Descripción del Blog

Ignoro cómo habrás llegado a este blog, ni lo que esperas encontrar en él, pero eres bienvenido/a. No  te ofrezco gran cosa, más bien todo lo contrario: sencillas reflexiones sobre asuntos  que suceden en mi ciudad, que no tiene más importancia que aquella que tú les quieras dar. Si, pese a ello, decides seguir adelante, te quiero decir que todo cuanto escriba lo he visto –y algunas veces vivido- en algún rincón de esta villa marinera en la que tengo la suerte de vivir. Siempre, eso sí, a través de mis gafas; lo que pone, ciertamente, en tela de juicio la objetividad. Que, por otra parte, tampoco persigo. 

sábado 21 de noviembre de 2009

CÓMO CONVIVIR CON UN SER QUERIDO PROBLEMÁTICO


¿Quién no ha tenido en algún momento de su vida que convivir con un ser querido problemático? Pues esa es la razón para invitaros a leer este revelador artículo de CLARA BASSI.

El comportamiento de personas problemáticas resulta muy difícil de soportar y genera malestar psicológico y un gran desgaste social.
Convivir con un ser querido problemático puede convertirse en una auténtica tortura para muchas personas que sucumben a sus engaños, enredos, manipulaciones y problemas. Por fortuna, esta insana relación se puede sobrellevar mejor si se cambia de actitud y se siguen determinadas pautas de conducta. Aprender a cuidarse y a relacionarse con esta persona problemática, capaz de sacar a cualquiera de sus casillas, es posible si se establecen ciertos límites.


QUERIDO A LA VEZ QUE PROBLEMÁTICO


Se dice que todas las familias tienen una "oveja negra" entre sus miembros. Puede ser un adolescente rebelde, un toxicómano, un bebedor, una persona inestable, dependiente, que abusa de los demás, negativa, crítica, manipuladora, alguien que nunca está conforme, que ni es feliz, ni deja que los demás lo sean .... en definitiva, un ser querido problemático.
Así denominan a estos familiares o amigos la psicóloga Kate Thompson y el psicoterapeuta Bill Klatte en su libro "¡Qué difícil es quererte". ¿Cómo tratarlos? Este texto, que se debe leer con lápiz y papel, es una herramienta práctica que ayuda a reflexionar sobre la relación que se mantiene con ese familiar difícil y a adoptar el cambio de actitud y las pautas de comportamiento necesarias para ello.
Hay que establecer unos límites claros en la relación con un ser querido problemático para poder cuidar de uno mismo
El objetivo principal de esta obra mencionada, es conseguir que los familiares o amigos que son víctimas de este familiar problemático aprendan a renunciar con amor a sus exigencias. Esta expresión, "renunciar con amor", no significa que haya que apartarlo de manera definitiva de nuestra existencia o que se le deje de querer, sino en establecer unos límites claros en la relación para poder cuidar de uno mismo. Tiene, además, un doble significado, según Thompson y Klatte: "se puede aceptar a las personas difíciles sin aceptar su conducta daniña; y cuidar de uno mismo es un acto amoroso que también beneficia a los demás".


SERES QUERIDOS Y PROBLEMÁTICOS


Pero, ¿quiénes son los seres queridos problemáticos de cuyas acciones debemos protegernos? Cualquier persona puede ser difícil de querer en algunas situaciones. Sin embargo, sea cual sea su perfil, lo importante es saber que todos los seres queridos problemáticos comparten una serie de características que permiten considerarlos como tales. Según Kate Thompson, "son adultos que suelen repetir las mismas acciones y que se hieren a sí mismos o a otras personas. Incluso si no tienen intención de causar daño, lo causan, y hacen que la vida de las personas que les rodean sea muy estresante. Podemos decir que son turbulentos, molestos e inquietantes".
Estas personas se enojan con frecuencia, parecen muy indefensas y necesitadas, manipulan a otras personas y situaciones y culpan a los demás de sus problemas. Sus acciones son más graves que las discusiones o problemas que se puedan tener de forma ocasional con otras personas, detalla Thompson. El principal problema que tienen los allegados de estos individuos es que tropiezan muchas veces en la misma piedra y que, una vez tras otra, repiten los mismos errores.
Sin embargo, no se puede cambiar a un ser querido problemático a menos que éste desee hacerlo. Por eso, quien debe cambiar es uno mismo, es decir, los familiares o amigos "víctimas" de esta persona tan querida, con el fin de retomar el control de sus vidas. Thompson y Klatte subrayan que hay que dejar de fingir que no pasa nada con esa persona, reconocer que se tiene un problema con uno mismo y operar el cambio.


ENREDADOS, DESCONECTADOS Y CONECTADOS


Un ejercicio fundamental antes de realizar cualquier cambio es percatarse del tipo de relación que se mantiene con la persona problemática. Hay personas que se vuelcan en la vida de su ser querido problemático o, más bien, quedan atrapados en ella porque piensan que éste no se sabe cuidar por sí mismo. Sin embargo, la palabra "cuidar" significa diferentes cosas para diferentes personas. "Para nosotros, esta palabra tiene sentido en algunas situaciones", pero no es una buena acción cuidar de un adulto que es capaz de hacer lo que nosotros hacemos por el", aclara la experta.
Las personas que cuidan de adultos están "atrapadas o enredadas". Protegerlas alimenta resentimientos y hace más fácil para nuestros seres queridos asumir la responsabilidad de sus propias decisiones".
Para establecer una nueva relación, lo primero que hay que tener en cuenta es que lo que no funciona es ceder a sus peticiones y deseos, puesto que siempre acaban haciendo lo que quieren y aprovechando la situación, lo que acaba generando malestar psicológico y un gran desgaste de parientes y amistades. Thompson afirma que es posible expresarles amor o amistad, pero marcando de forma clara unos límites sobre lo que sus allegados podrán o no podrán hacer por ellos de ahora en adelante.
Una persona manipuladora se siente insegura, no se hace responsable de sus propias decisiones, atribuye a los demás la culpa de sus problemas y puede hacer que se sientan estúpidos y responsables. Nada más lejos de la realidad. Ante ello, sus víctimas deben saber que no tienen que hacer lo que esta persona quiera, no es su trabajo arreglarle las situaciones de su vida, sino decidir qué cantidad de tiempo o energía se le da y hasta dónde se hace por ella, es decir, marcarle unos límites. En otro caso, ante una persona deshonesta que se esconde de los hechos y con poca o ninguna credibilidad, hay que desconfiar de ella y decírselo para que empiece a tomar sus propias decisiones.
Al principio, establecer este tipo de límites puede resultar incómodo, pero a medida que se practica se gana paz y equilibrio interior. Hay que aprender a decir "no". Es lo que se conoce como "rescate". "El rescate de una persona una y otra vez sólo le permite cometer los mismos errores. Así no madurará. "Es mejor para los dos dejar que el ser querido problemático experimente las consecuencias de sus propias acciones", advierte Thompson. El objetivo es aprender a disfrutar de la vida, incluso si el ser querido con problemas no quiere o no sabe disfrutar de la suya.
Además de fijar límites, hay que aprender a negociar y comunicarse bien con esta persona e, incluso, establecer en un contrato de cómo será la nueva relación. La negociación es más efectiva cuando se abordan temas concretos y específicos. Una vez se toma una decisión sobre uno y se lleva a la práctica, se pueden ir abordando otros.
En cuanto a la comunicación, uno de los trucos que proponen Klatte y Thompson es sustituir los "mensajes-tú", aquellos que recriminan al ser querido problemático todo lo que hace mal o deja de hacer bien, por "mensajes-yo", a través de los cuales el familiar o amigo afectado expresa cómo se siente y cómo piensa actuar de ahora en adelante. Es una forma de comunicación menos agresiva.


PEDIR AYUDA ¿CUÁNDO Y A QUIÉN?

El familiar o amigo de un ser querido problemático debe pedir ayuda siempre que sea consciente de que su vida no es feliz, de que es víctima de una tiranía, aunque sea involuntaria, que no pueda resolver él mismo. Lo más probable es que otras personas adviertan que tiene un problema y que el afectado no reconozca que podría ser cierto. Si las acciones negativas del ser querido problemático empeoran, cada vez son más frecuentes y dificultan la convivencia, siempre se debe de pedir ayuda. Se puede recurrir a otro familiar o amigo cercano e, incluso, a un profesional. A cualquiera que pueda ayudar a la persona afectada a concienciarse de lo que está sucediendo en su difícil relación con el otro, a aprender a dejar de centrarse en el ser querido problemático y hacerlo en sí mismo. Cuidarse a uno mismo no es un acto egoísta, sino sano para la salud propia y la de los demás.

jueves 19 de noviembre de 2009

SE CUMPLEN 20 AÑOS DE LA CONVENCIÓN DE LOS DERECHOS DEL NIÑO


SOMALIA Y ESTADOS UNIDOS ÚNICOS PAÍSES QUE NO FIRMARON LA CDN

El 20 de noviembre de 1989 la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobaba la Convención sobre los Derechos del Niño, de la que ahora se cumplen 20 años. La firma de este documento supuso un hito histórico en la protección de la infancia: por primera vez, los niños pasaron de ser vistos como objeto de protección -desde un enfoque caritativo y paternalista- a ser sujetos de derecho, amparados por leyes. En la actualidad 193 países han suscrito el documento. Curiosamente hubo dos estados que no lo firmaron: Estados Unidos y Somalia. O lo que es lo mismo, el país más rico y poderoso del mundo y el más pobre. Ni uno ni otro, quisieron adherirse a esos 54 artículos que fundamentalmente se resumen en que todos los niños y niñas de todos los lugares del mundo tengan derecho a desarrollar plenamente sus capacidades, a participar en las decisiones que les afectan y a ser protegidos de riesgos y perjuicios. Las razones para que, al menos, Estados Unidos firmase el documento se nos escapan, y probablemente pocas personas conozcan el vergonzoso dato. Pese a ello, han sido 20 años de progreso –lento, pero progreso-. Se han adaptado leyes, reforzado sistemas y consolidado capacidades para que la Convención de los Derechos del Niño sea parte integrante de las legislaciones y de la cultura de los Estados que la han ratificado. Países ricos y pobres han puesto en marcha un proceso de cambio social, sentando las bases para que en todos los lugares del mundo se cumplan los derechos de la infancia: a la supervivencia y el desarrollo, a la protección y a la participación. Hoy podemos hablar de todo un movimiento en el que participan millones de menores y de organizaciones de diferente índole de todo el mundo, personas de todas las condiciones sociales: ciudadanos de a pie, altos mandatarios, padres de familia y, por supuesto, los principales implicados: niños y niñas.
Pese a todo, pese a la implicación de una gran masa social en el problema, las cifras que se manejan son aún escalofriantes: cada 6 segundos muere un niño en el mundo y en el 2008, 9 millones de niños perdieron la vida por causas evitables con muy pocos recursos; y son millones los niños que sobreviven por debajo del umbral de la pobreza. Esperemos que no sean necesarios 20 años más para que ningún niño se muera por falta de alimento, por carecer de agua potable o por no disponer de una vacuna que cuesta menos de un euro. Está en manos de todos –de todos nosotros- que la Convención de los Derechos del Niño se cumpla. Debemos de exigirlo. Y la pirámide tenemos que iniciarla concienciando a nuestros propios hijos, para seguir en el barrio, en la escuela, en el municipio, en los gobiernos, en el país, allí donde se puedan mover conciencias.

viernes 13 de noviembre de 2009

ZAPATOS PARA ÁFRICA

Todos y todas tenemos zapatos que ya no nos gustan y no nos ponemos, pero
están nuevos, ya sabemos que hacer con ellos. La marca de productos para el cuidado del calzado Kiwi, ha lanzado la campaña "Shoe aid for Africa". De esta manera se pretende emular lo que se consiguió con la campaña de 2006 cuando se ayudó a distribuir 100.000 pares de zapatos entre gente necesitada de África. En cooperación con Humana y el futbolista camerunés, Samuel Eto’o, Kiwi intenta repetir, o incluso mejorar, esa exitosa campaña en el año 2009.
En algunas áreas de África, los zapatos no son un artículo fácil de conseguir para todo el mundo, incluso para algunos es un auténtico producto de lujo. El hecho de no tener un buen par de zapatos puede excluir a los adultos de conseguir un trabajo o puede evitar que los niños vayan a la escuela. Para muchos africanos, los zapatos están entre sus posesiones más valiosas y ponen un esfuerzo enorme en cuidar de ellos.
Las cajas estarán en los supermercados (Hipercor y El Corte Inglés) durante aproximadamente un mes, dando tiempo para que los consumidores depositen allí sus zapatos. Cada semana Humana recogerá todos los zapatos de estas cajas y las llevará a sus almacenes.
Se pueden entregar zapatos y botas de adulto y niño, zapatos prácticos, usados pero en buen estado. No se aceptan ni zapatos de tacón ni botas de nieve. Y todos los zapatos que se entreguen deben estar limpios de suciedad gruesa o barro , llevar cordones en caso de zapatos con cordones y no tener ningún desperfecto importante
Durante el mes de noviembre y de diciembre, todos los pares de zapatos recogidos serán clasificados y limpiados en los almacenes de Humana, puestos en bolsas individuales y enviados a África. Este proceso es crucial para asegurarse que los zapatos entregados están en buenas condiciones y que serán utilizables para la gente africana.
De diciembre de 2009 hasta abril de 2010, todos los zapatos serán distribuidos en zonas rurales de varios países africanos. Estas áreas han sido seleccionadas por Humana y Kiwi y todo el proceso de distribución de los zapatos será manejado enteramente por equipos combinados de Humana y Kiwi para asegurarse de que los zapatos llegan directamente a la gente que más los necesita. Los países africanos donde serán entregados los zapatos son: Camerún, Kenia, Malawi, Mozambique y Sudáfrica.

jueves 5 de noviembre de 2009

APROVECHAR LAS LARGAS TARDES DE INVIERNO


Nos ha sorprendido la entrada del invierno que, por la cara que trae y los vaticinios de cambio climático, no promete muchas alegrías en la calle. Habrá que retirarse a los cuarteles de invierno y esperar la primavera. Tendremos que realizar alguna actividad que nos divierta y que podamos realizar bajo techo, salvo que decidamos ir a esquiar o cosa parecida, cosa muy poco recomendable a nuestras edades. Me voy a permitir recomendaros el taller literario cuya información sigue. Yo he hecho uno y ha sido muy divertido. No es necesario tener conocimientos previos, para eso vamos, digo yo, para que nos enseñen. Y si la Litertura no es lo vuestro y lo es la pintura, pedir información en ese mismo número. La persona que imparte las clases pinta y escribe, dos actividades muy artísticas e imaginativas. Animaros, luego ya me contaréis los resultados. Prometo la publicación de vuestros primeros relatos. Será divertido.

domingo 1 de noviembre de 2009

VISITAR A LOS VIVOS, EN EL DÍA DE LOS MUERTOS

Hoy recuerdo a todos mis muertos, pero también los recordaba ayer, y raro es el día que
me olvido de ellos. Hoy la tradición invita a venerarlos, a depositar sobre sus gélidas tumbas unas flores. No lo he hecho, pero otros lo hicieron por mí. Yo me limité a recordarlos, a añorar su compañía, a elevar una plegaria al cielo por ellos, creo que fue suficiente. Y decidí visitar a los vivos: fui a ver a Sara. La viejecita de 86 años de la que ya os hablé algunas veces. Fue más duro que acudir al cementerio, os lo aseguro. La encontré en su cama, mirando al techo. Al verme esbozó una media sonrisa, como hace siempre, y me dijo, hoy has venido. Y guardó silencio, traté de hablarle, pero hizo que no me escuchaba, cerró los ojos. Me senté a su lado, permanecí callada. Al cabo de un cuarto de hora me dijo, Por qué sigues aquí. Le expliqué que quería hacerle compañía, que no me importaba si no quería hablar que estaría un rato con ella. Su respuesta me clavó un puñal en el alma, Los muertos no necesitamos compañía. No supe que responder porque me estaba mirando, mi cara delataba el dolor que sentí. Cerró de nuevo los ojos y pasados unos minutos completó la frase, Mi suerte está echada, ya no hay nada que hacer. Lo que no entiendo, prosiguió diciendo, es por qué para morir tengo que padecer tanto. No encontré palabras para animarla, porque no dirían verdad. Qué ánimo puede dársele a una viejecita que permanece postrada en una cama esperando, ¿esperando qué? Pues el final, ella lo sabe mejor que nadie. Hoy no he llorado por un muerto, lo he hecho por un vivo. Mis muertos descansan en paz.

viernes 30 de octubre de 2009

LOS NIÑOS QUE NO NACEN CON UN PAN DEBAJO DEL BRAZO

Y luego hay quien dice que la suerte no existe...
El siguiente texto, que ha sido publicado hoy en la prensa, deja bien claro que el hecho de nacer en un lugar determinado condiciona toda tu vida. ¿Azar, suerte, destino...? A todos estos niños -que no son más que los de una parte del mundo, porque en otros lugares sucede lo mismo- les quitan la dignidad ya según nacen, están destinados a ser mercancía -muy barata si se trata de niñas- y carecerán de lo fundamental para sentirse cuidadanos de cualquier parte. La vida los sitúa ya desde su nacimiento, no en la pobreza -que también- sino en un esfera social totalmente marginal.
Colaborando con UNICEF he prendido que, si bien son importantísimos los granitos de arena que aportamos sus socios, si lo gobiernos no toman conciencia de estas situaciones, lo que estaremos haciendo será una caridad puntual que nunca llegará a la erradicación del problema, que es lo que se debe perseguir. Podremos apadrianr a un niño -que está muy bien- pero ese niño tendrá otros hermanos a los que no salvaremos. ¿Que qué podemos hacer entonces? Qué más quisiera yo que saberlo. De momento tomar conciencia del problema, para valorar nuestra suerte y la de nuestro hijos; colaborar con alguna organización que trabaje en pro de los ñiños en la medida de nuestras posibilidades y no permanecer callados: que nuestro hijos, nuestros vecinos, nuestros gobernantes...conozcan estas realidades. La pelota está en el tejado de todos.

Cada año desaparecen entre 30.000 y 60.000 niños en China y la mayoría no regresa Un varón se cotiza a 4.200 euros, por las mujeres no se paga más de 360 Los chicos acaban destinados a minas y talleres, las chicas en hogares y burdelesUn niño, 4.200 euros; una niña, 360 euros. Su origen: zonas rurales pobres en las que muchas veces no se registra a los recién nacidos para evitar las sanciones establecidas en la política de natalidad que restringe a dos el número de descendientes en el campo. Su destino: la explotación sexual comercial, el trabajo infantil e incluso la venta encubierta del pequeño como adopción. Las mafias que trafican con personas en China tienen un amplio catálogo a gusto del consumidor, tanto local como extranjero. Así se demostró ayer después de que la Policía diera a conocer los resultados de la mayor operación contra el tráfico de niños: en seis meses han conseguido liberar a 2.008 de diferentes bandas que comerciaban con sus vidas. Ahora, las autoridades han colgado sesenta de sus fotografías en una página web llamada 'Bebés que buscan un hogar', aunque también hay jóvenes, en la esperanza de que sus padres los reconozcan. No será fácil, porque muchos fueron secuestrados hace años. Además, esta operación, que se ha saldado con un centenar de arrestos, sólo ha dejado al descubierto la punta del iceberg. Cada año desaparecen entre 30.000 y 60.000 niños en China y, aunque no existen cifras oficiales, de la mayoría no se vuelve a saber. La edad de los chicos oscila entre los pocos meses y los 15 años, y suelen acabar sirviendo como hijos naturales a parejas que no pueden concebir o trabajando en condiciones infrahumanas en minas y talleres que les pagan 35 céntimos de euro la hora y les obligan a completar unas 300 horas semanales. Los minusválidos y disminuidos psíquicos tampoco se libran de las mafias, ya que son de gran valor como mendigos. Esclavas en el hogar Las chicas de entre 7 y 25 años tienen mayor aceptación como esclavas del hogar y, sobre todo, en los burdeles que venden su virginidad y, posteriormente, las obligan a prostituirse hasta que alcanzan la juventud o contraen alguna enfermedad de transmisión sexual. Pero quienes más pagan por ellas son aquellos que buscan esposa en un país que ha favorecido tradicionalmente a un varón que ahora no tiene con quién emparejarse. Destino sexual Muchas, sin embargo, acaban en el mercado internacional. Las regiones administrativas especiales de Hong Kong y Macao, países desarrollados como Japón y Corea del Sur, y Tailandia, destino sexual preferente para asiáticos y occidentales, son focos habituales de un negocio que mueve miles de millones de euros al año y del que son víctima, según estimaciones de Unicef, más de 225.000 personas al año sólo en Asia. Su camino puede terminar de forma trágica en países más pobres, como Vietnam o Camboya, paradero de las mujeres de mayor edad. «Compramos las niñas a las familias pobres o a otros 'dealers' (traficantes que generalmente las han secuestrado previamente) y las transportamos en camiones. Claro, hay que pagar a los oficiales de los controles y a los militares de la frontera, pero no hay problema», relata un mafioso.muchos de ellos fueron vendidos a mafias

¿SERÁ QUE YA NADA MERECE LA PENA?


Que no cunda el pánico, esto no quiere ser un lamento, como mucho una reflexión de andar por casa, sin más importancia que la que le quiera dar quien tenga la paciencia de hincarle el diente a este texto que, a buen seguro, es de escaso interés. Y es que ando yo estos días un poco desatinada intentando encontrar justificaciones a tanta injusticia como pienso me rodea y digo pienso, no me atrevo a afirmarlo porque salvo yo misma, nadie da importancia a estos hechos cotidianos en los que siempre sale alguien perjudicado –generalmente el más débil- para favorecer a quienes hacen de su capa un sayo y se saltan a la torera, no sólo las normas, sino también, lo que es más grave, los mínimos derechos de las personas que tienen más próximas: esas a las que se les niega un puesto de trabajo digno, pongo por caso. Son causas que me preocupan y por las que suelo pelear a brazo partido. Pero he te aquí que aquellas personas que yo tengo más próximas, en las que confío y creo, me dicen que las cosas son así, que no hay que precipitarse, vamos que no hay que molestarse por tan pequeña minucia, que hay que aceptar –puede que hayan empleado otro término que no recuerdo, pero que es similar- las cosas como son. Interpreto –interpretación muy libre, claro- que el poderoso (aunque no lo sea tanto) tiene derecho a privar por su santa voluntad a una persona de algo tan justo como es un humilde puesto de trabajo. Y esto me desconcierta. No tanto que el “poderoso” haga lo imposible por escatimar hasta el último céntimo-que encima no le pertenece- a quien lo necesita, como la pasividad y conformidad de quienes pudiendo hacer algo se inhiben o le restan importancia. De quienes, al final, se doblegan al ídolo –que es de puro barro- en aras a una amistad o no sé muy bien a qué. Mi ignorancia no me permite hallar una lectura más profunda. Estoy ciertamente descolocada. Siempre he conseguido las cosas –más ajenas que propias- a base de luchar, a veces hasta empecinándome en alcanzarlas. Lección que aprendí de mi progenitor que me decía que cuando lo que persigues es justo hay que seguir tras ello hasta lograrlo. Me han enseñado a respetar el poder, pero también a no doblegarme si iba acompañado de injusticia. El mundo debe de estar cambiando, o mi progenitor estaba equivocado. Así nos va.
Puede que ya nada merezca la pena, como me cuestiono en el título. Pero, ¿es que ya nadie tiene conciencia de justicia, es que el “grande” (el más vil, diría yo) va a seguir comiéndose al chico? ¿Es posible vivir sin un mínimo de honradez, sin mirar hacia quienes nos rodean y necesitan nuestro apoyo? ¿Ya no se puede hacer nada sin obtener un beneficio personal? ¿Dónde podremos ahora depositar ese diminuto granito de arena del que disponemos para que el pedregal se convierta en playa para todos? Si me dices, querido amigo, que las cosas han de ser así, digo, como Mafalda, que paren el mundo que me quiero bajar.

sábado 24 de octubre de 2009

YELENE LUCIÓ COMO UNA PRINCESA EN LOS PREMIOS PRÍNCIPE DE ASTURIAS


De refilón, porque no me entretienen demasiado esos boatos públicos televisivos, he visto la entrega de los Premio Príncipe de Asturias, a los que muchos de mis conocidos han acudido. He tenido que realizar varias llamadas y la respuesta era siempre la misma: estoy entrando en el Campoamor. Momento en el que dejé lo que estaba haciendo para ver si entre esa multitud localizada alguna cara conocida: había muchas. Algunas cercanas a mi entorno y otras conocidas por su popularidad televisiva. Me llamó la atención Yelene, la joven atleta rusa que lleva a sus espaldas tantos retos mundiales como años tiene: 27. Aparentaba ser la persona más feliz del evento y puede que también la más sacrificada. Yelene desbancó en simpatía, elegancia y proximidad al público asistente a la mismísima Princesa Letizia que, tal vez sometida al riguroso protocolo, esbozaba una estudiada sonrisa. Puede que le molestasen esos terribles zapatos de altura incalculable que tienen que ser muy difíciles de soporta, o puede que estuviese aburrida de tanto boato. Conocí a Letizia el mismo año en el que se anunció su compromiso matrimonial. Fue en su último acto de periodista, coincidimos en el patio del Reconquista y me llamó la atención porque ambas llevábamos el mismo traje, creo que era gris. El mío, y el suyo creo que también porque eran idénticos, comprado la víspera en El Corte Inglés para la ocasión. No era de una firma conocida, en todo caso de una firma de esas de poco pelo pero que dan el pego. Entonces ella no era princesa simplemente cubría la información de un acto importante. Era una chica sencilla, mona, natural y espontánea. Ahora ya me sería muy difícil identificarla con aquella joven resuelta, alegre, que corría detrás de los premiados en busca de unas declaraciones: no se parece en nada. Ya no lleva un traje de unos grandes almacenes, ni un bolso de imitación, ahora lo que más interesa de su vida es quien diseñó el traje que luce, y lo zapatos, y los complementos y si sonríe o llora en el momento adecuado. Y yo me pregunto, ¿será feliz? Feliz se mostraba Yelene, que recogió el premio moviéndose con gracia en el estrado, alegre, sonriendo, y seguro que hasta se saltó el protocolo. Yelene fue la princesa de cuento de hadas de estos premios.

martes 20 de octubre de 2009

COMENTARIOS ANÓNIMOS

Me he puesto a escribir una entrada nueva para el blog sin saber muy bien qué decir, andan mis ánimos un poco alicaídos estos días y escribir es una de mis terapias preferidas. Antes de hacerlo he leído los comentarios anónimos que habéis hecho, y esa ha sido hoy la auténtica terapia. Los hay profundos, mucho mejores que el texto al que hacen referencia; los hay simpáticos, como el que me recomienda besos con manzanilla, extraño remedio, sí señor, pero…prometo probar, aunque para los besos necesite algún candidato; otros que me reclaman ese café que tengo por costumbre prometer y que no llega nunca; hay también quien me recomienda comprar un carrito para hacer la compra: lo he hecho, soy obediente, ya rechazo las bolsas de plástico; Unos se identifican con mis comentarios y otros, como reprobación menor, me recomiendan que siente un pobre en mi mesa, prefiero sentarme yo en la del pobre, será menos doloroso para él. Vamos, que los comentarios son de gustos y colores variadísimos. Pero todos, absolutamente todos son de mi agrado y me empujan a seguir escribiendo, aunque como hoy no tenga muy claro lo que voy a contar. Creo que nada de interés, en todo caso lo ventilaré con un gracias por estar ahí, donde quiera que sea, y por asomaros a este blog que ni sé cómo nació ni para qué. Ciertamente para nada de trascendencia, pero a medida que me hago mayor le doy mucho valor a las cosas de escasa importancia, a esas que se esconden tras la palabra anónimo, porque no pretenden nada, de ellas sólo sabes que existen y que te acompañan

domingo 18 de octubre de 2009

LAS HORAS BAJAS DE MI OTOÑO

Tiene el otoño un no se qué, que siempre me sume en lo que llamo mis horas bajas. Irremediablemente, desde hace bastantes años, al llegar estas fechas sufro un descalabro emocional, como si de una maldición se tratase, que me sumerge en un letargo que merma considerablemente mis ganas de vivir. Posiblemente lo único que sucede es que mi trayectoria vital emula a la naturaleza y toma conciencia de que algo tiene que morir para renacer allá en primavera. Pero falta tanto…Me temo que algún ser querido, ya demasiado mayor, aproveche la ocasión para dejarme. Como lo hizo mi queridísima abuela (artífice de los días más felices de mi infancia) un 9 de noviembre, o mi padre un 16, también de noviembre, por citar algunos. También temo que alguno de mis sueños se rompa, casi siempre es así. De esos sueños que se forjan con el calorcito del verano, que apuntan en todas direcciones y que luego se desvanecen como las hojas de los castaños de la Plazuela de San Miguel; lugar por el Obladi y yo damos un diario paseo. Incluso al atardecer, si el tiempo lo permite, solemos sentarnos en uno de sus bancos y desde allí vemos la vida pasar. Sus jardincitos, que suelen estar muy cuidados, nos van anunciando las estaciones: verdes y floridos no hace nada, en primavera; y secos, mustios y amarillentos ahora. Creo, sé con certeza, que soy parte de esa naturaleza, inútil tratar de florecer en otoño. Como mucho, sobrevivir hasta la primavera, que no es poco.

domingo 4 de octubre de 2009

¿QUÉ HACE EL DEFENSOR DEL MENOR POR LOS NIÑOS DE LA CAÑADA REAL QUE VIVEN DE LA BASURA?


El número de pobres que se concentran en los cinturones de las ciudades crece de manera alarmante. Ya no hace falta pensar en África o en Latinoamérica para toparse con gentes en el umbral de la pobreza, con dar una vuelta por el cinturón de Madrid es suficiente, por no mencionar el de Sevilla y seguro que en muchos otros de nuestra geografía sucede lo mismo. Concretamente, en Madrid muchas familias (me dijeron que algo así como 30.000 ) viven en chabolas, se alimentan de las inmundicias que otros más afortunados dejamos caer de nuestra mesa; se surten de los restos de los armarios roperos y de aquellos electrodomésticos que tiramos a la basura para comprar la última novedad del mercado. He leído recientemente un informe confidencial, porque estas cosas vale más que no se sepan, que dice que en la Cañada Real, un poblado a 15 kililómetros de la capital, los niños de las chabolas están desnutridos, conviven con las ratas, carecen de lo más elemental para vivir con dignidad. Son, en su mayoría, gitanillos graciosos, de vivarachos ojos, simpáticos, alegres: niños. Conviven con padres que la mayor parte de las veces no se tienen en pié, por el alcohol, por la droga, por el paro, por razones que produce la propia miseria. Y eso sucede ahí mismo, en Madrid, en una ciudad que tiene un flamante Defensor del Menor que no hace nada. Miento, algo sí, porque no hace mucho lo he visto en televisión defendiendo con verborrea vomitiva la privacidad de los hijos de los famosos que salen en las revistas del corazón, que me parece muy bien y supongo entrará dentro de sus competencias. Pero, desde mi ignorancia, pienso si se habrá parado a pensar ese buen señor que a pocos Kilómetros de donde él hacía esas declaraciones había niños viviendo de la basura. Los niños de los famosos, que suelen vivir en la opulencia, tienen derechos, faltaría más que yo lo pusiese en duda. Pero, ¿y los otros?, los que “cargan”, porque así es, con unos padres borrachos o drogadictos, los que rebuscan en las basuras algo que llevarse a la boca, ¿quién defiende esos derechos? ¿Tal vez, por el hecho de ser pobres, de haber nacido donde nacieron, no los tengan? ¿Esos niños no preocupan al Defensor del Menor? Ocuparse de los gitanillos no vende imagen, creando escuelas, visitando esos poblados, uno no sale en la tele. Yo tengo al respecto una duda, ¿el Defensor del Menos no se entera de esta cruda realidad, o es que no le importa? Sea cual sea la respuesta correcta lo mejor que hacía era marcharse para su casa y dedicarse a otra cosa para la que esté más capacitado: los menores no son lo suyo.

domingo 27 de septiembre de 2009

ESTE ARTÍCULO ME LO ENVIÓ MI AMIGO PEDRO, DESDE AVILÉS, ES INTERESANTE LEERLO



HAMAS ES ANFITRIÓN DE LA PEDOFILIA
Por Paul L. Williams, Ph.D.thelastcrusade.org Mahoma se casó con una niña de seis años. Pero el Islam ha evolucionado en 1.500 años. En la tierra de Hamas, en 2009, las novias tienen casi siete.Casamiento Musulmán Masivo450 Novios Se Casan Con NIÑAS Menores De Diez Años En Gaza.
Un evento de gala se ha desarrollado en Gaza:
Hamas patrocinó un casamiento masivo para cuatrocientos cincuenta parejas. La mayoría de los novios estaban en sus medianos veinte; la mayoría de las novias eran menores de diez años.
Dignatarios musulmanes, incluyendo a Mahmud Zahar, un líder de Hamas, estaban presentes para felicitar a las parejas que tomaron parte en la celebración, cuidadosamente montada.
"Le estamos diciendo al mundo y a Estados Unidos que no nos pueden negar la dicha y la felicidad", les dijo Zahar a los novios, todos los cuales estaban vestidos con idénticos trajes negros, y provenían del cercano campo de refugiados Jabalia.
Cada novio recibió de Hamas un regalo de 500 dólares.
Las prepúberes niñas, vestidas de blanco y adornadas con chillones maquillajes, recibieron ramos de novia.
"Presentamos este casamiento como un regalo a nuestro pueblo que se mantuvo firme enfrentando el sitio y la guerra", dijo en su discurso el hombre fuerte de Hamas, Ibrahim Salaf.
Las fotos del casamiento cuentan el resto de la sórdida historia. (Van en archivo adjunto)
El Centro Internacional de Investigación Sobre Mujeres estima que, actualmente, hay 51 millones de niñas desposadas que viven en el planeta tierra y casi todas en países musulmanes.
29% de esas niñas desposadas son golpeadas regularmente y abusadas por sus esposos en Egipto; 26% sufren un abuso similar en Jordania.
Cada año, de acuerdo a UNICEF, tres millones de niñas musulmanas son objeto de mutilación genital. Esta práctica no ha sido ilegalizada en muchas partes de Estados Unidos.
La práctica islámica de la pedofilia proviene del profeta Mahoma, que acumuló once esposas y muchas concubinas, después de la muerte de su primera esposa Khadijah, en 619 D.E.
Después que la anciana esposa de Mahoma, Khadijah, murió en 619 D.E., él acumuló once esposas. Coordinó las visitas a las tiendas de sus mujeres a lo largo de sus ciclos menstruales. Su capacidad para la actividad sexual parecía no tener fronteras. Sahih Bukhari, uno de los más reverenciados textos islámicos, dice: "El Profeta solía visitar a sus esposas en forma cíclica, durante el día y la noche, y ellas sumaban once. Le pregunté a Anas, "¿Tenía el Profeta la fortaleza para ello?" Anas respondió, "Solíamos decir que el Profeta tenía la resistencia sexual de treinta hombres". [1]
Porque, en medio de esas delicias, el Profeta mantenía un establo de concubinas, incluyendo a Reihana, su cautiva 'judía'. Sus esposas y amantes estaban obligadas, por la ley musulmana, a satisfacer sus necesidades sexuales en cualquier momento del día o de la noche, y el Profeta se reservaba el derecho de disfrutarlas "desde la cima de sus cabezas hasta la planta de sus pies". [2]
Esto parecería no ser terrible para los estudiantes del Informe Kinsley, con excepción del caso de Aisha, la esposa favorita de Mahoma. Aisha era la hija de Abu Bakr, el mejor amigo del Profeta y su más fiel seguidor. Ni bien Mahoma posó sus ojos en Aisha, comenzó a fantasear con tener sexo con ella. Había un problema con esta fantasía. Aisha, en ese entonces, era un pequeña niña de cuatro o cinco años, mientras Mahoma era un hombre de mediana edad de cincuenta. [3]
Y aún así, el Profeta no perdió tiempo en hacer realidad su fantasía. Cuando Aisha cumplió seis años, Mahoma le pidió a Abu Bakr la mano de su hija en matrimonio. Abu Bakr pensó que esa unión sería impropia - no porque Aisha fuera simplemente una pequeña sino más bien porque él se consideraba hermano de Mahoma. El Profeta dejó rápidamente de lado esta objeción diciendo que la unión era perfectamente correcta a los ojos de Allah. Abu Bakr consintió. Y Mahoma tomó a la pequeña niña como su nueva desposada.
Cuando estuvieron casados, Mahoma, en su misericordia, permitió que Aisha llevara sus juguetes, incluyendo sus muñecas, a su nueva tienda [4]. El casamiento fue consumado cuando Aisha tuvo nueve años y el Profeta cincuenta y tres [5]. Los tres años del período de espera no se debieron a la preocupación de Mahoma de no abusar de una niña sino, más bien, al hecho de que Aisha contrajo cierta enfermedad que provocó la pérdida de su cabello [6].
La pedofilia no fue practicada sólo por Mahoma, sino también sancionada por el Corán. En el debate sobre el período de espera requerido para determinar si una esposa está encinta antes del divorcio, el texto sagrado dice, "Si estás en duda en lo concerniente a aquellas de tus esposas que han cesado de menstruar, sabe que su período de espera debe ser de tres meses. El mismo período se aplica para aquellas que aún no han menstruado" (65:4). Aquellos que piensan que los musulmanes modernos han abandonado estas enseñanzas, deberían estudiar las fotos y videos que acompañan este artículo y recordar las palabras del Ayatollah Khomeini, el clérigo islámico más famoso del siglo 20:
Un hombre puede tener placer sexual de una niña tan joven como un bebé. Sin embargo, no debe penetrarla; sodomizar a una niña está bien. Si un hombre penetra y daña a una niña, entonces debe ser responsable por su subsistencia toda su vida. Esta niña, sin embargo, no cuenta como una de sus cuatro esposas permanentes. El hombre no tendrá derecho a casarse con la hermana de la niña. Es mejor para una niña casarse en una época en que comenzará a menstruar en la casa de su esposo, mejor que en la casa de su padre. Un padre que case a su hija tan joven, tendrá un lugar permanente en el cielo [7].





domingo 20 de septiembre de 2009

OS RECOMIENDO LEER, EL LADO CÁLIDO DE LA GUERRA FRÍA

He pasado el fin de semana enfrascada en la lectura de un libro, que si os gusta leer y os sentís motivados por los temas solidarios -punto que me consta, porque caso contrario, ¿qué hacéis asomados a mi blog?- me permito recomendaros. Se titula El lado cálido de la guerra fría, pero no es un libro de guerra, sino de todo lo contrario: de paz y solidaridad. La historia, no es una novela, sino una sucesión de hechos reales vividos y cotejados por su autor, Rafael Gómez Crespo, que nos ofrece una visión de la Rusia actual. De ese país en el que el 90% de los recursos está en manos del 1% de la población, el 10 % son millonarios, el 40% sobrevive como puede y un 20 % está en el umbral de la pobreza. Cifras que hablan por sí solas y que se encuentran en el libro. La obra está plagada de experiencias personales y de opiniones, también personales, que cuestionan con valentía escabrosos temas de la forma de gobierno de este país, del que nos separan cuatro horas de avión.
El libro contiene información verificada, datos tan cotidianos como el precio de un litro de leche, y tan complejos como puede ser el modelo económico soviético. Pero fundamentalmente, su verdadera carga de profundidad radica en resaltar y acercarnos al sentido humanitario de un pueblo que posee muchas cosas en común con el nuestro.
Me permito, con el permiso de Rafael, que aprovecho para pedir, y en la confianza de que hasta este humilde blog no lleguen los tentáculos del copi raid, reproducir un fragmento de este texto entresacado de una de sus páginas, que dice:
También me enseñaron –ellos que no tenían nada- que las cosas sólo son cosas y que sólo adquieren valor cuando hacen felices a alguien, aunque sea por un momento, por lo que tuve que aprender a ocultar mis impresiones sobre lo que veía en sus casas, porque o me lo llevaba “puesto” o se volvían locos rebuscando por todas partes para encontrar algo igual para regalármelo…
Lo dicho, si os gusta leer y sentís interés por conocer cómo viven nuestros amigos de, prácticamente, ahí al lado, acercaros a una librería y pedir El lado cálido de la guerra fría, de Rafael González Crespo, editado por septem ediciones.

sábado 19 de septiembre de 2009

ENTRAÑABLES AMIGOS/AS, DONDE QUIERA QUE ESTÉIS, GRACIAS

Entrañables amigos/as que estáis ahí, no sé muy bien donde, pero detrás de esta inmensa red de internautas en la que muchos intentamos solapar nuestra soledad: gracias. Porque si os molestáis en leerme –aún sin merecer la pena lo que escribo- es que, de alguna manera, compartís –o discrepáis, que también es importante- esa parte de la vida que no son más que sentimientos-pensamientos subjetivos. Pero que, al final, son los que nos hacen reír o llorar Y la vida es eso: risa y llanto; agazapo la indiferencia: es menos vida. Cuando esto escribo son las cinco de la mañana. Se entiende que no puedo dormir. No pasa nada, estoy convencida de que mi vigilia no es exclusiva, seguro que millones de ciudadanos del mundo, por una u otra causa, también permanecen despiertos. ¡Ya!, ¿que qué me pasa? Nada en especial que no vaya pegado a los avatares de la vida. He tenido una semana aciaga, plagada de sobresaltos, de sinsabores, de injusticias ajenas, que no por no estar dirigidas hacia mi persona me dolieron menos. He sido testigo de mentiras, de argucias al más puro estilo sofista, -y no empleo el término, se entiende, en su acepción primitiva de sabiduría, sino en su evolución hacia embaucador, charlatán. Me refiero a quienes defienden una verdad, sin serlo, que no se sostiene más que con palabrería. Intento, por todos los medios, salvaguardar mi libertad, mi integridad personal; para ello sacrifico muchas cosas, que por otra parte tampoco deseo: poder, dinero –el justo para vivir muy bien, en comparación con los millones de personas que en el mundo tienen muy poco o nada; los que tienen más, los que viven mejor, son muchos menos, por eso son una referencia para mi-, decía, ni poder, ni dinero, ni fama…Vamos todo aquello por lo que “algunas” -no puedo generalizar, eso me entristece- personas dan la vida; a costa, de eso, de la propia Vida (con mayúsculas). Pues ni así consigo acoplarme a esta “avelocipada” (como decía Cantinflas en una de sus películas) sociedad. No entiendo -soy consciente de mi torpeza- cómo puede haber personas para las que el poder esté por encima de todo, cómo es posible que se salten –ya no voy a decir leyes, que también- los más elementales derechos de aquellos con las que comparten muchas horas del día. Me entristece pensar que no hay la más mínima posibilidad de que nos preocupe el bienestar de quienes nos rodean, de que no tengamos en la vida más interés que medrar a costa de lo que sea. Porque esta reflexión, constatada con hechos, me hace pensar que el mundo no tiene posibilidad de arreglo. Que mientras esto escribo se habrán muerto de hambre muchísimos niños (creo que 6 por minuto, pero no lo recuero bien en este momento, puede que sea por segundo), que habrá gentes perdiendo la vida por guerras que no entienden, que algunas personas habrán iniciado, con sus cántaros sobre la cabeza, ese largo camino (15 ó 20 Km.) que los separa del agua potable, que…Y mientras tanto, nosotros aquí, en el mundo civilizado pidiendo más y más, a costa de lo que sea. ¿No es para quitar el sueño?
Ya lo solté, creo que ahora ya más sosegada, procede tomarse un café. ¡Menudo golpe me acabo de dar al intentar levantarme!, no me percaté de que estaba acompañada: de que Obladi había abandonado su cesta para venir a mi lado. ¡Cómo puedo decir que estoy sola! qué ingrata soy, tengo la más fiel de las compañías y aún me quejo

jueves 10 de septiembre de 2009

GRACIAS, AL AMIGO QUE TANTO QUIERO, POR ENVIARME ESTA ENTREVISTA

Entrevista a un tuareg

TU TIENES EL RELOJ, YO TENGO EL TIEMPO.entrevista realizada por VÍCTOR-M. AMELA a: MOUSSA AG ASSARID

No sé mi edad: nací en el desierto del Sahara, sin papeles...!
Nací en un campamento nómada tuareg entre Tombuctú y Gao, al norte de Mali. He sido pastor de los camellos, cabras, corderos y vacas de mi padre. Hoy estudio Gestión en la Universidad Montpellier. Estoy soltero. Defiendo a los pastores tuareg. Soy musulmán, sin fanatismo

¡Qué turbante tan hermoso...!

Es una fina tela de algodón: permite tapar la cara en el desierto cuando se levanta arena, y a la vez seguir viendo y respirando a su través.- Es de un azul bellísimo...- A los tuareg nos llamaban los hombres azules por esto: la tela destiñe algo y nuestra piel toma tintes azulados...

¿Cómo elaboran ese intenso azul añil?

Con una planta llamada índigo, mezclada con otros pigmentos naturales. El azul, para los tuareg, es el color del mundo.

¿Por qué?

- Es el color dominante: el del cielo, el techo de nuestra casa.

¿Quiénes son los tuareg?

Tuareg significa "abandonados", porque somos un viejo pueblo nómada del desierto, solitario, orgulloso: "Señores del Desierto", nos llaman. Nuestra etnia es la amazigh (bereber), y nuestro alfabeto, el tifinagh.

¿Cuántos son?

Unos tres millones, y la mayoría todavía nómadas. Pero la población decrece... "¡Hace falta que un pueblo desaparezca para que sepamos que existía!", denunciaba una vez un sabio: yo lucho por preservar este pueblo.

¿A qué se dedican?

Pastoreamos rebaños de camellos, cabras, corderos, vacas y asnos en un reino de infinito y de silencio...

¿De verdad tan silencioso es el desierto?

Si estás a solas en aquel silencio, oyes el latido de tu propio corazón. No hay mejor lugar para hallarse a uno mismo.

¿Qué recuerdos de su niñez en el desierto conserva con mayor nitidez?

Me despierto con el sol. Ahí están las cabras de mi padre. Ellas nos dan leche y carne, nosotros las llevamos a donde hay agua y hierba... Así hizo mi bisabuelo, y mi abuelo, y mi padre... Y yo. ¡No había otra cosa en el mundo más que eso, y yo era muy feliz en él!

¿Sí? No parece muy estimulante. ...

Mucho. A los siete años ya te dejan alejarte del campamento, para lo que te enseñan las cosas importantes: a olisquear el aire, escuchar, aguzar la vista, orientarte por el sol y las estrellas... Y a dejarte llevar por el camello, si te pierdes: te llevará a donde hay agua.-

Saber eso es valioso, sin duda...

Allí todo es simple y profundo. Hay muy pocas cosas, ¡y cada una tiene enorme valor!

Entonces este mundo y aquél son muy diferentes, ¿no?

Allí, cada pequeña cosa proporciona felicidad. Cada roce es valioso. ¡Sentimos una enorme alegría por el simple hecho de tocarnos, de estar juntos! Allí nadie sueña con llegar a ser, ¡porque cada uno ya es!-

¿Qué es lo que más le chocó en su primer viaje a Europa?

Vi correr a la gente por el aeropuerto.. . ¡En el desierto sólo se corre si viene una tormenta de arena! Me asusté, claro...

Sólo iban a buscar las maletas, ja, ja...

Sí, era eso. También vi carteles de chicas desnudas: ¿por qué esa falta de respeto hacia la mujer?, me pregunté... Después, en el hotel Ibis, vi el primer grifo de mi vida: vi correr el agua... y sentí ganas de llorar.

Qué abundancia, qué derroche, ¿no?-

¡Todos los días de mi vida habían consistido en buscar agua! Cuando veo las fuentes de adorno aquí y allá, aún sigo sintiendo dentro un dolor tan inmenso...

¿Tanto como eso?

Sí. A principios de los 90 hubo una gran sequía, murieron los animales, caímos enfermos... Yo tendría unos doce años, y mi madre murió... ¡Ella lo era todo para mí! Me contaba historias y me enseñó a contarlas bien... Me enseñó a ser yo mismo.

¿Qué pasó con su familia?

Convencí a mi padre de que me dejase ir a la escuela. Casi cada día yo caminaba quince kilómetros. Hasta que el maestro me dejó una cama para dormir, y una señora me daba de comer al pasar ante su casa... Entendí: mi madre estaba ayudándome...-


¿De dónde salió esa pasión por la escuela?

De que un par de años antes había pasado por el campamento el rally París-Dakar, y a una periodista se le cayó un libro de la mochila. Lo recogí y se lo di. Me lo regaló y me habló de aquel libro: El Principito. Y yo me prometí que un día sería capaz de leerlo...

Y lo logró.

Sí. Y así fue como logré una beca para estudiar en Francia...

¡Un tuareg en la universidad. ..!

Ah, lo que más añoro aquí es la leche de camella... Y el fuego de leña. Y caminar descalzo sobre la arena cálida. Y las estrellas: allí las miramos cada noche, y cada estrella es distinta de otra, como es distinta cada cabra... Aquí, por la noche, miráis la tele.

Sí... ¿Qué es lo que peor le parece de aquí?

Tenéis de todo, pero no os basta. Os quejáis. ¡En Francia se pasan la vida quejándose! Os encadenáis de por vida a un banco, y hay ansia de poseer, frenesí, prisa... En el desierto no hay atascos, ¿y sabe por qué? ¡Porque allí nadie quiere adelantar a nadie!

Reláteme un momento de felicidad intensa en su lejano desierto.

Es cada día, dos horas antes de la puesta del sol: baja el calor, y el frío no ha llegado, y hombres y animales regresan lentamente al campamento y sus perfiles se recortan en un cielo rosa, azul, rojo, amarillo, verde...

Fascinante, desde luego...

Es un momento mágico... Entramos todos en la tienda y hervimos té. Sentados, en silencio, escuchamos el hervor... La calma nos invade a todos: los latidos del corazón se acompasan al pot-pot del hervor...- Qué paz...- Aquí tenéis reloj, allí tenemos tiempo.

martes 8 de septiembre de 2009

NUESTROS PEQUES VUELVEN AL COLE




Nuestros peques, desgraciadamente no todos los peques del mundo. Pero en ello estamos, aunque sólo sea poniendo ese ínfimo granito de arena que puede ser la ayuda a una ONG. Los nuestros estrenarán libros, cuadernos, uniformes... y otros, con un poco de suerte, tendrán como mucho un lápiz y un cuaderno, que les llegará de cualquier parte del mundo, de la caridad de quien lo tiene todo. Pero no me voy a poner sensiblera. Mi hijo, que de eso sabe mucho, me dice que ya no se estila este tipo de caridad, que hay que comprometerse, que hay que implicarse...Que no basta con dar lo que nos sobra y quedar tan tranquilos. Puede que tenga razón, seguro que la tiene, pero quienes fuimos educados en cuestaciones para los negritos, para los pobres, para las misiones..., dificilmente entendemos los nuevos cauces que sustituyen a la caridad de siempre por lo que llaman justicia social. Menos mal, que el futuro les pertenece, que tienen toda la vida por delante para hacer efectiva esa justicia social. Únicamente me permitiría decirles que se den un poco de prisa en conseguir que los gobiernos, o quien corresponda, la pongan en práctica pronto, porque si van demasiado lentos, muchos se quedarán en el camino y para ellos ya no habrá futuro. Los que hayan tenido suerte llegarán a ser adultos analfabetos y, los que no, se habrán muerto de hambre, de sed o de SIDA, por decir algo. Pero bueno, no quiero amargarle el día a nadie, me he liado sin querer, porque lo que en realidad pretendía era mostraros esas fotos de unos niños de Tegucigalpa en su escuela. Y perdonar, no he podido evitar la foto del lugar donde viven.

domingo 6 de septiembre de 2009

PENE DE CHOCOLATE: 6 EUROS

Y si lo prefiere de caramelo, son cinco euros. También es posible comprarse unos cojoncillos, un par de tetas…Que nadie se asuste, por Dios, que no he estado en un sex shop (¿se escribirá así?). No hace falta acudir a ningún establecimiento especializad, todo se vende en la panadería donde compro diariamente el pan. Hace algunos meses colocaron un letrero que decía: “se hacen tartas eróticas a su gusto”. La verdad, no le presté yo mucha atención al anuncio. Pero el sábado, cuando intentaba comprar mi pan sin sal, tuve que esperar un buen rato a que dos hermosísimas y jóvenes señoritas decidiesen si el pene que le colocaban a la tarta que habían elegido debía de ser de chocolate o de caramelo, tampoco se ponían de acuerdo en el tamaño. La amable dependienta, mirándome de reojo y aparentemente un poco apurada – me debió de ver ya muy mayor para esas cosas- se esforzaba en vender el pene que mejor se ajustase al número de comensales, no fuera a quedar escasa la ración, le decían. Que si va fulanita, que si puede que seamos alguno más, que cuanto cuesta “alargarlo” un poco para que ocupe toda la tarta…Y el mayor problema no había llegado aún, porque decidido el tamaño, las señoritas acordaron añadir una dedicatoria: “espero que te guste”. Volví a mirarlas de arriba abajo, eran auténticas señoritas, con apariencia de acabar de terminar el colegio de monjas, hijas de padres y madres posiblemente de los mejores barrios de Gijón. Supongo que esto que cuento tiene nula o escasa importancia, porque en estos tiempos, también supongo, es natural. y no son más que cosas que suceden en mi entorno. Pero, si mis amigas se presentan en mi casa la víspera de mi boda –creo que se trataba de una despedida de soltera- con semejante ordinariez, cambiaría de amigas sin dudarlo un momento. Os aseguro que el resultado final de la tarta en cuestión era esperpéntico. Ni gracioso, ni simpático, ni nada parecido. Aunque no tengo la menor duda de que estas chicas se habrán divertido un montón, como dice ahora la juventud. Mi sentido del humor va en decadencia. Compre mi barrita de pan sn sal y seguí mi camino.

viernes 4 de septiembre de 2009

LO MÁS INTERESANTE DEL BLOG: VUESTROS COMENTARIOS

Pues sí, lo que reza en el título es lo que pienso. Por eso he pasado a portada el comentario que sigue, tal cual lo he recibido. Pienso, que si de alguna manera expresamos nuestras preocupaciones y vivencias, nos sentiremos menos solos. No creo, no obstante, que debamos hablar de "buenos" y malos", porque todos pasamos por esa edad "estúpida" que es la adolescencia, en la que se comenten muchas tonterías. El verdadero delito está -en mi opinión- en los adultos que permanecen impasibles. Me imagino que sobra decir que el opinante anónimo se refiere al texto ¿Y tú que opinas?, que no es muy reciente.
Anónimo dijo...
QUE OPINO YO.¡Que una cosa es predicar y otra dar trigo! Claro que se deberían prohibir esos botellones. Pondría en marcha alternativas de ocio para esas edades de 13 a 16/17 años., no esos ciclos que se hacen en la verano sino de una forma continuada, pero mientras tanto habría que vigilarlos un poco más. Para recoger el trigo primero hay que sembrarlo y seguir cuidándolo. En este cuidado aparecen las tormentas, las plagas, las malas hierbas etc., prohibiendo el botellón también aparecerían, intereses económicos en contra, la propia juventud que ve cortada lo que ellos creen es la libertad etc. Por comodidad, por miedo a estas cosas no se enfrenta el problema, podemos estar cambiando de modelo de enseñanza cada dos años, podemos regalar un PC a cada alumno, podemos tener las mejores universidades, pero no cuidamos el niño o el adolescente PERSONA. ¿Qué clase de trigo espero recoger? Que opino yo. Que soy el malo, yo soy el que no entiendo nada, el que me veo engullido por vida que lleva nuestra sociedad, nuestra Política Nacional se encarga de que me vean como el malo. Se puede difamar públicamente, se pueden sacar cosas intimas de otras personas a la luz, no se quien me dice la verdad, si un ministro o un portavoz parlamentario, ¿Cómo intento educar en valores de responsabilidad y respeto?En este verano me he cansado de decir a mi nieta de 10 años, ese programa no lo puedes ver, (Hombres y mujeres, o viceversa) Abuelito son las doce de la mañana así que si lo echan no será malo, Ese canal la 3 tampoco. Ese canal la 5 tampoco, Abuelito son las 4 de la tarde. Soy el malo, o no, no todo el mundo puede pagar Tele cable o poner DDT en su casa etc. Independientemente de todo ello las autoridades deber ser las garantes de esta educación, ¿Qué hizo ese comité de sabios que se formo hace 4 años? Seguramente quedaría asombrado si viera el costo de esa comisión, pero no veo los resultados. Aquí estamos a lo que vende es lo que da dinero. Hace unos días creo era José Maria Iñigo en la radio decía, en la Televisión no hay programas buenos o malos, malos son los que no tienen audiencia y buenos los que la tienen. Y en esta batalla estoy yo. Seguiré siendo el malo para mis nietos, hasta que alguien de los que pueden inviertan en sembrar para recoger a medio plazo, por que la realidad la estamos viendo.Amiga del blog y los que lo compartís perdonar me haya extendido, pero uno a veces se siente tan impotente…. Muchas gracias. Pedro

lunes 31 de agosto de 2009

LA PEOR CARA DE LA VEJEZ

Hoy ha hecho un día espléndido de playa, podía haberme dado el último baño, pero no he podido hacerlo, una enorme tristeza me lo impidió. Quería apurar al máximo el final de mis vacaciones, pero mis planes se desmoronaron a primera hora de la mañana. En todo el día no he conseguido reponerme y probablemente tarde en hacerlo. Sólo puedo pensar en Sara. Sí, la viejecita que a principios de verano estrenaba silla de ruedas. He ido a verla para contarle que ya empezaba de nuevo a trabajar y que si el otoño era bueno podríamos salir los domingos, llevaba varios proyectos para proponerle, pretendía sacarla de esa tristeza en que la había dejado sumida a principios de agosto, cuando os conté que me parecía que había tirado la toalla. La encontré sentada en el comedor, apoyando sus manos sobre la mesa como si estuviese rezando: no lo estaba. Levantó la cabeza, me miró, esbozó una sonrisa de las que hablan por ella, y se perdió en la pared blanca de la habitación: no me reconoció. El mundo se me vino encima. Me senté a su lado, traté de hablarle de las personas cercanas a las que ella siempre tanto quiso, pero no se inmutó. Como mucho, asentía con una leve sonrisa carente de significado. Lo que vino después fue peor, me contó que había venido su madre a verla, que los niños ya habían merendado, que..., para concluir preguntándome cómo me llamaba y a quién había venido a ver. No pude despedirme, baje las escaleras sin enterarme, cobardemente salí huyendo. No sé muy bien si la tristeza que me embarga es por ella o por mí: será por las dos. No logro quitarme de la cabeza la última salida de Sara, el primer domingo de agosto, fuimos a la plaza del Ayuntamiento a escuchar tonada asturiana. Esto sí que me gusta me repitió varias veces, e incluso tarareó algunas canciones. Yo no podía predecir que esa sería su última salida. Aunque de haberlo sabido, no creo que las cosas hubiesen sucedido de diferente manera. Pero esto me pilló de sorpresa, no estaba preparada. Me imagino que nadie está en disposición de aceptar estas incongruencias que trae la vejez. Llevo todo el día dándole vueltas; y ahora pienso, que todos los seres queridos que me dejaron demasiado pronto han salvado ese terrible escollo que es el Alzheimer o la demencia senil, que dice el psiquiatra que padece. Tal vez se la lleve el otoño, la estación más melancólica del año, y que tanto me gusta. Ese viento seco y un poco loco que tapiza los montes con hojas de mil formas y colores, esos atardeceres lánguidos que preceden a las frías noches que anuncian la llegada del invierno. Es muy hermoso, pero huele a muerto. Sara respira, come, duerme…pese a ello, ya no vive, es tan frágil como la hoja de un roble en otoño, sólo espera ese soplo de Dios que la separe del tronco. Así es la vida, pero me cuesta demasiado entenderla.

domingo 30 de agosto de 2009

ESTO YA ES EL PASADO, SE ACABARON LAS VACACIONES


Ya no hay nada que hacer, mis vacaciones ya han caducado. Quedan las fotos, los recuerdos,
la nostalgia..., esas pequeñas cosas que el tiempo no puede borrar, y que no son más que nuestro personal disco duro. Pronto tendremos encima el invierno con otras historias, con otras vivencias, con sonrisas y lágrimas. En realidad nada cambia, a no ser nosotros mismos. El año próximo es posible que no estemos todos, o que llegue un nuevo miembro a la familia, por qué no. El futuro, para bien o para mal, no depende casi nunca de nuestras decisiones. Y puede que hasta sea mejor, no podríamos soportar el conocimiento anticipado de las cosas negativas que pudieran sucedernos. Sí podemos, no obstante, hacer proyectos, soñar, recrearnos en aquello que anhelamos y que deseamos. Yo estoy en ello. Otra cosa muy distinta es que lo logre, pero por intentar que no quede. Pues eso, amigos/as, preparémosnos para recibir el otoño con entusiasmo. Si ello es posible, porque entre "la crisis" y ese virus que dicen viene, vamos a tener que redoblar esfuerzos. Que nadie decaiga.

viernes 28 de agosto de 2009

POR LA LECTURA, TEXTO DE JOSÉ LUIS SAMPEDRO

Del texto que sigue es autor el escritor JOSÉ LUIS SAMPEDRO, y lo ha motivado la avaricia de la Sociedad General de Autores (SGAE), que pretende obligar a las bibliotecas públicas a pagar 20 céntimos por cada libro prestado, en concepto de canon, para 'resarcir' a los autores. Un amigo me lo ha enviado y me gustaría compartirlo con vosotros.

POR LA LECTURA

Cuando yo era un muchacho, en la España de 1931, vivía en Aranjuez un Maestro Nacional llamado D. Justo G. Escudero Lezamit. A punto de jubilarse, acudía a la escuela incluso los sábados por la mañana aunque no tenía clases porque allí, en un despachito que le habían cedido, atendía su biblioteca circulante. Era suya porque la había creado él solo, con libros donados por amigos, instituciones y padres de alumnos. Sus 'clientes' éramos jóvenes y adultos, hombres y mujeres a quienes sólo cobraba cincuenta céntimos al mes por prestar a cada cual un libro a la semana. Allí descubrí a Dickens y a Baroja, leí a Salgari y a KarlMay. Muchos años después hice una visita a un bibliotequita de un pueblo madrileño. No parecía haber sido muy frecuentada, pero se había hecho cargo recientemente una joven titulada quien había ideado crear un rincón exclusivo para los niños con un trozo de moqueta para sentarlos. Al principio las madres acogieron la idea con simpatía porque les servía de guardería. Tras recoger a sus hijos en el colegio los dejaban allí un rato mientras terminaban de hacer sus compras, pero cuando regresaban a por ellos, no era raro que los niños, intrigados por el final, pidieran quedarse un ratito más hasta terminar el cuento que estaban leyendo. Durante la espera, las madres curioseaban, cogían algún libro, lo hojeaban y a veces también ellas quedaban prendadas. Tiempo después me enteré de que la experiencia había dado sus frutos:algunas lectoras eran mujeres que nunca habían leído antes de que una simple moqueta en manos de una joven bibliotecaria les descubriera otros mundos. Y aún más años después descubrí otro prodigio en un gran hospital de Valencia. La biblioteca de atención al paciente, con la que mitigan las largas esperas y angustias tanto de familiares como de los propios enfermos, fue creada por iniciativa y voluntarismo de una empleada. Con un carrito del supermercado cargado de libros donados, paseándose por las distintas plantas, con largas peregrinaciones y luchas con la administración intentando convencer a burócratas y médicos no siempre abiertos a otras consideraciones, de que elconocimiento y el placer que proporciona la lectura puede contribuir a la curación, al cabo de los años ha logrado dotar al hospital y sus usuarios de una biblioteca con un servicio de préstamos y unas actividades que le han valido, además del prestigio y admiración de cuantos hemos pasado por ahí, un premio del gremio de libreros en reconocimiento a su labor en favor del libro. Evoco ahora estos tres de entre los muchos ejemplos de tesón bibliotecario, al enterarme de que resurge la amenaza del préstamo de pago. Se pretende obligar a las bibliotecas a pagar 20 céntimos por cada libro prestado en concepto de canon para resarcir -eso dicen- a los autores del desgaste del préstamo. Me quedo confuso y no entiendo nada. En la vida corriente el que paga una suma es porque: a) obtiene algo a cambio. b) es objeto de una sanción. Y yo me pregunto: ¿qué obtiene una biblioteca pública, una vez pagada la adquisición del libro para prestarlo? ¿O es que debe ser multada por cumplir con su misión, que es precisamente ésa, la de prestar libros y fomentar la lectura? Por otro lado, ¿qué se les desgasta a los autores en la operación? ¿Acaso dejaron de cobrar por el libro? ¿Se les leerá menos por ser lecturas prestadas? ¿Venderán menos o les servirá de publicidad el préstamo como cuando una fábrica regala muestras de sus productos? Pero, sobre todo: ¿Se quiere fomentar la lectura? ¿Europa prefiere autores más ricos pero menos leídos? No entiendo a esa Europa mercantil. Personalmente prefiero que me lean y soy yo quien se siente deudor con la labor bibliotecaria en la difusión de mi obra. Sépanlo quienes, sin preguntarme, pretenden defender mis intereses de autor cargándose a las bibliotecas. He firmado en contra de esa medida en diferentes ocasiones y me uno nuevamente a la campaña. ¡NO AL PRÉSTAMO DE PAGO EN BIBLIOTECAS! José Luis Sampedro

domingo 23 de agosto de 2009

¿Y TÚ QUE OPINAS?



Con frecuencia me pregunto si algún día yo fui adolescente. La respuesta es obvia, todos lo fuimos en algún momento de nuestra vida, pero me queda ya tan lejos que me cuesta trabajo situarme en ella. Tal vez haya ido olvidando, por esos mecanismos de defensa –que diría un psicólogo- que van aparcando las experiencias que no nos interesa recordar; y si apuro un poco más, por olvidar la época más estúpida de mi vida. Pero el caso es que aquello que yo hacía en mi adolescencia me cuesta actualizarlo. Supongo que serían muchas tonterías, pero no las mismas que ahora veo en los adolescentes de turno. De eso sí estoy segura. Vivo muy cerca de los lugares considerados de “moda” por las niñas y los niños –pongamos los dos géneros, no nos tachen de sexistas- que no llegan a los 20 años, y en algunos casos no pasan de los doce o trece. Esos chicos/as hacen “su” compra los sábados por la tarde en el mismo supermercado que yo adquiero los olvidos de última hora. Acarrean cestas llenas de botellas de alcohol de la más alta graduación, entre risas, empujones y algunas mal sonantes palabras que no suelen venir a cuento. A la hora de pagar, uno de ellos saca orgulloso su carnet de identidad, que lo único que dice es que tiene 16 años; mientras el resto –los que no pasan de doce o trece- jalean y celebran la compra. Suben las escaleras saltando y brincando como haría un niño –que es lo que son-, y ya en la calle se disponen a hacer sus mezclas. Esto sucede más o menos a las siete de la tarde, un par de horas después esos niños/as dejan de serlo, y ya no se les puede llamar ni siquiera adolescentes, dejan de ser personas para convertirse en vulgares borrachines, que te empujan al pasar, te insultan si se tercia, se pelean, se morrean no importan con quien, se meten mano sin ningún pudor, abandonan las botellas vacías –muchas veces rotas- en cualquier parte de la calle, se mean en los portales, vomitan, y un largo etcétera que cualquier persona que frecuente laz zonas de moda puede comprobar. Algunas veces –más de las que se piensa, sino que pregunten en urgencias- tiene que acudir la ambulancia a recoger a muchachos/as pasados de revoluciones que a duras penas se tiene de pié. Cuando –desde mi ventana- veo tal cosa, siempre se me vienen a la mente los padres de la criatura. Trato de entender cómo se puede sobrellevar el deterioro de un hijo/a que está en lo mejor de la vida. Cómo puede uno aceptar que cada fin de semana los hijos jueguen a ver quien coge “el pedo mayor” (es su lenguaje). ¿Tienen los padres alguna opción ante tal desvarío? ¿Si -aquellos a quienes corresponda- prohibiesen el “botellón” en la vía pública no estaríamos protegiendo a nuestra juventud? ¿De verdad que no se puede hacer nada?
¿Y tú que opinas?

domingo 16 de agosto de 2009

SARA TIRA LA TOALLA

He vuelto de vacaciones y he ido a ver a Sara. Cuando me fui lo hice preocupada. De hecho, la víspera de mi marcha la llevé a urgencias, donde tras cuatro horas de espera me dijeron que estaba bien, que sólo tenía los achaques propios de su edad. Pero algo estaba sucediendo en la vida de Sara, yo que la conozco bien intuí algo extraño en ella. Aunque, tal vez, como me dijo el doctor no respondiese a ninguna enfermedad preocupante. Eran las tres de la mañana cuando la dejaba de nuevo en la residencia que desde hace algún tiempo es su casa, me miro de una manera especial y me dijo, bien lata te doy. A mi regreso la encontré en la cama, como justificación sólo me dijo que no le apetecía levantarse, cerró los ojos y apenas me prestó atención. Traté de averiguar si tenía algún dolor, si se sentía mal…La respuesta fue siempre la misma: No me pasa nada, estoy bien. Permanecí un buen rato junto a su cama, le dije que estábamos en fiestas, que podíamos salir a dar una vuelta, le recordé las ventajas de la nueva silla de ruedas, el último chocolate que tomamos en la terraza del paseo de Begoña…Simulaba no escucharme pero, pese a no abrir los ojos, estaba atenta a cuanto le decía. Finalmente me dio una respuesta: Ya no merece la pena. No supe qué decir, como me sucede casi siempre que debiera dar una razón convincente permanecí en silencio. Por un momento me puse en su lugar. Levantarse por la mañana, dejar que te duchen, que te pongan el dodotis, que te indiquen la silla en la que tendrás que pasar el resto del día, mirar a tu alrededor y no ver más que vejez y decrepitud, prestar atención al timbre por si llega una visita…Caso de serlo, padecer las palabras de ánimo que intentan meter en tu cabeza a maza martillo, ver al poco rato cómo se van a sus casas, con su familia, con sus amigos, con una alegría que tú no tienes. Seguir esperando que alguien vuelva al día siguiente. Y así hoy y mañana y todos los días de la vida que te quedan. Salir esporádicamente en silla de ruedas, con muchas dificultades, con demasiadas atenciones que no quisieras tener, porque sólo desearías poder caminar y hacer tu vida…No creo que yo pudiera soportarlo. Y, por otra parte, no tiene otra posible solución. Sara es una anciana que ha perdido su autonomía física y que precisa cuidados especiales para sobrevivir, que tuvo que dejar su casa por imperativos de su edad, a regañadientes, convencida por quienes por su bien le augurábamos una vida mejor, más cómoda. Pero el tiempo fue pasando, y Sara ya no es capaz de ver ese venturoso futuro que le vendimos. Ha perdido la esperanza, Sara ha tirado la toalla. Y lo más triste y lamentable es que nadie puede ya hacer nada por ella. Velaremos por su salud, procuraremos que no le falte nada; pero, ¿cómo podríamos hacer para devolverle las ganas de vivir? Esa respuesta yo no la tengo.

viernes 31 de julio de 2009

¡AL FIN VACACIONES!

Hoy es mi primer día de mis vacaciones y, como uno nunca sabe lo que le depara el destino, voy a procurar disfrutarlas. Afortunadamente puedo hacer cientos de cosas vetadas para algunas personas a las que la fortuna no les favorece en estos momentos. Fortuna que no se traduce en dinero, porque lo que más me gusta es un regalo de la vida: no cuesta nada. Bueno, tampoco es exactamente así, simplemente no se puede comprar con dinero. ¡Ya!, que todo los compra el dinero. Estás en un grave error. Al menos, según entiendo yo la vida. Reconozco que no me ha sido muy fácil asumirlo, pero es que hasta hace muy poco pasaba por la vida, no vivía la vida. Hace algún tiempo descubrí que un paseo por la orilla del mar de mi hermosa playa era el ejercicio más relajante y placentero que me podía suceder en el día. Gratis, a disposición del pobre más pobre de la ciudad. Porque, si además, no tienes zapatos, mejor que mejor. ¿Ya lo has probado? ¿No? Pues te estás privando de un gran placer, y si puedes hacerlo considérate una persona afortunada. Sara, la de la silla de ruedas, cuando pasea –en silla, por supuesto- me dice: Cómo me gustaría poder mojar los pies. Ciertamente, no puede. Y Saras, Manolos, o Juanes en silla de ruedas hay muchos. Si les miras a los ojos, seguro que les adivinas el pensamiento. Casi todos rememoran con nostalgia esa infancia correteando en calzón corto por su playa. El tiempo ha pasado demasiado rápido, pensarán. Curiosamente el tiempo es algo que tampoco podemos comprar: otro regalo de la vida. Personalmente tengo la impresión de haber desperdiciado mucho; por eso ahora trato de estrujar cada minuto al máximo. Por si es mi último día, por si es mi último año. Por si la enfermedad me sorprende; como le sucedió a Pablo, mi vecino, que a sus 33 años –con todo el futuro por delante- de la noche a la mañana un derrame cerebral le truncó todos sus proyectos. El único que tiene en estos momentos es lograr caminar apoyado en dos bastones. Y es un muy importante. Por todo lo que os digo, y por las cosas que omito y podéis imaginar, he decidido disfrutar de mis vacaciones como si fueran las últimas. Y como estamos en época de crisis, voy a hacerlo con aquellas cosas que no compra el dinero, y que son las más importantes: paseos por la playa, contacto con la naturaleza, charla con el transeúnte que quiera pegar la hebra, tomaré algún café de esos que prometo todo el año y que luego no cumplo, terminaré ese libro que fui aparcando en mi mesita desde que me lo regalaron, y que me pareció insoportable –seguro que dice cosas interesantes, aunque pase de las 500 páginas-, releeré alguno más cortito de esos que para mi son de cabecera (sólo uno, porque amo demasiados). Lamento que haya algo que no pueda hacer: dar largos paseos con Obladi. Y es que todo esto sucederá a mil kilómetros de mi querida ciudad. Pero volveré, desearé volver. Adoro el Sur por su luz, por la belleza de sus playas y calas, por las flores que surgen por doquier, por los campanarios de sus iglesias que aún dan las horas; pero no puedo vivir sin “mi” playa, sin los verdes de mi Asturias, sin la nobleza y el cariño de mi gente. Quisiera ser una ciudadana universal, pero mis raíces están tan arraigadas a la tierra en que nací y a los recuerdos de mi infancia que no podría vivir lejos. Por eso, salvo gran impedimento, pronto me tendréis de nuevo por aquí dándoos la turra, con cosas de escasa importancia que, muchas veces, no merecerían ser leídas –ya no digamos nada escritas-, pero sé que algunas personas se molestan en –al menos- abrir el blog (eso dice mi contador de visitas) y hace que me sienta siempre acompañada.
Os deseo que disfrutéis de este mes de agosto que comienza, por si acaso…
Pensaba terminar, pero voy a hacerlo con una anécdota que hace referencia al “por si acaso”.
Tengo una amiga que reúne a toda su familia por Navidad. Entre ella a la abuela, que ya se acerca a los noventa, y ésta cuando el día de Nochebuena van a empezar a cenar, siempre les dice “Bueno hijos, por si esta es mi última Navidad…” Los primeros años trataban de convencerla de que aún le quedaban muchas, que no dijera eso, etcétera, etcétera. Hartos ya de escuchar siempre la misma cantinela, mi amiga se armó de valor y le dijo: Mamá no digas más eso, porque nos amargas la cena. A lo que la abuela respondió con una maliciosa media sonrisa: Hija, es que llevo diciéndolo muchos años y siempre me da muy buen resultado. Así que aplicaros el cuento, disfrutar el verano, por si acaso.

lunes 27 de julio de 2009

MI CIUDAD NO ESTÁ PREPARADA PARA LA SILLA DE RUEDAS DE SARA


El domingo fue un día importante en la vida de Sara, cumplí mi promesa de sacarla a dar una vuelta por la ciudad. Para ella todo fueron novedades, y para mí dificultades. Nunca supuse que la “salida” pudiera ser tan complicada. La primera dificultad surgió para colocarnos en el ascensor. Nos costó trabajo entrar, es demasiado estrecho; si la introducía a ella con la silla, yo no cabía; si entraba yo primero, la puerta no cerraba. Y así hasta que una complicada posición nos permitió bajar. La salida fue rápida, nos urgía abandonar esa metálica ratonera. Bajamos con miedo, creo que las dos pensábamos lo mismo: ¿Qué sucederá si esto se para? Como ya os comenté la silla de Sara excede del tamaño normal, pues ella también está un poco más gordita de lo que sería de desear. Así que el segundo problema surgió para salir del portal. Una puerta doble que no conseguía abrir, afortunadamente un viandante se ofreció a ayudarme. Después de unos cuantos golpes, cedió. Ya en la calle nos miramos, y nos dispusimos a “quemar” esos cartuchos de libertad que para Sara suponían poder desplazarse cómodamente sentada. Su libertad fue mi tortura, nunca me imaginé la cantidad de inconvenientes que existen en la ciudad para una silla de ruedas. Las aceras son demasiado altas y la mayor parte de las veces no hay rampas para subsanar el desnivel. Además de altas, muchas son estrechas, por lo que el peatón tiene que estar continuamente cediéndote el paso. En la mayor parte de los pasos de cebra no hay rampa para silla, y…, eso, demasiadas trabas. No pude llevarla a los lugares que ella me pedía, porque mi paseo consistía en averiguar por dónde podría cruzar la calle sin demasiado problema. Fue, una verdadera tortura. Pese a todo, Sara lo pasó bien, que era de lo que se trataba. Yo terminé muerta, pero con dos firmes propósitos: el primero, que cada vez que haya una manifestación, una recogida de firmas o cualquier otro medio para reclamar a la autoridad competente eliminación de barreras arquitectónicas, allí estaré yo. Y la segunda, esta más fácil de conseguir, recorreré la ciudad para hacer un plano a la medida de la silla de ruedas de Sara.

sábado 25 de julio de 2009

ARTICULO DE HERMINIO HUERTA PUBLICADO EN LA NUEVA ESPAÑA QUE MERECE UNA ATENTA REFLEXIÓN

HERMINIO HUERTA Me voy a referir a la «Caritas in veritate», tercera encíclica, publicada recientemente, del papa Benedicto XVI. He tenido la paciencia de leer este largo texto que se refiere, básicamente, a la necesidad de una justa distribución de la riqueza mundial como principal desafío de la Humanidad en este siglo. No cabe duda que se trata de un documento loable, necesario y útil para dar continuidad al pensamiento de la Iglesia sobre el desarrollo económico y la justicia social y, por tanto, no seré yo (profano en teología) quien entre en profundidad en su contenido, que, por cierto, casi abarca todos los aspectos del pensamiento humano en materia de comportamiento social, de caridad y bien común. Yo creo que esta encíclica, como tantas cosas de la Iglesia, llega tarde, ya que hubiera sido más oportuna hace año y medio, cuando comenzó la crisis mundial. Sin embargo, ya que menciona la necesidad de un mejor reparto de los bienes, hay que decir que la Iglesia ha sido siempre un mal gestor financiero. Solamente habría que recordar la turbulenta quiebra hace veinte años de su institución financiera de referencia: el Banco Ambrosiano y, sin ir mas lejos, la precaria situación actual de Cajasur (presidida y gestionada por ellos), que con un índice de morosidad insoportable tiene que recurrir, como mal menor, a ser absorbida por Unicaja. En este documento se demuestra la sensibilidad de la Iglesia por la precariedad de los 3.600 millones de personas en el mundo que viven por debajo del umbral de la pobreza con menos de 2 dólares al día. En las declaraciones programáticas de la «Caritas in veritate» se habla de discriminación de los más pobres, de los inmigrantes, de las personas del Tercer Mundo..., pero no se lleva a cabo un ejercicio de propósito de cambio, pues la propia Iglesia es discriminadora al no permitir ejercer el sacerdocio a las mujeres, ni el matrimonio de sus servidores. Como dice mi amigo el teólogo, es una gerontocracia de varones. Esta encíclica, como decía al principio, hace una continua referencia a la pobreza y al derecho a un justo acceso a los medios para preservar la salud y prevenir la enfermedad?, pero sigue prohibiendo el uso del condón, propiciando el contagio del sida que ocasiona cientos de miles de muertes anualmente en el mundo. Insisto en que mi opinión sobre este documento, salvando algunos matices, es positiva y me parece muy necesario y adecuado; pero la Iglesia, como institución, puede hacer mucho más. Sería suficiente con copiar, extender y potenciar la labor de Vicente Ferrer (que, por cierto, tuvo que salirse de los hábitos) y otros santos en la lucha contra la pobreza y la injusticia social, destinando parte de su valioso patrimonio (me refiero al de la Iglesia) a remediar la miseria de sus hijos más desvalidos. Tiene poca credibilidad pontificar sin dar ejemplo, por lo que la encíclica queda un poco huérfana. Sería muy oportuno empezar a dar otra imagen por parte de los príncipes de la sagrada institución erradicando esos carísimos atuendos talares hechos a la medida, llenos de puntillas, tiaras y báculos, rematados con zapatos de Prada de tres mil euros. ¿Qué tiene que ver, queridos lectores, toda esa ostentación y boato con Jesús de Nazaret?

viernes 24 de julio de 2009

NIÑOS DE TEGUCIGALPA ESCOLARIZADOS POR UNICEF




Quiero compartir con vosotros esta hermosísisma foto tomada por Pablo en Tegucigalpa, en una de las escuelas gestionadas por UNICEF. Como veréis los niños no podían estar más atentos al fotógrafo, lo más curioso, es que ellos no la verán nunca, pero la visita de la Delegación de UNICEF, y merced a la solidaridad de personas particulares y de estamentos oficiales del Principado de Asturias, se están formando en una escuela y tendrán un futuro. Me ha gustado tanto la foto que la he puesto como fondo de mi escritorio. Cada vez que abro el ordenador pienso en ellos, y en tantos otros que no pueden ir a la escuela. Es mi manera de tener siempre presente a quienes no han tenido la misma fortuna que yo, por el simple hecho de nacer en un país determinado. Me doy cuenta de que no debo de quejarme ni sentirme infeliz, tengo mucho más que cuarenta millones de personas que viven en el humbral de la pobreza. ¡Casi nada! Y además, sin haber hecho ninguna cosa especial porque así fuera.

miércoles 22 de julio de 2009

OTRA OPORTUNIDAD...¿PARA QUÉ?

Si yo volviera a nacer, cosa que no estoy segura de desear, quisiera que fuese en mi ciudad, y en el mismo barrio. Y puesta a recrearme en lo imposible, desearía vivir la infancia que tuve y dormir la adolescencia. Despertar en la juventud, más que nada para que naciera Pablo, lo mejor que me ha sucedido en la vida. Para vivir su infancia, para verlo hacerse el hombre que hoy es. Eso no me lo querría perder. En el fondo es por lo único que yo podría desear volver a vivir.
No correría detrás del poderoso, ni del éxito, ni del dinero. Desearía tener una vida tranquila; a poder ser con algunos libros, de más valor que precio, en mis estanterías; con Obladi (mi perro) cerca. También quisiera que los que se han ido antes de tiempo permaneciesen a mi lado algo más, para que no me resultase tan difícil rescatar sus enseñanzas de mi olvidadiza memoria. Soy lo que ellos han querido que fuera. Practicando el don ejemplo me han mostrado el camino para sobrellevar la vida, que no es poco.
Me gustaría tener cerca a algunos amigos, a los que se acuerdan de mí y a los que me tienen olvidada, yo siento por ellos un gran cariño. También a ciertos familiares, no a todos, la sangre no es suficiente para desear su compañía. Me gustaría estar cerca de quien me necesite: de un pobre, de un viejo, de aquellas personas que la injusta sociedad excluye. Pocos son los que se interesan por ellos, como no sea para compadecerse. Sé como se sienten, porque algunas veces también estoy sola. Ellos, los abandonados por alguna causa, practican una virtud muy olvidada: el agradecimiento. A veces por nada: por un cómo te llamas, por una muestra mínima de interés, por una mirada, por…Devuelven a su manera, pero con creces, el bien que se les hace. Apreciarlo depende un poco de cada uno, porque no te traen dinero, ni fama, ni halagos, lo que te ofrecen es invisible y va directo al corazón. Hay que sentirlo, no sabría explicarlo mejor.
Y después de haber vivido viendo crecer a Pablo, arropada por familiares y amigos, quisiera irme de puntillas, sin ser una carga para nadie. No quisiera la vida de Sara, ni aún con su flamante silla de ruedas. Como me decía mi amiga Maruchi, sin dar la lata. Ella se murió en un fatídico accidente de tráfico, cumpliendo así ese deseo de no molestar a los hijos, a los que ahora tanto la extrañan y lloran No quisiera una larga vida, no la creo necesaria.
Si has llegado hasta aquí leyendo, supongo que estarás pensando, qué diablos te importa todo esto. Ciertamente nada. Y ese es nuestro gran problema que a ninguno de nosotros nos importa lo que piensan las personas que tenemos a nuestro lado. Por eso, creo yo, no nos entendemos muchas veces. Hablamos de lo superfluo, y aparcamos esas pequeñas cosas que anidan en los rincones del alma y que constituyen nuestros verdaderos deseos, casi nunca cumplidos.

lunes 20 de julio de 2009

YO SÓLO PRETENDÍA COMPRAR BONITO

Bien podía titular lo que sigue, dialogo de besugos, pero en realidad lo que yo pretendía era simplemente comprar bonito. Transcribo a continuación la conversación de mi pescadero, ese hombre playu hasta la médula, que más que pescado hoy vendía conversación.
-Buenos días, quería bonito
-Muches gracies rapaza, un piropu nunca vien mal a estes hores.
-Aquél trozo, por favor.
-¡Vaya yo creí que me tabes llamando guapu.
- Eso también, hombre.
-¿Quítoy la espina?
-Sí, por favor.
-No si lo malo desto ye que cuando eres joven no disfrutes de la vida, y ahora ya…
-Bueno pero eres joven…
-¿Yo? Haber cuantos años me eches...
-¿?
-Pues tengo 50, aunque no lo parezca -lo parece-
-Joven, por supuesto
-Mire yo sientome vieyu, si quiero tar con una muyer to la noche, ya non puedo
-¿?
-Si quiero dir de juerga, tampoco
-Hombre, depende a lo que llame ir de juerga
-Pues tar de farra por ahí y tomar unes cuantes copes. Pero cá, ya non puedo beber. Y de muyeres nada
-¿?
A estas alturas de la conversación el bonito está ya dentro de una bolsa que se resiste a entregarme. Mientras tanto se incorpora una nueva clienta que pregunta: ¿De qué están hablando que no oigo muy bien?
-Pues de lo bien que toy desde que me separé, y de que les muyeres cuando te cases quieren gobernate y ya no te dejen vivir tranquilu.
-¿?
-Pues yo -aclara la señora- llevo casada 50 años.
-¿Y non tas aburría fía?
-No bobu ye que pa que el matrimonio funcione tien que ceder uno.
-¡Coño, pero no siempre el mismu!
Mientras tanto sigue agarrado a la bolsa que contiene mi bonito, imposible hacerme con ella.
-¿Y tú que dices, tengo razón, o no?
-Hombre…
-No si cuando era joven supiese lo que sé ahora no me pillaben.
-Aquí donde me ve, llevo vendiendo pescao toa la vida.
-¿Conoció usté la pescadería “Miami”. Taba en…Era de mi padre, allí aprendí yo el oficiu. Mucho trabayé yo limpiando pescao…
Una nueva clienta se incorpora al grupo y se une a la animada conversación, momento que aprovecho para quitarle la bolsa de las manos y salir pitando. Ni tan siquiera se enteró de enfrascado que estaba en la charla. Hoy no era ni el día ni la hora para comprar bonito. La próxima vez me aseguraré de que mi pescadero no tenga gana de palique, si es que eso sucede algún día. Llegué tarde a trabajar, y cómo habrá quedado mi cabeza de descolocada, para esto que estoy haciendo ahora: un diálogo de besugo. Pero así es mi ciudad, y así son sus genuinos personajes.

martes 14 de julio de 2009

LA CHICA DEL G-8



Su nombre es Mayara, tiene 17 años, vive en una favela y “encantó” a Obama
Viajó en la comitiva oficial de Lula como representante junior de Unicef. Vive con sus padres en un barrio pobre de Río de Janeiro y trabaja en la difusión de los derechos de la niñez. Quiere estudiar Trabajo Social. Sin quererlo, ganó fama mundial después de que el presidente de los Estados Unidos y Nicolas Sarkozy fueran pescados mirando atentamente el final de su espalda.

La garota no es de Ipanema sino de Santa Cruz, un barrio obrero de Río de Janeiro. La cola de Mayara Rodrigues Tavares saltó a la fama gracias a las indiscretas miradas que se posaron en ella durante la reciente cumbre del G-8 que finalizó el viernes, en Italia. Y su foto, de espaldas, recorrió el mundo.
La imagen no dejaba lugar a dudas: las cámaras habían registrado el instante en que los ojos de Barack Obama se posaban impúdicos sobre su trasero. Sin embargo, las cámaras de televisión lo disculpan mostrando que en realidad se daba vuelta para tenderle la mano a otra muchacha que pretendía bajar hasta su escalón en la grada para la foto grupal. Un verdadero caballero en definitiva también es un ser humano. ¿Miró o no miró durante la maniobra? El video que pretende disculpar al presidente de los Estados Unidos muestra la poca sutileza de su par francés, Nicolas Sarkozy, que se echa hacia atrás y estira el cuello para impedir que la galantería de Obama obstaculice el deleite de seguir observando a la brasileña.
¡Es una nena! Mayara tiene 17 años –detalle incómodo para los presidentes mirones– y llegó a Roma como una de las colaboradoras junior de Luiz Inácio Lula da Silva. Nació en la favela Barro Vermelho, a unos 50 kilómetros del centro de Río de Janeiro. Ella lo ha descripto como un barrio “bueno para vivir pero no para estudiar, porque las escuelas quedan muy lejos”. Está acostumbrada a su violencia. Participó en la Plataforma de Centros Urbanos, un programa coordinado por Unicef para la divulgación de los derechos de los niños en las zonas pobres de Brasil. Esa organización la escogió para representar al país en una cumbre de jóvenes paralela a la del G-8. Estuvo reunida con otros 56 adolescentes de todo el mundo con los que discutió sobre seguridad, educación y desarrollo. Ninguno tuvo tanta repercusión como ella.
O Globo la entrevistó en su casa antes de la partida: “Es una sensación inexplicable. No pensé que podía pasar algo así. Sentía que luchaba en vano por los derechos no respetados”, aseguraba mientras armaba la valija bajo la atenta mirada de su padre, Eduardo Tavares, que participa junto a ella en la iniciativa de Unicef. El año pasado realizaron una encuesta en la zona que mostró la falta de acceso a espacios de esparcimiento y la deficiencia en los programas de educación sexual.
El jueves Eduardo recibió el llamado de su hija en su casa de Barro Vermelho: “Me llamó y me dijo que Lula me enviaba un abrazo y que le había presentado a Obama”. Ese instante también está registrado: el presidente brasileño tiene su mano entrelazada con la de la adolescente. Cuando se aproxima el estadounidense, la acerca hasta él tomándola del brazo. Obama al fin la conoce de frente. Unas horas después, el padre de Mayara reconoció la cola de su hija en esa foto que miles de sitios de Internet reproducían en los cinco continentes. Mientras el teléfono no paraba de sonar, la sorpresa dio paso al orgullo: “No sólo es hermosa, es educada, muy segura y comprometida con el trabajo, que es su sueño”, ponderó el padre. El interés del mundo no estaba precisamente en la habilidad como disertante de la nena y él supo rescatarla sin quitarle mérito a su belleza: “Es cierto que tiene éxito con los varones”, concedió antes de remarcar que su hija estaba allí para defender los derechos de su comunidad. “Quiero trabajar por las generaciones futuras. Espero poder ir a la universidad y estudiar Trabajo Social”, había dicho Mayara en su llegada a Italia.
Mayara Rodrigues Tavares no llevaba pancarta alguna y tampoco sospechaba que su figura la ayudaría a difundir su causa. Su simple vestido strapless y sencillas sandalias sin taco lograron eclipsar sin esfuerzo a Michelle Obama y Carla Bruni, la esposa de Sarkozy. Las primeras damas son íconos de moda y estilo y suelen captar la atención de miradas expertas que analizan sus vestuarios. Esta vez, pasaron completamente desapercibidas. Ayer, el nombre de la carioca arrojaba más de 43 mil resultados en Google.
En los Estados Unidos, la foto circuló rápidamente y levantó polémica. ¿Es condenable la mirada del presidente? Más allá de la edad de la adolescente –que suscita un problema adicional–, los norteamericanos no son benévolos con ciertos impulsos de sus líderes. Por su parte, los familiares de Mayara dijeron que, de cruzarse con Obama y Sarkozy, les darían “un tirón de orejas”.

domingo 12 de julio de 2009

CUANDO LAS ABUELAS NOS DEJAN

Africana, mi bloguera preferida, ha insertado en su Cajón desastre una foto familiar en recuerdo de su abuela que acaba de fallecer. Me consta, que está desolada por la pérdida de ese ser tan querido. Y también sé por experiencia, que con ella se ha ido una parte muy importante del rescoldo de su infancia. Por eso, en la foto familiar que nos enseña ella era muy niña. Estoy segura de que tiene otras con su abuela mucho más recientes, pero el subconsciente la ha llevado a colgar precisamente esa. Y es que las abuelas dejan huella en la etapa más feliz del ser humano: en la infancia.
Cuando las abuelas empiezan a irse es señal inequívoca de que hemos empezado otra vida: aquella que ya depende exclusivamente de nosotros mismos. Africana hace poco que terminó su flamante carrera, menos aún que se ha casado y –supongo- que no pasará demasiado tiempo sin que lleguen los hijos. Y, cuando esto suceda, surgirán nuevas abuelas. Tal vez para dar paso a otra generación, se ha ido la abuela de Africana; todo debe de seguir ese orden establecido sin nuestra voluntad. Pero las abuelas deberían ser eternas. Por qué sino cuando uno recuerda su infancia, surge siempre la figura de aquella mujer vestida de negro que nos parecía tan viejecita –sin serlo demasiado- que siempre nos libraba del cachete, que a hurtadillas sacaba de su delantal un puñado de caramelos y que paraba el primer golpe ante nuestros padres. Tener una abuela en la infancia –y mejor las dos- es una gran suerte de la que ningún niño para ser plenamente feliz debería de carecer. Desgraciadamente no depende de nuestros deseos, la vida viene como viene. Y se va sin avisar. Lo que no puede arrebatarnos es ese recuerdo entrañable que quienes tuvimos la suerte de tener abuela guardamos en nuestro corazón. El de Africana está hoy triste. Pero, niña, hay que seguir. Antes de que te des cuenta serás madre, y después abuela. Vívelo todo con intensidad ahora que eres joven, no desaproveches ni un instante. Con el paso de los años te sentirás cansada y –pese a ello y si Dios lo quiere- también serás abuela. Y deberás de hacerlo tan bien como lo hizo quien ahora se fue; por eso no olvides ninguno de los instantes felices que pasaste junto a ella. Esa era, sin ninguna duda, su última voluntad.

viernes 10 de julio de 2009

QUIÉN ES LA CHICA QUE “DISTRAJO” A OBAMA



Es brasileña, tiene apenas 17 años y trabaja para Unicef. El presidente de los EEUU giró la cabeza al verla pasar en la cumbre del G-8.
La brasileña Mayara Rodrigues, que tiene apenas 17 años, es la joven que hizo girar la cabeza del presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, en la cumbre del G-8 que se desarrolla en Italia.

En un momento de distracción, el jefe de Estado fue fotografiado mirando a la joven, representante de Unicef, la fundación de Naciones Unidas para la infancia.

En una entrevista a O'Globo, Maraya Rodrigues dijo que esperaba ser elegida para representar a Brasil y a Unicef en una de las reuniones más importantes del mundo. Además de ella, otros tres adolescentes brasileños participarán del encuentro mundial.

La joven oriunda de Santa Cruz, Río de Janeiro, fue escogida para participar de la Plataforma de Centros Urbanos, una búsqueda realizada por Unicef sobre los derechos reales de niños y adolescentes en todo el mundo.

Maraya forma parte de un grupo que divulga los derechos de niños y adolescentes con el objetivo de garantizar una vida digna para jóvenes que viven en comunidades carenciadas. Su sueño es estudiar servicio social para ayudar no sólo a su comunidad, sino a todas las que viven en situaciones semejantes.

SARA ESTRENA MEDIO DE LOCOMOCIÓN

Sí, sí, como os lo cuento. Ni un Mercedes, ni un Audí, ni un sencillo utilitario: una silla de ruedas con motor. Hacía tiempo que no la veía tan contenta y nerviosa. Nerviosismo que compartimos durante la tarde que nos llevó elegirla. La odisea comenzó con el traslado a la tienda, porque Sara –no sé si ya os lo dije- pesa algo más de cien kilos. Afortunadamente todo fueron ayudas, y a media tarde estábamos las dos frente a una docena de sillas de ruedas, tratando de elegir la más adecuada y, a ser posible, que fuera también bonita. El primer problema, surgió al comprobar que no en todas podía sentar sus orondas posaderas. Lo que ya redujo bastante la elección. Cuando se percató de esta circunstancia, me miró de reojo, hizo un amago de sonrisa y me espetó con sorna: esta no me gusta, la prefiero de otro color, que me enseñen más. Primero hizo los cálculos a ojo, según la vendedora le iba pasando las sillas por delante. Luego, cuando ya se dio cuenta de que lo único que podía hacer era probar, me hizo agacharme y me susurró al oído: ¿Qué es, que estoy demasiado gorda? No pude reprimir la carcajada que, afortunadamente, encajó bien, nos reímos juntas. Esto, que ya sé, os parecerá una tontería, fue la cosa más importante que le pasó a Sara en muchos meses. Logró reírse de si misma, aceptar con buen humor el contratiempo que es para cualquier persona depender de una silla de ruedas. Encajado el pompis (así lo llama ella) en la silla adecuada, iniciamos el regreso ya en el vehículo adquirido. ¡Qué odisea! Odisea para mi, claro. Ella estaba feliz, creo que nunca la ciudad –que no veía más que desde el taxi cuando iba al médico- le pareció más hermosa. Nos paramos delante de los escaparates, de los edificios, de los niños jugando en el parque…Hicimos planes, muchos planes para futuras salidas: a ver la playa, a tomar chocolate con churros, a visitar a las amigas…
Y aquí estoy yo, sin poderme mover con un ataque de ciática. Ahora sé que las ciudades no están preparadas para las sillas de ruedas, que las aceras son demasiado altas, que no hay pasos adecuados; y que uno no se entera hasta que no lo sufre en sus propias carnes. Prometí sacarla de nuevo el domingo, así que espero que santa Aspirina cumpla su función sanadora, y que el tiempo colabore para cumplir mi promesa.
El sábado haremos una foto, la colocaré en el blog para que conozcáis a Sara.

miércoles 8 de julio de 2009

VICENTE FERRER, POR JOSÉ MARCELINO GARCÍA

Quiero decir lo que pienso y no atino, tal es mi indignación. Me he pasado un buen rato atónita ante el televisor viendo las imágenes del funeral del rey del pop. O sea, de Michael Jackson. Decididamente estoy convencida de pertenecer a otra galaxia. Hasta tal punto me ha impactado el “espectáculo” que no encuentro palabras para definirlo. Ni en sus mejore tiempos, este rey, obtuvo un éxito tan rotundo.

Estoy convencida de que la providencia de Dios es infinita. El texto que antecede lo he escrito ayer, y hoy al leer El Comercio me he encontrado con el artículo que sigue de José Marcelino García, es exactamente la respuesta a mi desazón de ayer.


VICENTE FERRER


D ESPUÉS de una vida plena y cumplida, hay muertes que llegan con un zurrón cargado de todo un mundo planetario, de un ecosistema, de un tiempo redondo y estelar. Hombres y mujeres que fueron multipropiedad de la humanidad.
Vicente Ferrer fue uno de esos hombres. Un ser humano que abdicó de todo aquello que muchos de nosotros (la mayoría) apretamos contra sí mismo. Todo eso que generalmente es oropel, vaciedad, envidia, mediocridad y ambición; es decir: basura
Ferrer adivinó pronto dónde estaba la razón verdadera de una vida entregada nupcialmente al destino de los olvidados, y también dónde estaban los caminos que conducen a ninguna parte. Entonces se quitó todos los vendajes que le fajaban el alma y el cuerpo y se fue a la India a luchar contra la cochambre. A la India donde están el hambre y los piojos. Fue desnudo de todos esos delirios de ética capitalista. Libre de una eclesialidad confortable, inquisidora y majadera muchas veces. Se fue con su cristiana y cristalina palidez. Con su estética de quijote magro y desmedido por los caminos de la injusticia y la pobreza. Ferrer, hombre extremo, recosido de pureza y alma de zahorí en busca del agua honda para hacer de los desiertos tierras de cereal que den vida y esperanza. Vicente, padre de corazón y de sangre de miles y miles de parias. Piedra sobre la que el Nazareno edifica su Iglesia de los pobres, de los enfermos y desheredados.
Y todos los ojos de la India, y todos los ojos del mundo, y todos los ojos de los ángeles y de las estrellas contemplando su muerte de grano limpio, maduro y agostado, enterrado bajo el limo de la India.
Limo húmedo y abonado con su cuerpo entregado por ellos para una nueva floración.
Todos los ojos, menos los de la Central neogótica del rabinato episcopal español, cada vez más perdido, cada vez más agonizante.
JOSÉ MARCELINO GARCÍA

sábado 4 de julio de 2009

NO SÉ QUÉ DECIRLE

Se llama Sara, tiene 88 años y hace cuatro perdió su libertad. Vive sentada en una silla. Se levanta muy pocas veces al día, y lo hace agarrada, con más voluntad que fuerza, a un taca taca. Los cinco escasos metros que separan la sala de estar de su habitación, pueden llevarle media mañana.
Siempre que la voy a ver, recuerdo el día que la llevé a la residencia. Para sacarla de su humilde casa, para convencerla de que debía abandonar aquellas cuatro paredes, le auguré toda suerte de beneficios: ya no estarás sola, te lo van a dar todo hecho, te iremos a ver muchas veces…Y ahora, cuando tengo fuerza para visitarla, veo en sus ojos una inmensa tristeza que me agita el alma. Durante los primeros meses me pidió volver a casa. Con alguien que me ayude será suficiente, me decía. En cada visita, me esgrimía una retahíla de convincentes razones para regresar. No era consciente de su inmovilidad, de que en su casa no había ascensor, de que no podía utilizar su bañera, ni hacer la comida, ni… No se daba cuenta que lo que me estaba pidiendo era un imposible. Pero entonces albergaba la esperanza del regreso. Poco a poco su mirada se fue entristeciendo, y los silencios fueron cada vez más largos. Ni ella tuvo ya argumentos, ni yo fuerza para convencerla de nada. Ahora, curiosamente, nos relacionamos sin apenas hablar: me mira, agacha la cabeza, y luego me pregunta: ¿Estáis todos bien? Pues bueno, eso es lo importe, añade. Y no sé qué decirle. Ya no soy su salvación: ya no tiene sitio para la esperanza. Y, sin embargo, lo único que hace es esperar. Esperar que den las diez para que la levanten, la una para comer, esperar que suene el timbre por si se trata de una visita… Esperar, sin esperanza. Y yo, sin saber qué decirle.
¡Inmensa tristeza, Sara! Lo sé.

viernes 3 de julio de 2009

UN COMENTARIO ANÓNIMO QUE MERECE LA PENA LEER

El comentario que sigue no tiene despedicio, dice mucho más que el texto que lo originó, y que ahora desplazo a segundo lugar en aras a airear tantas verdades como expresa. Gracias a su autor/a, me siento identificada con su pensamiento.

Sí, ha muerto un hombre que no era feliz. Uno más. Muchos mueren sin ser felices, sin haber tenido la infancia a la que todo niño tiene derecho. Muchos mueren conociendo sólo la esclavitud. A unos los explotan las familias y las empresas de discos o cine, y a otros los ejércitos en África o las empresas transnacionales que explotan los recursos de sus países, como coltan, diamantes, cobre... todo eso que nosotros consumimos sin pensar que detrás hay sangre, muerte y dolor. Otros y otras son hechos esclavos sexuales, o simplemente rebuscan en las basuras o son empleados en fábricas donde trabajan de manera inhumana, o pican piedra ayudados con un martillo que pesa más que ellos. A otros los secuestran los traficantes de órganos...Infancia, una palabra que debería ser un referente vital para todo ser humano y a veces, por uno u otro motivo, todos igual de injustos, se convierten en un calvario que sólo los conducirá a la crucifixión.¿No los crucificamos todos un poco?

viernes 26 de junio de 2009

HA MUERTO UN HOMBRE FAMOSO QUE NO FUE FELIZ

Yo tenía un amigo, ya entre los muertos, que siempre ante mis lamentos me decía aquello de los ricos también lloran. Nunca lo vi derramar una lágrima, quejarse pocas veces, pero me tocó verlo morir, padecer estoicamente una interminable agonía. Un pobre habría maldecido una y mil veces su suerte: tenerlo todo y morir en lo mejor de la vida. Él no lo hizo, mantuvo su dignidad hasta el último suspiro, pero se murió igual que si no tuviese nada. Supongo que esta misma historia se repite a diario en el mundo. Aunque, hay que decirlo todo, mueren muchos más pobres que ricos. Pero ese no es el tema que me mueve hoy a escribir estas líneas. Lo hago motivada por el fallecimiento del ídolo de masas Michael Jackson. Lo tenía todo –o lo tuvo en sus mejores momentos- y, además, poseía un talento que le elevó a la máxima categoría artística. Pero no le fue suficiente para ser feliz. Murió no se sabe muy bien cómo, vivió sus últimos años tampoco se sabe muy bien en qué condiciones; y una vida de muchos triunfos se truncó a los 50 años, después de, también, demasiados fracasos. Por eso hoy –una vez más- le doy la razón a Fernando, que así se llamaba mi amigo: Los ricos también lloran. Y fracasan, y no son felices, incluso hasta se mueren. Una que no ha olido nunca los fastos de la opulencia, ni los vapores del éxito, no puede menos que preguntarse, qué es lo que le pasa al ser humano que busca sin descanso el éxito para luego asfixiarse en él. De qué le valen ahora a Michael Jackson las portadas de todos los diarios del mundo, o los miles de fans que lamentan su muerte. De nada, ciertamente de nada. Sus admiradores le hemos succionado su talento sin ninguna piedad, hemos incorporado a nuestro ocio sus canciones, su manera de entender la música, hasta le hemos nombrado Rey del Pop. A cambio le privamos de una infancia feliz, le sometimos a la presión de la fama, le quitamos su libertad…Y ahora le enterraremos en honor de multitudes, como hicimos con muchos otros ídolos ahogados por la propia fama. ¿No hay algo que debería cambiar?

miércoles 24 de junio de 2009

VELADAS TELEVISIVAS QUE DAN QUE PENSAR

No tengo por costumbre seguir las series de televisión, a no ser que traten algún tema relacionado con la criminología -ciencia que me interesa-, circunstancia que acaeció el pasado martes, día en que la 1 de TVE emitió un capítulo –anuncian otro - titulado Coslada Cero, inspirado en el caso de la supuesta trama de corrupción policial descubierta en la mencionada localidad madrileña . No voy a entrar en si la serie está o no bien hecha, no es esa la cuestión que me mueve a escribir. Si lo que hemos visto se ajusta a la realidad, cuesta creer que haya sucedido a pocos kilómetros de Madrid, en pleno siglo XXI, protagonizado precisamente por miembros de nuestro cuerpo policial y en un periodo de tiempo demasiado largo para que nadie se diese por enterado. Si, por el contrario, la mini serie ha sido “adornada” para tener más éxito, flaco favor hacen los guionistas a los policías honrados -a la mayoría-, y a los ciudadanos, que a la vista de lo emitido, nos asalltan razonables dudas sobre nuestra seguridad, de suyo ya muy amenazada. Las consideraciones precedentas, no obstante, no me parecen lo más grave. Lo que considero totalmente descabellado, es que en la actualidad dos de los policías encausados estén ya patrullando en la misma pedanía, y su alcalde en libertad. Es decir, estamos hablando de “supuestos” culpables pendientes de juicio, y no de culpables, que es lo que parecen en la serie que comento. Mis conocimientos jurídicos son –ciertamente- muy escasos, pero me cuesta creer que el Derecho por el que nos regimos se aleje tanto de la lógica de los ciudadanos y de nuestro sentido de la justicia. Una de dos, o los guionistas se han excedido en el relato de los hechos, o en este país los ciudadanos no estamos protegidos del abuso de los, cada vez más numerosos, desalmados corruptos. Para colmo de males, nos lo sirven en bandeja, amenizando velada en nuestra propia casa, como si tal cosa. Y se quedan tan tranquilos.

martes 23 de junio de 2009

¿QUÉ SERÁ DE MÍ SIN LAS BOLSAS DE PLÁSTICO?

No estoy de broma, la cosa es serie, se mire por donde se mire. He recibido un correo electrónico de uno de mis cibernéticos amigos, alertándome de los peligros que conlleva hacer uso de las bolsas de plástico. Y me he dado cuenta que prácticamente toda mi vida transcurre pegada a ellas. Empiezo comprando el pan a primera hora de la mañana y, lógicamente, lo recibo en la preceptiva bolsita. Paso por el supermercado y me hago con dos o tres más. Si me acerco a comprar un libro, no me lo envuelven, me lo entregan en... ¡bolsa de plástico! Tengo algo que llevar al trabajo y lo introduzco en ídem. Por no hablar en el arsenal de todo tipo que hay en uno de mis armarios: de todos los calibres y de todos los colores, se amontonan sin orden y concierto, hasta que llega mi madre, decide revisar, y me obliga a ordenarlas por tamaños, por posibles utilidades…Pero, una madre es una madre.Y, por lo que parece, esta no es una práctica de mi exclusividad, según un informe de la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos, cada año se consumen en el mundo entre 500 billones y un billón de bolsas de plástico. La cifra me produce escalofríos. En el mismo informe se añade que 4 millones de kilos de las susodichas bolsas van a parar al mar: invaden y contaminan todos los océanos del planeta, con el correspondiente deterioro ambiental que produce el polietileno termoplástico, derivado del petróleo del que están fabricadas. Los peces las confunden con alimentos, se enredan en ellas, perecen por los efectos nocivos del polietileno cuando entra en descomposición. Y, finalmente, entra en la cadena alimenticia. Un auténtico desastre para nuestros mares; y eso por no hablar del coste que supone el reciclaje de aquellas que se vierten en los basureros. Parece ser que cuesta más reciclar el plástico de una bolsa, que producirla. Vamos, que no hay por donde salvarlo. Así las cosas, habrá que ir pensando en buscar alternativas; aunque yo lo único que tengo claro es que perjudican -y mucho- el medio ambiente. Lo que no veo es la manera de prescindir de algo tan útil. Mi madre –a quien le canté los datos- me dice que lo mejor es volver a la antigua bolsa del pan, a la redecilla y, ¿por qué no? Al capazo de toda la vida. A mi se me ocurre pensar que algo inventarán; porque con cesto, la verdad, no me veo. Voy a aportar un poco más de la información numérica que me facilitaron: con una bolsa de tela ahorraríamos 6 a la semana, 24 al mes, 288 al año y unas 23.000 durante toda nuestra vida. Si extrapolamos las cifras al resto de los ciudadanos…Sin comentarios.Si has tenido la paciencia de leer hasta aquí, seguro que estás pensando que estoy de guasa: pues no. Bangladesh y China prohibieron ya las bolsas gratuitas; Irlanda las gravó con un impuesto y se redujo su consumo en un 90 %. En el 2005 se prohibieron en Ruanda. Y en Canadá, Israel, India del Oeste, Tanzania, Taiwán y Singapur, están en el proceso. En el 2007 San Francisco fue la primera ciudad de Estados Unidos que las prohibió. En ese mismo sentido caminan en otras ciudades americanas en este momento.Esta mañana he ido a hacer la compra y me han entregado una bolsa, de plástico por supuesto, con un letrero que decía: Reutilízame y cuando ya no te sea útil, tírame al contenedor amarillo. Fue la primera bolsa –he revisado las del armario que ordenó mi madre- que cayó en mis manos con esa recomendación. Creo que así lo haré en lo sucesivo. Y a la bloggera (hay que pedir que incluyan el término en la Real) de El cajón desastre de Afri -que me sigue-, y que tan bien domina la técnica del Patchwork, la animo para que patente un modelo de bolsas para ir a la compra de diseño.

martes 16 de junio de 2009

MIENTRAS LOS POLÍTICOS DISCUTEN, LA POBREZA AVANZA A PASO DE GIGANTE

No puedo decir que me ha sorprendido la estadística de un diario local que decía, en grandes titulares, que 57.400 familias en Asturias viven rozando el umbral de la pobreza. Tarde o temprano, tal como van las cosas, tenía que suceder. Pero no es cierto que la crisis nos afecte a todos por igual, como tampoco lo es que un pobre sea igual a otro. O mejor explicado, no todo el mundo llega al estado de pobreza de la misma manera. Hay muchas formas de perderlo todo, por eso no puede ser igual el tratamiento que se dé a quien carezca de medios para subsistir. Son muchas las familias que tenían una vida normal, una economía tan modesta como honrada, suficiente y digna, y que ahora, por obra y gracia de una hipoteca que no pueden pagar, del cierre de su empresa, o porque no puede hacer frente a los créditos que con tanta facilidad obtuvieron, se ven atrapadas en una crisis gestada por millonarios irresponsables, que pusieron en práctica el “todo vale”, si con ello podían hacerse ricos en el menor tiempo posible. Que, casualmente, nada tiene que ver con el sueño americano, con aquello de que hasta el barrendero puede llegar a ser millonario si se lo propone. Desgraciadamente, el sueño de algunos se convirtió en la gran pesadilla del ciudadano modesto. Lo más grave, es que los causantes, los que han perdido en bolsa miles de millones, tienen sus espaldas bien cubiertas y su crisis consiste en cambiar el yate por uno de menos eslora, en cerrar alguna de sus millonarias mansiones, en… Nunca sabrán lo que es no poder pagar la hipoteca de un modesto piso adquirido con gran esfuerzo, ni el recibo de la luz, ni el colegio de los niños… Pues eso es lo que está sucediendo en el 14% de los hogares asturianos. Y ahí están las cocinas económicas, los servicios sociales, el banco de alimentos, los albergues, gestionando los escasos recursos que poseen, intentando salvaguardar la dignidad de estos nuevos pobres que nunca pensaron que tendrían que pedir. No son familias desestructuradas, no son transeúntes habituales, son ciudadanos normales convertidos de la noche a la mañana en pobres. Y mientras esto sucede, nuestros políticos niegan, prometen, anuncian, vaticinan, ejercen de prestidigitadores sin que nada útil les salga de la chistera; se pelean por el poder, discuten sus sueldos, y un largo etcétera de desatinos que todos tenemos que soportar. Y no tendría demasiada importancia aguantar tanta impertinencia, si ello no menoscabase el bienestar –y para muchos una subsistencia digna- de quienes confiaron en ellos otorgándoles un voto que no merecían.

lunes 15 de junio de 2009

POR SI FUERA DE TU INTERÉS

Si tus ingresos son de uno o dos dólares al día te dicen que eres pobre, pero tus derechos pueden ser incluso menos aunque nadie se moleste en calcularlos. No tienes derecho a la vivienda, porque te desalojan a la fuerza de dónde has vivido siempre para que una multinacional explote los recursos naturales a sus anchas. No tienes derecho a la salud, porque tu bebé muere por una pequeña complicación en el parto. Tus hijos e hijas no tienen derecho a la educación porque no pueden ir a la escuela. Para denunciar esto, ¿dónde reclamas?, ¿quién te escucha?La crisis económica, que centra la atención y los esfuerzos de los gobiernos, está agravando lo que ya era una crisis de derechos humanos explosiva. Por eso, junto con su Informe Anual, que pone datos y rostros a esta crisis, Amnistía Internacional acaba de lanzar la campaña Exige Dignidad. Nuestro reto es romper el círculo de falta de participación, de exclusión y de injusticia para las personas a las que los gobiernos han dejado en la cuneta al incumplir sus obligaciones con los derechos humanos. Porque la pobreza no es inevitable: es consecuencia de políticas y prácticas concretas. Exigimos a los países del G-20, que se han proclamado líderes para abordar la crisis económica, que pongan los derechos humanos en el centro de su liderazgo. Si han sido capaces de coordinarse y reunir sumas incalculables para reactivar la economía, ¿por qué no ponen el mismo esfuerzo para hacer frente a su responsabilidad con los derechos de las 963 millones de personas que pasan hambre o los 1000 millones que viven en asentamientos precarios?Y a ti, te pedimos que no te quedes indiferente y que difundas nuestra campaña, exigiendo más derechos y menos pobreza. Y si puedes, únete a Amnistía Internacional en esta lucha. ¡Exige dignidad!Gracias por no mirar a otro lado,
Eva Suárez-Llanos
Directora. Amnistía Internacional

miércoles 10 de junio de 2009

PARA LLEGAR AL DESTINO, HAY QUE INICIAR EL CAMINO

Al menos eso decía mi abuela, tratando de prepararme para la vida haciendo uso del sabio refranero. Y he de decir, que muchas han sido las veces que he iniciado un nuevo camino, aunque no siempre con la misma fortuna. Más bien, sin ella. Y el pasado domingo he vuelto a las andadas. En contra de mi entorno, y hasta medio a escondidas, he dado mi voto a Rosa Díez. Por supuesto, no lo comenté con nadie; pues, cada vez que manifesté tal intención, me llovieron una serie de argumentos, puede que hasta lógicos, para evitar que yo “desperdiciara” mi voto.
Adelantando que mi interés por la política es escasísimo, y que se circunscribe casi exclusivamente a temas puntuales, que afecten fundamentalmente a los derechos que todo ser humano tiene de ser educado, de vivir en paz, de cubrir necesidades, de mantener a salvo su dignidad… ¡Ya! ¿Que suena a socialismo? No te equivoques, amigo, simplemente estoy hablando de justicia social. También me gusta hablar de libertad. Por eso cito en primer lugar el derecho a la educación, porque es el único camino hacia ella. Y como no me gusta que piensen por mí –cosa que intentan hacer los políticos-, ni tampoco me agrada ser ninguneada por el entorno, decidí cambiar mi voto hacia aquella opción que me pareció más acertada, aún a riesgo de –como me decían- desperdiciarlo. También decía mi abuela, que para coger peces, hay que mojarse el culo. Y eso hice. Me gustó desde el principio la valentía de Rosa Díez, el ímpetu con el que se enfrentó al todopoderoso PSOE, la fuerza de sus convicciones, el coraje para oponerse a decisiones del partido que no compartía, aún a riesgo de perecer en el intento. De alguna manera, salvando una gran distancia ciertamente, me he visto reflejada en sus actitudes, en su rebeldía ante lo que no podía dar por bueno por simple obediencia. Y pensé: esa es de las mías, con tristeza auguré que la aniquilarían pronto. Pero no sucedió: ahí está al frente de un partido con varios éxitos electorales; incluso pese a sus escasísimos recursos económicos. He leído que en la campaña en Asturias se gastó 1.600 euros, sí la cifra no es un error. Desconozco –prefiero no saberlo- los millones que se han gastado los otros partidos.
Así, convencida por mí misma, a hurtadillas de quienes me acompañaban, introduje mi voto en la urna: no fue un voto perdido. Curiosamente, no sé si a la vista del resultado obtenido han perdido el miedo, varios amigos/as me han confesado que han hecho lo mismo que yo: hemos iniciado un nuevo camino. El tiempo dirá a dónde nos lleva.

martes 9 de junio de 2009

"LA FLAUTA DEL SAPO"

La escritora Aurora García Rivas acaba de presentar su último libro, LA FLAUTA DEL SAPO, del que me permito publicar el poema que sigue. A los que no conocéis a Aurora, os puedo decir que es una asturiana nacida en San Tirso de Abres (Asturias), que ha vivido entre Galicia y Asturias, de ahí su dominio del gallego y del bable de su zona. En su lengua vernácula ha publicado, O viaxeiro da noite, Contos ducia e media d´eles, Trinquilintainas, Cinco contos para xogar coa música y Rebelión na caixa máxica. En castellano, La tierra vertical y La sombra del alcaudón (Premio Internacional de Poesía Ateneo Jovellanos. Y un pajarito (que no ha sido el alcaudón) me ha soplado al oído que está enfrascada en una novela, además de otros muchos proyectos, de los que prometo informar puntualmente en este mismo lugar, si ella me lo permite, por supuesto. No dejéis de leer otros poemas que figuran un poco más abajo, merece la pena releerlos, cada vez que se hace se descubre algo nuevo.

Préstame la palabra
que rompa
el inútil discurso de los astros.
Pon en mis ojos
el color de los párpados dormidos,
un rincón abrigado por si el viento
arrecia furibundo.
la noche y su silencio de campana
y la flauta que el sapo templa junto al río,
mientras se funde entre mis huesos
el soplo enmohecido de otro invierno.

lunes 8 de junio de 2009

LAS FUENTES DE GIJÓN Y LOS ÉXITOS DEL SPORTING


Esta semana se me han acumulado los acontecimientos. Y, cuando eso sucede, lejos de ponerme a escribir, que supongo es lo que debo hacer para mantener el blog al día con un mínimo de actualidad, me dejo llevar por una remolona vagancia. Me dispongo a vencerla en este mismo momento, aún dudando del interés que puede tener lo que digo a continuación.
Hace una semana en mi ciudad se celebraba, por todo lo alto, una fiesta con motivo de la permanencia de nuestro equipo de fútbol en primera división. No soy futbolera, lo reconozco, pero en esta ocasión he vivido con una intensidad inusual en mí, los 90 minutos que duró el emocionante partido. Luego, he tenido el humor –porque hay que tener ganas- de coger a Obladi y acercarme hasta las fuentes de la ciudad: Begoña y Pelayo; aprovechando, eso sí, que tocaba el paseo. Y si ya dije que me gustó el partido y que lo viví con emoción, en él debió de quedar todo mi ímpetu futbolero: no sentí la más mínima empatía con quienes gritando cuan posesos entraban y salían una y otra vez de las mencionadas fuentes. Así que constaté, una vez más, que mi afición deja mucho que desear. Lo que no es óbice para que quiera que mi equipo, el Sporting, siga en primera división. El Sporting, como el ciclismo, fueron dos deportes muy presentes en mi casa mientras vivió mi padre. Nunca podré olvidar aquél domingo, de hace ya 31 años, en que regresó del que sería su último partido. Me dijo que sentía frío, que tenía fiebre; pero su obligación era hacer la crónica para publicar el martes –los lunes no había periódico-, se metió en la cama y me pidió su Olivetti y unas cuartillas. Tecleo a toda velocidad, como lo hacía siempre, durante una hora, dobló las cuartillas y me ordenó ir a llevarlas al periódico al día siguiente. La crónica se publicó, como era habitual el martes, apenas pudo releerlas, esa misma noche entró en coma y el miércoles falleció, víctima de una larga enfermedad que no le impidió –pese a lo cruel que fue con él- morir con las botas puestas. Nunca he podido olvidar esa hermosa corona trenzada con los colores del Sporting que quedó al pié de su tumba. Ni al equipo que se digno acompañarnos: José Manuel, Quini, Castro, Echevarría, Florín, Doria, Valdés Lavandera, Ferrero, Eraña… Algunos, desgraciadamente, también se han ido ya. ¡Qué tiempos, señor, qué tiempos! Éramos jóvenes, y puede que hasta felices. Como lo son, supongo, quienes celebran la victoria en las fuentes de la ciudad.

miércoles 3 de junio de 2009

Yo nunca doy dinero a quien pide en la calle

Fuerte, ¿verdad? Lo es, ciertamente el título es muy duro. ¿Pero a que te apetece seguir leyendo? Pues eso es lo que pretendo, que sigas. En estos momentos puedo hasta adivinar el pensamiento de alguno de vosotros. No de todos, por supuesto. Te pido que me sigas hasta el final y, cuando termine de darte mis razones, entonces será el momento de hacer la crítica. O de opinar como yo, todo puede ser.

Trataré de explicarme contándote tres historias vividas por mí. No hay trampa ni cartón, yo he sido testigo de todas, y de alguna más que para no cansarte dejo en el tintero.

Juan tenía sida, falleció hace un año, y una vez al mes debía acudir a la Residencia Sanitaria a hacerse un control analítico. La Residencia, como sabéis todos los que vivís en mi ciudad, queda a cierta distancia del centro, que es donde se ubica el albergue en el que dormía Juan. Y, para mayor dificultad, estaba citado a primera hora. Mañana tengo que levantarme a las seis para ir a hacer el análisis, me dijo la víspera; no tengo dinero para el autobús, añadió. Me faltó tiempo para sacar mi cartera y darle no sólo el importe del autobús, sino un poco más para desayunar después. Juan, no hizo ese análisis, ni cogió el autobús, ni tan siquiera desayunó. Las cuatro malditas perras que llevaba, le sirvieron para comprar, ¡Dios sabe qué! De eso no entiendo. Sólo sé que Juan pasó doce horas tirado en el banco del parque. Al día siguiente, se levantó muy temprano y pasito a pasito, sin un duro en el bolsillo, fue a hacerse el análisis. Las limosnas –qué poco me gusta la palabreja- a Juan le quitaban días de vida.

 

El gran problema de Chema – también se fue hace poco más de un año- era la bebida. Chema era alegre, bonachón, simpático…, pero vivía pegado a un cartón de Don Simón. Lo adquiría cada mañana con la “caridad” de solidarios ciudadanos, que con unas monedas se lo quitaban de encima Un buen día se puso enfermo, lo llevaron al hospital y le detectaron –era lógico- un cáncer de páncreas. Él mismo me contó que siendo niño pedía con su padre en la puerta de la iglesia – hasta me dijo de cuál- y que nunca había hecho otra cosa. Se murió cuando aún no había cumplido los 50, aunque aparentaba muchos más. Las limosnas acabaron con su vida. Nunca entenderé, cómo quienes asistían a esa iglesia no veían al niño, pero sí eran capaces de soltar unas monedas, a un hombre que en una mano llevaba a Chema y en la otra una botella de vino –aún no se vendía en tetra brik, me contaba él con una simpatía que nunca llegó a perder-.

El tercero se llama Francisco y, afortunadamente, aún vive. Era un hombre sólo, que había trabajado nunca supe muy bien en qué, pero que al no cotizar a la Seguridad Social no tenía derecho a una jubilación que le permitiera vivir. Como ya era mayor, la asistencia social decidió enviarlo a una residencia. Se escapó a los pocos días, porque descubrió que ejerciendo la mendicidad – otra palabreja insolidaria- podía sacar un dinero para comer y vivir a su aire. Es decir: mal comía, iba sucio, dormía allí donde cuadraba…Y ello gracias a los solidarios ciudadanos que al pasar, sin preocuparse de más, le daban unas monedas. Hoy, por suerte para él, vive en una residencia; donde come, está limpio, tiene una asistencia sanitaria…Donde no necesita esas monedas que nos sobran, y que tan dadivosamente depositamos en la mano de quien más pobre nos parezca, y arte tenga para pedírnoslas.

Por eso yo no doy limosna. Por eso dejo que se me arrugue el corazón cada vez que se me acerca alguien pidiendo. Para mí sería mucho más cómodo dar una moneda y seguir mi camino. Pero sé que la sociedad –estoy convencida- en algún momento va a reaccionar y va a obligar, a quien corresponda, a dar a esas personas -que extienden la mano para recoger migajas- la dignidad que humanamente les corresponde. No podemos –no debemos- vejar de esa manera a quien nada tiene. Hoy recogemos firmas para todo, nos solidarizamos con muchas causas, ciertamente justas; pero todo lo que hacemos por el pobre de la esquina es “tirarle” una moneda. Me resisto a entender así la caridad, ¿o tal vez sea mejor sustituir la palabra por justicia? Lo ignoro, pero de lo que sí estoy segura es que con la limosna no estamos haciendo ni caridad, ni justicia.

No quiero terminar así, es demasiado duro y desolador. Siempre podemos poner nuestro granito de arena, pero hagámoslo en el lugar adecuado: en alguna de las instituciones -en la ciudad hay unas cuantas- que ayudan y acogen a quien nada tiene. Esas que dan comida, cobijo, amparo y dignidad a quien lo necesita.

lunes 1 de junio de 2009

POEMAS DE AURORA GARCÍA RIVAS

AUSENCIA

El viento golpea
al viento
obstinado y melancólico.
Vuelco mis días en un espejo
sin reverso y hay
un gusano de luz en la bombilla,
una frágil y perversa mariposa delirante.
No sabes cuánto
me duele tu ausencia cuando el viento
golpea
sólo al viento.


NUNCA HE VISTO EL MAR

Nunca he visto el mar.
Se me figura como un campo de amapolas azules
con remos silentes y blancos.

Nunca lo he visto; posiblemente, no lo veré
nunca.

Oigo cómo se rompen tus remos.

…Era el viento en el trigo,
nunca veré el mar.



EL MENSAJERO

No mates al mensajero, ni lo ciegues.
Si trae palomas, dales trigo,
si acaso él tiene hambre también, dejo en la artesa
algunas espigas, madroños frescos
y las rosas que todas las primaveras
corté por si volvía.
Y queda algo de vino
en el fondo de nuestro cáliz de oro.

No hace falta que le cuentes muchas cosas,
él sabrá qué hacer para encontrarme.


PARÍS

Siempre que voy a París
echo de menos mis macetas de albahaca.
Si es en invierno sé que florecen con unas extrañas
flores de lana y papel.
Si es en verano, cultivo en ellas también sombreros
y girasoles.
Sólo el otoño en Parías
me permite embriagarme con la luz de Montmartre.
Mi albahaca, sin embargo, nunca florece en otoño,
se entristece conmigo paseando los Campos Elíseos
y escuchando ¿te acuerdas? la voz de aquel niño…

…mon paruvre enfant ta voix dans le bois de Boulogne.
Âme, te souvient-il? -Verlaine.


PARIS (Traducción al francés de Fa Claes, amigo y poeta belga, doctor en lenguas germánicas)

Chaque fois que je vais à Paris
mes pots de basilic me manquent.
Je sais que c’est en hiver qu’ils fleurissent avec d’étranges
fleurs de laine et de papier.
Et qu’en été, j’y cultive des chapeaux
et des tournesols.
Seul l’automne à Paris
me permet de m’enivrer de la lumière de Montmartre.
Pourtant, mon basilic ne fleurit jamais en automne;
il s’attriste avec moi en se promenant sur les Champs-Élysées
et en écoutant - t’en souviens-tu? - la voix de cet enfant-là...

... mon pauvre enfant, ta voix dans le Bois de Boulogne.

(De “La tierra vertical”, colección Deva, Ateneo Obrero de Gijón, 2005)

sábado 30 de mayo de 2009

Leer entre líneas

(A propósito de un comentario al texto “Un loco anda suelto por la calle Corrida”)

Leer entre líneas es una práctica cada vez más en desuso. No veo yo, tal vez por mi ignorancia,  demasiada ciencia en interpretar cada palabra literalmente. Por eso, cuando escribo procuro –no es que lo consiga- jugar un poco con el lector, obligándole a darle un sentido al texto, que algunas veces quiere decir lo contrario de lo que aparenta a primera vista. Y esa fue mi pretensión al redactar “Un loco anda suelto por la calle Corrida”. Lamento mucho, que algún lector “anónimo” se haya sentido molesto por el trato que le doy a la persona –nunca me atrevería a llamarle mendigo- a la que me refiero. Intencionadamente he  rozado límites muy próximos a la crueldad, con  el propósito de suscitar determinados sentimientos en el lector. Nunca para menospreciar a  Miguel, que así se llama, sino apuntando más bien hacia mi misma, hacia quienes pasamos  a su lado para seguir de largo sin inmutarnos, aunque “generosamente” dejemos en su caja unas monedas y con ello nos quedemos muy  tranquilos. Finalmente, me permito adelantarle al opinante anónimo que mi deseo no es la de tintar de rosa lo que de suyo es negro, ni erigirme en defensa de la falsa moral que tan bien se nos da practicar a todos; sólo intento –otra cosa es que lo logre- mostrar esas realidades de la ciudad que nos resultan molestas. No va a encontrar el lector demasiadas cosas agradables en el blog. Aunque algunas serán hermosas, como lo es  el cuento de Aurora que sigue. Que también tiene mucho de mensaje.

miércoles 27 de mayo de 2009

Gracias, Aurora


El cuento que inserto a continuación, ha sido una gentileza de la escritora y poeta Aurora García Rivas. Es para mi motivo de alegría poder publicarlo en este blog, que con escasas pretensiones he osado colgar en la red. Desde este momento, ya no lo considero tan poquita cosa; porque, "El paraguas", le da una categoría literaria que pronto comprobaréis. Aunque Aurora, mi amiga, no opine de igual manera. Y hasta es posible que me recrimine por lo que digo. Pero como en mi blog -de momento- mando yo, digo lo que pienso, siento; y repito: gracias.

EL PARAGUAS

Hace unos días, regresaba de dar mi paseo por el camino que sigue los acantilados, por la orilla del mar, cuando se puso a llover a torrentes. En un momento me puse como una sopa. Me apresuré todo lo que pude para guarecerme bajo la última de las pérgolas que jalonan el sendero, aun cuando estaba segura de que no iba a servirme de mucho.

Poco antes de llegar, me encontré con él: era el hombre que todas las tardes se paraba sobre las rocas, como si estuviera clavado en ellas, como si fuera el mismo espíritu del aire, mirando al mar con la mirada más triste que vi nunca en ningunos ojos. No importaba qué tiempo hiciera, acudía puntual a aquella especie de cita misteriosa y miraba el horizonte como si esperase a alguien.

Aquel día diluviaba, pero él parecía no inmutarse. Tampoco abrió el paraguas que llevaba siempre, y que nunca le había visto usar, lloviera o no. Él miraba al horizonte como perdido mucho más allá de si mismo, como dentro de un mundo ajeno a todo lo que le rodeaba.

Cuando llegué a su lado, yo estaba empapada. Tenía frío y tuve la sensación de que iba a coger una de aquellas otitis que tanto dolor me producían. Entonces tuve la idea de pedirle el paraguas; al menos me protegería algo la cabeza.

Él me miró como si no me viera y me lo entregó sin decirme una palabra. A continuación dio la vuelta y se alejó camino de la cuidad cuidando de no resbalar en los barrizales que la lluvia había dejado entre la hierba. Yo me quedé con el paraguas en la mano más sorprendida que si me hubiera dicho que no.

Al verlo marcharse, con paso decidido, probé a abrir el paraguas levantándolo por encima de mi cabeza y, de repente, me envolvió una sombra: me cayó encima toda la tela que se había soltado de las varillas y vi cientos de agujeros por los que entraba la luz cenicienta de la tarde. Me liberé como pude de aquel desbarajuste de óxido y polillas y empecé a correr tras el hombre para devolverle aquella inutilidad, pero ya no pude alcanzarlo. Había desaparecido entre la lluvia como un encantamiento.

Ya en casa intenté arreglarlo; lo enrosqué, probando a disimular tantos agujeros y tantos rotos como tenía, y me puse a meditar sobre el misterio del paraguas, siempre en la mano del hombre y siempre cerrado. Supuse que tendría sus razones. Qué sabía yo de su alma. Y me pareció, no sé por qué, que, aun sin haber hablado nunca con él, ya éramos amigos. O, al menos, que había entre nosotros un especial entendimiento.

Al día siguiente volví a dar mi paseo y llevé el paraguas a su dueño. Lo encontré en el sitio acostumbrado, en las mismas rocas que bajan como un filo de espada hasta el rompiente. Estaba inmóvil, de pie, como atrapado por una parálisis, con vida sólo en los ojos que, estampados por todos los azules del cielo del anochecer, miraban al horizonte más allá de lo visible. Lo saludé con un susurro para no asustarlo y él se volvió hacia mí y me dirigió una mirada que parecía venir del mismo fin del tiempo. Por primera vez advertí en su cara un gesto como de sonreír, con una sonrisa tan serena como las alas de una mariposa que se había detenido para siempre en un rosal.

— Tome —le dije devolviéndole el paraguas—, muchas gracias.

— De nada —me contestó con una voz profunda, envuelta en un hondo pesar—, pídamelo cuando quiera, yo jamás lo uso.

Desde entonces, llueva o no, yo también llevo un paraguas cuando paseo por la orilla del mar. No quiero que mi amigo piense que, si llueve, no le pido el suyo porque no me atrevo, o él me lo ofrezca y no sepa cómo decirle que no sirve para nada.

Aurora García Rivas.

domingo 24 de mayo de 2009

Un loco anda suelto por la Calle Corrida

Sí, han leído bien: un loco anda suelto por la calle Corrida. Aunque, a decir verdad, no anda: no tiene piernas, ni brazos. Así que rectifico: un loco arrastra su cuerpo por la calle Corrida. Ahora sí, ahora no falto a la verdad. ¡Qué engorro!, topárselo todos los días en la misma esquina. Además, tiene la osadía de colocar justo en medio, cortando el paso, una mugrienta caja de zapatos –precisamente de zapatos, ¡poca vergüenza!-, que arrastra con los muñones de sus inexistentes piernas de un lado a otro, pronunciando unas palabras que nadie entiende. ¿O será que nadie escucha? Ese punto no podría aclararlo. Tampoco importa demasiado. Lo verdaderamente grave, es el incordio que supone para los ciudadanos de bien que pasean tranquilamente por la calle más gijonesa, tener que hacerse a un lado y desviar la mirada. Ya tiene uno bastante con enfrentarse a la "crisis", lo único que faltaba era tener que soportar las desventuras del tullido. Uno no puede salir a la calle y sentirse tranquilo, porque seguro, que además de no tener piernas ni brazos, está loco: es, sin lugar a duda, un peligro público. Los mayores miramos para otro lado, tirando de  nuestro hijos  pequeños que  gritan, “mamá, mamá, ese señor no tiene piernas” y del perro,  que trata de olfatear ese extraño personaje que también vive a ras de suelo. Mientras tanto él, simulando estar ajeno a tanto rechazo, con una maestría inmejorable, casi cuan saltimbanqui de circo, cambia nervioso  su caja de zapatos de posición continuamente, en busca de unos céntimos que le llegan escasamente porque, señores, estamos en crisis.

 

Y ahora, queridos amigos/as, que ya me quedan muy pocos y puede que después de enviaros esto alguno más se me descuelgue, porque siempre me sucede. Y no me parece mal, me parece muy justo que dediquéis vuestro tiempo a cosas más provechosas. Pues a lo que iba, esta mañana me levanté en "crisis"; cuando esto me sucede,  con demasiada frecuencia últimamente, suelo dar un paseo antes de incorporarme a mi trabajo. Como al sentirme triste  camino mirando al suelo, se me cruzó la vieja caja de zapatos. Y allí estaba él, sorteando mi paso. Al verlo, sentí  vergüenza, y  tuve la imperiosa necesidad de escribir lo anterior, de reflejar de alguna manera la gran crueldad hacia quienes, como en este caso, carecen -no de medio de vida, que también- sino de  piernas y  brazos. ¿Qué sería de mi sin mis piernas y  sin mis brazos? ¿Y arrastrar esa cruz toda la vida? Hoy pensé, no sé muy bien por qué razón, pues me lo encuentro casi todos los días, cómo podría vivir yo en su lugar; cómo se puede sobrevivir con el desprecio de los demás encima de tu cabeza. Si ya sé, muchas veces les "tiramos" (dar es otra cosa) unas monedas y seguimos tan tranquilos; pero muchas más veces tenemos prisa y aceleramos el paso. Nadie se para a preguntarle su nombre, ni si tiene familia, ni mucho menos qué piensa. Y lo único que no tiene son piernas y brazos.

sábado 23 de mayo de 2009

Bienvenidos!!!