sábado, 4 de agosto de 2012

"EL PARAÍSO DEL TENOR JOAQUÍN PIXÁN", artículo publicado en "LA NUEVA ESPAÑA"

UN LUGAR IDÍLICO

JOAQUÍN PIXÁN Y SU NIETO ÁLVARO
Asturias paraíso natural  es el lema por el que se conoce esta tierra verde, de ríos, valles y montañas en la que están ancladas mis raíces. No podría, por tanto, hablar de un lugar que tenga mayor significado para mí. No obstante, como viajero que soy, no haría justicia si me decantara exclusivamente por el pueblo en el que he nacido: Pixán. Siempre estaría en deuda con otros parajes, no menos hermosos, en los que he sido acogido como si fuera de allí "de toda la vida", que decimos en lenguaje coloquial los asturianos. De esas experiencias he aprendido que no hay  lugar más  idílico que aquél que nos abre sus puertas para permitirnos ser felices, convivir con sus gentes, llevar una vida sana...
Lógicamente las actividades profesionales siempre han tenido prioridad en mi vida, habida cuenta que amo el canto, no diré que por encima de todas las cosas, pero sí en el mismo grado que a mi familia y a los buenos amigos. Mi familia, mis amigos y el canto, son las cosas que dan sentido a mi vida.
Dejando a un lado el canto, si ello fuera posible, diré que el deporte me ha proporcionado una manera de vivir, una cultura de ocio que reposa en una vida sana. Y ese puede practicarse en todas partes. Puedo decir que mis raquetas de tenis y el tablero de ajedrez –los deportes que practico- me acompañan allí donde voy. El tenis ha sido un nexo de unión con mis hijos, y  ahora lo es con mis nietos, Carlos, Álvaro y Aitana. Y casualmente esa máxima de vida sana a través del deporte ahora, en momentos de máximas dificultades de todo tipo, son precisamente los valores que se potencian para que, más allá de las penurias económicas que atraviesa nuestro país, los españoles tengamos un respiro. Ahí están nuestras selecciones, colmadas de éxitos, hoy ya en los juegos olímpicos de Londres, enseñando al mundo nuestro espíritu de superación por medio del deporte.
Ya regresando al principio, al lugar idílico para vivir, no podría definir uno concreto como me han pedido. Todos son buenos para mí si sus gentes lo son, si en él me siento como en casa. Por fortuna en muchos parajes, en muchas ciudades, me he sentido cómodo. Se van dejando por el mundo amigos, recuerdos, querencias… En un  país lejano uno tiene un amigo, o varios,  que merecen la pena, en Sevilla están mis hijos y mis nietos, en y en cualquier lugar de Asturias más amigos. Siempre regreso a mi patria chica por razones que se me antojan muy poderosas: porque tira la tierra, porque mi retina necesita recrearse en sus montañas, en sus valles, en ese verde que lo impregna todo, ¡quién sabe exactamente por qué…! No sé qué sería de de mí sin la naturaleza, sin el deporte, sin poder complementar las largas horas de ensayo con un ocio compartido –con hijos, con nietos, con amigos- con una raqueta de tenis en la mano y en este paraíso que es Asturias. En mi caso, claro, cada cual con su propio deporte y en ese lugar que sienta un poco suyo y, por tanto, será idílico. Que si no me equivoco debería de ser el título de este pequeño artículo: un lugar idílico.
                                                                                                              JOAQUÍN PIXÁN  
(La "Nueva España, 2/08/2012)

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