domingo, 8 de septiembre de 2013

ENVEJECER TIENE ALGUNAS VENTAJAS

De acuerdo, no demasiadas. Pero la vejez, salvo que se instale en nuestro cuerpo la enfermedad, no es tan mala. Hay que prepararse, también es cierto, para ella. Cosa que por desgracia no se suele hacer. Lo más frecuente es que estemos esperando como agua de mayo por la jubilación y luego, cuando llega, pocos son los que saben qué hacer con ella. Yo que la tengo, la jubilación, a la vuelta de la esquina como quien dice,  creo que estoy en el momento más equilibrado de mi vida. He aprendido a controlar las emociones, que debe de ser lo más difícil de conseguir. Cualquiera que le dé hacia atrás a la moviola de su vida se dará cuenta de la cantidad de chantajes a las que ha estado sometido, incluso por quienes dicen quererle mucho. Nos sorprendería la cantidad de cosas de nuestro agrado a las que hemos renunciado –sin que en absoluto fueran malas- porque un padre, una madre, un hijo, un novio o un marido –y la lista podría ser más larga- ejercía sobre nosotros una encubierta presión que iba directamente dirigida a nuestras emociones: a  hacernos sentir culpables por no corresponder a sus perspectivas, a su cariño, al deber, a mil argumentos ligeros de  importancia pero de mucho peso para nuestras jóvenes  y poco preparadas emociones. Y, por supuesto, a la inversa: nosotros hemos ejercido esas mismas presiones sobre ellos. Al final, todos perjudicados. Pues bien, con el paso de los años vas dándote cuenta que no todo es tan importante y que de lo que trata es de ser un poco feliz y de dejar que los demás también lo sean. Esa es la primera ventaja.
Otra,  es que ya te importan muy poco los comentarios de los demás, incluso te hacen gracia. Hace un tiempo, cuando me divorcié, algunas personas se dedicaron a colgarme como novio o amante a todo el que se me acercaba. Un café con un amigo, un almuerzo, un paseo… automáticamente se convertía en un  “anda con…”, y quienes quería ir más lejos “está liada con…”. Podría haber sido cierto, pero el tiempo fue desmontando los comentarios. Por suerte, como me pillaron con una edad ya madura, pues siempre me hicieron gracia y no me  causaron ninguna preocupación. Si hubiese sido más joven, probablemente  me habrían hecho mucho daño.
Una más, es aquella que te permite manifestar tu opinión libremente, sin el temor de hace el ridículo o de mostrar públicamente tu ignorancia. Que, dicho sea de paso, con el tiempo te das cuenta  que es mucha. Tomas conciencia de lo poco que sabes de todo, de las grandes lagunas que hay en tus conocimientos. Pero también aprendes que los demás casi siempre van en tu mismo carro, aunque intenten parecer lo contrario. Tú ya no necesitas demostrar nada, eres lo que eres.

El miedo es un  tema  ya  más complicado. Yo, que nunca he sido una persona de miedos, ahora me salta con cierta frecuencia el temor al final. Que no a la muerte,  suelo decir que con ella se acaban  los problemas, con el disentimiento de todos. Pues lo que se suele comentar es que “todo tiene remedio, menos la muerte”. Por mi parte, la muerte es quien remedia cualquier problema. Pero bueno, eso no lo voy a discutir. Nunca entendí, por ejemplo, cómo en un funeral el sacerdote puede contarnos que el finado ya ha pasado a una vida mejor, que se encuentra con Dios y toda esa vida gloriosa que nos dice, y, pese a ese convencimiento, nadie se quiere morir. Extraño. Cómo queremos tardar en llegar a alcanzar ese gozo que nos espera en el más allá… No lo entiendo bien, pero bueno, mi miedo es el del más acá. No me da ningún miedo morir –ya lo dije-, por ahí ha pasado –y pasará- todo ser vivo, ¿por qué revelarme contra esa realidad  tan natural como vivir? Mi miedo es cómo morir, y en manos de quién. Esto último lo que más me preocupa. Por eso no quisiera vivir muchos años, justo aquellos en los que mis neuronas sigan funcionando, en los que no dependa físicamente de nadie. No me importa envejecer, pero hasta ese punto en el que pueda mantener mi dignidad. Me produce más que miedo, pánico, pensar que alguien tenga que cambiarme el dodotis, limpiarme los mocos, darme de comer o tirar por mi cuerpo deteriorado. A eso no quisiera llegar. Así que no me agrada nada la idea de vivir muchos años. Pero, mientras llega el deterioro físico natural quiero disfrutar de las  ventajas que nos dan los años, que no son otra cosa que experiencia. Si hubiese una segunda oportunidad seguro que todo sería distinto.  

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