domingo, 21 de enero de 2018

"TIEMPO DE VIDA", artículo de ÁNGEL AZNÁREZ ("La Nueva España", 21/01/2018)

"Dejando que el tiempo pase"




 Cualquier sitio es el paraíso con sólo parar 
el reloj. Cualquier habitación es eterna
 con sólo desalojar de ella el tiempo.
 La alcoba de la Isabel era la eternida
 porque yo me quitaba allí la vestidura del tiempo
 al quitarme mi pantalón y mi camisa.
                                           F. Umbral, Los males sagrados.


Fueron una vez bachilleres de los Maristas, de la calle Santa Susana de Oviedo, a los que en clase de la llamada “Filosofía real”, se les explicaba la Cosmología, y sus dos realidades que integran el mundo material: el Espacio y el Tiempo (o Cronología). El Hermano profesor, bien llamado “el Pichaías” por su delicadeza en modos y movimientos, explicaba un libro, que era un manual de Filosofía, escrito por un tal Joaquín Carreras Artau, catedrático de los de antes, escasos y que sabían. Tal libro estaba aprobado por el Ministerio de Educación Nacional y tenía, por supuesto, las licencias del Obispo de Madrid-Alcalá y también del Arzobispo de Sión y Vicario General Castrense, que éste tenía  de apellido una hipérbole de lo bruto: Muñoyerro, que es muñón de hierro. ¡Qué bárbaro debió ser aquél, por castrense y por clérigo!
"Un mirón"
El caso es que en el libro de Carreras se define el tiempo de una manera incomprensible para aquellos años primeros: “el tiempo es la medida del movimiento en razón de la anterioridad y de la posterioridad”.  Por cierto que un arquitecto acaba de escribir un librito que tituló Un breve curso de escritura crítica; eso me parece raro, muy raro, dado lo mal que escriben los arquitectos españoles; más caigo en la cuenta que tal arquitecto, experto en Preceptiva literaria, no es español, sino italiano y se llama sonoramente Luigi Prestinenza Puglisi. En la página 26, el arquitecto Prestinenza P. recomienda al escritor no utilizar latinajos “pues fastidian al lector y son un alarde de inútil erudición”. Siento lo cual, y asumo que el lector piense que soy un escritor-pijo (nunca, confío, un pijo escritor, que es muy diferente). Aquello que aprendí sobre el Tiempo, lo escribo ahora: TEMPUS est numerus motus secundum prius et posterius”.
"De complementos"
Volviendo al “Pichaías”, éste nada aclaraba, pues nada entendía. Tuve que hacer algo que siempre me dio buenos resultados: lo que no entiendo lo aprendo de memoria, hasta que finalmente, y por la memoria, lo termino entendiendo. Por la Memoria, diosa mimosa o mymusine de los griegos y amor de Nietzsche, hice oposiciones jurídicas y ahora, por fin, entiendo ya lo que es el Tiempo, que fue misterio insondable: que es lo más escaso y valioso que se puede tener. A partir de ciertos años empieza a faltar –cada vez menos Tiempo se tiene, a diferencia de los dineros que pueden abundar o ir a más, bien robando, bien trabajando-. Al hombre, ser efímero, lo empezó cantando, por efímero, Píndaro y luego siguió Lipovetsky.
Además el tiempo es elegante y dandi, pues que no se deja comprar por dineros o “cuartos”. Los que son ricos y los que somos pobres tienen y tenemos las mismas oportunidades; no hay en relación al Tiempo ni papás ni hijos de papás, ni herencias ventajosas ni bodas aprovechadas. Verdad es que Benjamín Franklin escribió que “el tiempo es dinero”, pero con eso sólo quiso decir que es también valor de cambio –valor de uso (del Tiempo)- y verdad es que en Radio Asturias, E.A.J 19 de Oviedo, se anunciaba en los años sesenta que “El tiempo es oro y Sigma, máquina de coser, es un tesoro y que, para máquinas de coser, las Sigmas de la calle Campomanes”.
Más aún, el Tiempo es escurridizo como una lamprea gallega, y es de género, masculino aunque tiene maneras de hembra, como los “bellocratas” y los diseñadores de complementos (¡Cuánto me gustan los complementos, ufff!
De la biblioteca francesa del autor
Mucho me ayudó la Literatura para entenderlo, y destaco tres autores que trataron el Tiempo de forma magistral: un español, Umbral, autor de “El Giocondo”, y dos franceses Jean d´Ormesson, católico-agnóstico (lo católico permite el todo y lo contrario del todo), y Jacques Attali, judío y con alma judía, y sabio de Sinagoga (lo judío sólo permite lo que es judío, que es continua exégesis, del Talmud, del Midrash y de la Kabbala).
Una vez que se publique la tesis doctoral que se está haciendo sobre “Umbral y el calendario”, escribiré sobre él, sobre Paco el gran majadero, majadero por haber reprochado a Alejandro Soljenitsyne no haber sido partidario del seminarista y tirano llamado Stalin y, también, por haber dicho de doña Letizia, esposa de Felipe, que fue “una modesta estrella de T.V”. Lo de “modesta” nada me gusta, pues me suena a modista y me recuerda los ojales. Umbral, uno de tantos burgueses, minués de la monarquía --se podría subtitular así, desde aquí, Oviedo, en cuyo mes de octubre tanto se ve y a tantos minués-.
"El lápiz de los verdes encantos". Macron lo coloca sobre el féretro de Ormesson
El francés Presidente de la República, Macrón, que es macrón por cabezón, despidió en el patio de la segunda Catedral de París, Les Invalides, al cadáver de Jean D´Ormessón, gran escritor del Tiempo y siendo el Tiempo el eje de su obra literaria, inmensa, ilimitada, desértica, como la de Pedro Silva, el de aquí y  éste casi beato. Si Ormesson escribió en 2003 --“Todo lo que amamos morirá. Yo también. La vida es bella”--, horas antes de morir a causa de un cáncer que le dejó en los huesos, escribió con letra temblorosa lo que su hija Héloïse encontró en el buró: “Una belleza para siempre. Todo pasa, todo termina, todo desaparecerá. Y yo que me imaginaba deber vivir para siempre ¿en qué me convierto yo? No es imposible”. Acaso no pensó hasta ese momento final que él también desaparecería, no obstante lo cual escribió una última mentira: la muerte nada puede contra mí”, y mentira porque la muerte lo puede todo, siendo de victoria total.
El Presidente Macron colocó sobre el féretro d´Ormesson, no collares, no insignias, no espadas, no grandes cruces, brillantes como luceros y como estrellas, sino un lápiz, un crayon, el lápiz de los “encantos”. Terminó el discurso fúnebre y los músicos militares de Les Invalides interpretaron la más triste sonata para piano de Mozart. Y su Tiempo se terminó con la incineración, que es alternativa rápida, siendo más lenta la de pudrirse en un cementerio. También él, calificado de ecrivain du bonheur  pudo elegir: que le quemen o pudrirse.
Jean d´Ormesson llegó a escribir un libro que tituló El olor del Tiempo, crónicas de un tiempo que pasa. En la crónica de 4 de noviembre de 1994 (Le Figaro Littéraire) dedicada al escritor Philippe Sollers, habla de una mujer papa, cuya elección, después del Cónclave, se anunciaría a la Plaza romana con un solemne Habemus Mammam, y yo añadiría: “”pronunciado por una eminentísima y reverendísima “cardenala camarlenga””.
Un libro
No se puede recordar a Jean d´Ormesson sin hacer referencia a su epopeya: apoyar y considerar haber llegado el Tiempo para que Marguerite Youcenar fuese “inmortal” o de la Academia francesa (La Coupole). La cosa no fue fácil a pesar de lo de Adriano, pues tres muros debieron derribarse: ser la primera mujer de la Academia, no ser de nacionalidad francesa sino belga, y ser de disfrute peculiar, de sáficos ardores con su amada Grace Frick. Maria Antonietta Macchiocchi siempre vió en la lésbica Margarita “la vida nómada de un genio”. Y una Youcenar, cuya última obra se titula, curiosamente, ¿Qué? La eternidad.
A los judíos siempre preocupó mucho lo del Tiempo, pues su obsesión por la idea de la “transmisión” lo implica. En esto lo judío recuerda a lo católico: en el año 2008, en el programa de T.V. (Public Senat), denominado Conversations d´avenir dijo Attali que la razón del Estado de la Ciudad del Vaticano es sólo una: que dure y no desaparezca el catolicismo. Attali asimismo escribió La vie éternelle y lo último que publico fue Ser uno mismo (“Devenir soi”). Entre uno y otro apareció el Diccionario amoroso del judaismo, que empieza con la letra A de Aaron y termina con la letra Z de Zohar.
Como escribe el arquitecto Prestinenza P. que no se debe cansar a los lectores, aquí me detengo después de frenar con mucha resistencia, seducido por eso que puede ser tan complicado, de llegar “ser uno mismo” y que tan pocos lo consiguen: de ahí la necesidad de tomar tantas pastillas, a las que tan aficionados son los psiquiatras.   
Prometo que en pocas semanas continuaré con lo de Attali, con lo de la duración y el dolor por la melancolía de locos. Eso será, en cualquier caso, antes de salir de Valderas (León) en dirección a Benavente (Zamora) siguiendo el cauce del Río Cea.

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jueves, 18 de enero de 2018

ÁNGEL AZNÁREZ vuelve a las andadas y sentadas, pues el próximo domingo...

... 21 de enero, publicará un artículo que titulará con palabras de Filosofía.

Un santo varón con maneras de "Pichaías".


Ya se advierte, desde ahora, que los aficionados a los TBOS y las de SISÍ EMPERATRIZ 
han de evitar la lectura. Es como de felino o de Fellini.  
Un felino






Haya una sucesión de personajes. El primero es un “Pichaías”, el segundo es un gran majadero
fallecido hace años y conocido de todos (allí donde hay un gran escritor, suele haber un gran majadero), 
el tercero es un católico-agnóstico fallecido hace días, un santo hombre  y el cuarto es un judío vivo, 
que es como deben ser los judíos: de pura cepa. Y también hay una mujer, llamada Margarita.  

Todo lo preside un reloj y lo concluye una promesa. Y entre lo uno y lo otro: risa, mucha risa, 

no pudiendo faltar clérigos y/o castrenses y laicos.  
Un reloj
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miércoles, 17 de enero de 2018

"ESCASEZ DE MANO DE OBRA CUALIFICADA EN ALEMANIA" (formación profesional en Asturias), artículo de ROLF BEYEBACH ("La Nueva España", 15/01/2018)



Aunque la economía alemana sigue yendo viento en popa, con más puestos de trabajo (44,28
millones en 2017), jamás alcanzados, y una baja tasa de paro (5,3%), ve amenazado su crecimiento futuro por falta de mano de obra cualificada. ¡Cada vez incluso hay más empresas que por esta razón se ven obligadas a rechazar pedidos! A pesar de que en Alemania ya funcione desde 1969, en todo el mundo admirado, un sistema de Formación Profesional dual para nada menos que 327 profesiones
–sistema que combina estudios con prácticas en empresas y que ha sido copiado por muchos países, como, primero, Austria, Suiza, etcétera, y últimamente incluso por países orientales de Europa–, el
pasado año nada menos que 520.000 jóvenes han empezado en Alemania esta formación. ¡Sin embargo, en el “motor económico de Europa” falta todavía mano de obra cualificada!
¿Y la Formación Profesional dual en
España? Según un reciente estudio, sólo el 0,4 de nuestros jóvenes llega a este modelo, y sólo Grecia nos supera en el paro juvenil, que aquí es verdaderamente escandaloso, 26%.
En Alemania a los jóvenes se les informa en las escuelas a los 15-16 años sobre la Formación Profesional dual, y éstos luego se dirigen a empresas para cerciorarse sobre sus posibilidades en esta formación. Aquí parece que nuestras instituciones apenas saben cómo fuera de nuestras fronteras colaboran estrechísimamente Estado, patronal y sindicatos precisamente en el importantísimo tema de la Formación Profesional de sus jóvenes, la cual aquí encima tiene que luchar contra barreras
administrativas e inacción. Empresas alemanas en España, hartas de tener que “importar” jóvenes debidamente formados por su país de origen para renovar sus plantillas, hace ya más de treinta años habían creado la FEDA Business School, que en sus centros de Madrid y Barcelona imparte la Formación Profesional dual alemana a sus discípulos, y ya van casi mil formados y ¡todos en
puestos de trabajo! ¿Y en Asturias? Aquí, la industria del metal hace poco ha inventado su propia Formación Profesional dual –como ocurre con varias regiones españolas– y va por la segunda
promoción de jóvenes, parece que son poco más de dos decenas.
Y esto que en los años 80 del siglo pasado, cuando entre todos matamos la figura del aprendiz, solamente Ensidesa formó en su afamada escuela cada año más de trescientos aprendices, sin hablar de Cristalería Española, Duro Felguera, Didier, etcétera.
Con el tremendo paro juvenil también en nuestra región, y viendo tantas posibilidades y plazas libres precisamente en Alemania, uno piensa que la solución quizás podría estar en aprovechar la extraordinaria coyuntura y formar a jóvenes en Alemania. ¿Estudiar alemán uno o dos años para después probar suerte fuera, en vez de elegir un estudio académico con a veces dudosas salidas, o seguir viviendo cómodamente en casa de los padres sin hacer gran cosa?
Ésta es la cuestión.

 El ingeniero Rolf Beyebach llegó a Asturias en 1968 para dirigir la factoría de refractarios de Didier en Lugones y quedó en la región para siempre. 

domingo, 31 de diciembre de 2017

"OVIEDO, MI CIUDAD", artículo del Magistrado de la Sala Civil y Penal del Tribunal Superior de Justicia del Principado de Asturias (Publicado en la sección de Oviedo de "LA NUEVA ESPAÑA"


                                                                               
                                                                    El viaje ha concluido, y aquí estoy de nuevo, en Oviedo, en
el lugar en el que nací y de donde partí, enriquecido con muchas experiencias, empobrecido al haber perdido arraigo muchas de mis convicciones y al haber quedado destruidas muchas de mis certidumbres.
(Con ideas de Aldous Huxley)
Entré en la vida una madrugada de nieblas y orvallo, siendo mi primer espacio, visto y tocado, el de Oviedo. Nací con la ayuda de una comadrona, cuyo cónyuge, músico de aupa, tocaba el violín en el “Café Suizo” de la Plaza de Riego, de chicas ligeras con madame ancha y corta, de pestañas postizas y colorete de cara. Tal vez de aquello viene mi afición al órgano, instrumento de goces místicos, y a los platillos no volantes, detestando los gritos y alaridos de la Opera, de tan poco sexo.  
Cadenas del "Privilegio de la Cadena! en la calle San Fancisco
Mi calle fue la de Campomanes, de tanto  postín que los nativos en ella llamaban  “plazuela” a la vecina Plaza de San Miguel y llamaban “chalet” al Palacio de la señora Garralda, natural de Navarra, que hizo marqués, de Aledo, por boda, a un burgués y Herrero local. Y de postín literario, fue don Ramón Pérez de Ayala, que escribió cosas tan jesuíticas como AMDG y tan veterinarias como “La pata de la raposa”.  La vecindad de don Ramón a la buhardilla de Alicia, la costurera de los Masip, fue grande y gracias a lo cual, por “costurerias”, al hijo de Alicia, lo emplearon en el Banco Herrero.  
A los pocos días de vida, en un amplio cochecito de bebé o “leré”, de cuatro  grandes ruedas, con ballestas y freno de pié, de capota plegable y sonajero de ruido como una carraca, me llevaron a San Isidoro a bautizar. En la Plaza del Ayuntamiento tuvo lugar la presentación a la dueña de tal lugar, Doña Honorina, con moño de farmacéutica, viuda de Castañón, y suegra de Calviño, empleado de la Caja de Ahorros en Teverga , y de Crovetto, radiofonista granadino. ¡Ay, ay don Francisco Quevedo, qué razón tuviste al escribir, en el siglo XVII, que “los tres enemigos del cuerpo son los médicos, cirujanos y los boticarios”! Antes, al pasar por la calle Magdalena, desde el carrito-leré, se vieron las ligas negras que sujetaban las medias de alivio de Pepita Guillaume, la librera de misales, de piernas en arco. 
Escalera de Caracol de San Isidoro Del Real
En la gran plaza, al pasar por “El Caballo”, tienda de bolsos, olía a marroquinería tanto como en Marrakech (por cierto que en Oviedo, hubo dos grandes “cosas” moras o bereberes: los olores de “El Caballo” y la cúpula de la Iglesia de “Los Carmelitas”, en Santa Susana, un autentico minarete o alminar como la Kotubia mora de Marrakech. Es que Oviedo, visto desde la autopista (a la altura de la Corredoria), parece una Jerusalén, por la disputa entre las torres de Cristo y aquel “minarete” como de Alá.  Es que los Carmelitas de Oviedo, el gordo P. Gregorio y el flaco P. Florencio, entre otros, siempre fueron muy de harenes a la hora de merendar con damas y con bombones del Peñalba.
San Isidoro El Real, fue muy importante -mi Iglesia-, estando a la derecha (según se entra) la pila bautismal y a la izquierda una imponente y peligrosa escalera de caracol, de acceso al coro, en la que una vez caí, y que si no fue caída mortal, se lo debo al cura don Robustiano (don Robus), que, por confesar recogerme desde el confesionario o garito.  En esa Iglesia, curiosamente, hay una importante reliquia y debe saberse  –sigue estando allí- del jesuita San Francisco Javier Aznárez, navarro él como mi padre. La tal reliquia contiene en el reliquiario de un trozo de la vertebra del Santo –dicho a mí por el actual párroco, de lo que daría fe si me quedare-; por eso, besar tal relicario es muy recomendable para los huesos. 
Y en esa Iglesia, tuerta por tener un solo ojo o torreta, comulgué “antes” de hacer la Primera Comunión, por ir “pa delante” por hacer lo que mucha gente. He de decir que don Luis Legaspi no fue partidario, a diferencia de otros, de hacerme la traqueotomía, para extraer la Hostia Divina indebidamente antes de confesión y ya en la tráquea. Por causa de tal episodio siempre exclamo, aunque no venga a cuento: ¡Dios me coja confesado!  

El llamado “Campo” (Campo de San Francisco), fue un jardín, que, por ser paraíso, también fue persa –muy diferente de la actual cochambre, con barracas de feria arriba y mercadillos abajo--. El Paseo de los Álamos fue paseo de correr en bicicleta o corriendo y haciendo equilibrios con aros de madera, o pasearse, moviendo culitos las señoras, envueltas sus carnes en fajas turbo de mucho apretar. La fragancia de rosas en la Rosaleda abría el apetito de merienda a base de yemas de huevos y de plátanos, antes de ver copular a los patos en el estanque próximo abriendo los ojos, admirado, como platos; un estanque que no era el de la Virgen de Covadonga, en el mismo Campo, de muchos cabezones, después ranas, y donde los “barquitos” a base de hojas de árboles hacían travesías, como en Paris, en el Jardín de Luxemburgo. 
Y “La Chucha” superaba en regalices y chicles “chew” a “La Boalesa” de Santa Susana, con Maristas del Auseva al acecho del fumado pitillo furtivo, cerca de la cual pasaba el Hermano Jacinto, con patillas de bandolero, camino de la imprenta en la Calle Quintana, donde se imprimía la revista colegial “Cumbres”; el Hermano Serafín ya hacía fotografías y los alumnos, hoy arquitectos Pol y Nanclares, declamaban con mucha piedad versos a la Virgen en el mes de las Flores.
Refoto reciente del autor
Jardín de jardines fue también el Prado Picón, siendo promotor del conjunto el emigrante don Manuel Cuesta, que compró los terrenos al Obispado con el dinero que trajo Crabiffosse Cuesta. Del “chalet” picudo y pastelero de los Pérez Montero, de Chile,  y cuya historia me contó su hija Etelvina Cuesta, tía de los corríamos al del arquitecto Castelao  en busca de manzanas hurtadas, que en el Prado Picón vivió. También por allí, camino del Seminario, pasaba el  e íbamos en pandilla de vándalos,  aunque siempre respetando los misterios del  misterioso “Tabularium”,  de don Joaquín Manzanares Arzobispo Lauzurica, al que llamaron injustamente “el maizón”, pues los vero “maizones” fueron los siguientes, entre ellos uno al que colocaron il capello rosso in testa, in texta calva.  
 
Relicario con vertebra de San Fco. Javier en la Iglesia de San Isidoro
La calle San Francisco, que empezaba con bares (“El Azul”) y cafetería (“Albabusto”) fue de Letras y Derecho, espacio universitario protegido por una cadena que sigue ahí. Un profesor, Ignacio de la Concha, con reloj de cadena y vagando por dentro (intro) y fuera (extra),  que enseñó Historia viajando, un día quedó ensimismado y nos (alumnos) ensimismó contemplando la cadena y explicando el llamado “privilegio de la cadena”; emoción sólo superada por el recuerdo al Principe Don Juán, hijo de los Reyes Católicos, que murió de amor (magnífico, por cierto,  el reciente libro de Giles Tremlett sobre Isabella of Castille). Siempre fue aconsejable, para reentrar en la realidad, embadurnarse en la misma calle, con unas “olgitas” de merengue de ese puente veneciano y pastelero llamado “Rialto”, de Galloso (o Gayoso), cercano a la droguería de Polledo, prueba evidente por uno y otro, de un Oviedo, de un Oviedín muy de pollería.
  Después de vivir en la marinera Galicia, la aceitunera Andalucía y la Cataluña, de la madre que la parió, me voy acercando otra vez a la calle Campomanes, mi espacio referencial. Ahora trabajo casi ya en el Antiguo, en un palacio muy del esposo de la Regenta. Es mi penúltimo trabajo, pues el último, acaso, lo desarrollaré en la Calle Campomanes-eso será si Dios quiere, naturalmente-. Y el tiempo es lo más escaso que tengo. Es que, como ovetense,  Dios fue y es muy principal, aunque
Árbol "sostenido y con ganas de echarse a dormir cansado de tanta verticalidad" del Campo de San Francisco de Oviedo
como dijera un rabino judío, que exista o que no exista es accesorio.  


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domingo, 27 de agosto de 2017

"EN VALDERAS, PAN Y TOROS", artículo de ÁNGEL AZNÁREZ ("La Nueva España", 27/08/2017)



¡Oh tú, Camila Rebollo
Madre de este científico repollo.
Eres la madre más dichosa
De cuantas han parido alguna cosa!
(Fray Gerundio de Campazas del
Padre Isla S.J.)
 
Encina del Monte del Duque
Para llegar en coche de línea, desde Valencia de Don Juan a la villa terracampina de Valderas, hay que subir por la Avenida del Obispo Panduro, ancha como las avenidas de Paris, dejando a la izquierda el edificio fantasmal y gris de la “Cooperativa de Vinos de la Ribera del Cea” y a la derecha el velatorio de la Funeraria llamada, naturalmente, Nuestra Señora del Socorro. No sé si el velatorio de Valderas es de tantos servicios como el de Villamañán que, entre otras prestaciones, se incluyen –así lo anuncia- los trámites necesarios y posteriores al servicio funerario, tales como la baja en la Seguridad Social, auxilio por defunción y pensión de viudedad.


Hasta mayo de 1969, también se podía llegar a Valderas en tren, en el famoso “Tren Burra”, de Palanquinos a Medina de Rioseco, el único tren leonés para el transporte de cereal y conejos -no minero como los otros, pues mineros fueron el de Ponferrada a Villablino y el de León a Bilbao (Hullero), con parada éste en Boñar para degustar “nicanores”)-. La estación de Campazas fue la anterior a la de Valderas, saliendo de Palanquinos, estando distantes por vía férrea unos 10 kilómetros, con travesía por el encinar, con muchas liebres, del Monte del Duque, y paso por el puente fluvial del Río Cea, casi de grande como el del Río Kwai.


Capote taurino
El Padre Isla, hijo de Ambrosia y José, oriunda y corregidor de Valderas, respectivamente, alumbró la Historia del famoso predicador fray Gerundio de Campazas, alias Zotes, a su vez, hijo, ficticio, de Camila Repollo y Antón Zotes, que explicó “haber sido criado en Campazas con la mejor leche del Páramo y Campos”. Una leche, por cierto, muy apropiada para resistir los endémicos estreñimientos de los nativos de la zona por causa de la mucha ingestión de leguminosas secas y grasas de cerdo. A este viajante no le consta un especial consumo de leche ni lo otro por los de Valderas.


Por una parte, aquel libro del Jesuita sigue siendo fundamental para conocer el siglo XVIII español; por eso y de ahí, que los jovellanistas, que tantos dicen serlo, lo lean con repetición. Además, el pretencioso P. Isla, casi tanto como el P. Baltasar Gracián consideró a su fray Gerundio una especie de “un don Quijote de los predicadores”, pues pretendió que “volviese a la cordura y muriese de forma ejemplar, con exhortaciones a frailes para que predicasen con decoro, gravedad, juicio y celo”. Eso que es lo mismo que pretendió Cervantes,  que se curase don Quijote de su locura, lo que llegó a conseguir, aunque sólo en la ficción o artilugio novelesco, pues en la realidad no consta caso alguno de loco, muy loco, que muera cuerdo, ocurriendo siempre lo mismo: los muy locos mueren muy locos, incurables. Asunto diferente y frecuente es creer vivir cuerdo, estando de o para encerrar.


En los pueblos de Castilla y León, tierra de trigos,  lo primero que hago es visitar a los del arte o técnica de la panadería; en Galicia, los primeros que visito son los cultivadores de esas flores tan finas que son las camelias, y en Extremadura me apresuro a saludar a los cuidadores de piaras de cerdos ibéricos, unos cerdos ibéricos que han de ser autóctonos y no cruzados con la raza de porcino blanco: nada más literario que el “Manifiesto del Cerdo Ibérico” aparecido en El País el 27 de diciembre de 2012. Si esta vez, en Valderas, visité antes a Zoilo Rueda, el de “La Meca del Bacalao”, que a doña Sara, viuda de Estébanez , la de los panes, fue porque aquél me dijo que, para comer, ya no quedaba ni pulpo con pimentón ni bacalao con ajos, y sólo una paletilla de lechazo,  que no podía esperar más;  nadie podía esperar más: ni yo ni la paletilla. Por cierto que soy lo justo de “cuchara”, tal como los finos y petimetres de ahora llaman a las lentejas y potajes.  


Salgo de La Meca de Zoilo, hoy de su heredera e hija por jubilación del artista, y me dirijo, saludando a Juan y a otros gitanos chamarileros, a La Ceca, que es la panadería de la calle Demetrio Alonso Castrillo (natural de Valderas y Ministro  de Alfonso XIII), un local, casi lindante con la casa-palacio de Castrojanillos. Saludo a doña Sara, que cada vez que la veo le falta un diente, lo cual no es sorprendente, teniendo en cuenta que antes y por estos “valles de eras”, al igual que las palanganas para el aseo, muy incómodas, eran sostenidos por palanganeros inestables de tres pies, las personas lavaban entonces sus dientes con bicarbonato. De ahí las bocas y boqueras.


A doña Sara, buena mujer y madre de tres hijas guapas, pregunto lo mismo siempre: si fue pariente del importante panadero de las localidades de San Miguel del Valle y de los demás pueblos del alfoz de Valderas (Roales, Valdescorriel y Fuentes de Ropel), llamado Miguel Estébanez Santos, casado con Teresa García Garea, padres de Víctor y Mercedes, muertos ya los cuatro.  Sara siempre me responde que no.


"Gallos" y "Gallitos"
Esta vez encuentro a Sara Estébanez  como triste y melancólica, y no porque sea viuda nueva o reciente. Una vez prometido acompañarla en el sentimiento, me cuenta lo siguiente: que recibió la visita de la inspección sanitaria de la Junta de Castilla y León, y prohibió la sanitaria, bajo sanción de cierre, que en el mismo horno cociese el pan y se asare el lechazo. Lamenté la mala suerte, siempre, de los panaderos de Tierra de Campos, pues, si en tiempos de Franco, los estirados de la “Fiscalía de Tasas” no les dejaban vivir en paz por lo del estraperlo y las harinas, ahora viene Sanidad con gaitas y melindres. Traté de consolarla recordando que, según me acaban de informar, los sanitarios, en Asturias, no dejan de inspeccionar los retretes de los restaurantes de lujo.   


Pregunto a doña Sara por su célebre nieto, llamado  Francisco Alcalá Estébanez (“Cachobo), sorprendiéndome tener en Castilla un apellido tan andaluz cual es Alcalá, cordobés en concreto, y más concretamente de Baena y Priego -muy adecuado para y por la enorme afición taurina del chaval-. El caso es que “Cachobo” es “cortador” taurino, o sea, que da cortes, quiebros y saltos a los astados a cuerpo limpio, sin capote o muleta, sin trajes de oros ni sedas de lucimiento, y que hace un par de años dio el golpe mortal, al parecer no de manera reglamentaria, al toro Rompezuelas en Tordesillas –episodio mundial del Toro de la Vega-. Que nada, que no hay manera de quitarle los toros de la cabeza al hombre –me dice su abuela-, y en Valderas menos –añado yo- pues existe hasta una asociación taurina llamada “Bendita Afición”.


Iglesia parroquial de Santa María
La tal “Bendita” organiza, con ocasión de las fiestas del Socorro, unas primorosas correrías de vaquillas por la Calle Ancha de Valderas, llena de barreras y talanqueras, que es casi tan ancha como la del Obispo Panduro y Sopaboba. Este año –en eso están- tendrá lugar el II Toro de Cajón. Y los de la “Bendita”, no sólo son de toros, también sus galgos tienen un club en El Rebeco. Lo mismo organizan una “Feria de Abril” que una jarana rociera, y el flamenco “jondo” y el superficial por doquier. Tanta es la afición a lo andaluz que, para abrir un nuevo negocio y para que tenga éxito en Valderas, sus dueños han de llamarlo: “El charco de la Pava”, “La Narda” o “El Corral de la Paquera”. Y los de la “Bendita” siempre  muy “Gallos” y “Gallitos”. Y “Lagartijos” sólo los del Ayuntamiento, en especial los de antes, que por poner en pie el Seminario, hundieron el pueblo.   


Compro una rosca de pan, unas magdalenas –como doce embolsadas en plástico- al buen precio cada bolsa de 2 euros y cincuenta céntimos, y unos cremosos “bollos” (en los pueblos castellanos no hay pasteles), lo cual no quiere decir que no sean buenos pasteleros, como bien sabemos los ovetenses, pues fueron los pasteleros maragatos los que inventaron los “carbayones”.


Digo adiós y hasta muy pronto a Sara Estébanez, y miro enfrente, en la misma calle, la casa de doña Socorro García Centeno, que, bajo su casa, tiene una impresionante bodega, casi tan profunda, abismal, abisal, como la de mi amigo Severino Zaragoza en Pajares de los Oteros, cerca de Valencia de Don Juan. Es muy interesante el suelo de Valderas, pero su subsuelo es otro mundo, inmenso y laberíntico, como laberínticas son las bodegas subterráneas, que hacen rutas y caminos infinitos; que antes de ser  para el vino fueron escondite de dragones y de sierpes gigantes amarillas como las sacaveras. Un mundo el de arriba y un mundo el de abajo, de mucha sugerencia literaria: que si Minos, Dante y Borges. Una Capadocia no en Turquía sino en León, a base de casas huecas.    


Doña Socorro fue maestra, es viuda de médico y fue hermana de cura. Me cuenta, bajando a la sima de la bodega y hacer el “cli-cli” a la pera para encender la luz, que…

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martes, 22 de agosto de 2017

ÁNGEL AZNÁREZ anuncia que...

... El próximo domingo, 27 de agosto, continuará en Valderas, contando mucho de todo, también de pan y toros, saltando la talanquera.
Un toro del País
De madrugada, me acordé de la vecina Campazas, que también tuvo tren, llamado “el Burra” por ser tan rápido como las pollinas. Su estación está entre la de Castrofuerte, kilómetro 28,4 (desde Palanquinos), y la de Valderas, kilómetro 46.9  (desde la misma procedencia).


Y es que los de Campazas fueron siempre tan valientes y arrojados como los de Valderas. De lo de aquéllos da fe lo que predicó Fray Gerundio, natural de Campazas y conocido por alias Zotes, tal como consta en el PRÓLOGO CON MORRIÓN: “Los Barcias, los Castejones, los Bermúdez, los Gallos y otra larguísima lista de vivos y muertos, que podía añadir, son unos rábulas, unos charlatanes, unos papagayos, delirantes y vocingleros”. Y de los de Valderas da fe lo que yo diga.


Hemos recibido la muy grata noticia por medio de un cofrade de “La Pastorica” de Valderas, que el tejado de la Ermita “La Virgen del Otero”, al otro lado del Río Cea y cerca de la imponente depuradora, ya no tiene goteras.
Ermita del Otero (Valderas)
Y lo del pan, en forma de barras, roscas, o panecillos -no hogazas magnas que ya no se fabrican- y lo de los toros, lo del cajón taurino o el descajonamiento, lo trasladamos al domingo próximo, día 27.