domingo, 28 de agosto de 2011

Pues sí, hoy ha sido el último domingo que estaré de vacaciones. El día uno me incorporo de nuevo a mi puesto de trabajo. Y, si soy sincera, ya me apetece, no ha sido éste un verano especialmente bueno. Más bien, todo lo contrario. Y no lo digo sólo por el mal tiempo –que también- sino porque creo que yo misma lo he estropeado con mis desacertadas decisiones. Por razones que no vienen a cuento, y que prefiero olvidar, es el primer año en unos cuantos que me quedo en Gijón todo el verano. Se han concatenado una serie de circunstancias que han dado al traste con mis proyectos estivales. Me las prometía –o me las prometieron que no sé muy bien si fue uno u otro- muy felices, con salidas cortas: Candás, el campo, alguna playa cercana, una cena informal, salidas nocturnas de vez en cuando… Y todo quedó en una visita a conocer el Niemeyer –por cierto un día de frió y viento-, algunas cervezas en la cafetería delante de mi casa y muchas horas de paseos en solitario esperando una llamada. Como, además, el tiempo no colaboró pues no pisé más que un día la playa –que se dice pronto-, y esa alegría que acostumbro a sentir en verano se me fue volviendo tristeza. Por eso tengo gana de empezar de nuevo a trabajar, tengo necesidad de encontrarme con la gente de siempre, necesito reír, necesito que no me digan a todas horas porque no conviene lo que digo que hablo demasiado (aunque me pase un poquito, nada es más gratificante que la conversación) , o que no todo el mundo es, ni piensa, como yo, necesito volver a ser yo misma, con todos mis defectos encima. No quiero ser de otra manera. Entre otras cosas, porque he comprobado que ir de “perfecto/a” es terriblemente aburrido y triste. Alguien lo dijo en una ocasión de mí, que era como un diamante en bruto. Lo acepto, lo de diamante digo –a nadie amarga un dulce-, pero, por favor, que no me pulan, que no lo intenten. Nunca podré ser una mujer florero. Soy incómoda, porque mal o bien, pienso. Decía Fernando, que era un hombre sabio y bueno –tal vez por eso Dios se lo ha llevado tan pronto- que para ser feliz había que rodearse de personas inteligentes. Con él lo era y con algunos/as otros amigos también, ¿estaré perdiendo el olfato? De una cosa sí estoy segura: de haber estropeado este verano. Menos mal que a la vuelta de la esquina está el invierno y volverán, no me cabe la menor duda, las risas, las complicidades, los/as amigos con su palabra amable, con…, todas esas cosas sencillas que vuelven la vida agradable.

1 comentario:

  1. ¿Que fue del cafe que me prometiste en vacaciones porque tenias en invierno mucho trabajo?
    ¿Seguiré esperando?
    José Antonio V.

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