jueves, 15 de agosto de 2013

UN PASEO POR LA FERIA DE MUESTRAS

Hoy he visitado la Feria, junto con 15.000 personas más, que creo fueron las entradas que gratuitamente repartió el Banco Herrero. El barullo no estuvo mal. He cumplido con  el ritual del bocadillo y con  la compra de alguna baratija sin importancia. Por suerte, los pabellones que me interesaban ya los había visto en un recorrido  que tuve que hacer por trabajo el día 13, hoy era imposible entrar en ningún sitio, aunque tenía la intención de repetir el stand de Masaveu, su colección de pintura siempre es una maravilla. Esta vez especialmente dos Martínez Abades y un Sorolla, además un Evaristo Valle que ya conocía y que nunca acabó de convencerme. También me hubiese gustado pasar otra vez por la exposición del Banco Herrero -que ya sé que ahora hay que anteponer Sabadell-, una original muestra de las posibilidades de utilizar objetos reciclados. Y, por supuesto, la máquina de UNICEF, que en vez de expender refrescos o tabaco, como suele ser habitual en este tipo de artilugios, por unas pocas monedas suelta en el cajetín un sobre que equivale a una vacuna para un niño, un plato de comida, unos lápices para su escolarización... Ha sido todo un éxito y la recaudación que será duplicada por el  banco ya mencionado, Herrero, se destinará a paliar las necesidades de la infancia, que son cada vez mayores. 

Familias enteras pasaron hoy por la Feria, y muchos, muchos niños. Había colas para casi todo: recoger una gorra, una bolsa de plástico, un... lo que sea, con tal de llevarse algo. Algunas personas junto con ese recuerdo material esperaban para hacerse una foto, con la momia en el pabellón de Egipto o en un tanque de guerra de los que llevó a la feria el Ejercito de Tierra. Una cosa casi enfrente de la otra. Un país a punto de entrar en guerra civil y un ejército dispuesto a salvar la patria perfectamente equipado en armas. Todo huele a muerte. Y lo más curioso es que los padres ponían a sus hijos a hacer la cola que se hiciesen la foto con un arma simulando que disparaban. Yo no lo hubiese hecho nunca con un hijo/a, nieto/a. Pero ahí estaban alentados por sus padres para que disparasen. La imagen de un pequeño detrás de esas armas -en lo que no era más que un juego- me recordó los cientos de niños obligados a ser soldados y entrenados para matar. No me gusta esa foto. 


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