martes, 22 de febrero de 2022

DESDE AVILÉS A GIJÓN POR EL TRANQUERO, artículo de ÁNGEL AZNÁREZ (publicado en La Nueva España el 24 de diciembre de 2021)

         

                           (En Gijón, Casa Rato, naturalmente)

 

            En recuerdo a Alfonso Peláez, compañero de tertulia en Gijón

 

Tren del Ferrocarril de Carreño (Avilés-Gijón)

         Escribieron los teólogos cristianos y los rabinos judíos -de esto saben mucho y si no saben no importa- que Dios no gusta de llanuras o de planicies, prefiriendo crestas y picos como los del Sinaí. Por eso mandó que unos predicasen en su nombre desde lo alto de púlpitos barrocos y que otros moralizasen sin saber, célibes, desde tarimas elevadas sobre asuntos de casados. Y, también, por eso –es lo principal- el mismo Dios colocó el Cielo en lo más alto, arriba y azul, cosa de ángeles, y el Infierno en lo más bajo, abajo y rojo, cosa de bomberos. 

Oviedo y Avilés son ciudades divinas por ser de mucha cuesta y picos, de sube y baja; también Gijón es divina, al tener que subir mucha cuesta para llegar al Coto o a Begoña, de raquítico jardín. Oviedo, donde nací; Gijón, donde nacieron mis hijos; Avilés, donde usé por primera vez la razón, son los tres vértices-ángulos de mi triángulo equilátero, con mirada recta de Dios, como Dios manda, ni a lo bizco ni a lo bisojo. Y procuro controlar las nostalgias de las tardes grises con paseos por alguna de las tres ciudades, reales o mágicas, tapado con un capuchón, aunque ligero como una pluma; y la nostalgia, en justa medida, frena la estupidez.

Carreño de Gijón a Avilés


  De mucho subir en Oviedo, desde la Plaza de la Escandalera, abajo, la del gran escándalo de la Caja de Ahorros de Asturias, tan presente allí, con esa gran pared que espera ya nuevo letreropara que lo vean los “un pelín rojos” del Gobierno, hasta llegar al “Campo de Maniobras”, arriba donde hubo solares que fueron de SEDES (edificio SEDES), antes rica, hoy pobre. Y de mucho bajar en Avilés, desde Galiana, pasando por San Nicolás, el “Parche” y Rivero, hasta llegar a la Estación del Ferrocarril de Carreño, a coger el tren/tranvía para viajar a Gijón. Y antes, a medio camino en la bajada, estaba la “cochera” de tranvías (de Avilés). 

También a los garajes de tranvías de Oviedo, que estaban en Pumarín, y de Gijón, que estaban enfrente del Bíbio, se les llamó cocheras, por la razón poderosa de que los tranvías, más que tales, eran coches, lo cual fue muy propio del dandismo tranviario que existió. Se decía que un inglés, no hortera (hay muchos horteras, ingleses y asturianos), jamás subiría al sleeping-car del Orient-Express, llamando vagón, pues vagón era para el transporte de animales: las personas se subían a “coches” (cars) o a “carrozas” (carrosse), nunca/jamás a “vagones”.

Vagones de el tren Carreño


Se decía que el viaje desde Avilés a Gijón, en el Carreño, era por ferrocarril, pero no parecía ser así, pues el transporte se hacía en una unidad eléctrica (Odessa), con dos aparatosos pantógrafos, seguida de remolques como jardineras, teniendo la unidad un aspecto más tranviario que ferroviario. Y todo el trayecto se hacía por los tranquilos prados de Carreño, de mucho vacuno, y así hasta llegar, después de Candás, al llamado “Tranquero”, entre Perlora y Xivares, donde la Odessa y sus remolques danzaban, como trapecistas de circo ante el espacio vacío, desafiando la gravedad que arrastraba hacia abajo, circulando por acantilados abismales, con precipicios mortales, caso de caer abajo, en la playa del Tranquero. 

Mientras los viajeros adultos cerraban los ojos y se inclinaban hacia el contra/rail o tercer rail de la derecha como para protegerse (bajando a Gijón), al pasar por “El Tranquero”, los niños, insatisfechos, querían el más difícil todavía, pareciéndoles todo poco –en todo suicidio siempre hay, desgraciadamente, algo o mucho infantil-. Y escribiendo ahora sobre aquella mañana de viaje, me acuerdo de Pipo Prendes y de su canción sobre el Ferrocarril de Carreño, en homenaje a las esforzadas paisanas, las bañugueres, que en Avilés descendían del Carreño, cargadas de mariscos, de Bañugues, para abastecer a la Sidrería Casa Lín, fundada en 1890, situada cerca del Parque, en Avilés, de olor a virutas y a mariscos. ¡Qué desigualdad entre los que comían centollos y los que comíamos la escasa carne de los bígaros, muchos bígaros, sacando la “carne” con alfileres!  

Y cantó Pipo Prendes: “Vías que trasportan sueños en nuestro tren, vidas e ilusión. “Bayugueres” que van a vender tesoros del mar hasta Avilés. Nuestra casa, nuestro tren, nuestro Carreño, nuestro tren”. Se recomienda ahora ver el magnífico programa de la TPA, emitido el 23 de octubre de 2019, sobre el Ferrocarril del Carreño).

Calle de Avilés , que tanto se parece a las calles portuguesas


Cerca de Gijón, ciudad de merenderos, ya en Veriña, estaba el romántico “parque o merendero Venecia”, junto al río Aboño, de plácidos paseos en barca y piraguas, todo luego destruido por unos delincuentes nuevos ricos, de fábricas y de negocios. Ya en Gijón, cerca de la llamada Estación del Carreño, se veían el edificio de “Posadas Maderas y los humos de la Fábrica de Moreda. A la derecha, cerca de Marqués de San Esteban, estaba el estanco, de Tabacalera, enfrente de la Estación de Renfe, muy cutre, pues una cortina de plástico, grasienta y de color verdoso, separaba la cocina del despacho de tabacos, entonces “Peninsulares”, “Celtas”, ”Ideales” y “Bisonte”, oliendo todo a fritura de chicharros o a vahos de eucaliptos. 

Dibujo que no es de Casa Rato, en Gijón, aunque pudiera serlo por el "glamour"


Destino en Gijón fue Casa Rato, en la calle Corrida, de Gijón, tienda de ultramarinos, aunque de categoría y sin verdulería, y cafetería/pastelería para selectos y selectas. El espectáculo allí era continuo, pero más, si cabe, en la tarde del Corpus, después de la procesión de las niñas vestidas como verdaderas novias y de los niños como falsos marineros. Y recuerdo a las dependientas de Casa Rato, casi con mantillas, con unos mandiles de color negro, con medias de alivio sujetas al pernil por ligas elásticas.

En la misma calle Corrida, en Radio Norte, que estaba saliendo a la izquierda, se podían comprar discos: que unas compraban los de Sara Montiel, El último cuplé o La Violetera, que otros preferían escuchar en el “picú” la Piccolissima Serenata de Renato Carosone.

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viernes, 4 de febrero de 2022

VIAJANDO EN LA BARCA DEL AUTOBÚS, artículo de ÁNGEL AZNÁREZ (publicado en LA NUEVA ESPAÑA 11 de diciembre de 2021)

                                     (En Avilés)


Para empezar, hagámoslo sin rodeos: para escribir bien hay que ser, como Umbral, hijo seguro de madre e incierto de padre por no estar registrado en el Civil -los padres son inseguros y por eso están inseguros-. No es asunto de reyes, en exclusividad, lo de matar al padre. A los escritores verdaderos también siempre estorba el padre, que está en la alcoba junto a mamá. El escritor Martín Garzo acaba de describir el misterio de la llamada Creación: “La figura de la madre es el acto fundacional de la literatura, es el momento en el que el niño se tiene que ir a la cama, y en ese momento oscuro y siniestro cuando se le pide que se quede solo, quiere que el adulto le cuente una historia”.

Dicen que Proust, al que tanto molestaba el padre, al preguntarle para qué o por qué escribía, se carcajeaba a la manera judía, encogiéndose de hombros. Y dicen que Umbral, faltoso de padre y luego de hijo, dijo que escribía para cantar, como “coser y cantar”, entre el encanto y asombro con hipo, al principio, y el desencanto, con bostezo, al final. Y sin que los “creadores” deban olvidar a ese Quevedo salmantino del siglo XVIII, autor de pronósticos y almanaques, apellidado Torres de Villarroel, que escribió: “Yo bien sé que alcanzo más y discurro mejor, que lo que dejo escrito”.   

Torrijas no de la confitería Galo, aunque podrían serlo

Llegar a merendar “marañueles” en Avilés, podía ser de duro viaje, que comenzaba subiéndose al ALSA, de varios pisos, con parada en la calle Cabo Noval de Oviedo; subir con pasamontañas como rusos y con gafas de motorista a la baca del autobús, por la escalera, y trepando como trepan los monos por los árboles en la selva, para sentarse ya, arriba, en un banco de madera, recibiendo aires, todo lo cual podía ser una odisea como la de Odiseo. Y así, tiritando, hasta llegar a la parada de “Los Luarcas”, enfrente del Parque, en Avilés, en la prolongación de la calle La Muralla, dejando a la derecha el Café Colón. 

Por llegar de esa manera a Avilés, podía decirse que no es el viajero el que llega, sino que es el mismo paisaje el que viaja, sabiendo mucho después que Paul Morand, esteta y muy de derechas, había escrito que “viajando, el gris se convierte en rosa”. Y luego había que caminar, en Avilés, junto al “Galé de abajo”, en La Muralla, saludando a doña Josefa, enfrente del acceso al mercado, para llegar hasta el “Galé de Arriba” (Confitería), en la calle La Cámara (hoy tienda de marca internacional de perfumes y cosmética), y saludar a doña María, que, al final entregaba, como un trofeo, la ansiada y golosa marañuela, la de Avilés, no la de Luanco ni la de Candás. Doña María, la de Galé, era la que envolvía los pasteles con el papel enrollado y dibujos de la casa; era la que colocaba los palillos, unos tiesos y otros doblados para que el envoltorio no deformase la pastelería blanda; y era la que ataba las docenas con la cinta pastelera, unas veces roja y otras azul.

        

EL PARQUE DE AVILÉS

 El obrador de la Confitería Galé, que miraba a la calle estrecha, siempre llamada “de los Cuernos” (hoy Alfonso VII), calle separadora de la Confitería, de la oficina de la Caja de Ahorros, era largo y complicado como un laberinto. Allí, el sobrino de Josefa y María, por no esquivar una columna del obrador, convirtió en un 8 la rueda delantera del triciclo, el mío, causante de pena y tristeza; a partir de ese momento, para mí, el 8 nunca significó un notable alto, sino que fue el número del adefesio, de eso que los curas llaman pecado, que ni las marañuelas consolaban. Se armó la de Dios es Cristo, pues es aquel momento la omnipotencia infantil desapareció.

Las marañuelas, como en el caso de las magdalenas de Proust, que  “parecían tener por molde una valva de concha de peregrino”, hacían bullir en mi mente dulces gustos a limón y a anís, como los vahos de eucaliptos en la pota colorada y, aspirando, curar catarros. Pero el jaleo no fue sólo por lo pastelero, también fue por lo del “carrito” de los helados, de Los Valencianos (los Valencianos de Gijón eran otros) estacionado el “carrito” en el Parque, dejando ver su fondo de oscuro, frío y cóncavo, como la quijotesca Cueva de Montesinos. 

CALLE DE LOS CUERNOS

En el fondo de la cueva o “carrito” se guardaban las rectangulares barras de helados para vender por cortes, a dos pesetas cada corte. Especialidad exclusiva de Los Valencianos de Avilés, nada parecido en Oviedo (Verdú y Los italianos) ni en Gijón (Verdú, Los valencianos, Los dos hermanos y La Ibense), era el helado de menta, de un color muy verde, como verdes eran los azulejos del Café Colón, enfrente. ¡Qué ruido, el del cuchillo largo del heladero, penetrando por entre los hielos verdes, y colocarlos luego entre galletas, de mucho chupar!

Cerca estaba el amarillo tranvía, con jardinera, pronto a partir hacia Piedras Blancas, llegado de Villalegre, que descendía por la izquierda de la calle La Cámara, girando luego en ángulo recto a La Muralla, y quedando estacionado junto al Parque, entre dos impresionantes cúpulas, la de Banesto y la principal del quiosco de la música, rodeada de cuatro más pequeñas como pagodas. El conductor del tranvía siempre iba adelante y de pie, y el cobrador, siempre detrás. El conductor, con la mano izquierda, giraba el manubrio o manivela de las marchas hacia la derecha, y sujetaba con la mano derecha la rueda negra de frenar, al tiempo que pisaba con el pie derecho el “rin-rin”, de la bocina. 

EL CAFÉ COLÓN HOY

El cobrador llevaba un cabás hermético de madera, con gomas, como las de los practicantes, y en él guardaba los billetitos de papel, títulos para el transporte, muy bien colocados; se oía el “cloc, cloc” de cerrar, antes de tirar de la cuerda del techo para avisar al conductor de que iniciase la marcha. Se llegaba a Piedras Blancas, dejando atrás Salinas y los arenales, de olor a pino. En Avilés quedaban las lanchas a motor que transportaban a avilesinos, cruzando la Ría, de olor a mar y algas, hasta llegar a la peligrosa playa San Balandrán. En San Juan de Nieva se veían los humos blancos de mucha combustión de las máquinas poderosas de la RENFE, con maquinista y fogonero, las cuales sudaban, lanzaban carbonillas y hacían maniobras.

Hija de la Caridad

         Desde la terraza del primer piso del café Colón, como en Venecia, se olfateaban, al mediodía de los domingos, los aromas de vermouts de solera, el célebre vermout del Colón, más celebre que el de La Paloma, en Argüelles (Oviedo). Por abajo, desde la terraza del café, se veían pasar a monjas emparejadas, cuyas tocas, de pajarería blanca, eran como alas almidonadas, llamadas Hijas de la Caridad, conocidas como las monjas gaviotas, las mismas que las del Hospicio de Oviedo o las del Colegio La Milagrosa, en la calle ovetense de Gil de Jaz. 

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martes, 25 de enero de 2022

EL ARZOBISPO DEL ORDINARIATO MILITAR DE ESPAÑA, artículo de ÁNGEL AZNÁREZ (publicado en "Religión Digital" el 16 de enero de 2022)

 

           


 Con carácter previo al fondo del asunto, varias cuestiones: 

 

A).- Un total de seis artículos, llevando el primero la fecha de de 23 de mayo de 2021 y la del 7 de agosto de 2021 el último, escribimos aquí, en Religión digital, manteniendo en ellos una oposición, con bases jurídicas, al nombramiento por el Papa del Vicario “general” castrense, si tal nombramiento se hacía tomando como base lo dispuesto en el Acuerdo Iglesia-Estado de 28 de julio de 1976, al que se remite y cita expresamente el Acuerdo Iglesia-Estado de 1979 sobre asistencia religiosa a las Fuerzas Armadas. Se escribe mucho de los Acuerdos de 1979 y se quiere tapar o esconder el vigente, franquista, de 1976. 

 

Base de tal nombramiento por el Papa -que se impugna aquí- es el previo llamado “Derecho de Presentación” del Rey de España, manifiestamente contrario a la Constitución vigente de 1978, así como  a la legislación de la propia Iglesia Católica (documentos del Concilio Vaticano II y Código de Derecho Canónico), que son obligatorios hasta para el Papa mismo. 

 


B).-
 No se me oculta la gravedad del asunto, pues en ese nombramiento están implicados el Papa, el Rey de España y el Gobierno español. Y las consecuencias son de mucho más calado que una simple disputa, puntual, en el Ministerio de Defensa por pretendidos “artificios”· de la Ministra, relacionados con el Ordinariato militar de España.

 

C).- Nada hay de personal en todo ello, pues el nuevo Arzobispo de esa peculiar diócesis personal, a la que pertenecí, la de los católicos de los tres Ejércitos, la Guardia Civil y la Policía Nacional, merece mi respeto y consideración, además, apellidándose como se apellida, y compartiendo procedencia navarra. Pero decir: “que mi nombramiento sea a propuesta de la Casa Real y del Gobierno, no significa necesariamente que sea negativo", es inadmisible y atenta contra la sensibilidad de muchos ciudadanos españoles. 

 

 


Y ya en el fondo del asunto o affaire

 

I.- El artículo Iº del Acuerdo Iglesia-Estado de 1976, que debería  merecer una detenida lectura por las continuas referencias en el texto a Leyes de Franco, dice: “La provisión del Vicariato General Castrense se hará mediante propuesta de una terna de nombres, formada de común acuerdo entre la Nunciatura Apostólica y el Ministerio de Asuntos Exteriores y sometida a la aprobación de la Santa Sede. El Rey presentará en el termino de quince días, uno de ellos para su nombramiento por el Romano Pontífice”.  

 

No consta que hasta la fecha, al día de hoy, el Rey de España haya renunciado a ese privilegio, tal como renunció el Príncipe Raniero de Mónaco, habiéndose celebrado en la Catedral monegasca, con asistencia del Secretario de Estado vaticano, cardenal Parolín, la Misa de Acción de Gracias el pasado 18 de julio de 2021, por cumplirse el cuarenta aniversario del Convenio firmado entre la Santa Sede y el Principado de Mónaco por el que Raniero III renunció al “Derecho de Presentación”. Y eso, añadiría, que tiene mucha gracia, pues la Constitución de Mónaco, a diferencia de la española de 1978, declara que la Religión Católica es la oficial del Estado monegasco. 

II.- Al minuto diez del inicio de “la toma de posesión”, en la mañana del día 9 de enero, de la cathedra de la Catedral castrense, en la madrileña calle del Sacramento, el capellán don Serafín Martín, Secretario General del Arzobispado castrense, por mandato del Nuncio de Su Santidad, don Bernardito o don Bernardino, leyó las Letras Apostólicas de nombramiento. Esas Letras, fueron firmadas en Roma, Laterano, el 15 de noviembre de 2021, y por ellas, Francisco nombró al nuevo arzobispo castrense, con indicación de que tal nombramiento se hacía teniendo en cuenta “la plenitud de nuestra autoridad apostólica” (habiendo imperativo Derecho de Presentación por las autoridades civiles eso de “plenitud de nuestra autoridad apostólica” es hablar por hablar o predicar por predicar).

 


            III.-  Tal nombramiento, de acuerdo con el Acuerdo de Iglesia-Estado ya mencionado de 1976, habrá conllevado, con carácter previo, la presentación al Papa del nombrado por parte del Rey de España. Ese acto de presentación por parte del Rey de España, bajo sanción de nulidad,  teniendo en cuenta lo dispuesto en el artículo 64 de la Constitución española, tendría que llevar el refrendo del Presidente de Gobierno. En una Monarquía parlamentaria, las excepciones al refrendo son de interpretación estricta. No dudamos que el refrendo actual, de Pedro Sánchez constará como constó el refrendo del Presidente Aznar en el nombramiento de Monseñor Francisco García o el refrendo del Presidente Zapatero en el nombramiento de Monseñor Juan del Río.

 

         IV.- El anterior Arzobispo castrense, Juan del Río, tomó posesión de la cathedra de la “catedral castrense”, el 27 de septiembre de 2008, habiendo sido publicado en el BOE la concesión del grado militar de General de División, Real Decreto 1573/2008, de 19 de septiembre, el día 20 de septiembre de 2008. Y más atrás: Monseñor Francisco Pérez, que tomó posesión de cathedra de la “Catedral castrense” el 11 de diciembre de 2003, el Real Decreto de nombramiento de General de División, fue publicado en el BOE el 4 de noviembre de 2003.

 

         Y una de las peculiaridades de ahora, es que el nombramiento de General de División de Monseñor Aznárez  sigue sin publicarse en el BOE, con las consecuencias inherentes a esa omisión, económicas y no económicas, acaso porque falte el previo conocimiento del Consejo de Ministros, tal como se puede leer en los Reales Decretos referidos a don Francisco Pérez y a don Juan del Rio. 

 

V.- Pero no nos confundamos ni  confundamos a terceros. Sabidas son las presiones ejercidas por eclesiásticos españoles y romanos a la Presidencia de Gobierno para que se procediera al nombramiento por el Papa, cumpliendo los requisitos de los Acuerdos Iglesia-Estado. Los mismos que aplaudían y asistían gozosos a lo de Mónaco, para aquí mantuvieron lo contrario. ¡Cosas de clérigos! Al fin el Presidente de Gobierno refrendó el acto del Rey de España. 

 

La incomodidad, por razones políticas y de cohesión gubernamental y parlamentaria, quiso frenarse, haciendo que el nombramiento del Vicario General estuviese alejado del Gobierno lo más posible, como si nada fuera con él. Pero eso es una mentira o falsedad: farolillos como los de verbena, pompas jabonosas y tintas de calamar. Y el mayor escondite no está en las “peripecias de la Ministra, sino en el ocultamiento del refrendo presidencial, previo al nombramiento papal.

 

Suerte que tiene el Gobierno que de esto nada dirán ni los del Partido Popular ni los de Vox. 

 

VI.- En nuestro artículo, publicado aquí mismo, el siete de agosto de 2021, ya escribimos: “Se hará sin duda, lo que convenga al Poder, de terribles fauces y tragaderas, tal como siempre se hizo, aunque haya que hacer saltar Concilios y Constituciones. Nos quedará, en tal caso, el examen detenido del Real Decreto de Nombramiento (de General de División), una vez se publique en el BOE, que habrá de ser cotejado con el Real Decreto 1573/2008, el cual, por vierto, contiene una mutatio veritatis, con resultado de desconfianza”. Y por si acaso, lo mejor es no publicarlo y punto.

 

Que los del PSOE y los demás que van de laicos se enteren. A veces en lo secreto se esconden mentiras, estupideces e hipocresía. Y lo que se quiere secreto, no debe ser publicum. Y algunos del  Medievo que escribieron del Deus absconditus, recuerdan a algunos demócratas de ahora. 

 

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martes, 11 de enero de 2022

LA DEMOCRACIA SEGÚN EL PAPA FRANCISCO, artículo de ÁNGEL AZNÁREZ, publicado en "Religión Digital (12/12/2021)

                  El discurso en Atenas y lo del vuelo a Roma

                                            2ª Parte

         I.- Introducción:

Los Papas suelen ser cautelosos con la democracia; ni escriben ni hablan mucho de ella por los acasos, siempre prudentes; acaso (a) porque desde el Vaticano, desde la perennidad deseada, pudiera ser de riesgo apostar por temporales, conceptos de ciencia laica; acaso (b) porque insistir en lo democrático animaría a leer la Ley Fundamental del Estado de la Ciudad del Vaticano, promulgada por San Juan Pablo II el 26 de noviembre de 2000, y se recordase que tal Ciudad-Estado está gobernada por un papa autócrata, siendo esa Jefatura del Estado la de un papado monárquico y absolutista. El artículo 1º de esa Ley Fundamental lo dispone sin ambages: “El Sumo Pontífice, Soberano del Estado de la Ciudad del Vaticano, tiene la plenitud de los poderes legislativo, ejecutivo y judicial”.



Eso ya fue denunciado en varias ocasiones, y hace ya un tiempo, en 2010, desde que el cardenal Tarsicio Bertone, Secretario entonces del Estado del Vaticano, en la antigua Silesia alemana, explicara la indivisibilidad del Poder en la Iglesia. Y tratándose de un Papa, evangélico y creíble como es Francisco, es de tener en cuenta que la categoría política de “monarquía absoluta” no se borra con la anécdota del género, que está en la página 69 de su libro Soñemos juntos: “Es algo que me ha preocupado en Roma: cómo integrar mejor la presencia y sensibilidad de las mujeres en los procesos de toma de decisión en el Vaticano”. 

Democracia, que además de ser un concepto político, es también social (Democracia social), que ha de formar parte de la llamada “Doctrina Social de la Iglesia”, y que es, como ha escrito Martin Schalag, la dimensión social de la fe cristiana, del Evangelio mismo, que es Palabra de Dios. Y una “Doctrina Social”, que es teológica y filosófica (moral y política), ahora muy zarandeada y/o activada por la procedencia latino-americana, argentina, del Papa reinante, de mucha originalidad, opuesto al tradicional eurocentrismo papal concluso en 2013. Y Bergoglio llegó a Roma cargado con documentos de las asambleas generales del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM).   

II.- Pío XII:

El Papa que se explayó sobre la Democracia fue Pío XII, intransigente anticomunista y germanista, que, en el Radiomensaje de 24 de diciembre de 1944, hizo loas a la Democracia, cuando ya resultaba evidente que el comunismo, por una parte, y las democracias aliadas, por la otra, habían derrotado y sepultado al nazismo germánico. En ese radiomensaje, titulado Benignitas et humanitas, el Papa Pacelli, en la parte V (“Cruzada de Caridad”), dijo: “Ni menos alabanza y agradecimiento Nos place tributar a la generosidad del Jefe del Estado, del Gobierno y del pueblo español…” 

Ese Jefe de Estado se llamaba, es notorio, Francisco Franco, y  cabría preguntarse si en el año 1944, el Papa sabía lo que estaba ocurriendo en la España ganadora de la Guerra Civil, considerada por la alta clerecía como “Cruzada”, no siendo, precisamente, lo que ocurría por la generosidad del Jefe del Estado español. Otra prueba más de la visión y gestión, al menos muy discutibles, del Papa Pacelli durante la II Guerra Mundial. Y quien esto escribe, el autor del artículo, no es comunista ni filocomunista. 

En cualquier caso -me apresuro a añadir- los partidarios de que Pacelli sea santo, no han de desesperar, pues es posible que lo acabe siendo, como beato fue declarado el endiablado Pío IX, en el año 2000. Cuestión diferente será el natural descrédito, otro más, nada recomendable en tiempos muy graves de secularización aguda. 



III.- El Concilio Vaticano II:

Es llamativo que en el Concilio Vaticano II, el “pastoral” (y no el “dogmático” como fue el Vaticano I), y del “aggiornamento” para la adaptación de la Iglesia al mundo actual, en la Constitución, Gaudium et spesde 7 de diciembre de 1965, sobre la Iglesia en el mundo actual, la palabra democracia no haya sido escrita; no está o está desaparecida. Eso es interesante, por revelar una cierta desconfianza hacia la democracia por parte de la Iglesia romana, y es llamativa tal ausencia en un capítulo de la Constitución indicada, el IV, titulado La vida de la Comunidad  política, de tanto aperturismo. Tampoco, por cierto, se nombró ni condenó expresamente al comunismo (¡Qué cosas tan de diplomáticos no cristianos!). Sí, por el contrario, quedó claro en el documento conciliar lo siguiente: “La Iglesia no se confunde, de ninguna manera, con la comunidad política y no está ligada a ningún sistema político”.

IV.- San Juan Pablo II:


Años después, en 1991, se publicó la Carta Encíclica de Juan Pablo II, Centesimus annus, sobre la caída del comunismo y la democracia, conmemorando el centenario de la Rerum Novarum,iniciándose el apartado 46 de solemne manera, fijando con precisión lo que es una democracia política: “La Iglesia aprecia la democracia, en la medida en que asegura la participación de los ciudadanos en las opciones políticas y garantiza a los gobernados la posibilidad de elegir y controlar a sus gobernantes, o bien la de sustituirlos oportunamente de modo pacífico”.Recordó el papa, para la existencia de una verdadera democracia, la necesaria existencia de valores, con sólidos fundamentos, con derechos principales, tales como el derecho a la vida, entre otros. Juan Pablo II denunció escándalos en regímenes democráticos, como el aborto y la pérdida del sentido del bien común. Y de la democracia política se pasó a la social. 

V.- La Democracia, según Francisco: 

A.- En Atenas: En el Palacio de la Presidencia de la República (Atenas), el 4 de diciembre de 2021 -ya lo escribimos en la 1ª parte- el Papa Francisco, en un brillante discurso, recordó que allí mismo, en torno a la “polis”, nació la democracia, que es de naturaleza compleja, frente a las simplezas del autoritarismo. Denunció que esté retrocediendo, habiendo sobre ella un escepticismo generalizado. Y Francisco recomendó la participación y la política, que es “cosa buena”, antes de calificar de “tesoro” a la democracia, uno de los elementos de su humanismo renovado, como escribimos en El llamado humanismo renovado.


B.- En el vuelo de regreso a Roma 
(6 de diciembre)Francisco repitió lo de tesoro, “tesoro de la democracia y de la civilidad”, señalando con farragosidad, los dos grandes peligros antidemocráticos: el que llamó populismo, diferente del popularismo, y el de los gobiernos supranacionales. Populistas que, según el Papa, fueron los nazis, no los de Yolanda  Díaz, y para exponer lo del otro peligro, recordó a la novela de un tal Benson (1903). 

No fue tan brillante el Papa, improvisando, en el vuelo de regreso. De lo a mi juicio, poco conveniente ni entendible, explicado por el Papa en el vuelo, sobre la dimisión del Arzobispo de Paris, nada debo aquí señalar, pues el propio Arzobispo de París, nada respondió sobre su asunto al despedirse de su Archidiócesis el 10 de diciembre último. 

Se refirió Francisco, en el vuelo, naturalmente, a la sinodalidad, que es muy democrática, pues syn-odos, es “caminar juntos”. Y concluyó con una evidencia de mucha sensatez: “No soy político de ciencia, hablo según mi parecer”, pareceres que pueden ser muy importantes y trascendentales viniendo de un Papa, Vicarius Christi 

C.- En el libro Soñemos juntos y en sus encíclicas sociales, Laudato si y Fratelli Tutti. 

En sus escritos, el Papa Francisco no menciona expresamente a la democracia política ni a la social, pero han de entenderse implícitas en su concepto de Doctrina Social por ser exigencias evangélicas. Exigencias evangélicas que han de ser la de la conciencia ecológica de los cristianos, la solidaridad, el destino universal de los bienes y la función social de la propiedad, las exigencias de fraternidad y de participación en lo común. Y exigencia evangélica es la crítica radical al laissez-faire, al neoliberalismo y al mercado, denunciando, con razón, el error consistente en estimar que lo que es bueno para el mercado, lo es para la sociedad entera. Tierra, Techo y Trabajo encabezan el cierre el libro Soñar juntos y que se reiteran en las llamada por él “encíclicas sociales”.  

Un texto, el de ese libro, cuya posibilidad –no hay nada más individual y personalísimo que el “soñar”, jamás compartible-, sólo es metafórica, pero que no impide una llamada a la radicalidad, más propia del Continente Sudamericano que de  Europa, experta en un concepto frío y procedimental de Democracia. Efectivamente es muy actual, con la mejor teoría de la ciencia política, la distinción entre una democracia instrumental o procedimental y otra sustantiva o material, que haga disminuir las desigualdades económicas y sociales. 

Habrá de reconocerse: 1.- Una querencia por parte de la Iglesia, que preside el papa Francisco, hacia las élites, más hacia los ricos que a los pobres, y respecto a los que se aprovechan del medio ambiente para acabar con él. 2.- Son indudables los beneficios de la personalidad internacional para la Santa Sede, que datan de 1929, pero eso mismo debiera obligar a realizar adaptaciones en la llamada “Constitución política”, tal como ya ocurriera con los cambios financieros impuestos por la comunidad internacional en la pasada década. Se trataría de que ciudadanos europeos, del Estado de la Ciudad del Vaticano, no queden desprotegidos.

                                          

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miércoles, 29 de diciembre de 2021

EN LA MALLOR, CON QUINA O SIN QUINA, Y LUEGO, CON "LES MARAÑUELES" EN AVILÉS, artículo de ÁNGEL AZNÁREZ (publicado en "La Nueva España, 27 de noviembre se 2021)

 


Cuando estoy en Oviedo, visito la Librería Cervantes, creyendo que allí está escondido el espíritu de Conchita Quirós, aburrida de contemplar a Dios, pues no hay duda de que Conchita está en el Cielo como los angelitos: Angelitos negrosque cantó el morenito Machín. A raíz de la última crónica, Los animales también cuentan, que fue de perros, ahora las gatas, de portentoso aparato reproductor, surgen por doquier, desafiando el exclusivo amor canino a Jerry, mi bodeguero. Leo al cretense Kazantzakis y en él acaricio las gatas de angora, alimentadas con chicharros del Mar Egeo, comprados ex professo, por el poetaen el mercado central de Heraclión. Y hace unos días, en la Librería de Conchita, encontré un tratado sobre Las opiniones filosóficas de un gatode un loco llamado Hippolyte.  

        


 
Luego voy a Milicias Nacionales para merendar en la terraza de la ahora denominada “La Mallor”, denominación que me crea problemas gramaticales, pues si a la Mallorquina se quita la quina, queda “La Mallor”, que es una falta ortográfica colosal. Recuerdo en la puerta de la pastelería al repostero don Federico, padre de padres y genio de la confitería ovetense, leonés que no maragato; de él, del “yemas”, se decía que por sus dedos, de las yemas amarillas, superiores a las de Ávila y Almazán, unas veces salían oros y otras carbayones. Nunca supe los apellidos de don Federico, ni interés tuve, pues decir don Federico era nombrarlo todo. Y Federica fue el nombre de otra pastelera, ex/reina de griegos y del gatuperio helénico, de los “royal”.  


Don Federico
 parecía grande por ser los que le escuchaban pequeños. Gracias a las lecciones de Geografía Universal (2º de Bachillerato en Los Maristas de Santa Susana) del profesor J. M. Martínez Cachero las Islas eran lugares de fantasía; o sea, que la “Mallorquina” era para mí un inmenso y fascinante “Galápagos” pastelero. Allí, como en la Academia de Platón, don Federico explicaba a los admirativos oyentes los muy viriles que eran los bartolos y las muy femeninas que eran las glorias y las olgas; que si raquíticos eran los petisús y los canutillos, gordas eran las bombas; de los milhojas decía que eran hermafroditas, pues unos los llamaba milhojas y otros las milhojas; y continuaba disertando sobre las lenguas para chupar y los cubiletes para jugar a los dados. Yo pensaba en las Vergaras y en el virgen Pionono. Y así hasta que dijimos adiós a don Federico y marchamos a ver los taxis aparcados en la misma calle, delante de Ferretería Lacazetteen batería, siendo el más espectacular el Citroen-pato que conducía un taxista llamado Manolín, que era calvo y botijo. 

Mauricio Wiesenthal en El derecho a decidir escribe: “El dulce se consideraba, en nuestra vieja tradición europea, un pecado. Y precisamente por eso las mejores pastelerías se encontraban en Ámsterdam y en Copenhague, en Viena y en Zurich y en Baden-Baden. Nada como entrar a la hora del crepúsculo  den esas cafeterías donde nuestras dulces abuelas se hicieron novias de sus sombreros escuchando el piano de Gustav Lange y comiendo unos pasteles…inconfesables”. Y todo parece que cambió cuando las monjas, para sobrevivir, hicieron dulces, que eran en realidad polvorones para ahogar a los que los comían o para aplacar a sedientos, muriéndose de eso y no de diabetes ¡Cosas de la perfidia monjil!

Procesión de LA BALESQUIDA

Es verdad y razón tuvo José Juan de Blas al explicar en La Hora de Asturias (Septiembre de 2010) que “el carbayón es un dulce típico ovetense creado por el maestro del obrador José Gutiérrez por encargo de José de Blás, de Camilo de Blás, en 1924, para participar en la 1ª Fería Internacional de Muestras de Gijón”. Parece ser que en aquel obrador también trabajo don Federico, que en 1929 montó su pastelería donde hoy se encuentra; don Federico siempre alardeó, hasta que falleció a finales de los sesenta, de “sus carbayones”, calificados de verdaderos. Es indudable que los carbayones salieron de aquel obrador, del de Blas, pero pregunto: ¿don Federico tuvo arte y parte? Por cierto que los hábitos pasteleros hoy cambiaron; no son como los de antes, a base de paquetitos de docenas, pero eso, don José Juan, no puede significar que las pastelerías de postín, entre ellas, la suya, dejen de hacer pasteles y se dediquen a hacer empanadas; a ser “empanaderías”. No y no.

Y recuerdo los merengues, de fresa y de café, “marrones del África tropical”, de la Confitería pegada a la Cafetería del Kopa Club, con unas formas redondeadas perfectas como gorduras de mujer embarazada, y un Kopa Club al que nunca perdoné que quitara el sitio por el derribo del Bazar San Mateo, el de mucha juguetería. Y un poco más a la derecha saliendo estaban los merengues de Las Dueñas, cuadrados como ellas mismas, con apellido tan pastelero como Lamelas. Antes en Fruela, donde estaba el Bazar La Panoya, hoy está Sogepsa...  

Marañuelas de Avilés

La excelencia pastelera estaba por toda Asturias. Cuando me llevaba a Avilés, a merendar “les marañueles” de Confitería Galé, me ocurría lo que a Proust comiendo magdalenas: “En el mismo instante en que aquel trago, con las migas del bollo (magdalena), tocó mi paladar, me estremecí y un placer delicioso me invadió”. Miraba con admiración a doña María y a doña Josefa, tías de Manolín Galé, rojas de cara, y con moños lujuriosos, femeninos, como adorno de santas, entre tiesos y blandos, jugosos como cerezas, y penetrados, para sostén, por unos ganchos que parecían ganchillos.  

Lo más parecido a aquellos moños, está hoy en el moño que ondea por Oviedo, Ana María Pichel, la madre de mi amigo Luis Olay, desde que sale de su domicilio en la calle Cervantes, con carpetas para anotar rentas y averías de albañiles, y hasta que regresa, calzada con zapatos femeninos, escoñados, que parecen de hombre. Reza y mucho A.M.P. en La Balesquida, capilla de Virgen con tijeras de sastre en las ventanas del primer piso, de la que es sacristán mi amigo Puchi Felgueroso. 

Quiosco de música de Avilés

Es verdad que Ana María Pichel no hizo pasteles, pero aún saboreo su guiso de ternera con patatas fritas, que era como un pastel de mucha dulzura, a finales de julio, con ocasión de las Fiestas de Naves, en Llanes. 

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lunes, 20 de diciembre de 2021

LOS ANIMALES TAMBIÉN CUENTAN, artículo de ÁNGEL AZNÁREZ publicado en "La Nueva España" (13/11/2021)



Delphine Horvilleur es mujer interesante. No diré si interesantes como ella hay muchas o pocas, pues manda el “depende”, y no quiero “cristos polémicos” con ellas, que saben latín y yo sólo griego. La judía D.H. es de las pocas en ser “mujer-rabino”, es decir, no cónyuge de rabino, sino rabino ella misma; nada que ver con la denominada  “sociedad legal de gananciales”, momio o chollo a veces para ella y chollo o momio a veces para él. Lo de la mujer-rabino es tan nuevo que la Gramática, siempre tartamuda en cuestión de género, aún duda si emplear el masculino, rabino, o lo femenino, rabina. Los líos con el género son ahora tremendos.

Las mujeres por su tesón inmenso son muy de empollar y de chapar (chaponas), razón de que haya muchas registradoras como máquinas y notarias como manguitos; pero lo de la judía Horvilleur es, como en el circo, más difícil todavía, pues además de dar fe como las notarias, enseña hebreo en una sinagoga de Paris y practica la exégesis de los cinco libros sagrados que constituyen el Pentateuco. Y el título, el de rabino, Rav, rabbi, rabbin, se lo entregaron en Nueva York unos sabios patriarcas con tirabuzones de ortodoxos ashkenazis.  


Como de Delphine Horvilleur deseo saber mucho, 
no bastándome las entrevistas de You Tube, acabo de regresar de París, donde compré su último libro, titulado Vivre avec nos morts (“Vivir con nuestros muertes”), editado por Grasset este mismo año. Diré que ir a la búsqueda de un libro, puede justificar un viaje o viajes a lejanas tierras, como ir de Misión o a Misiones. El jaleo, no obstante, puede ser inmenso; así cuando hace días aún estaba deshaciendo la maleta, llegado de Lisboa, donde compré, además de la mermelada de calabaza, el Livro do desassossego de Fernando Pessoa, tuve que marchar a Francia a buscar el libro de la mujer-rabino. Y un consejo: A Pessoa hay que leerlo en portugués, lengua de la que dijera Cervantes que es como el castellano, aunque sin huesos e ideal para dentaduras blandas.  


En el libro Vivre avec mes morts, que es una narración en la que se cuentan las experiencias de las diversas oraciones fúnebres en los cementerios judíos, en la página 17, se escribe lo siguiente: “El papel de quien algo cuenta o narra (un conteur) es situarse cerca de la puerta para asegurarse de que permanezca abierta”. Y contar historias en fúnebres momentos, considera Horvilleur que es la función rabínica esencial: prestar un oficio, acompañar y enseñar. Jugar con las palabras, empleando unas en vez de otras resolviendo puzzles o mecanos; el ruido a veces y el silencio a veces de las palabras; el dialogar con los textos; el descubrir por la exégesis sus vueltas y revueltas, eso es la literatura, pasión y arte de muchos, y pasión muy judía, semita (Proust, cronista social, tuvo que ser judío). 


El estar pendiente de que la puerta permanezca abierta, puede suceder al escribir de personas, cosas y de animales, sean semovientes o no, no el de perros y gatos, hoy zascandileados como mascotas. Pensando en estos animales, pasión de solitarios y solitarias, recordando la advertencia de Umbral de que “las amistades que nacen ambiguas nunca se enderezan”, me detengo y repaso lo escrito por mi mismo hasta aquí. Y caigo en la cuenta de que el conjunto quedó como “muy intelectual”, como de catedrático de los de antes.


Resulta que en Oviedo, que es ciudad antropocéntrica, hay colocada una estatua de perro en una calle (el perro Rufo), mientras que en Gijón, que es una ciudad “perrocentrica” no hay estatua de perro. Los niños del “Oviedín del alma”, calzados en Almacenes Generales (calle Santa Cruz) de don Arturo García Pajares Calzados Mami (calle Milicias Nacionales) de don Floro García Díaz, se entretenían con aristocráticos y distantes patos, cisnes, osos y pavos reales en el Campo (San Francisco), atravesando aromáticas y perfumadas rosaledas para llegar a estanques y mirarse como narcisos. No había en el “Oviedín” columpios ni perros, que, en el mejor de los casos, estaban en caserías muy en las afueras, como en El Cristo o en La Manjoya, oliendo a vacas lecheras las caserías, los caseros y los perros. 


Los del “Gijón” no tenían Campo, sino Parque, que suena más que campo, siendo en realidad mucho menos, pues nunca tuvieron osos; sí, por el contrario, muchos perros y columpios. Los barquilleros/as  del gijonés Isabel La Católica, en sus barquillos y galletas, fueron siempre más generosos en mieles que los insípidos del ovetense San Francisco, siendo rojos como de bomberos los bombos de unos y otros, de unas y otras, y encima de los bombos estaban las ruletas de la suerte, que eran como las de Mónaco o de Biarritz. 

Hacer literatura con perros, a base de prosopopeyas, está de moda, no entendiéndolo bien, como no entiendo lo de Delibes en Cinco horas con Mario, pues es inútil hablar con un muerto, y durante tantas horas. Debió ser idea de Carmen Sotillo, que fue “chica de Valladolid” en los años sesenta del siglo XX. Desideria fue la de La pasión turca y era de Huesca.


Jerry, el perro aristócrata y "bodeguero del autor

Y yo también tengo perro, Jerry, aunque no nos hablamos; él me mira como el perro de San Roque mira a la cucúrbita del Santo, y es como si me contara historias. A veces le llevo la contraria, como cuando ladra a lo bestia a mi amigo Cholo Muñiz, que me trae lotería y quinielas, empeñado en que sea “nuevo rico”, lo que rechazo, y que está apuntado en una peña del Sporting, de las federadas, que son de la élite. A Cholo, que es buena gente, pues hasta cree que el Sporting es de él, mi perro, que no es de raza, siendo esa la raza de los bodegueros, le ladra sin parar, acaso por confusión con el antenista o con el del servicio técnico de Vaillant, el arreglador del calentador.

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