internet como mayoritario canal de divulgación de sus trabajos, un recurso que explotará a placer. La presencia habitual de Amaro en exposiciones colectivas y publicaciones del ramo redundará en que, no tardando mucho, sus piezas visuales pasen a engrosar las numerosas antologías que se irán conformando en los años finales del siglo XX, desde que en 1991 aparezca la muestra comisariada por Jaime Luis Martín para la Consejería de Cultura del Principado de Asturias y que recorrió todas las casas de Cultura de la región, y donde se congregó la flor y nata del visualismo español, tanto los históricos como los recién afiliados a la disciplina, y en la que Amaro encabezaba las aportaciones de la delegación asturiana. A esta antología le sucederán otras, como las coordinadas, entre otras muchas más, por figuras como Alfonso López Gradolí o José Manuel Calleja, compilaciones donde el nombre de Nel nunca faltaba. Con él, y otros colaboradores esporádicos como Raquel Díaz y Goyo Gancedo, integramos de 1990 a 1995 el colectivo experimental Auxilios Mutuos S.L., realizando exposiciones conjuntas (en diciembre de 1990 hicimos una en Oviedo titulada “Mano a mano”, y otra inmediatamente después en Candás a principios de 1991 que bautizamos muy gallardamente “El límite del infinito”), así como alguna madrugadora velada de acciones donde nos fuimos desvirgando ante el público. Bajo ese mismo sello de Auxilios Mutuos S.L. montó Nel exposiciones de homenaje a Julio Campal, Antonio Gómez, Juan E. Cirlot y J. Cage. Por no mencionar la convocatoria de “Arte Embotellado”, que tuvo una respuesta fantástica y lo/nos puso en el mapa definitivamente.
Otro apartado destacado en el quehacer visual de Amaro fue su indesmayable condición de engendrador de proyectos editoriales, incansables colecciones, tan baratas como suculentas, donde participé con gran alegría y recíproco aprovechamiento, como fueron, por ejemplo, los “Cuadernos 10x15” o la revista ensamblada “Mondragón”, que coordinó en Turón con José Cagide. No menos prodigiosa resultó la hoja xerocopiada a doble cara denominada “Laceralante” y que espero que algún día se reedite facsimilarmente, pues tuvo vida longeva y en la misma cupo abundante heterodoxia, saludable irreverencia y, por supuesto, poesía visual propia y ajena quiero pensar que seriamente concebida y materializada. Igualmente atractivos fueron los para mí inolvidables dípticos en cartulina de color que llamó “Ángulo Recto” y que tenían por subtítulo deliciosamente inequívoco el de “La otra poesía”. Amaro y yo interactuamos en las iniciativas que a uno y otro lado de las cuencas fuimos echando a andar (entre las suyas, las colecciones “Camposagrado” y “Caballo de Cartón”, o los “Cartafueyos de Caboxal” y el fancín “W.C.”). Y bien que podemos ufanarnos de que logramos que el boletín oficial de la Academia de la Llingua Asturiana, esto es la revista “Lletres Asturianes”, acogiera por vez primera poemas visuales en bable en sus secciones de creación contemporánea, lo que no dudo que llegara a respingar a más de un encopetado adalid del asturianismo trasnochado. Tanto a él como a mí estas pequeñas victorias donde se resquebrajaban las alambradas de la cultura momificada nos producían risas por lo bajini y una íntima satisfacción, como la que me conquistaba cuando su generosidad llegaba a confiar en mí para hacerle de telonero en algunas de sus exposiciones individuales de poesía visual, y pienso ahora en los textos que le redacté para dos de ellas: la que bajo el rótulo de “Collages y oxetos (poéticos) pa una llingua” llevó a Llanes en 1989 a una Xunta d’Escritores, y donde le califiqué de «creador púlpeo», de tantos palos como tocaba; y la que estrenó en la Casa de la Juventud de Turón en 1991 y que rotuló con el perectiano título de “Espacios / Especies”. Y poco más tengo que añadir. Amaro me enseñó muchas cosas (tenía una nada secreta alma de tímido cicerone voluntarioso que se expandía en la charla reposada), y sobre todas ellas, dos: una, que lo que no nos divierte nos esteriliza (y su obra visual da constantes claves de que cumplió a rajatabla su propia premisa); y dos, que lo más importante no es lo ya hecho, sino lo que nos queda por hacer, por lo que hay que mirar siempre adelante, con o sin ira.

martes, 29 de junio de 2021

A VUELTAS CON LO DEL VICARIATO CASTRENSE, artículo de ÁNGEL AZNÁREZ (publicado en "RELIGIÓN DIGITAL", 13 DE JUNIO 2021)

1ª Parte I.- Explicación previa: A.- A los que por credo religioso deberían pensar bien y que, en realidad, piensan mal, va dirigida la siguiente explicación: con este artículo y con el anterior, también publicado en Religión Digital el pasado 23 de mayo, sobre el tema de la elección del arzobispo castrense, no se busca crear dificultades; se trata de todo lo contrario. Son exposiciones, acaso prueba de optimismo, a fin de que las autoridades implicadas en el nombramiento de tal Arzobispado sean ayudadas, facilitando la reflexión, provocada por un creyente, que se quiere católico, aunque pecador. Se pretende que decisiones importantes cuenten con los elementos críticos del “hoy y ahora”, de cara a un futuro próximo.
Se busca, en suma, de una modesta colaboración para que no ocurra lo que el Papa emérito Benedicto XVI denunció en la famosa Carta, de 10 de marzo de 2009, sobre la remisión de la excomunión de los cuatro obispos consagrados por el Arzobispo Lefebvre: “Me han dicho que seguir con atención las noticias accesibles por Internet habría dado la posibilidad de conocer tempestivamente el problema. De ello saco la lección de que, en el futuro, en la Santa Sede deberemos prestar más atención a esta fuente de noticias”. No se cuestiona, de ninguna manera, la mucha capacidad y competencia civil y religiosa de los que figuran en la terna “real y papal” para el Arzobispado castrense; al contrario, se trata de advertir, con buena fe, que la posible cojera de ese nombramiento, en la forma que se plantea, discutible por la legislación del Estado y la de la Iglesia, no se disimulará con apoyo en báculo alguno, y con importantes riesgos pastorales. Y no debo olvidar ni olvido, con toda modestia, haber sido el número 1 de mi Promoción, del Cuerpo Jurídico Militar. Asunto que me toca, pues, de cerca, sabiendo de lo que escribo. B.- El interés por la Historia de la Iglesia en el siglo XIX se despertó en mí al anunciarse por el Papa San Juan Pablo II la beatificación de Pío IX y de Juan XXIII, beatificados conjuntamente, junto a otros, el 3 de septiembre del 2.000. La beatificación de Pío IX fue atribuida, según se dijo, a una imposición del sector más reaccionario de la Curia. Un interés por Papado del siglo XIX que aumentó al leer la magistral obra, también de ciencia política, que resultó ser El Gatopardo, de Giuseppe Tomasi di Lampedusa, con presencia importante y literaria del jesuita P. Pirrone, protagonista de la novela.
II.- Los años 1869 y 1870: El Concilio Vaticano I en tiempo de Pío IX. Esos años fueron importantes para la Historia de la Iglesia: el 8 de diciembre de 1869 se inauguró, en el Vaticano, el Concilio Vaticano I, convocado el 29 de junio de 1869, y el 20 de septiembre de 1870 las tropas del Rey de Italia, Víctor Emmanuel II, ocuparon Roma, poniendo término al poder temporal del Papa sobre los llamados Estados Pontificios, llevando fecha del 20 de octubre de 1870 la Bula Postquam Dei munere, por la que se aplazó sine die el Concilio, ante los acontecimientos concurrentes. Julius Norwich en Los Papas escribe muy bien de la interrupción del Concilio Vaticano I, forzada con ocasión de la invasión de Roma por las tropas reales de Víctor Emmanuel. Norwich también señala que la Ley de Garantías de 1871, ofrecida al Papa, fue aceptada por éste en el apartado referido a los nombramientos de obispos. La Bula Aeterni Patris, de convocatoria del Concilio Vaticano I, explicó las razones importantes de la convocatoria, “las gravísimas perturbaciones y los combates contra la Autoridad Suprema de la Iglesia”; los ataques años antes fueron señalados en la Encíclica Quanta cura, y en el añadido de Syllabus. Es importante tener en cuenta el papel desempeñado en aquel tiempo, muy reaccionario, por los jesuitas, que en su revista Civiltá cattólica, el 6 de febrero de 1869, se escribió un artículo sobre la infalibilidad papal, terminando impuesta por el Concilio, únicamente, cuando el Papa habla ex cathedra. Así se inició una corriente a la que habría que sumar el dicho papal, de Pío IX “La tradizione sono Io”, y también la Constitución conciliar Pastor Aeternus, de apoteosis papal en los capítulos I al III, siendo el IV sobre el Magisterio Infalible del Romano Pontífice. Fue el Concilio sobre el Papado, muy papal y nada episcopal (“nada de obispos y todo Papa”, se escribió), y debiéndose tener en cuenta, no obstante, que las dos Constituciones dogmáticas, Dei Filius y Pastor Aeternus, fueron con l´approvazione del Sacro Concilio. III.- Los años 1962 a 1965: El Concilio Vaticano II. El comienzo estuvo en su anuncio, por San Juán XXIII, el 25 de enero de 1959 del Concilio Ecuménico y del aggiornamento del Código canónico, siendo el 11 de octubre de 1962 la fecha de su apertura, haciendo el Papa, San Juan XXIII, un llamamiento –esto es muy importante- “a las exigencias de un magisterio de carácter predominantemente pastoral. El Papa, San Pablo VI, en la solemne apertura de la segunda sesión, el 29 de septiembre de 1963, indicó que “se deberá ahora profundizar la doctrina sobre el Episcopado, sobre sus funciones y sobre sus relaciones con Pedro, y nos ofrecerá ciertamente a Nos mismo los criterios doctrinales y prácticos…”. A.- La Constitución Dogmática Lumen Pentium, sobre la Iglesia, es, tal como se ha repetido, el documento principal del Vaticano II, un Concilio correctamente calificado de “eclesiológico”, de factura complicada, de naturaleza teológica y profética, según don Olegario González, que añade, en referencia a la “teología del episcopado”, que es “el capítulo teológico más innovador, ya que esclarece la sacramentalidad y la colegialidad del mismo”. La Constitución, teniendo lugar en el tercer capítulo los debates más duros del Concilio, fue calificada como la columna vertebral de toda la obra del Concilio. En ella se dice: “Quiere proponer y declarar ante todos la doctrina acerca de los obispos, sucesores de los Apóstoles, que dirigen junto con el sucesor de Pedro, Vicario de Cristo y Cabeza visible de toda la Iglesia, la casa del Dios vivo”. Es esencial la lectura y comprensión del número 22 de la Constitución y decidir así acerca del papismo y el conciliarismo. B.- Del documento fundamental (Lumen gentium), constitución dogmática, con sus proposiciones doctrinales, pasamos ahora al Decreto Christus Dominus, de carácter pastoral de manera importante que, como todo decreto, es un desarrollo y concreción de las constituciones apostólicas, en este caso de la Lumen gentium. Se trata en él del Ministerio episcopal, que arranca, previo nombramiento papal, a partir de la ceremonia de la consagración episcopal. Entró en vigor el 29 de junio de 1966, aunque promulgado el 28 de octubre de 1965. En el número 43 del Decreto, de manera contundente, se proclama: “El sagrado Sínodo ecuménico declara que el derecho de nombrar e instituir obispos es propio, peculiar y de por si exclusivo de la autoridad eclesiástica competente. Para proteger debidamente la libertad de la Iglesia y para promover mas adecuada y fácilmente el bien de los fieles, el sagrado Concilio desea que en adelante no se conceda ya más a las autoridades civiles ningún derecho o privilegio de elegir, nombrar, presentar o designar obispos”. A continuación añade: “A aquellas autoridades civiles que actualmente, en virtud de acuerdos o por costumbre, gozan de derechos o privilegios, este sagrado Sínodo les pide cortésmente que, previo entendimiento con la Sede Apostólica renuncien espontáneamente a ellos, al mismo tiempo que reconoce con gratitud y estimas su actitud deferente hacia la Iglesia”. Fue el Concilio muy papal y también muy del Episcopado y de la colegialidad.
IV.- Los códigos de Derecho canónico, el de 1917 y el de 1983. De los concilios a los códigos.- Basta leer la Constitución apostólica Sacrae disciplinae leges y el Prefacio que introducen al Código de Derecho Canónico de 1983, para darse cuente que el Código de 1917 es reflejo del Concilio Vaticano I y que el Código de 1983 es reflejo del Concilio Vaticano II, siendo las consecuencias muy importantes. (Continuará 2ª Parte, con especial referencia (después de lo de Petrum cum coeteris Apostolis del Cardenal Alfrink, arzobispo de Utrecht, Papismo y Conciliarismo), al primer vigente Acuerdo Iglesia-Estado español, posterior a la muerte de Franco, publicado en el BOE el 24 de septiembre de 1976, exponiéndose las razones que consideran no aceptable, por la legislación de la Iglesia Católica y del Estado español, la manera de designación del Arzobispo, prevista en el número 3 del artículo I del primer Acuerdo Iglesia-Estado español de 1976, de renuncia al nombramiento de obispos por la autoridad civil española. FOTOS DEL AUTOR

viernes, 18 de junio de 2021

"QUIMERAS EN REAL SITIO, artículo de ÁNGEL AZNÁREZ (publicado en LA VOZ DE ASTURIAS, 13/06/2021)

Hay realidades, también quimeras, como los políticos, que, o para nada sirven, por eso inútiles, o sirven para mucho, por eso útiles, y al margen de poseer títulos de masters o doctorados, que, por ser de pacotilla, están muy desacreditados. Gracias a las quimeras, me vuelvo, revuelvo, a acordar de las cabras, tan protagonistas del anterior artículo, el de El Presidente Sánchez se cabrea. Ya en el Canto VI de La Ilíada, de la tormentosa Quimera se escribió que “era de raza divina, no humana: por delante león, por detrás serpiente, y en medio cabra”; ese monstruo fabuloso vomitaba fuegos, a diferencia de la otra monstruosidad, la llamada Jasconius, que, abajo, en las simas del Mar Tenebroso, vomitaba merluzas.
Es que Sánchez, habitante de La Moncloa, que antaño fue agrícola Real Sitio, para suministro de guisantes de las menestras de la Casa Real, es Él tanto realidad como quimera; un acontecimiento y un sueño; es como un huracán, llegado de lo que los italianos llaman venire de la gavetta, o sea, la pera y la repera, aunque, eso también, esté en concurso de acreedores por acumulación de cargas y gravámenes, incluidas hipotecas inversas. Tiene el Primero de Segunda a una dama, feminista de primera, que debería apellidarse Calva mejor que el masculino Calvo, que, por ser de Cabra, para evitar malsonancias insultantes, con aumentativos o diminutivos, llaman la egrabense. Y del Presidente dicen que gusta de artes de birlibirloque o de calés, tales como teatrillos de actores ambulantes, que distraen al personal tocando cornetas y tamboriles, y haciendo que baile una cabra en lo alto de un taburete. Sánchez acabará haciendo real lo que es una quimera, fantasía inalcanzable y mare magnum de la política, incluidos los indultos, que muchos no catalanes oyen como insultos lamentables. Lo que hace ÉL, incluidas sus muchas ignorancias, parece espontáneo, pero está más ensayado que una opera de estreno en el Real, y casi todo, como ahora tanto se escribe “un trampantojo”. Llenó la Política, también por lo de los indultos, de teologías como encíclicas, que recuerdan a la revolucionaria fraternidad de todos, la fratellanza papal, lo que es meritorio en un incrédulo de Dios o un creyente por cortesía en visita vaticana.
Primero dijo, con hinchazón retórica, lo del deber-ser de la evitación de la revancha y la venganza, siendo necesarios actos de amor; más tarde dijo lo de deber-ser generosos y responsables; y ahora lo de ser magnánimos. Más amor y amén Jesús. Cualquier día Sánchez subirá a una montaña y desde ella predicará las Bienaventuranzas. El caso es que, al mismo tiempo, no deja de hablar, y dicen que pactar, con Satanás; por eso mismo sería aconsejable que “La Moncloa” contrate a un exorcista, pues necesario será. Ya lo dijo Francisco a los cardenales de la Curia, con ocasión de la Navidad de 2020: “Con el diablo no se habla”. Y que le llamen a Sánchez “endemoniado” pudiera ser peor que el apodo de “”felón”. Y mucho cuidado con la de Madrid, de Doña Ayuso, que es ya un Daoíz y Velarde con faldas, en la nueva “Guerra de la Independencia”.
El género literario, el llamado joco-serio, no es invención mía. Hace semanas, al leer el libro de Eduardo Alaminos López, titulado Ramón y Pombo, supe que lo que se llamó joco-serio correspondió, inicialmente, a unos dibujos o ilustraciones muy satíricas del siglo XIX, de moda desde el Trienio Liberal, las regencias de María Cristina y Espartero, la Revolución del 68, hasta la Primera República. Y una prensa, la de aquel tiempo, muy satírica; hoy apenas, pues es complicado reírse de los que pagan. Además, Internet es muy de letras y poco de dibujos. Por eso, tal vez, lo satírico esté en las letras del que escribe, el emisor /emisor/a, que han de ayudar a que se dibuje en la cabeza del lector, receptor/a. Con el presente y con el anterior artículo, ya pueden los receptores/as hacer los dibujos satíricos que gusten, con o sin quimeras, y reírse como si tuvieren delante a payasos haciendo sus payasadas en circos redondos, antes del repique de músicas que anunciarán el “salto mortal”. FOTOS DEL AUTOR

domingo, 6 de junio de 2021

EL PRESIDENTE SÁNCHEZ SE CABREA, artículo de ÁNGEL AZNÁREZ (publicado en "LA VOZ DE ASTURIAS", 6/06/2021)


              


 Durante mucho tiempo, contemplando en los campos la tranquilidad y apacibilidad con que las cabras, las mías al menos, comen los pastos y se alimentan, me preguntaba cómo era posible que, verbalizados tales seres caprinos y serenos, cabrearse, con hinchazón de venas como ubres,  terminara siendo sinónimo de enfado o de enojo, de alteraciones físicas y psíquicas, casi como diabólicas. Dije basta y decidí averiguar lo incomprensible. Consulté Diccionarios e Historias de palabras, como la de Espasa en 2015, dirigida por Juan Gil, y la de Ricardo Soca; también fui a las Etimologías de Javier del Hoyo, y a La seducción de las palabras, obra de Alex Grijelmo del año 2000. Resultó, finalmente, que la clave me la dio un extraño libro de un tal Gregorio Doval, libro extraño por anunciar en portada ser de “etimologías razonadas”.  

 

               La cuestión, al principio, no estaba clara. Unos veían en el cabreo caprino (perdónese la redundancia) unas rabietas y movimientos compulsivos de la cabras mismas al tiempo de alimentarse; pudiera ser que en esa posibilidad hubiera una confusión, confundiéndose las cobras, que sí mueven guerreras y muy nerviosas, la cabeza para inyectar venenos, con las cabras pacíficas, al menos las míasOtros descendieron a la Edad Media para encontrar en sus arcanos los “cabreos” de los cabreros, dueños de cabras y cabritos, por tener que pagar impuestos altos por lo mucho que en aquellos tiempos, al parecer, comían los caprinos, dejando esquilmados los campos. Por tanta y buena alimentación, por cierto, resultaron tan suculentas las calderetas de cabritos cocidos. 

 

              


 La explicación última, para unir cabras con impuestos, con resultado de cabreo, siempre al tratarse de impuestos, luego encabronados unos (los que pagan) y  cabritos otros (los que cobran), me pareció acertada y científicamente creíble. Ya dispuse, pues, de explicación acerca de lo del cabreo, gracias a las investigaciones de don Gregorio, “consultor, redactor y formador” que dicen sus títulos, y a su “etimología razonada”, que cuestiona, por cierto, el contrario, que es lo de las “etimologías no razonadas” si es que quedan o hay. A todo se ha de añadir, y es muy importante, que la editorial gregoriana se llame “Del Prado”, de rústica procedencia. 

 

               Al escribir de los cabreos del Presidente Sánchez, se recuerda que en situaciones ordinarias su hechura es suave y escurridiza como las bechameles, que parece rosa como los productos de tocador de antes, que es como los malabaristas que nunca rompen o caen al suelo los platos con los que juegan, o que es de flema característica como la de los hijos de curiales. Por el contrario, en situaciones de extraordinario cabreo, del ¡redios! y de más alta invocación, relacionadas con lo femenino, como en lo de la tesis de doctorado, la vista y no vista, o tal vez con los ataques a su pareja, en este caso femenina, causa pavor al comprobar, por cabreo y miedo, el apretón ostentoso de sus mandíbulas o quijadas, que en zoología son piezas anatómicas para la disuasión de ataques y el llamado display. Se sabe ya la relación directa que existe entre el miedo y la crueldad.  

 

               El tipo de cabreo extraordinario ocurrió en la mañana del 12 de septiembre de 2018, cuando en el Congreso de Diputados, de manera imprevista, Alberto Rivera preguntó al Presidente por su tesis de Doctorado, discutible y no discutida, y ello entre pataleos por dimisión de una ministra sanitaria por enfermedades curriculares y la genialidad de un líder de la Oposición política “masterizado o pasterizado” de urgencias. Esa mañana el habitual rostro del Presidente de Gobierno mutó, no haciendo mutis, y a la siguiente se publicaron las fotos de la terrible mutación. 

 

               


Parecidos cabreos, también con apretón de mandíbulas, suelen ocurrir cuando las mujeres de políticos, como en el caso de Begoña, son atacadas con descalificaciones o con insultos por ignorancia. No nos consta que esto se haya producido ahora (lo del apretón de mandíbulas), luego sería temerario darlo por hecho; mas aún: no lo creemos. En cualquier caso y como siempre suele ocurrir, ahora las historias, los cuentos y los filandones, de fantasía o de realidad, por ahí andan sueltos, desparramándose como virus pegajosos, por la Capital de las Manchas, y por Valderas o Valdefuentes, de León y de Tierra de Campos, localidad, la primera, de sabrosos bacalaos en cazuelas grandes y localidad, la segunda, de raíces ancestrales de la de Bilbao. Y filandones que no de páramos sino de campos de trigo y alfalfas, que no precisan de escritores Mateos ni Merinos, teniendo sus propios y fabulosos contadores de historias.

               

               Los peligros para el político cabreado los advierte la Literatura; y de los muchos episodios posibles, basta con El Quijote, tan apropiado escribiéndose de quijadas: “Don Quijote, que tales blasfemias oyó decir contra su señora Dulcinea, no lo pudo sufrir, y, alzando el lanzón, sin hablalle palabra a Sancho y sin decir esta boca es mía, le dio tales dos palos, que dio con él en tierra; y si no fiera  porque Dorotea le dio voces que no le diera más, sin duda le quitara allí la vida”. Y más adelante añade: ¿No sabéis vos, gañán, faquín, belitre, que si no fuese por el valor que ella (Dulcinea) infunde en mi brazo, que no le tendría yo para matar una pulga?

 

              


 
Don Quijote, que era muy inteligente por estar muy loco, y parece que la alta inteligencia está muy relacionada con la alta locura, dándose cuenta que no era útil ni provechoso seguir con el cabreo, rectificó y dijo a Sancho inmediatamente: “Perdóname el enojo que te he dado, que los primeros movimientos no son  en manos de los hombres”. Y pelillos a la mar, pasaron luego a discutir, caballero y escudero, de otros tejemanejes “con sabrosos razonamientos” que se cuentan en el libro memorial del autor alcalaíno.

 


              

 FOTO DE LA  TORRE DE LA IGLESIA DE SAN JUAN DE VALDERAS 
(a escasos kilómetros de Valdefuentes)

 Efectivamente, lo más apropiado para que un político se equivoque es cabrearle, no habiendo allí donde hay cabreo ni decisión justa ni acertada, no dando pie con bola, ni redonda ni Redondo. Nada como provocar la mentira, el robar y el engaño, que son armas de Gobierno, también aparentar una enfermedad crónica, pues los crónicos enfermos son los que más años viven. Eso ya lo dijo el florentino, que, a lo más alto que llegó, fue a Secretario de la Segunda Cancillería de la República, y se llamó Niccolò Machiavelli, siempre un subalterno.

 

               A un personaje tan poco barroco y tan poco jesuítico como Pedro Sánchez, partidario de la Reforma y no de la Contra-reforma, para evitar que, por sus cabreos, vaya de desacierto en desacierto, como descalabrado cayendo por férrea escalera de caracol, qué mejor recomendación que la lectura del poema barroco de tiempos del Austria Felipe III, a base de tercetos como con cadenas, titulado Epístola moral a Fabio, siendo él, Pedro, el Fabio. 

 

FOTO DEL CONFESIONARIO DE LA CATEDRAL DE BILBAO

               Siempre la política, para los políticos, acaba en tragedia, pero puede terminar mucho antes si se trata de políticos cabreados. Y lo mejor, para políticos, lo dejó escrito el presocrático Heráclito de Éfeso, en referencia al oráculo de Delfos, que también era político: “Ni decir ni ocultar nada, sino indicar por signos”. Justo lo contrario al ostentoso cabreo.  

 

             FOTOS DEL AUTOR