martes, 24 de agosto de 2010

LA SEGUNDA JUVENTUD


Es Benidorm un lugar de vacaciones muy del gusto de nuestros abuelos –si así los puedo llamar sin incluirme- pues por edad yo también podía serlo. Pero como no me ha tocado aún pues me permito hablar del tema desde una cierta distancia. Existe, no obstante, una notable diferencia entre ellos y una servidora, ya que aterricé por primera vez en esta ciudad cuando era aún un pueblo pequeño. Es decir, siendo joven. El lugar me gustó, y después, por esas vueltas que da la vida –o que obliga el trabajo- he vivido en ella algún tiempo. La he visto crecer en todas direcciones: a lo ancho y a lo alto. Hoy parece una mala réplica de Nueva York. Hasta tal punto, que el edificio más alto de Europa se encuentra aquí, en Benidorm; y creo ya están construyendo uno mayor todavía. Estéticas aparte, que poco deben de importar a esos abuelos/as que mencionaba al principio, es un lugar donde nuestras personas mayores han sabido por primera vez lo que eran unas vacaciones. No mencionaré a los madrileños, ciudadanos que por considerarse ellos mismos de primera clase, colonizan cuanto visitan. Se puede decir que la playa les pertenece. Pero hay otras personas que han llegado aquí de los pueblos de Castilla, de Badajoz, de nuestra tierra asturiana, de… prácticamente toda la geografía española. Hace años –cuando vivía aquí-, solían ser matrimonios que aprovechando la temporada baja y empujados por sus hijos venían una semana a Benidorm con esos ahorros que siempre guardaban por un por si acaso hace falta. Se les conocía muy bien por su vestimenta de pueblo y por el miedo a sentarse en una cafetería, en acercarse a una diversión; que generalmente veían pegando la nariz al cristal del lugar de la actuación. Travestís como “La Soraya”, María Jesús con sus “pajaritos” y algunos cantantes de segunda fila de cuyos nombres ya ni me acuerdo, trataban de darle un aire festivo a ese incipiente turismo de personas mayores. Y no tardaron en familiarizarse con el mundillo de diversión. Las señoras dejaron de limitarse a mojar los pies en la playa, cambiaron sus ropas –casi siempre negras- por otras de alegres colores, sustituyeron fajas por bañadores, muchas veces no muy acordes con su edad; pero ellas se sentían bien, querían ser modernas. Y en pocos años lo consiguieron. Ahora señoras de edad indefinida, pero entraditas en años, lucen su palmito por las playas de Benidorm sin ningún tipo de complejo, y luego, al llegar la noche, se visten de gala para ir a bailar, para tomar una copa en una terraza, para hablar los de Vitigudinos con los de Sama, o los de Orense con los de Badajoz. Se citan para el año siguiente y, claro, algunos no vuelven. Por eso al llegar lo primero es hacer el recuento de quienes faltan, lamentarse y dar paso pronto a la diversión, porque en el fondo por la cabeza de todos bulle aquello de ¿serán mis últimas vacaciones?Pero aquí lo olvidan todo, se sienten de nuevo jóvenes, aunque tengan que usar el bastón y tomarse unas cuantas pastillas todos las noches. Yo creo que ellos más que nadie se lo merecen, se merecen esas vacaciones que la situación de la España de posguerra les arrebató. Ellos, gente en su mayor parte sencilla, fueron los que trabajando de sol a sol, en la tierra, en las fábricas, donde fuera, sacaron arriba a sus hijos, a su familia. Son merecedores de esta segunda juventud que se les brinda en Benidorm como en ninguna parte del mundo. Y a quien esto escribe no le gusta Benidorm, le parece una ciudad horrorosamente diseñada, tremendamente hortera, por momentos chabacana. Pero si nuestros abuelos son felices, si la vida les puede compensar de esta manera tantos años de sacrificio y ahorro, la considero la mejor ciudad de vacaciones. Así que Benidorm, ni tocarlo. Y que empiece el baile. Añado, que muchas viudas y viudos encuentran aqueí una nueva pareja, pero eso loocntaré en otro momento. Que nadie olvide que por ser viejo uno no debe de perder la ilusión, no hay que morirse antes de tiempo. Si me lees, eres joven y tus abuelos no han pasado por Benidorm procurales unas vacaciones, aunque se resistan, repetirán. Los harás muy felices.

2 comentarios:

  1. Hay un libro de Evtuchenko,creo que se escribe asi , que se titula "No mueras antes de morir" que me resulto delicioso de leer.Pura poesia

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  2. Me gustaría plasmar aquí también mi comentario, pues soy (sin pertenecer a la llamada "tercera edad") asiduo de la ciudad de Benidorm.

    ¿Algunos motivos que me "obligan" a ir a Benidorm de vacaciones?

    Pues sí, por citar sólo alguno: ese calor, algo intenso, que te hace sudar incluso de noche (aquí, en Asturias, ponte la chaqueta, y algo más, por si acaso...). Ese chapuzón en un agua templada, o directamente caliente (aquí en la playa de S. Lorenzo me pongo azul en diez minutos). Ese cosmopolitismo por el que, como si de un gran escaparate se tratara, puedes ver gente de todo el mundo. Y todos con el mismo objetivo de pasar unos días de forma amena y divertida. Que puedes ver bailarines profesionales ejecutando complicadas (para el profano) coreografías en varios discobares de la playa de Levante. Y esos cuerpos (que merecen ser escritos en mayúscula) esbeltos y torneados mismamente por el sol, tanto masculinos como femeninos (así nadie se me enfada, que los hay susceptibles...)

    En fin, que Benidorm me tiene subyugado, y no lo puedo evitar, porque cada vez que paso allí una temporada, me quito años de encima, tal es la vida saludable que nos permite esa bella ciudad de vavaciones.

    Y todo ello a pesar de los "sambenitos" que arrastra Benidorm, como es la facilidad para obtener sustancias psicotrópicas en sus alocadas noches, y el ruido que no nos abandona nunca, como ocurre en todas las ciudades.

    Pero Benidorm es mucho, es lo más.

    PD.: Y de paso que dejo mi coentario, te queda constancia de que sigo el blog, a pesar de que lo tenía olvidado. Entre nosotros, una confidencia: me recordó el blog el haber repasado los marcadores, o favoritos, y ver lo de las mil caras de mi ciudad", que tuve que poner en Google paras recuperar el acceso.

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