miércoles, 24 de agosto de 2022

SALTANDO DE HÍPICO EN HÍPICO, artículo de ÁNGEL AZNÁREZ (publicado en "LA VOZ DE ASTURIAS, 17 de julio 2022)


Ya escribimos en el artículo anterior, muy gijonés, titulado De la

Virgen de la Guía a Las Mestas, que en las veraniegas fiestas de La

Felguera, Pola de Siero, Luanco, Avilés, Gijón y Oviedo, los concursos

hípicos eran parte importante del local programa de Ferias y Fiestas. En

esos concursos, se veían a las caballerías trotar, saltar o derribar obstáculos,

y los espectadores apostaban o jugaban los dineros, entre serie y serie,

durante los largos descansos de la competición. Los jinetes eran hombres, y

la única mujer que concurría, la señorita Zendrera, no era considerada

señorita.


Al principio, los hípicos fueron muy nacionales de España, pues los

jinetes eran españoles, casi todos militares del Arma de Caballería,

residentes en Valladolid, que llevaban largas botas de cuero, espuelas y

fustas. Y tenían a su servicio los que llamaban asistentes, que eran

“quintos” de la Mili, una clase entre Sanchos y Panzas que todo y a todos

pagaba el Estado, incluidos caballos y potros de largo pescuezo. Ver en

pista a caballeros voluminosos, en competición, subidos a corceles rabudos

o sin rabo, era como ver a Quijotes en búsqueda de aventuras conforme a la

ley de la caballería.


Muchas banderas, farolillos y gallardetes, de muchos colores, a

excepción del morado republicano, ondeaban en las alturas, gracias a los

airecillos veraniegos, de las pequeñas casetas de apuestas o en lo más alto

de los mástiles pintados de blanco. Telas y mástiles que recordaban a los

largos pendones como los cazurros de Valencia de Don Juan o de

Gordoncillo, en tierras moras, las de León, pero sin cruz y sin capelinas los

pendones. Gualdas y de color rojo, el color “regiamente decorativo” según

Plá, pero jamás de rojos.

Todo empezaba hacia los finales de junio, con las fiestas de San

Pedro en La Felguera, y terminaba hacia los finales de septiembre, con las

fiestas de San Mateo en Oviedo, siendo punto final la Misa solemne en el

Santo Cristo de Las Cadenas, en la que comulgaba el Alcalde y toda la

Consistorial ovetense. Y aquel ondear festivo de banderas y movimiento de

farolillos acontecía aunque el campo para el salto de caballos fuese un feo y

decadente estadio de futbol.

Campo de futbol era en invierno el campo hípico de verano de La

Felguera, el municipal de Ganzábal en el que siempre jugó el Unión

Popular de Langreo. Campos de futbol en invierno y campos hípicos en

verano también fueron los de Pola de Siero y Luanco en el mes de Julio, y

el de Avilés (el conocido estadio de Suárez Puerta, de don Román), a

principios de Agosto. Nunca entendí la compatibilidad entre el futbol y los

caballos, un mismo lugar para deportes tan distintos, siendo los caballos los

privilegiados transmisores del peligroso tétanos, del que, en aquel tiempo,

con mucha alarma, se vacunaba a los niños.

Fue siempre discutido si los asturianos, que tanto iban al hípico, lo

que les gustaba de verdad era el espectáculo ecuestre o el apostar. Es

verdad que muchos asturianos gustaban y gustan de los caballos, aunque en

verdad gustan más de las vacas y de lo vacuno, como se deduce con

facilidad con un desplazamiento a la aldea astur, tierra de aldeanos y de

aldeanas como Pinón y Telva. Ello es así, aunque los tantos aficionados a

las vacas, aquí en Asturias, ignoren asuntos tan elementales como las

siguientes: si las orejas de los vacunos están detrás o delante de los

cuernos, o si los animales con cuernos carecen de dentadura en la

mandíbula superior.

Lo de apostar con moderación que así se apostaba en los hípicos

asturianos, es otra historia; pudiera ser que como el ahorrar mismo, sea de

educación y de esencia burguesas, aunque no lo parezca. Ahorrar, como el

apostar, tienen en común eso tan burgués que es la pasión por el dinero; la

pasión por hacerse rico y como sea, con tacañería y roña, unos asesorados

por contables y otros sin ellos. La burguesía siempre fue de conservadores

y los contables que tanto necesitaron siempre fueron conservadores.

Por eso, las poblaciones más burguesas tuvieron los mejores hípicos,

los de San Sebastián y La Coruña, no siendo casual que el Hípico de La

Felguera fuera poco burgués; no era florido precisamente, sin amapolas ni

geranios. Era gris, muy gris, felgueroso el de La Felguera, viéndose

entonces desde la ruinosa y vieja tribuna de futbol, al otro lado de la

carretera, el paso de trenes con máquinas de vapor del “Ferrocarril de

Langreo” empujando vagones de madera para pasajeros. Desde esa misma

tribuna, se oía, por detrás, el circular de viejas máquinas eléctricas de

RENFE, las primeras del Pajares, feas como cocodrilos verdes.

Muy gris era la llamada “pista de ensayo”, situada fuera, a la derecha

del Estadio felguerino, y muy grises eran los autobuses “El Carbonero”,

con franja amarilla, leyéndose en la carrocería el itinerario que era: “La

Foz, Laviana, Oviedo”. Esos autobuses salían de la prolongación de la calle

San Francisco de Oviedo, al lado de La Gran Taberna, de muchos pinchos

y bocadillos para el viaje, junto a la Plaza de Porlier, enfrente del Palacio

Camposagrado, entonces sede de la llamada Audiencia Territorial.

Llegar a La Felguera, desde Oviedo, en “El Carbonero” y no en el

Ferrocarril de Langreo desde Gijón, daba la oportunidad de permanecer en

Tudela Veguin, comer en un chigre “fabes con calamares en su tinta”, de

receta de la “vieja cocina”, y empinar porrones de tinto a granel o de

barrica. Por toda aquella zona, únicos burgueses debieron ser los

componentes de la Asociación de Fiestas de San Pedro, en la Felguera, que

tenían las mismas inquietudes, al parecer, que los de Educación y Descanso

de Perlora.

Luanco, tierra de marañuelas, pasó de tener estadio de futbol en

invierno a campo hípico en verano con ocasión de El Carmen, pero como

todo lo de Luanco siempre fue otra cosa…

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viernes, 12 de agosto de 2022

“HOJA DE SERVICIOS (LITERARIOS) DE CARMEN GÓMEZ OJEA”, artículo de José L. Campal (exclusivo para el blog Las mil caras de mi ciudad)


           El tránsito vital de Carmen Gómez Ojea transcurrió entre el 11 de octubre de 1945 y el 10 de agosto de este año. Escritora tan talentosa y brillante como visceral y segura de sus entrenadas condiciones innatas, su presencia en las librerías comienza fulgurantemente en 1982, pero la madera ya venía puliéndola desde mucho antes, cuando, por ejemplo, manuscritos  suyos como Las manos inútiles o Los soliloquios de Olvido quedaron finalistas, en 1966 y 1976 respectivamente, en los premios de novela corta “Ateneo Jovellanos” y “Ciudad de Barbastro”.

 

            Gustaba de repetir la autora gijonesa que, como el pan diario, ella se compraba todos los días un libro. Aseveración que podía perfectamente enlazarse con esta otra suya: «Yo escribo como la gente del siglo XIX, y escribo así porque leí muchísimo». De ahí hay un paso a lo que en su momento puso negro sobre blanco el provocador Diego Medrano al proclamar que «la literatura asturiana seria empieza en Clarín y termina en Gómez Ojea». 

 

        Gómez Ojea fue una creadora plurifacética (nada la echaba para atrás: narrativa adulta, juvenil e infantil, poesía, teatro, cuento breve y largo, ensayo, articulismo…) que demostró siempre un respeto extremo por el vehículo expresivo del que se valía, afirmando que se esforzaba por hacer su trabajo lo mejor que sabía dado que «la lengua no es una propiedad privada mía, sino un bien de la numerosísima comunidad que utiliza el castellano. Por eso procuro utilizarlo lo mejor que puedo y si logro mejorarlo y darle brillo y esplendor, mejor. Lo que no me gustaría sería estropearlo o utilizarlo mal».

 

          Feminista de rompe y rasga, en la hora de su muerte el Consejo de Mujeres de Gijón la ha retratado cabalmente como una mujer «laica, transgresora y cercana que nunca dejó de obsequiarnos con su saber crítico, siempre poniendo el punto de mira central en las mujeres», ya que «las mujeres fuertes, decididas, autónomas siempre estuvieron presentes en sus obras, como faros, como referentes, como espejos en los que mirarse». 

 

            Si algo Gómez Ojea no toleraba y la sacaba de sus casillas, como declaró en una entrevista en 2004, eran «los desajustes, la injusticia, la manipulación del fuerte sobre el débil. No puedo decir con sinceridad que soy una persona pacifista. Quiero serlo, odio las guerras, pero considero que a los tiranos, igual que se hizo con César, hay que meterles un puñal en el corazón».

 

        Tanteo seguidamente, como aportación y homenaje a su memoria en el trance de la despedida, una cronología de su obra literaria editada en volumen no compartido.

 

       1982: Cantiga de agüero (Barcelona, Destino, 212 p.); Otras mujeres y Fabia(Barcelona, Argos Vergara, 109 p.)

 

           1985: Los perros de Hécate (Barcelona, Grijalbo, 196 p.)

 

         1988: La novela que Marien no terminó (Barcelona, LaSal, 176 p.); Gineceo(Valencia, Víctor Orenga, 176 p.)

 

           1989: Pentecostés (Oviedo, Caja de Ahorros de Asturias, 137 p.) 

 

       1993: En la penumbra de Cuaresma (Madrid, Torremozas, 62 p.); La niña de plata (Zaragoza, Edelvives, 83 p.)

 

         1995: Betsabé nunca duerme (Zaragoza, Edelvives, 90 p.); La luna del oeste(Barcelona, Destino, 244 p.)

 

           1996: El diccionario de Carola (Barcelona, Edebé, 120 p.)

 

          1998: El granate de Amarilis (Barcelona, Edebé, 86 p.); Más allá de los rosales (Zaragoza, Edelvives, 77 p.); Guíu y los cascoxos (Mieres, Editora del Norte, 96 p.)

 

          1999: El camino del bosque (Barcelona, Edebé, 110 p.); No vuelvas a leer “Jane Eyre” (Madrid, Anaya, 105 p.)

 

         2000: Nunca soñé contigo (Salamanca, Lóguez, 136 p.); Los colores del mundo(Madrid, CCS, 80 p.)

 

         2001: La verdad de los cuentos (Madrid, CCS, 76 p.); Para Betina (Madrid, SM, 108 p.); Palabras menores (Barcelona, Edebé, 199 p.); Hija de muerta(Barcelona, Edebé, 111 p.); Cleopatra en un cuaderno (Madrid, Anaya, 85 p.)

 

            2002: A punta de navaja (Salamanca, Lóguez, 139 p.)

 

       2003: El verano en que Iveta aprendió a bailar (Madrid, Pearson Alhambra, 82 p.); La canción de los meses (Madrid, Hiperión, 59 p.); El ave que no sabe cantar (León, Everest, 61 p.)

 

            2004: El vestido de novia (Granada, Arial, 159 p.); El cordón de oro (Madrid, Anaya, 201 p.); Cancios pa neñe/os desconsoñae/os (Uviéu, Trabe, 28 p.)

 

           2005: Ancila en los fuegos (Oviedo, Laria, 135 p.); Bailaremos en el río(Barcelona, Edebé, 168 p.); Canta que te cantarás (León, Everest, 52 p.); El nome de Roselina (Uviéu, Trabe, 105 p.); La caxa los cuentos (Oviedo, Laria, 50 p.)

 

          2006: Pantaleón, en todo como un león (Madrid, Pearson Educación, 85 p.); La y Lolo (Barcelona, Lynx, 69 p.); Haches mudas (Ourense, Linteo, 233 p.); El cielo en la buhardilla (Madrid, CCS, 119 p.)

 

        2007: Stevenson, tú y yo (Barcelona, Edebé, 165 p.); El mundo de Bola Andante (Madrid, Hiperión, 75 p.)

 

        2008: El último verano en Charenton (Oviedo, Laria, 232 p.); El tiempo de una rosa (Oviedo, Laria, 133 p.); Na quinta estación (Uviéu, Trabe, 229 p.); La fueya la plata (Oviedo, Laria, 52 p.); Ajenjo (Madrid, Bubok, 72 p.); El corazón de la casa (León, Everest, 47 p.); Asturias (León, Everest, 48 p.)

 

        2009: La historia robada (Madrid, Anaya, 123 p.); A combatir la guerra(Madrid, Bubok, 57 p.); Ábaco (Madrid, Bubok, 184 p.); Almáciga secreta(Madrid, Bubok, 80 p.); Los amantes de noviembre (Madrid, Bubok, 72 p.); Cantigas de escarnio (Madrid, Bubok, 32 p.); El canto de la culebra (Madrid, Bubok, 32 p.); La cierva de Sertorio (Madrid, Bubok, 80 p.); Dos atelanas y cinco cuentos (Madrid, Bubok, 125 p.); El final del invierno (Madrid, Bubok, 136 p.); Los trivios escondidos (Madrid, Bubok, 56 p.); El trébol de cuatro hojas(Madrid, Bubok, 40 p.); Tiempo de corazones (Madrid, Bubok, 128 p.); El sombrero negro de Gog (Madrid, Bubok, 340 p.); Siempre que Elinor cantaba (Madrid, Bubok, 160 p.); Sacrilegios (Madrid, Bubok, 120 p.); Querida Ana Frank (Madrid, Bubok, 112 p.); Qué tías (Madrid, Bubok, 79 p.); El pájaro y la pierna. Memento de la mañana del dos de mayo de hace dos siglos(Madrid, Bubok, 40 p.); Los ojos de la niebla (Madrid, Bubok, 177 p.); Oficio de difuntos (Madrid, Bubok, 40 p.); La negra (Madrid, Bubok, 48 p.); La moneda de la reina (Madrid, Bubok, 56 p.); Mo no quiere mentir (Madrid, Bubok, 64 p.); Mi sandalia por tu nombre (Madrid, Bubok, 168 p.); Mandrágoras (Madrid, Bubok, 80 p.); El manantial (Madrid, Bubok, 48 p.); Las libretas chinas(Madrid, Bubok, 200 p.); El juego de Satán (Madrid, Bubok, 160 p.); Los gritos de Casandra (Madrid, Bubok, 40 p.); El final del invierno (Madrid, Bubok, 136 p.); Arbolín (Uviéu, Pintar-Pintar, 31 p.); Apostasías (Madrid, Bubok, 40 p.); Andrés y Cara de Col (Madrid, Bubok, 56 p.) 

 

        2010: Sol, Nena y Pitín (Uviéu, Pintar-Pintar, 46 p.); Platos ricos para pobres. Sabrosas recetas a precios asequibles (León, Everest, 189 p.); Nosotras de cinco a nueve (Oviedo, Laria, 145 p.); Mujeres en el callejero de Gijón/Xixón(Gijón, Ayuntamiento de Gijón, 84 p.); El monte de la calavera (Oviedo, Fundación Dolores Medio-KRK, 74 p.)

 

           2011: Hermanina (Uviéu, Pintar-Pintar, 32 p.)

 

           2014: El silencio de los milagros (Pamplona, Metaforic, ePub)

 

        2016: Mezclillas (Oviedo, Asociación Feminista de Asturias, 182 p.); Agua tontita(Pamplona, Metaforic, ePub)

 

    2017: Amada mía (Uviéu, AFA-Trabe, 97 p.); Despierta, Rut, despierta(Pamplona, Metaforic, ePub);

 

     2019: Lloramos en Gibraltar por Cadalso y Barceló (Madrid, Bohodón, 201 p.)









martes, 9 de agosto de 2022

MISA EXEQUIAL Y ENTIERRO EN LA CATEDRAL DE OVIEDO (17 DE JUNIO DE 2022) POR EL FALLECIMIENTO DEL QUE FUE ARZOBISPO MONSEÑOR DIAZ MERCHÁN.

 CRÓNICA DE ÁNGEL AZNÁREZ 

(publicado en Religión Digital el 17 de junio de 2022)


         Llegué pronto y me senté en uno de los bancos de la Plaza, denominada  La Corrada del Obispo, teniendo a mi izquierda la fachada principal del Palacio Episcopal, estando las tres banderas allí colgadas, la de Asturias, de España y del Vaticano, a media asta, signo de luto. Vi, desde lejos, pasar al Arzobispo franciscano de Oviedo, que iba vestido con sotana y sin faja morada. Luego por allí pasarían los monseñores don Atilano Rodríguez y don José Sánchez, llegando más tarde en vehículo Monseñor Cerro, de Toledo, y el auxiliar don Cesar. Por la llamada “Puerta de la Perdonanza” accedí a la Catedral, entrando en la Capilla del Santísimo, viendo muy concentrado, rezando, a Monseñor Osoro.  

 

 


         I.- Exequias por los fallecimientos de los arzobispos Francisco Lauzurica y Gabino Díaz Merchán:

 

         Hace cincuenta y ocho años se celebró en Oviedo, también en la Catedral Metropolitana de San Salvador, la Misa Exequial y el Enterramiento del Arzobispo, don Francisco Javier Lauzurica. Hoy, en el mismo lugar, tuvieron lugar los actos religiosos por fallecimiento del Arzobispo emérito de Oviedo, don Gabino Díaz Merchán. En el episcopologio de la Archidiócesis ovetense, entre Lauzurica y Díaz Merchán, se encuentra don Vicente Enrique y Tarancón, arzobispo de Oviedo entre 1964 y 1969, que, por fallecer siendo ya emérito de Madrid en 1994, la Misa Exequial allí tuvo lugar, estando enterrado en el crucero  de la Colegiata de San Isidoro (Madrid). 

 

         Que la Misa Exequial y el entierro de un obispo tengan lugar en una catedral, en este caso la Catedral de San Salvador, no en Iglesia o en cementerio, es por disposición de los cánones 1178 y 1242 del vigente Codex, que así lo disponen “incluso para los eméritos”. Al tiempo del fallecimiento del cardenal Tarancón en Madrid, aún no se había consagrado la nueva catedral, La Almudena, cuyo último obispo en ella enterrado, abajo, en la cripta catedralicia, fue el auxiliar Monseñor Romero Pose (auxiliar de monseñor Rouco Varela). Al lado de la tumba de monseñor Romero Pose hay otra vacía ¿Quién la ocupará? 

 

         Muchas semejanzas y diferencias resultan de comparar la ceremonia de 1964 y la de esta misma mañana, de 2022. Lo dejaremos para más adelante en este mismo artículo, señalando ahora que la Iglesia católica sigue conservando y cuidando la excelencia de rituales como los mortis-causa, lo cual es muy sabio y de agradecer en tiempos presentes, que no se sabe si son de secularización o postseculares (Habermas), quedando ya atrás los tiempos de los “maestros de la sospecha” como Marx, Nietzsche o Freud, sobre los cuales tanto gustaba predicar en los sermones del Jueves Santo al entonces Obispo de Salamanca, hoy emérito de Toledo, don Braulio Rodríguez Plaza. Y ya la Iglesia adoptó la costumbre de la sociedad civil de no exhibir los cadáveres: a diferencia de Lauzurica, a Díaz Merchán no se le vio, en público, muerto; tampoco se le paseó por la ciudad en féretro descubierto.       

 



II.- El Concilio Vaticano II y los arzobispos asturianos: 

 

         Tarancón que fue ordenado obispo de Solsona en 1945 participó en todas las fases del Concilio Vaticano II. Lauzurica tuvo una escasa intervención, limitada a las etapas ante/preparatorias, no ejerciendo, por razones de salud, ya funciones episcopales al inicio del Concilio, estando la Diócesis gobernada por un arzobispo coadjutor, don Segundo García de Sierra y Méndez. Y Díaz Merchán, que fue ordenado obispo de Guadix-Baza en agosto de 1965, participó en el Concilio desde esa fecha hasta su clausura, en diciembre del mismo año.

 

         Y es que Díaz Merchán, durante todo su pontificado en Asturias, de 1969 a 2002, tuvo muy presente al Concilio. Fue hombre del Concilio. Fue un católico progresista postconciliar, atribulado por la Guerra Civil española y la  posición de la Iglesia durante y posteriormente. Eso resulta de sus alocuciones y documentos, y está expuesto en su libro Evangelizar en un mundo nuevo, editado por PPC en 2017. En el prólogo, escrito por el sacerdote Javier Gómez Cuesta, que fue uno de sus Vicarios generales, se escribe: “Don Gabino recibió la ordenación episcopal como obispo de Guadix-Baza el 23 de agosto de 1965, con la feliz coincidencia de que un mes después participaba como padre sinodal en la cuarta y última sesión de este Concilio”. 

 

En una de las varias entrevistas a don Javier Gómez Cuesta, aquí, en Religión Digital, éste dijo: Don Gabino era merecedor  de ser nombrado cardenal, pero nunca fue amigo de cabildeos”. Y en el libro de 2017, ya indicado, de don Gabino, el Concilio Vaticano II está presente en todos los capítulos, desde la Introducción al último sobre la Libertad Religiosa. En tiempos en que la palabra “sinodalidad” no estaba tan de moda como ahora, don Gabino insistía ya en “evangelizar” y en “la nueva evangelización”, esencial hoy de la sinodalidad.  




III.- La ceremonia fúnebre de hoy:

 

         Hace cincuenta y ocho años, detrás del féretro descubierto de Lauzurica hubo varias comitivas, saliendo desde el Palacio episcopal hasta la Catedral, con un rodeo por las calles San Vicente y Jovellanos, yendo delante del féretro monseñor Tarancón, ya nombrado arzobispo de Oviedo. La comitiva eclesiástica estuvo compuesta por los obispos de la Provincia eclesiástica de Oviedo (los de León y de Santander), junto al extravagante abad de Samos y a Monseñor Ángel Riesco, que fue auxiliar con Lauzurica aquí, hoy ya Venerable para contento de los astorganos. La comitiva civil la presidió el Ministro de la Gobernación, Camilo Alonso Vega y en la comitiva familiar iban los sobrinos del fallecido y monseñor Álvarez Martínez. 

 

         Hoy la comitiva eclesiástica estuvo compuesta por los dos obispos auxiliares de don Gabino, los monseñores Atilano Rodríguez y don José Sánchez (el otro obispo auxiliar, don Elías Yanes, ya falleció). Estuvieron también los tres obispos de la Provincia eclesiástica de Oviedo, de León, Santander y Astorga, estando bajo la presidencia del actual Arzobispo de Oviedo, don Jesús Sanz, el metropolitano. También estuvo el cardenal Osoro, antes Arzobispo de Oviedo, y Monseñor Cerro, Arzobispo de Toledo, que llegó acompañado del obispo auxiliar don Cesar García Magán. 




         Anoche el féretro, con los restos de don Gabino, fue ya trasladado del Palacio episcopal a la Catedral, concretamente a la Capilla del Santísimo, hasta la once de la mañana de hoy, comienzo de la Misa Exequial,  

 

         El sacerdote don Álvaro Iglesias Fueyo, capellán de Las Esclavas de Oviedo, me indicó que la presencia de tantos sacerdotes, tan numerosa, era debida al cariño del clero asturiano a don Gabino. 

 

         La Misa Exequial tuvo el rito preceptivo, habiendo pronunciado el sermón, después de la lectura del Evangelio de San Juan, el celebrante principal que fue el Arzobispo de Oviedo, don Jesús Sanz. Manifestó con emoción y gusto poético, después de explicar la ausencia involuntaria del Presidente de la Conferencia Episcopal, cardenal Omella, cuáles fueron los encuentros con don Gabino antes de tomar posesión de la Archidiócesis y después, hasta hace unas horas, destacando la sorna manchega de don Gabino y que fue –dijo- un cristiano ejemplar y de una de una pieza. Predicó acerca del libro Evangelizar y del lema lumen cum pace de don Gabino.  

 

Después de la Liturgia de la eucaristía, concluyeron las exequias con el rito de la despedida del difunto. Se asperjó el féretro y fue incensado, en presencia del cabildo catedralicio y de los obispos asistentes, por el Arzobispo. Seguidamente, mientras se cantaba in paradisum, el féretro, para su enterramiento, fue conducido a la Capìlla de la Virgen de Covadonga, también la de las reliquias de Fray Melchor de Quiros, siendo enterrado a la derecha entrando, estando a la izquierda la tumba de Lauzurica. Por cierto que entre ambas tumbas, en el centro de la Capilla, hay sitio para más, para más tumbas. 

 

A las doce horas y cuarenta minutos, con el canto a la Santina, concluyó la ceremonia. 

 

         He de hacer un reconocimiento merecido: la excelente actuación del “Coro de la Catedral”, dirigido excelentemente por  su Director, don Sergio. Sobresaliente. 

 



         IV.- Referencias personales: 

 

         No deseo concluir, para informar a los lectores, de mis contactos personales con don Gabino o con referencias de personas muy próximas a él. Allá por el año 1977, sustituyendo al que por entonces era notario de Oviedo, don Pedro Caicoya de Rato, siendo yo notario de Proaza, me presenté en el Palacio Episcopal, siendo otorgante de la Escritura el mismo don Gabino, que me recibió con la amabilidad acostumbrada, llamándome la atención su vieja y humilde sotana, siendo aquel encuentro el primero de otros varios y entrañables, en Oviedo y en Gijón. No obstante mi juventud hablamos ya entonces de cosas serias y enjundiosas, impresionándome la vista de la torre catedralicia desde el pasillo palaciego. 

 

         Ramón Cabanilles Navia-Osorio, pariente de mi esposa y autor de una fenomenal obra sobre La catedral de Oviedo, publicada por Ayalga Ediciones en 1977, me contó en su casa de Villaviciosa (junto a la Ría), muchas anécdotas de don Gabino del que era muy amigo y que tanto quería. A la casa de Cavanilles, al lado de la Ría de Villaviciosa, en “El Porreo”, era trasladado en coche don Gabino, conducido por el vicario entonces, anterior a don Javier Gómez Cuesta, don José Iglesias, llamado “Pepe el comunista”. 

 

Debo recordar que Cavanilles fue Presidente de la Asociación de amigos de la Catedral de Oviedo, y en su libro antes indicado, al final, en el Apéndice número 4 (1977) constan las siguientes palabras de don Gabino: “En estas horas de amargura por el brutal despojo de la Cámara Santa siento la necesidad de comunicarme con todos vosotros, aunque sólo sea para desahogar mi pena”. Y concluyo recordando a los sacerdotes fallecidos, Jose María Bardales y Jose Luis Martínez, mis amigos, que tanto y tan bien hablaban de su obispo, don Gabino, en las tertulias de sobremesa de los viernes en el Hotel Asturias, en Gijón, con muchas anécdotas, como la que era, como buen manchego, muy friolero. 

 

Y doy fe haberle visto vestido, en un Vía Crucis, camino del Cristo de las Cadenas, acompañándole, con la antigua capa magna de obispo, que, por no necesitarla ya, la tiñó de negro. 

 

         ¡Qué descanse en paz!


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domingo, 7 de agosto de 2022

“BASILIO LOSADA, TRADUCTOR DE PORTUGUÉS: RECUENTO BIBLIOGRÁFICO”, artículo de José L. Campal (exclusivo para el blog Las mil caras de mi ciudad)

 

Con la muerte hace unas semanas, a los 91 años de edad, del catedrático de Filología Gallega y Portuguesa de la Universidad de Barcelona Basilio Losada Castro desaparece no solo uno de los grandes expertos en la cultura y literatura lusófonas, sino también uno de los más acreditados traductores del portugués de nuestro país. 

Afirma José Antonio Sabio en el Diccionario Histórico de la Traducción en España que Basilio Losada «cuenta en su haber con más de 150 libros traducidos de siete lenguas. La mayor parte de sus traducciones están íntimamente vinculadas con su actividad profesional. Según sus propias declaraciones, traducir es la mejor manera de leer; y así, como lector empedernido, ha hecho de mediador entre diversas lenguas y culturas durante los últimos cuarenta años». En el caso concreto de sus traducciones portuguesas, recuerda Sabio que «le corresponde el honor de haber dado a conocer en España a José Saramago y a Jorge Amado». Acerca del premio Nobel luso, dice Sabio que «para Losada, el secreto de las novelas de Saramago estriba en la oralidad y, por lo tanto, en su lectura en voz alta». Y apostilla: «Sus versiones buscan el acercamiento del lector al universo del autor traducido, procuran evitar las notas a pie de página y tienden a ser obras autónomas».

En las siguientes líneas ofrecemos un recuento de sus traducciones (mis disculpas anticipadas por las ausencias, si las hubiere) del portugués al castellano, ajustándonos a la primera edición y ordenándolas cronológicamente.

 

1)  Los viejos marineros, de Jorge Amado: Barcelona, Luis de Caralt, colección “Gigante”, 1968, 359 p.


2)   Los pastores de la noche, de Jorge Amado: Barcelona, Luis de Caralt, 1970, 330 p.


3) La barca de los hombres, de Autran Dourado: Barcelona, Luis de Caralt, colección “Gigante”, 1970, 280 p.


4) Nítido nulo, de Vergílio Ferreira: Barcelona, Seix Barral, colección “Biblioteca Formentor”, 1972, 276 p.


5) El huésped de Job, de José Cardoso Pires: Barcelona, Seix Barral, colección “Biblioteca breve”, 1972, 179 p.


6)  Mies roja, de Jorge Amado: Barcelona, Luis de Caralt, colección “Gigante”, 1972, 349 p.


7)  El hombre que calculaba, de Malba Tahan: Barcelona, Verón, colección “Phoenix”, 1972, 332 p.


8)  Jubiabá, de Jorge Amado: Barcelona, Luis de Caralt, colección “Gigante”, 1972, 285 p.


9)  Alegría breve, de Vergílio Ferreira: Barcelona, Seix Barral, colección “Biblioteca breve”, 1973, 325 p.


10) Los clandestinos, de Fernando Namora: Barcelona, Seix Barral, colección “Biblioteca Formentor”, 1973, 332 p.


11) Portugal y el futuro. Análisis de la coyuntura nacional, de António de Spínola: Barcelona, Planeta, colección “Textos”, n.º 1, 1974, 234 p. 


12) Cerca del corazón salvaje, de Clarice Lispector: Madrid, Alfaguara, colección “Literatura Alfaguara”, 1977, 210 p.


13) Información, lenguaje, comunicación, de Décio Pignatari: Barcelona, Gustavo Gili, colección “Punto y línea”, 1977, 98 p.


14)  Sombras de reyes barbudos, de José J. Veiga: Barcelona, Bruguera, colección “Narradores de hoy”, n.º 4, 1978, 170 p.


15) Una vida en secreto, de Autran Dourado: Barcelona, Bruguera, colección “Narradores de hoy”, n.º 5, 1978, 126 p.


16) En lo profundo del infierno, de Artur José Poerner: Barcelona, Bruguera, colección “Narradores de hoy”, n.º 6, 1978, 190 p.


17) Quarup, de Antônio Callado: Barcelona, Argos Vergara, 1979, 428 p. 


18)Los subterráneos de la libertad. I: Los ásperos tiempos, de Jorge Amado: Barcelona, Bruguera, colección “Narradores de hoy”, n.º 29, 1980, 349 p.


19) Los subterráneos de la libertad. II: Agonía de la noche, de Jorge Amado: Barcelona, Bruguera, colección “Narradores de hoy”, n.º 33, 1980, 350 páginas.


20) Los subterráneos de la libertad. III: Luz en el túnel, de Jorge Amado: Barcelona, Bruguera, colección “Narradores de hoy”, n.º 35, 1980, 479 p.


21) El cobrador, de Rubem Fonseca: Barcelona, Bruguera, colección “Narradores de hoy”, n.º 38,  1980, 221 p.


22) Gálvez, emperador del Amazonas, de Márcio Souza: Barcelona, Argos Vergara, 1981, 244 p.


23)  Mad María, de Márcio Souza: Barcelona, Argos Vergara, colección “Las 4 estaciones”, 1981, 332 p.


24) Semiótica del arte y de la arquitectura, de Décio Pignatari: México, Gustavo Gili, colección “Punto y línea”, 1983, 152 p.


25) El río triste, de Fernando Namora: Barcelona, Noguer, colección “Galería literaria”, 1984, 302 p.


26) Política economía. Portugal en los siglos XIX XX, de Miriam Halpern Pereira: Barcelona, Ariel, colección “Ariel Historia”, 1984, 199 p.


27) Balada de la playa de los perros, de José Cardoso Pires: Barcelona, Seix Barral, 1984, 239 p. 


28) El año de la muerte de Ricardo Reis, de José Saramago: Barcelona, Seix Barral, colección “Biblioteca breve”, 1985, 357 p.


29) Pasado negro, de Rubem Fonseca: Barcelona, Seix Barral, 1986, 219 p.


30) La balsa de piedra, de José Saramago: Barcelona, Seix Barral, colección “Biblioteca breve”, 1987, 333 páginas.


31)  La extraña nación de Rafael Mendes, de Moacyr Scliar: Barcelona, Circe, 1988, 343 p.


32) Fanny Owen, de Agustina Bessa-Luís: Barcelona, Grijalbo, colección “El espejo de tinta”, 1988, 274 p.


33) Profesión poética, de Álvaro Siza: Barcelona, Gustavo Gili, 1988, 188 p.


34) Alzado del suelo, de José Saramago: Barcelona, Seix Barral, colección “Biblioteca breve”, 1988, 318 p.


35) Alexandra Alpha, de José Cardoso Pires: Barcelona, Circe, colección “Narrativa Circe”, 1989, 385 p.


36) Manual de pintura y caligrafía, de José Saramago: Barcelona, Seix Barral, colección “Biblioteca breve”, 1989, 235 p.


37) Historia del cerco de Lisboa, de José Saramago: Barcelona, Seix Barral, colección “Biblioteca breve”, 1990, 315 p.


38)Las horas desnudas, de Lygia Fagundes Telles: Barcelona, Plaza & Janés, colección “Novela/Paradigma”, n.º 15, 1991, 282 p.


39)  Viaje a Portugal, de José Saramago: Barcelona, Círculo de Lectores, 1991, 271 p.


40)  Helena, de Machado de Assis: Barcelona, Sirmio, colección “La caja negra”, n.º 9, 1992, 221 p.


41)  El Evangelio según Jesucristo, de José Saramago: Barcelona, Seix Barral, colección “Biblioteca breve”, 1992, 341 p.


42)  Las maletas del viajero, de José Saramago: Barcelona, Ronsel, colección “Fin de siglo”, n.º 1, 1992, 236 p.


43)  Memorial del convento, de José Saramago: Barcelona, Círculo de Lectores, 1992, 331 p.


44)  Trabajadores. Una arqueología de la era industrial, de Sebastião Salgado: Barcelona, Lunwerg, 1993, 400 p.


45) La voz de los dioses. Viriato, Iberia contra Roma, de João Aguiar: Barcelona, Edhasa, colección “Narrativas históricas”, 1993, 330 p.


46)   Suomi, de Paulo de Carvalho-Neto: Barcelona, Alba, colección “Alba literaria”, n.º 4, 1994, 382 p.


47)   La hora de los rumiantes, de José J. Veiga: Barcelona, Ronsel, colección “Pérgamo/Narrativa”, n.º 8, 1994, 175 p.


48)  In nomine Dei, de José Saramago: Barcelona, Ronsel, colección “Pérgamo/Teatro”, n.º 11, 1994, 207 p. 


49) Navegación de cabotaje. Apuntes para un libro de memorias que jamás escribiré, de Jorge Amado: Madrid, Alianza, colección “Alianza tres”, n.º 278, 1995, 510 p.


50) De cómo los turcos descubrieron América, de Jorge Amado: Barcelona, Ediciones B, colección “Tiempos modernos”, n.º 95, 1995, 118 p.


51)  Tierra de silencio, de Rachel de Queiroz: Barcelona, Alba, colección “Alba literaria”, n.º 9, 1995, 150 p.


52)  Ensayo sobre la ceguera, de José Saramago: Madrid, Alfaguara, 1996, 373 p.


53)  Memoria de un niño, de Jorge Amado: Madrid, Alianza, colección “Alianza cien”, n.º 91, 1996, 64 p.


54) Mário Soares. Dictadura y revolución, de Maria João Avillez: Barcelona, Plaza & Janés, 1996, 658 p.


55)  De este mundo y del otro, de José Saramago: Barcelona, Ronsel, 1997, 199 p.


56)  Killer, de Patrícia Melo: Barcelona, Ediciones B, colección “Tiempos modernos”, n.º 125, 1997, 221 p.


57)  El conquistador, de Almeida Faria: Barcelona, Tusquets, colección “Andanzas”, n.º 312, 1997, 146 p.


58)  Un dios pasea en la brisa de la tarde, de Mário de Carvalho: Barcelona, Seix Barral, 1998, 287 p. 


59)   Señales de fuego, de Jorge de Sena: Barcelona, Galaxia Gutenberg, 1998, 635 p. 


60)  Ana en Venecia, de João Silvério Trevisan: Barcelona, Edhasa, colección “Narrativas históricas”, 1999, 716 p.


61)  Nación criolla. La correspondencia secreta de Fradique Mendes, de José Eduardo Agualusa: Madrid, Alianza, colección “Alianza literaria”, 1999, 159 p.


62) Parábola de la vieja tortuga, de Pepetela: Madrid, Alianza, colección “Alianza literaria”, 1999, 186 p.


63) Elogio de la mentira, de Patrícia Melo: Barcelona, Mondadori, colección “Literatura Mondadori”, n.º 141, 2000, 205 p.


64) Secreciones, excreciones y desatinos, de Rubem Fonseca: Barcelona, Seix Barral, colección “Biblioteca Formentor”, 2003, 159 p.


65) Cantos de otoño. Novela de la vida de Lautréamont, de Ruy Câmara: Barcelona, Norma, colección “La otra orilla”, 2007, 459 p.


66)  El seminarista, de Rubem Fonseca: Barcelona, RBA, colección “Serie negra”, n.º 119, 2011, 142 p.


67) El tiempo y el viento. El continente, de Érico Veríssimo: Madrid, Antonio Machado Libros, 2013, 589 p.