viernes, 26 de mayo de 2023

EL ARZOBISPO GÄNSWEIN ENFADÓ AL PAPA FRANCISCO, artículo de ÁNGEL AZNÁREZ ( publicado en LA VOZ DE ASTURIAS el 23 de abril de 2023 y en RELIGIÓN DIGITAL el 24 de abril de 2023)

 

            I.- El libro de Gänswein

En el libro Nada más que la verdad hay un prólogo a la edición española de Francisco Javier Sancho Fermín, en el que escribe: “Un libro que ha sido editado en Italia en un tiempo récord y que ya aparecía impreso en el mes de enero de 2023, cuando la muerte del Papa emérito era aún un hecho muy reciente, el 31 de diciembre de 2022”, y añade el prologuista: “Algo programado para que saliera a la luz de manera  inmediata y aprovechar el tirón editorial del acontecimiento”. El mismo prologuista destaca la cercanía del autor, Georg Gänswein, al protagonista del libro, que es el fallecido Papa Benedicto XVI, y considera que el valor más positivo del mismo es dar a conocer la cotidianidad de la vida de ese Papa en las últimas décadas de su existencia; una cotidianidad que se repite hasta cuatro veces en el breve prólogo. 



            El libro trata sobre Benedicto XVI, aunque no exclusivamente, pues junto al título Nada más que la verdad, está el añadido: “Mi vida al lado de Benedicto XVI”, convirtiéndose el autor (Gänswein), también en protagonista principal, siendo coherente la fotografía de la portada, viéndose a Benedicto y al autor, uno al lado del otro. Hay otros protagonistas: unos, como los Papas San Juan Pablo II y Francisco, más importantes que otros, como los cardenales Bertone y Sarah. Leyendo sobre los tres últimos Papas y sobre el autor mismo, se conocen asuntos de los cuatro, resultando como carambolas del juego del billar a varias bandas.




            Aunque no se trate de un riguroso libro de Historia, garantía de ciencia y verdad, advirtiendo el fraile prologuista y carmelita “que estamos frente a la visión y experiencia de un sujeto concreto” (subjetividad y visión parcial de los acontecimientos), el libro es muy interesante y trascendente. Tal como escribe su autor, el Arzobispo de Urbisaglia, al  final de su brevísimo prólogo, está escrito de primera mano y desde dentro del “verdadero mundo vaticano”. Eso es una rareza, extrañeza y excepcionalidad, muy estimable, pues en ese “mundo vaticano”, de tantas jerarquías y de obediencias, reinan silencios y secretos, cómplices de diabluras o de conjuras luciferinas. A eso se llamó “la pestífera presencia del demonio”, con acumulación de mitologías, verdades y mentiras. Un hermetismo y manipulación que son esenciales a la estrategia del Vaticano, que consiste en durar y perdurar, para que lo que ocurrió en Palestina hace dos mil años siga presente y no pase a anécdota pasajera. El éxito de esa estrategia, hasta ahora, es indudable, aunque con implicaciones lamentables: carencia de sentimientos de culpa en desapariciones de personas, Papas incluidos, si se estima, con eficacia pragmática, que su permanencia (la vida) arriesga la perdurabilidad eclesiástica. 




            Lo menos aconsejable a los clérigos católicos es que escriban libros sobre lo que ocurre en el Vaticano. Georg Gänswein, pensando en otro asunto, en la página 287 copia la famosa frase de los policías estadounidenses: “Todo lo que digas podrá ser utilizado en tu contra”. Eso es aplicable al libro que se comenta ahora y a todo lo relacionado con el “mundo vaticano”, que tiene unos códigos cerrados e intrincados, que paralizan a monseñores y “aprendices” que por allí deambulan, haciendo méritos para “carreras” y que por lo menos esperado y hasta lo insospechado, son barridos y/o eliminados. Allí siempre, en la Urbe, se aconsejó no discrepar, ser dóciles y dulces célibes, siempre decir “amén”, y teniendo presente que la llamada “Voz de Dios” es siempre el silencio.  

            Hay que tener en cuenta, además, en un libro de 341 páginas, que su autor, por mucho que haya reflexionado, corregido y cortado, incluso con la ayuda de una experta pluma vaticanista, en este caso la de Saverio Gaeta, es imposible que controle lo que otros, minuciosos hermeneutas, que en la Iglesia católica abundan, interpreten o deduzcan, incluso no estando en la mente de su autor, escritor. Este último es el conocido y peligroso asunto de la diferencia que puede existir entre lo que se escribe y lo que los otros leen o entienden. Y ello, aunque gran parte de lo escrito, forme parte, como en el presente caso o libro, de la llamada “doctrina oficial”, que tantas veces es una mentira. 




            Parece temerario escribir un libro como el que nos ocupa, pues, por una parte, pertenece su autor al “cogollo” vaticano (secretario particular que de un Papa fallecido y prefecto de Su Casa pontificia, luego prefecto de la Casa Pontificia del siguiente, de otro Papa, y con expectativas de continuar “escalando” en la carrera eclesiástica. También la temeridad resulta al contar y explicar historias, afeando y alabando, vividas entre Papas y altos eclesiásticos, muy sensibles al “humano y vanidoso modo”, aunque digan pensar únicamente en el divino, y comentando incluso episodios muy sensibles, caso del “terrible asunto” -así lo llama- del secuestro de Emanuela Orlandi (página 155 y siguientes). 

Los riesgos eran conocidos por Gänswein, que no es aventurero y que no ignora el poderío papal, tan brusco a veces, de Francisco, haciendo hasta intervenir, para su ayuda, al Papa emérito, el cual tuvo que escribir una carta a Francisco en la que le dice, según la página 279, lo siguiente: “Por mi parte, solo puedo decir que Monseñor Gänswein no participó en la elaboración de mi contribución al libro del cardenal Sarah”. Acaso condujeron, fatalmente, al error el afán desmedido de justificación y defensa por parte Gänswein frente a todos y frente al Papa Francisco, o acaso le precipitó la torpe e infantil necesidad de ser querido, reconocido, sentando nuevamente en audiencias y ceremonias a la derecha del Papa Francisco como prefecto en de Su Casa pontificia. 

            Es comprensible el cariño de Gänswein por el Papa Benedicto XVI, que tanto contribuyó a “su carrera”, como veremos a continuación, y que desee clarificar episodios de su Pontificado que, o están confusos, o han sido mal interpretados. Y esa pretensión es constante en el libro, especialmente en lo que el autor llama, por una parte, Tropiezos del complejo gobierno y también Polémicas e incomprensiones. Después de la lectura y relecturas del libro, sigo sin encontrar argumentos que hagan cambiar mi posición sobre actos y comportamientos del Papa Ratzinger a mi juicio criticables, siendo quizá, el de la renuncia o conclusión anticipada del pontificado, el más importante. 




            II.- Gänswein, un prefecto de dos Casas Pontificias: 

            Gänswein comenzó siendo secretario particular del cardenal Ratzinger a partir de 2003,  y luego, a partir de 2005, del papa Ratzinger (hasta su fallecimiento en 2022). Fue también prefecto de la Casa Pontificia de Benedicto XVI por nombramiento el 7 de diciembre de 2012, al cesar en el cargo el hasta entonces prefecto, el arzobispo James Michael Harvey. Fue nombrado arzobispo también el 7 de diciembre de 2012 y habiéndose celebrado la ceremonia de consagración episcopal el 6 de enero de 2013, presidida por Benedicto XVI. El Papa hizo lo mismo que su predecesor, San Juan Pablo II, que también nombró obispo a su secretario particular, el poderoso don Estanislao, rompiendo una tradición consistente en que los papas no nombraban obispo a su secretario particular mientras continuase siendo sus secretarios. Y Ratzinger, con monseñor Gänswein rompió otra tradición, la cual no admitía que un secretario particular, siendo tal, fuese también prefecto de la Casa Pontificia, que es una institución de la Curia romana. La ratificación por Francisco de que Gänswein fuese prefecto de su Casa Pontificia fue de fecha 31 de agosto de 2013, y con confirmación quinquenal a fines de 2017.  

            En las páginas 207 y 208 del libro Nada más que la verdad, se dice que el 25 de septiembre de 2012 el papa Bendicto XVI comunicó a Gänswein lo siguiente: “He reflexionado, he rezado y he llegado a la conclusión de que, a causa de la disminución de mis fuerzas, debo renunciar al ministerio petrino”. En la página 209 se escribe que “a mediados de octubre”, el Papa le indicó que anunciaría su decisión a la Curia romana el 21 de diciembre, lo cual fue luego cambiado, pues la comunicación tuvo lugar el 11 de febrero de 2013. 

            Examinando las fechas de los dos párrafos anteriores, resulta que al producirse los nombramientos de Gänswein, tanto el de arzobispo como el de prefecto de la Casa Pontificia de Benedicto XVI, aquél y éste sabían que en cuestión de días la “silla de Pedro” o el ministerio petrino iba a quedar vacante: sede vacante por renuncia papal. 

 Tal constatación permitiría hacer muchas preguntas y muchos porqués, que, sin lugar a dudas harán los lectores y lectoras. Sólo añadiré: ¿qué se pretendió con eso, no aplazando el nombramiento de prefecto de la Casa Pontificia hasta la elección de un nuevo Papa? ¿Cuál fue la idea y el interés del Papa Benedicto? En la página 274 algo se escribe a manera de aclaración y trascendente sin duda: “La esperanza de Benedicto de que yo (Gänswein) fuera el eslabón de conexión entre él y su sucesor fue un poco demasiado ingenua, puesto que, ya  desde hacía algunos meses, tuve la impresión de que entre el nuevo Pontífice y yo no se conseguía crear el oportuno clima de confianza, necesario para poder llevar adelante esa tarea de modo adecuado”. ¿Pretendió Ratzinger que hubiera ese eslabón? Esto afecta al Papa Francisco directamente.

Recomiendo especialmente el capítulo 8 acerca de La relación entre los dos Papas, y el apartado último El prefecto demediado, en el que con toda su crudeza se describe la tortuosa relación entre el Papa y su prefecto de la Casa pontificia, en un continuo “tira y afloja”. Cuando el prefecto se queja al Papa de sentirse humillado, éste le responde: “Las humillaciones hacen bien”. Cuando el prefecto, que vive con el Papa emérito en el Monasterio, plantea un apartamento en el Palacio apostólico, el Papa le pide: “Por favor, no tome posesión ahora”. Cuando a finales de 2020 el prefecto habla con el Papa, éste le dice: “Usted sigue de prefecto, pero a partir de mañana no vuelva al trabajo”. Y ahora y aquí vendría la carta de Ratzinger a Francisco, antes indicada y que acaba: “Humildemente le pido una vez más una palabra para monseñor Gänswein”. 

Al tiempo que monseñor Gänswein, que tanto gustaba del Palacio apostólico, escribe de un síndrome renal padecido y asociado  a un trastorno psicosomático, alude a que el rol del prefecto de la Casa pontificia quedó claramente “redimensionado” en la vigente Praedicate Evangelium respecto de la anterior Pastor Bonus, lo cual no parece ser compartido por el cardenal Rodríguez Madariaga, que en conversación con el obispo de San Sebastián (Publicaciones claretianas) dijo: “Ni la Prefectura de la Cada Pontificia, ni la Oficina de las Celebraciones litúrgicas del Papa ofrecen tampoco gran novedad en la nueva Constitución”. 

Y ¿por qué el Papa Francisco ratificó el nombramiento de Prefecto de su Casa pontificia a quién le causaba tanto malestar, con sospechas de querencias a los enemigos del Papa? ¿Por qué el prefecto no presentó la renuncia ante lo que consideraba humillaciones papales? Muchas dudas e interrogantes, y un destino al parecer seguro: Costa Rica.


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martes, 16 de mayo de 2023

SUICIDIOS DE ADOLESCENTES, artículo de ÁNGEL AZNÁREZ (publicado en La Voz De Asturias, el 5 de mayo de 2023)

 

                        

            Hace dos semanas, el 16 de abril, escribí que el cuerpo es nuestra fachada aparatosa y aparente, susceptible de modas y de negocios, que unas veces, las menos, lo quieren gordo, y que otras, las más, lo quieren flaco, como un tieso palo. Hace una semana, el 27 de abril, escribí que el cuerpo humano es susceptible de manipulaciones y que preocupa su fragilidad, siendo la clave de importantes debates sobre la salud mental de la ciudadanía. La fragilidad fue denunciada desde el Arte (el escultor Leiro) o desde el Psicoanálisis (Lola López-Mondéjar).




            Hoy, horas después del hecho de que una gijonesa, joven de 21 años, por sufrir insoportablemente se auto/aniquilase, lanzándose por un cerro al mar y protestando de los acosadores, aún sigo con el impacto por un hecho apocalíptico, revelador de una perversidad del tiempo presente entre adolescentes, prefiriendo algunas víctimas adelantar el momento de morir contra naturaUn suicidio siempre plantea muchas cuestiones a los familiares de la persona fallecida, a los acosadores y a sus progenitores, y también al resto de la sociedad. 

            Nada me apetece hoy escribir sobre lo que prometí, que es sobre el capítulo IV del libro (2022) Invulnerables e invertebrados de Lola López Mondéjar, que lleva por título Soy gorda, ¿y qué?, lo cual pudiera parecer un típico alegato contra las mujeres, lo cual no es así, pues la gordura también es moda o morbidez masculinas, tan visibles a simple vista.

            Y no voy al capítulo cuarto, prefiriendo hoy el capítulo primero, titulado La fantasía de la invulnerabilidad, yendo a la página 68 sobre el suicidio juvenil. Dice la autora: “El suicidio se puede producir a cualquier edad y en el 2015 fue la segunda causa principal de defunción en el grupo etario de 15 a 29 años en todo el mundo. El suicidio es la principal causa de muerte entre los adolescentes europeos, según otro informe de la O.M.S. (Infocop. Nº 78, julio-septiembre de 2017). 

            Y la autora continúa: “Cifras que nos hablan de una vulnerabilidad más que evidente, también negada por el pensamiento hegemónico, que apenas hace noticia ni tema de debate de ello. El suicidio es el síntoma de una sociedad donde vivir se ha hecho demasiado difícil para determinadas personas”. 



            Comienza Lola López-Mondéjar estableciendo que la vulnerabilidad, la precariedad de los humanos, está en su base, y que no es desacertado lo propuesto por José María Asensio de que al Homo sapiens se le llame Homo fragilissiendo la “fantasía de la invulnerabilidad” una mera fantasía y/o necios los sentimientos de omnipotencia, que esconden la impotencia y una felicidad simplemente imaginada. 

            En esta situación, sociedad actual de individuos “invertebrados”, sin columnas que les vertebren y dispuestos a todo, por ser psicópatas, narcisos envidiosos y con ausencia de sentimientos de culpa, quedan o se dejan a otros muchos seres humanos en total desamparo. Es, según López-Mondéjar, la sociedad actual potencialmente traumática para amplios grupos de población. Y si las patologías de siglos anteriores fueron unas, así la histeria y la neurosis obsesiva, las del siglo XXI pueden ser otras, como la depresión, el trastorno bipolar (maníaco-depresivo), la ansiedad, la crisis de pánico o el consumo de psicofármacos, etc. pues “cada época produce un malestar que la caracteriza” (López-Mondéjar). No es casualidad en los tiempos presentes, según Zygmunt Bauman, que todo sea precario y nada cierto, abolidas las certezas.



            Siempre me llamó la atención cómo lo que tanto nos cuestiona e interpela, lo que es fuente de tantos conflictos intersubjetivos, o sea, los otros, los demás, la llamada “sociedad” o lo social, sea al mismo tiempo una necesidad vital para el desarrollo individual, completo y satisfactorio, en particular, para las facultades intelectuales. Es ya indudable que el hombre en soledad y dentro de una burbuja se atrofia y auto/anula, por eso los griegos llamaron idiota. La relación social, el razonar juntos, hace vivir y revivir, aunque esa misma relación social puede ser causa de desazones, llegando incluso a ser muy dañina para la persona, llegando a matar directamente o induciendo y cooperando al suicidio. En suma, que dependemos de los demás, lo que aumenta nuestra fragilidad

             En la página 25 de su libro Lola López-Mondéjar lo dice de manera rotunda: “Dependemos de los otros para ser humanos” y líneas después lo reitera: “Nuestra necesidad de los demás es extrema”. Y un filósofo italiano tan peculiar como Giorgio Agamben parece compartir aquello, pues en su libro Desnudez (2011), en la página 63, escribe: “El deseo de ser reconocido por los otros es inseparable del ser humano”, y añade: “Es sólo a través del reconocimiento de los otros que el hombre puede constituirse como persona”. Me llama la atención que tanto el libro de la psicoanalista como el del filósofo italiano formen parte o sean de la misma y prestigiosa Editorial (Anagrama), fundada por Jordi Herralde, lo cual, lo dicho en los libros, sean como argumentos de autoridad.  



            No hay duda que las personas acaban siendo tal y cómo los demás las ven o juzgan -no como ellas creen que son-, resultando y resaltándose la importancia de los otros, en la visión del propio cuerpo y en lo reputacional, que, por eso mismo y desde fuera, tienen, los otros, un inmenso poder. El peligro es máximo en sociedades enfermas, de narcisos envidiosos, cobardes e invertebrados, de locos obsesivos lanzando todo tipo de bulos contra personas “superiores” con el único afán de desacreditarlas, humillarlas y menospreciarlas. ¿Cómo puede ser y estar uno bien si los demás, por envidia o por lo que sea, lo juzgan mal, queriendo destruirlas? Agamben recuerda que en el proceso romano la calumnia representaba una amenaza tan grave para la administración de justicia, que se castigaba al falso acusador marcándole sobre la frente la letra K, inicial de KalumniatorAhora estamos rodeados también de falsos acusadores.      

            Marie France Hirigoyen en Los narcisos han tomado el poder (Paidos 2020), escribió que “en la infancia se construye un depósito de autoestima, y luego las experiencias de la vida pueden hacer que aumente o disminuya”. Si en todas las edades de la vida, es trascendente para uno mismo lo que “llega” de los demás, más es, si cabe, en las fases primeras, infantiles y juveniles, formándose eso tal esencial y fuente de padecimientos y de errores que es la identidad.  Ahora exclamo: ¡Cómo no van a ser cruciales los tiempos de la infancia y de la adolescencia cuando la autoestima está formándose o formateándose!

            Y los acosadores, también los adolescentes, suelen ser muy cobardes, pues su labor destructiva, además de emplear la premeditación y el secreto, la hacen, asquerosamente, en grupo, en manada, en cuadrilla. Para “entender” la llamada “ferocidad de los jóvenes acosadores”, que hasta pueden negar la condición humana a sus víctimas al nombrarlas, habrá que tener en cuenta que estos acosadores no están aún equipados con los frenos educacionales –“no están culturizados”, careciendo en gran parte de la consciencia acerca de los daños que causan (en ciertas patologías de la Tercera Edad también se pierde la consciencia del daño ante agresiones verbales y violencias físicas a cargo de ancianos). 

            E inevitablemente, en la pandemia del bullying, con tantos episodios dramáticos, habrá que pensar y preguntar en qué valores se están educando a esos acosadores en los centros escolares, no pareciendo ser los mismos, los valores, de los que hacen tanta gala en la publicidad, dando igual, sean religiosos o laicos. E interesante por sus repercusiones es el caso de colegios o centros escolares que en tiempos pasados fueron de élites, las viejas élites, y que ahora algunos, también padres, quieren que sigan siendo de élite porque allí están sus hijos. Y también habrá que pensar en el posible narcisismo de algunos padres, que seguramente acomplejados, educan a su descendencia en falsas invulnerabilidades, para machacar más que cooperar. 

            Y acertada estuvo la madre de la víctima al decir: “A Claudia cortaron las alas, para anular su autoestima y autoconfianza”. Eso hicieron los que quisieron acabar con ella, encerrándola en una depresión que, poco a poco, destruyó hasta el mal elemental instinto, el llamado instinto de conservación, muy poderoso en quien está empezando a vivir, adolescentes, y que poco a poco va desapareciendo, como avergonzado, ante la dificultad del vivir mismo. Para eso, la depresión, como la polilla, precisa de tiempo, pues avanza poco a poco, hasta la destrucción total.  

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sábado, 8 de abril de 2023

EL PONCIO PILATO, ARTÍCULO DE ÁNGEL AZNÁREZ (publicado en RELIGIÓN DIGITAL y en LA VOZ DE ASTURIAS, en SEMANA SANTA 2023)


El catecismo de la Iglesia Católica de 1992, en el importante Credo (Creo o Creemos), dice lo que es sabido y repetido, de memoria, por los fieles, que repiten rezando: “Jesucristo padeció bajo el Poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado”. Además, la llamada Semana Santa, que este año transcurrió desde domingo, el pasado día 2, al 9 de abril, desde el Domingo de Ramos al de la Resurrección, conmemoró la llamada “pasión de Cristo”, leyéndose el Viernes Santo en las iglesias el episodio de la condena a muerte de Jesucristo por el romano Pilato, prefecto de la Provincia de Judea, según narración indiscutida.



Y por escribir de P. Pilato, hay que volver a escribir de la diferencia entre lo que es Historia, relato de verdad o científico, de lo que es verosimilitud, que es una simple aproximación desde la Literatura a lo que pudo haber ocurrido. Álvaro Pombo (Discurso de ingreso en la RAE el 20 de junio de 2004) diferenció entre el pensamiento narrativo, que eso es la verosimilitud, y el pensamiento discursivo, que eso es la verdad o la Historia. Y siempre, según lo dicho por Carmen Iglesias en su Discurso de ingreso en la RAE el 30 de septiembre de 2002, utilizando ese instrumento único que es el lenguaje humano. 

La cuestión se complica cuando la Historia se adjetiva de “Sagrada”, que recuerda desde cierta lejanía a la denominación de “la novela histórica”, que, en sentido estricto, ni es novela ni es historia, incluso tratándose de novelas tan históricas como Memorias de Adriano, de M. Yourcenar. Y una denominada “Historia Sagrada”, dividida, para los cristianos, en dos partes: el Antiguo y el Nuevo Testamento, doblemente discutida, pues, de una parte, está lo mítico a/histórico, de tanta sustancia en los episodios de lo religioso, y de otra parte, teniendo en cuenta el carácter instrumental de lo escrito, lo cual, más que mirar a la verdad, busca una narración apologética, un “exhortar” a seguir un comportamiento, el deseado según la voluntad divina. 



Escribe Miguel Pérez Fernández, en el Capítulo II de la Historia del Cristianismo (V. Iº El mundo antiguo, Trotta, 3ª Edición de 2006), titulado Jesús de Galilea, que “en los relatos de la pasión hay unos datos incuestionables: Jesús fue crucificado en tiempos de Pilato, prefecto de Roma en Palestina. Esto es afirmado en todos los testimonios evangélicos y en las fuentes romanas”. Y de Pilato, de su verdad histórica, se sabe muy poco. Se encontró una piedra, la “piedra de Pilato”, en la que fue Cesárea Marítima, en tierra de Palestina, en el verano de 1961, considerada una autentica inscripción romana del siglo I en la que está el nombre de Poncio Pilato. Y no hay duda de que éste fue el “quinto prefecto”, término más comúnmente traducible por “gobernador” de Judea, no Procurator, desde el año 26, nombrado por Tiberio, al año 36 d. C, en el que fue relevado, siendo los cuatro anteriores gobernadores: Coponio, Ambivio, Anio Rufo y Valerio Grato, desde el año 6 hasta el 26 d. C.

De Pilato escribió Filón de Alejandría, “como inflexible, voluntarioso y duro” y que menciona “su venalidad, su carácter violento, sus rapiñas, malos tratos, injurias, continuas ejecuciones sin proceso judicial, así como una incesante e insoportable crueldad”. También escribió Flavio Josefo que tachó a Pilato de corrupto. Y ambos escritores, judíos, describen desdichados episodios de Pilatos en Judea: caso del asunto de los escudos, estandartes con la efigie del Emperador, colocados primero y luego retirados, humillado Pilato; y caso de las protestas por el viaducto para mejorar el abastecimiento de agua a Jerusalén, acueducto construido bajo la sospecha de haberse costeado las obras con el dinero de las ofrendas que se guardaban en el Templo. Y el romano Tácito escribió en tiempos de Tiberio, que Cristo fue ajusticiado por Poncio Pilato. Y con tan escasas fuentes fiables, no sorprende la fabulación sobre Pilato, siendo ejemplo el libro Pilatos, biografía de un hombre inventado, escrito por la historiadora Ann Wroe, publicado en España en el año 2000 por Tusquets editores (Tiempo de Memoria).




Pilato, los Evangelios y el Imperio romano:  

 

Empecé a sospechar de “cierta verdad” de los Evangelios, en relación al juicio ante el “Gobernador Pilato, cuando leí a André Chouraqui, en el diálogo entre él, un Sabio, y su hijo Élie, un artista, escribió en 2003 en el libro Le Sage et l´Artiste, página 115, editado por Grasset, lo siguiente: “La exégesis cristiana eliminó del relato de la Pasión el papel determinante de Roma”.  Más tarde, en la Revista Claves de Razón Práctica, número 264, Mayo-Junio de 2019, Antonio Piñero, en el texto En el cristianismo primitivo casi nada es como parece, escribió: “El fruto de esa labor (empleo masivo de los métodos histórico-críticos y de otras disciplinas adyacentes, como la arqueología, la sociología, la antropología y la historia comparada de las religiones) es que la duda y el escepticismo se ha apoderado del ámbito de los resultados acerca del Nuevo Testamento en sí…”. 

Y líneas después escribe Piñero: “Tenemos pruebas filológicas e históricas de que el relato de la Pasión en concreto fue compuesto para que lo presuntamente sucedido se acomodara a lo que previamente se creía que debía ser el mesías cristiano; no para relatar lo que ocurrió en realidad”. Y un Antonio Piñero, de cuya edición son los excelentes Libros del Nuevo Testamento, traducción y comentarios, 2ª edición de Trotta 2022, recordatorio de que los relatos evangélicos fueron escritos cuarenta y setenta años después tras la muerte de Cristo, probablemente en abril del año 30, y unos “evangelistas” que no fueron testigos oculares. 



 

1º.- Dairmaid MacCulloc en Historia de la Cristiandad, editada en España por Debate, en 2011, escribe: “Casi ningún cristiano quería ser enemigo del Imperio Romano y, muy pronto, intentaron minimizar el papel de los romanos en la historia. De modo que la Pasión desplazó la culpa sobre las autoridades judías y presentó al dignatario local de la autoridad romana, un soldado tosco llamado Poncio Pilato”. 

 

2º.- Ann Wroe en Pilatos, biografía de un hombre inventado, escribe: “Tal vez –como suponen muchos- los autores de los Evangelios inventaron un Pilatos vacilante sólo para hacer más comprensivo al juez romano y arrojar peor luz sobre los judíos. Tenían motivos para hacerlo si querían que la nueva y vulnerable religión pareciera más aceptable al Imperio. Si no podían esquivar la ejecución típicamente romana, consumada por soldados romanos, al menos podían hacer que Pilatos titubeara y desconfiara hasta que los judíos le forzaron a la condena”.

 

3º.- Jesús Peláez en Jesús y el Reino de Dios, trabajo incluido en el volumen Orígenes del Cristianismo, en edición de Antonio Piñeiro, ediciones El Almendro, 1991, escribe: “En relación con los responsables principales de la muerte, hay que constatar por lo menos una tendencia clara en la tradición al intentar cargar la culpa, cada vez mas sobre las autoridades judías. Según Mateo, Pilato incluso se lava las manos en señal de inocencia (Mt 27,24), y en época posterior se insinúa que éste, en el fondo creía en Jesús, pero que los judíos se habían obligado a llevar a cabo la ejecución (cf. la carta apócrifa de Pilato)”. 

 

4º.- Rafael Aguirre, gran especialista y acreditado investigador, en su conferencia del día 6 de febrero de 2014, en su Conferencia sobre Jesús de Nazaret. Figuras del Antiguo y Nuevo Testamento, dijo: 

 

“En los relatos evangélicos hay dos tendencias que se explican por la situación en que se encontraban las comunidades (de los respectivos evangelistas) después del año setenta d. C. de las que proceden los Evangelios:

 

 “A) La primera, dirigida a amortiguar el conflicto de Jesús con el Imperio, disminuir la responsabilidad de Pilato, no pueden ocultar la cruz (el patíbulo romano), pero intentan que disminuya la responsabilidad de Pilato, porque son comunidades que quieren evitar la persecución, no quieren parecer como hostiles al Poder Romano, quieren poder subsistir; más aún, quieren poder extenderseB) La segunda tendencia acentúa el conflicto con la oligarquía sacerdotal y la lucha de dioses que se dio en la vida de Jesús, entre el dios en cuyo nombre le matan y el dios por cuya causa Jesús muere. La cruz no es producto de un malentendido como a veces han dicho algunos teólogos ni adviene casualmente. Es el resultado de un conflicto que atraviesa toda la vida de Jesús”. 

 

Parece llamativo y sorprendente que Giovani Papini en El Cesar de la Crucifixión se haga eco de las llamativas y sorprendentes afirmaciones de Tertuliano (Apologeticum), Eusebio de Cesárea y Orosio, sobre Tiberio, que lo consideraron dispuesto a reconocer la divinidad de Cristo y prohibir que fuesen perseguidos sus secuaces, frente a Tácito y Suetonio que atribuyeron a Tiberio la comisión de los peores delitos. Y llama la atención que esos tres autores cristianos estuviesen tan empeñados en “limpiar” la imagen del emperador Tiberio, tan arbitrario y de “depravaciones sexuales y vicios prohibidos” en la Isla de Capri. 


 

Llama también la atención lo escrito por Joseph Ratzinger en su libro Jesús de Nazaret, desde la Entrada en Jerusalén hasta la Resurrección, editado en España por Encuentro, en 2011, en el que escribió: “A menudo se dice que los Evangelios, siguiendo una tendencia pro romana por motivos políticos, lo habrían presentado cada vez más positivamente, cargando progresivamente la responsabilidad de la muerte sobre los judíos. Sin embargo, en la situación histórica de los evangelistas no habría razón alguna a favor de esa tendencia”. Todo lo cual es muy discutible y acaso justificable este párrafo escrito por un Papa. 

 

La indiscutible judeofobia de los cristianos:

 

Es verosímil que los Evangelios tratasen de suavizar la responsabilidad del poderoso Imperio romano en la muerte por crucifixión, pena romana, del Cristo; pero es verdad, acreditada por la Historia, la existencia de una “judeofobia” en el mundo antiguo, que llegó hasta culpar a los judíos de la muerte de Dios, el deicidio, lo cual, según Taguieff, fue una invención cristiana (“novedad absoluta, en el antijudaísmo teológico-religioso de la Iglesia constituido entre el siglo II y el IV de nuestra era”,  “!pueblo judío condenado por su “crimen” y por lo mismo “diabolizado”. Es natural “cargar” contra los judíos, sin dejar de reconocer que la muerte por crucifixión, por ser de los romanos y no de los judíos el ius Gladii, fue sentencia y decisión de Roma.

 

 Es interesante lo que figura en el número 596 del Catecismo de la Iglesia Católica: “El Sanedrín declaró a Jesús “reo de muerte” como blasfemo, pero, habiendo perdido el derecho a condenar a muerte a nadie, entregó a Jesús a los romanos acusándole de revuelta política lo que pondría en paralelo con Barrabás acusado de sedición”. Es sabido, lo que se reitera, de que la condena final a Jesús fue asunto de Roma, aunque siempre a instigación de las autoridades judías, de los “pérfidos” judíos como es manifiesta en los cuatro Evangelios, remitiendo a los magníficos comentarios de Piñero. 




Y así hasta el Concilio Vaticano II: 

 

En Nostra AetateDeclaración conciliar del año 1965, se dice: “Lo que se perpetro en su pasión no puede ser imputado indistintamente a todos los judíos que vivían entonces ni a los judíos de hoy…No se ha de señalar a los judíos como reprobados por Dios y malditos como si tal cosa se dedujera de la sagrada Escritura”.

 

Y si en la Historia de la Iglesia se trató, para quedar a bien con Roma y conseguir unos beneficios político-teológicos, de “diluir” la responsabilidad del poderoso Imperio en la muerte por crucifixión de Cristo, y si posterior y consiguientemente, se trasladó a los judíos toda la responsabilidad, y si ahora, desde la Nostra Aetate, no cabe mantener la acusación “judeofóbica”, habrá que preguntarse: ¿A quién atribuir hoy la responsabilidad de la muerte de Cristo?

 

La respuesta está en el Catecismo de la Iglesia católica, en los números 598 y 601:

I.- “Debemos considerar como culpables de esta horrible falta a los que continúan recayendo en sus pecados. Ya que son nuestras acciones las que han hecho sufrir a Nuestro Señor Jesucristo el suplicio de la cruz, sin ninguna duda los que se sumergen en los desórdenes y en el mal crucifican por su parte de nuevo al Hijo de Dios y lo exponen a pública infamia”…Y es necesario reconocer que nuestro crimen en este caso es mayor que el de los judíos” (598). 

II.- “Cristo ha muerto por nuestros pecados según las Escrituras” (601).  

 

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martes, 21 de febrero de 2023

ESTRÉS E INSOMNIO CAUSADOS POR LA POLÍTICA, artículo de ÁNGEL AZNÁREZ (publicado en LA VOZ DE ASTURIAS, 2 de febrero 2023)

Siempre se dijo que la Política era de razones, razonable, aunque, con frecuencia, degenere en guerra; ahora, como novedad, se dice que es emocionante por muchas emociones, innatas unas y cognitivas. Surge aquí un problema, pues la razón siempre tuvo “buena prensa” y la emoción mala, más de persas que de griegos, en lo individual y en lo colectivo. Razón y emoción, ambas, de mucha relación con los nervios y los nervios, a su vez, relacionados con el sexo y los aparatos reproductores, muy complicados según Freud, tal como en parte, sólo en parte, explican las biografías de los dictadores, siempre disminuidos.




Fue de halago o mérito, para presumir, la atribución a una persona de mucho usar la razón, y mucho menos, un demérito, considerarla emocional, incluso descerebrada si era gobernada por las emociones. Y ello a pesar de que un portugués, Antonio Damasio, especialista en nervios, escribiera un libro titulado La inteligencia emocional. De la misma manera, no era igual de prestigioso pronunciar la palabra Democracia, siempre elegante, que calificarla de “emocional”, “Democracia emocional”, que suena más a pachanga y cachondeos.

Y a usted, lector o lectora, pregunto: ¿Es más de las razones o de las emociones? ¿Cree que las emociones son más del fascismo o comunismo y que las razones son más de la democracia? Al contestar ahora mismo en la intimidad, podrá decir la verdad, al menos la verdad de su pensamiento, que siempre tiene también una parte de mentira (pues siempre piensa y miente). 




Los políticos, ansiosos de fama e idiotas, dirán que no hay emoción más intensa, que el pasar, cual travesía por el desierto, del zascandileo en palacios del Patrimonio Nacional o de Ayuntamientos, en tiempos fastos, a tener que ponerse a la cola, en tiempos nefastos, en una oficina del paro, incluso suplicar un “Avecrem” o un hueso de bistec en “Cocina Económica”. Eso y siempre, asunto importante, que no se dispongan de ahorros ilícitos, por causa de prevaricación, cohecho o de cosas aún peores, repartidos por las paredes del domicilio habitual, tan exclusivo, con muchos agujeros para instalar las llamadas “cajas fuertes”, o “de seguridad”, siempre un secreto de dos, antes de él y de ella, ahora de él y de él, o de ella y de ella.  



  

            Ahora, por ese efecto tan humano que es el “pendular”, como el de los relojes de pared con sus regulares tic y tac, todo es, según parece, una emoción emocionante en Política, donde triunfan audiencias y los “sagrados” votos a base de la magia y los magos, tramoyas, simulacros como de bomberos, de risa postiza como la de la Ministra Alegría, el azar de los dados y las trampas o mentiras. Política como el arte de “birlibirloque”, tan del gusto del republicano y barroco José Bergamín. Hasta los que están en el Gobierno proclaman que son demócratas, cuando esa proclamación es propia del estado de Oposición, pues en el Gobierno sólo se quiere el poder ilimitado. De la separación de poderes, ni oírse, deseándose todo el Poder al Ejecutivo, para el líder.  




Eso crea adicción y es contagioso. A muchos ciudadanos no les basta con oír y ver eso que se llama “Sesión de control al Gobierno”, que se televisa desde el Congreso de Diputados”, es que además y después, ya casi de noche y en la cama, quieren que unos tertulianos se lo expliquen en detalle. Y por eso, es natural enfermar mentalmente, dejar de dormir, o padecer hipertensión en las arterias, y mucho de la Política no se puede entender sin añadir a lo político no sé cuál ismo, si sadismo o masoquismo, tan de adictos.  




 Puestos a seguir siendo sesudos, ya no con razones sino con emociones, también las científicas, lo último es la llamada neuropolítica, que es mucho más complicada que la simple política neurótica o neurasténica, tan de Freud, el austríaco de la neurosis, el del sexo junto al Poder, y otra vez con los canijos.     

            El previo y largo exordio se trae en verdad a cuento por lo que leí en mi periódico de cabecera, siempre el mismo, que no diré cuál es por respeto a mí protección de datos. Al lector bastará saber que soy tan antiguo que compro al día diariamente un papel y lo leo. En ese diario, en la página 25 del mismo día 25 de enero de 2023, leí en letras gruesas: “Una investigación relaciona el consumo constante de información con un mayor estrés y deterioro emocional. El ruido político daña la salud mental”. 




Lo novedoso está en que por primera vez se investigó ello, no en lo del resultado, pues ese, lo de que el “ruido político” afecta a la salud mental, al incremento del estrés y a dificultar el sueño, ya era muy sabido. En España se empezó a decir, a principio de los años noventa del pasado siglo, que las tertulias radiofónicas sobre Política eran desaconsejables por ser dañinas a los nervios, y eso que en aquel tiempo los tertulianos, nuevos, eran menos ignorantes que los actuales, más viejos.

No hace mucho a un colega mío, muy de derechas y consumidor de Lexatin, ante su malestar nocturno y emparejado, al preguntarle si escuchaba alguna tertulia radiofónica o de televisión, y al decirme que sí, le advertí de los muchos peligros que corría, no sólo para dormir, sino también para descontrol crónico de su hipertensión arterial. Por tanto, el resultado investigador de los de la Universidad de Toronto, aquí ya lo sabíamos.




            Y mucho antes, ya en 2016, José Luis Pardo escribió el libro Estudios sobre el malestar, políticas de la autenticidad en las sociedades contemporáneas. El libro, por ser de un filósofo cínico, es complicado de leer; se refiere a otra cosa, a otra caricatura, pero también vale para la nuestra, la de estas hojas. A él, próximamente, por ser muy sagaz, regresaremos. Ahora quedémonos con la pregunta básica, de la física y de la metafísica, de la página 20, en la que el confesor pregunta al confesante: “¿Joven, te tocas?”. 

La actual política española, muy de la neuropolítica, y de quitar el sueño a muchos, está encabezada por Pedro Sánchez, que él es toda la Política, un genio para pactos, incluidos los satánicos sin necesidad de exorcista, al que ya muchos consideran un nuevo genio como fue en su día Fernando el Católico para Maquiavelo y Gracián. ¿Y los anteriores? preguntará usted? y respondo que ya no me importan por pasados. Vayamos por partes: 

I.- Una cierta Política

 No me interesan las claves científicas de la Política de don Pedro Sánchez. Nada quiero saber de las llamadas “Políticas de Caín”, de excitar rivalidades fratricidas, tan de psicoanálisis, como las de Caín y Abel, hijos de Adán y Eva, habitantes de ese extraño Paraíso, y extraño por tener hasta una serpiente. Tampoco deseo saber las llamadas “Patologías del Poder” o de la Cratología (de Kratos o poder) clínica, entre la paranoia, la perversión del gran líder y su dominación a muchos, que empieza con suavidad y que puede terminar en guerra. Quedo con lo político teatral y lo del teatro de máscaras, que es de lo falso y lo manchego o quijotesco, fabricado por Paco Nieva, el de Valdepeñas, que transitó de lo unisexual a lo bisexual; que primero fue señorona y luego (en la Academia de la Lengua) señorón, en tiempos de sexos claros decretado por el General




Me estoy refiriendo al llamado Teatro Furioso”, también llamado de “farsa y de calamidad”, siendo la “rapidez en la acción, sorpresa, retórica burlona y énfasis satírico”. Es pues, como la Política misma y ahora. Y siempre imaginé a Pedro Sánchez subido a La Carroza de plomo candentesiendo Él la carroza y el plomo, juntos. ¿Y quién es la Coronada y el toro? Lo dijo todo el personaje de don Frasquito: “¡La Monarquía ideal! Reinar sobre cuatro gatos”. A ello responde el otro personaje de don Luis: “¡Si sólo fuera eso! Pero la gata Dominga es fecundativa como ella sola”. 

Y mucho cuidado, pues donde hay farsa hay mentira, y donde hay mentira hay fascismo. Trastornos de las instituciones políticas escribió y advirtió en 2007 Luciano Vandelli. 

II.- Que causa malestar, especialmente a algunos:

Ese teatrino de la Política, de “farsa y de calamidad” afecta a muchos por inauténtico, haciendo imposible su frágil bienestar, y sabiendo, a mayor razón, que los españoles, según John Elliott, somos propensos al pesimismo, al estar siempre esperando lo peor, estando continuamente en procesión o cortejo “como de flagelantes”. Y con una peculiaridad: esos mismos españoles a los que tanto el “ruido político” estresa y quita el sueño, son los mismos que experimentan atracción fatal por los cambios de Régimen político y las guerras civiles. El llamado guerra/civilismo es el estado permanente de bastantes españoles, tal como escribiera el filósofo Pardo, y esa es la hybris de algunos políticos, que siempre quieren ganar la próxima Guerra, aunque hayan perdido todas las anteriores, pues las guerras siempre las ganan los malos.    

No resulta raro que un país como España, tan aficionado a la tortilla, con tortillas de muy diferentes tipos o clases, desde la de Betanzos arriba a las sevillanas abajo, unas blandas como nubes y otras compactas como piedras, tenga al mismo tiempo en un país como España dos pulsiones, la del mantenimiento del statu quo y la del cambio, de tortilla, lo cual genera estrés, desazón y un continuo “vuelta a empezar”. Y dejémonos de gaitas, que los españoles tenemos muy escasos momentos de bienestar, un numerus clausus,con la siempre esperanza de un premio de la Lotería Nacional

Y ¿qué es la llamada democracia simulativa? Lo explica Eloy García en el Estudio Preliminar al libro Poder de Guglielmo Ferraro. Quizá haya que explicarla teniendo en cuenta que hay mucho miedo, y que desacreditado lo patriarcal, ahora todo es madre, incluso la masa para hacer bollos preñados.

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