domingo, 31 de enero de 2021

"PODEMOS O NO PODEMOS", artículo de ÁNGEL AZNÁREZ RUBIO (publicado en "LA VOZ DE ASTURIAS" 24/01/2021)



En el anterior artículo, El cambio político, con el subtítulo de Lo siciliano de ayer y lo español de hoy, se citó a Rosanvallon, a propósito de los populismos y de la importante aportación de ese movimiento político, que es gobernar de acuerdo con las emociones. Y se concluyó con un sueño, que es como suelen terminar los cambios políticos. Sueños, ensueños y ensoñaciones, que son realidades psíquicas, que transitan por límites establecidos: a) para soñar hay que estar dormidos; b) “Nada más personal que un sueño, nada que encierre más a un ser en la soledad irremediable, nada más reacio a ser compartido”, escribió Roger Caillois; c) el soñar se rige por “lógicas” que no son las de la racionalidad sino las de lo irracional. Conclusión: lo de soñar juntos o despiertos, es propio de sandios o de abobados. 



Hay saberes y prácticas que, por su cercanía a lo misterioso e inexplicable, están muy a gusto con lo irracional, fascinados con otros mundos después de la muerte. Hay otros saberes y prácticas que elevan la razón a esencia constitutiva de la actividad humana; sin razón, dicen, no hay humanidad. Y entre unos y otros está la Política y lo Político que, sin perjuicio de su deseado frío carácter racional, hacen guiños a las pasiones, a las emociones, muy calientes y próximas a la “sin razón”. Buenos pensamientos los de Michael Walzer en
Razón, política y pasión. 


Una racionalidad o irracionalidad que en Política son de intensidad variable. Así, por ejemplo, se señala (Boulard 1999) que las técnicas de la conquista del poder tienen más de irracional y de pasional que de racional; eso a diferencia de lo que ocurre con las técnicas de ejercicio del poder, que son mucho más racionales. Sin un cierto aventurerismo irracional –añado ahora- es difícil llegar al Poder, tal como se pudo comprobar en la exitosa moción de censura, que aupó al poder político, al Palacio de la Moncloa, en Junio de 2018, a Pedro Sánchez, dejando pasmados a Rajoy y a otros muchos, acaso pasmados desde que nacieron.



No es de casualidad sino de mucha causalidad que en aquel exitoso aventurerismo y atrevimiento de Pedro Sánchez hubiera desempeñado un gran papel –acaso el esencial- el grupo político de
Podemos, un llamado populismo de izquierdas al que se atribuye por destacados politólogos el “retorno de las emociones” a la política española; emociones que Rosanvallon divide y califica de posición, de intelección y de intervención. 


Un país, que ha protagonizado una Guerra Civil de tanto encarnizamiento como fue la española, en la que lo atávico y lo religioso tanto contaron, no parece precisamente propicio a exageraciones de racionalidad en Política, llegándose a calificar lo español como de una irracionalidad suicida. Hay que ser cautelosos, después de haber comprobado la degeneración, en el nazismo, del exquisito racionalismo germánico durante los años treinta del pasado siglo. El movimiento político de Podemos es por si mismo interesante, al margen de que sea producto de lo emotivo, de lo pasional, de lo no estrictamente racional y de que Pablo Iglesias sea un buen ejemplo de homo passionalis.


Los mismos que no entendieron el porqué de la aparición pública de Podemos, convierten a este grupo político, no en su adversario político sino en su enemigo, siguiendo la base de la Política, que es la dialéctica amigo-enemigo, en el pensamiento de Carl Schmitt, el cerebro-jurista del III Reich, el protegido por Göring, y de tanta importancia para entender España en los años cuarenta del siglo pasado. A esa enemistad contribuyen también los desafíos provocadores de los mismos “podemitas”. 


El siglo XXI no pudo comenzar de manera más propicia para el descalabro y la estampida de la política tradicional, surgiendo el importante movimiento llamado del “15 M”. La política de siempre se reveló como un engaño, una mentira, una fuente de corrupción, empezando por las altas cabezas del Estado convertido en un establo maloliente. Se mintió sin freno, apelando (2ª Guerra del Golfo) a Dios. Del liberalismo económico se paso al neoliberalismo de élites depredadoras, organizadas en pandillas o cuadrillas para delinquir. Del llamado Estado del Bienestar se pasó a una acelerada desigualdad entre los ciudadanos, con manifestaciones multitudinarias en 2011 en la Puerta del Sol de Madrid pidiendo la igualdad de derechos ante la desigualdad y pobreza crecientes. Se pidió la ruptura de la simbiosis entre lo económico y lo político, y se exigió un nuevo modo de representar al “pueblo”.


En ese contexto surgen preguntas: ¿Puede extrañar que en Julio de 2014 un periódico haya titulado “Rebelión ciudadana contra las élites? ¿Puede extrañar que la gente se preguntase quién mandaba aquí? ¿Cabe asombrarse ante la ruptura de confianza de la ciudadanía, desconfianza en la Política y deterioro de la democracia y la corrupción? ¿Puede extrañar que ante tanto desbarajuste, se reclamase una “nueva manera de hacer política”? Es natural que al Poder establecido el Movimiento del 15 M, resultase de extrema incomodidad y que la recogida por Podemos de planteamientos populistas de aquel Movimiento tuviera resonancias no solo intelectuales sino también emocionales. 


Muchos no ven a Podemos como un simple adversario político, sino como al enemigo que se contrapone al amigo en la polémica o guerrera esencia de la Política según Carl Schmitt. Lo ven como a un enemigo que, por ser odiado, hay que destruir y al que se niega la legitimación para intervenir en el debate político. Esto es muy preocupante y peligroso, que debería exigir de manera inmediata reflexiones, pues entronca con planteamientos guerra/civilistas que aún están ahí, visibles. También, por cierto, de Schmitt es la idea de la indisoluble unidad del Trono con el Altar, que fácilmente se aprecia en la Legislación hipotecaria española de 1944-1946, privilegiando las inmatriculaciones, como escribimos repetidamente, de bienes de la Iglesia católica como si fueran del Estado mismo, privilegios mantenidos, sorprendentemente, hasta 2013, o sea, hasta ayer mismo. ¿Habrá que recordar, como hiciera Américo Castro, la radical españolidad de palabras como “pronunciamiento”, “caciquismo”, “muñidor” y “pucherazo”?


El pensador José Luís Pardo (El Mundo, 10 de diciembre de 2016), preguntado por Podemos respondió: “Discurso en el que reina la ambigüedad y genera grandes palabras, grandes eslóganes, grandes insultos y grandes enemigos. El mecanismo por el que se afianza el populismo es aunando demandas heteróclitas que no contribuyen al interés general sino al enfrentamiento social”. En esa respuesta está la clave incendiaria en búsqueda de la enemistad y reclamando odios de sus enemigos: desde el apoyar demandas de colectivos con cuentas pendientes en el País Vasco a seguir planteamientos separatistas en Cataluña (lo último calificar a Puigdemont de exiliado); desde elaborar blindajes o parapetos ante denuncias de corrupción, a locas incoherencias personales de sus principales dirigentes. Y hay un asunto esencial, para añadir, denunciado por Rosanvallon en su libro El siglo del populismo: eso tan sospechoso, que se denomina la democradura o la cuestión de la irreversibilidad


Bajo el neologismo de democratura está la sospecha de que el populismo lo que quiere es instaurar un régimen político, según Rosanvallon, que combine las apariencias democráticas con un ejercicio autoritario del poder. En su origen están las urnas, pero las mayorías pasan luego a ser irreversibles, pues el “pueblo” habiendo ganado ya no puede perder, y la reelección de los gobernantes populistas ha de ser ilimitada; todo ello con la necesaria y laboriosa domesticación de los Tribunales. Esa finalidad no democrática de la democradura subleva, más aún, a sus reales enemigos, a su vez, muy dudosos acerca de la democracia. En ese contexto es normal que algunos periódicos editorialicen “Podemos no es ejemplo de nada” o que se escriban páginas sobre “La deriva totalitaria”. 



Y la pregunta es: ¿Qué pasa con la
democradura cuando el partido populista no tiene una mayoría parlamentaria para aplicar sus políticas y cuando gobierna en coalición con otro partido no populista? Eso, esa genialidad, es lo que está ocurriendo ahora en España. Es normal que los populistas se revuelvan, que no acepten que del “pueblo” se rían o sonrían. ¡Cómo van a aceptar eso quienes ya dijeron que “La culpa es de todos, menos de ellos!. La respuesta acaso la tenga o debería tener Pedro Sánchez. 


Rosanvallon escribió en 2020 su novedoso ensayo sobre los populismos, pero mucho antes, el 28 de marzo de 2002, pronunció la Lección inaugural del Collège de France, que tituló Para una historia conceptual de la Política. En ella dijo: El fondo de lo político no se deja verdaderamente aprehender más que en momentos y situaciones que destacan que la vida de la democracia no es la de confrontación con modelos ideales, sino con la exploración de problemas concretos a resolver”. 


Queda, pues, esperar y ver. 


FOTOS DEL AUTOR


viernes, 22 de enero de 2021

A VUELTAS CON LA DULCE MORRIÑA DE LOS GALLEGOS, por ÁNGEL AZNÁREZ RUBIO ( Publicado en "La voz de Ortigueira, 15/01/2021



En
La Voz de Ortigueira del 18 de diciembre último, mientras estábamos escribiendo de la morriña de mediterráneos -unos griegos y otros sicilianos mafiosos-, de judíos, de moriscos y de nosotros, los gallegos, de repente cayó la noche, como caen las techumbres, sobre los muebles o escritorios, ya oscuros de por sí por los cortinones de damascos rojos del amplio salón, del color de los calcetines de canónigos y obispos, antes del último Concilio. Tuve que dejar de escribir, asustándome por escuchar los gritos suaves y las congojas, propias de espíritus del Más Allá, no sabiendo si eran de fantasmas blancos o de almas negras en trance de purga, o sea, de almas en pena. A esto se llama “el poder sugestivo de lo tenebroso”. 


Ahora, al despertarme, ya al amanecer e inmediatamente después del Fiat lux, he de continuar con el asunto de la morriña. Una luz que llega adonde estoy, en lo alto de la Villa Condal y con vistas al Cementerio Y siempre en compañía de las músicas de péndulos, por todo el corredor de la crujiente tarima al pisar; unos péndulos que señalan el tiempo, fábrica que fueron del cura de Ladrido. Veo también a los cercanos ventanales, con macetas coloradas de verde perejil, y más abajo, en el jardín, veo las hortensias violetas como las de mis amigas de Couzadoiro. Y a través de una puerta desencajada, veo asomar por el suelo un rabo negro, no sabiendo si es de Satanás o del gatazo de la casa. 



¿Qué es la dulce morriña? me pregunto ahora, que son tiempos, los navideños, muy entrañables por comer muchas entrañas, y apropiados para todo lo dulce y de mucha glotonería, desde los postres de la morisca Jijona hasta ese deseo dulce de retornar, de volver a la misma tierra del lugar del parto y de la madre que nos parió. Los de la morriña, lejos, imaginan con re-volver a las chimeneas, “lareiras” y cociñas -siempre vascas las cocinas, pues primero fabricaron los vascos las de carbón con hierros de Eibar, y ahora hacen las de “Fagor”, lo cual es muy normal, ya que los vascos fueron siempre muy “cocinitas” y cocineros-. Los de la morriña, lejos, también imaginan re-volver para cortar las berzas en los ferraos junto a la casa y oler caldos. 


Fue un esteta, llamado Schiffter, el que proclamó la esencia de la morriña de la siguiente manera: “Según el judeo portugués, que vivió en Holanda, llamado Spinoza, la imaginación, aguzada por el deseo, embellece su objeto”. El Diccionario Ideológico de don Julio Casares identifica a la morriña con la tristeza y la define como “melancolía causada por la ausencia”. Estoy de acuerdo con don Julio en que un morriñoso es el que tiene morriña, pero estoy en desacuerdo en que el morriñoso sea sinónimo de persona raquítica o enteca o enfermizo, pues conozco a muchos gallegos de Santa Marta de Ortigueira, que viven en La Habana, en Buenos Aires o en Australia, muy morriñosos, y que son también grandes y grandones, gordos y muy gordos, nada esmirriados. Los de Cariño acaso -que no lo sé- sean como dijo don Julio.


  • Hay gallegos, médicos y/o menciñeiros, que han estudiado ese fenómeno mental, de la melancolía, de la murria y de la nostalgia por la ausencia y la lejanía, que recuerda tanto a la querencia del toro por el burladero. Y otra vez, re-surge el Odiseo o Ulises, que, por tener tanta murria (la de Ítaca) fue insensible a los encantos femeninos de ninfas y diosas como Calypso, y que, por afán de ver a su ya anciana esposa, Penélope, renunció a ser inmortal. Que un Odiseo, tan hombre él, renunciara a tantas, tan bellas y tan buenas como las ninfas, no se puede entender sin el padecimiento de la melancolía, que es muchas cosas, también la depresión. 



Lo dicen los libros que cuentan verdades y no historias: Ulises fue el primer gallego, llorón y morriñoso, que, para despistar, llamó Ítaca al lugar de retoño –debería haberse llamado Lagarea, Brandariz, del Cantón o de Las Tres Farolas. Homero cuenta, en el Capítulo V de la Odisea, lo de Ulises: que, cuando Calipso fue a buscar a Odiseo, para comunicarle la decisión de Zeus de liberarle
“lo encontró sentado en la playa, con los ojos llenos de lágrimas y muriéndose de añoranza”. Y añade el vate ciego que “el día lo pasaba Odiseo en la orilla llorando y mirando al mar”. Realmente el llamado Ulises, el muy mañoso y artero, en realidad era de mucha añoranza y llorar, y que ya en Ítaca, sin nostalgia ni imaginación, se aburrió, sumiéndose, tal como se cuenta en el Canto XIII, en un sueño profundo, dulce y casi igual que la muerte. Es normal que ya en Ítaca, en Lagarea, en Brandariz, en el Cantón o en Las Tres Farolas, se aburriera.


Y es que la morriña, como categoría psicológica y mental, incluso psiquiátrica, pide lejanía y mucha distancia, pues con cercanía o proximidad la tal decae o desaparece. Cuanto más lejos, mayor es la morriña, y cuanto más viejo o vieja se sea, mayor es la nostalgia de la patria querida (la morriña es como la próstata, crece, naturalmente, en los paisanos año a año, hasta reventar). Por eso, para tener auténtica morriña, el gallego ha de residir en el Coño Sur, en La Habana o en Melburne, y por viejo o vieja creer en los Reyes Magos. 


Moure-Mariño, fedatario de Auristela, la de los Juegos Florales de doña Emilia Pardo Bazán, recordó a un tal don Roberto Novoa Santos, que escribió sobre El dolor de la lejanía, del que dijo el fedatario: “Novoa Santos se sitúa ante el enfermo desterrado con la actitud científica del médico que estudia la enfermedad, sus causas, su curso y tratamiento”. Y Moure citó a un tal López Abente, que escribió los siguientes versos:


“Quiero volver de novo a vivir na paisaxe

De duros penedos e cabos tormentosos

Entre os santos terrons de nativa paraxe

Que desexo recollan os meus cansados osos…”





viernes, 15 de enero de 2021

LA LLAMADA APERTURA DE LA PUERTA SANTA, por ÁNGEL AZNÁREZ RUBIO, artículo publicado en "RELIGIÓN DIGITAL" (diciembre, 2020)


Arzobispo de Santiago
A media tarde del día 31 de diciembre, tal como estaba anunciado, la primera Procesión salió de la Sacristía catedralicia hacia la plaza A Quintana por la Puerta de las Platerías, entrando luego, Segunda Procesión, en la Catedral por la Puerta Santa, una vez abierta. Como es usual las profesiones estaban encabezadas por la Cruz y siendo persona principal el Excelentísimo y Reverendísimo Señor Arzobispo de Santiago de Compostela, con capa pluvial blanca, mascarilla negra, en tarde lluviosa, de poca luz y escasas personas por el Coronavirus. La ceremonia fue, en una primera parte, la Apertura de la Puerta Santa, de acceso al templo catedralicio desde A Quintana, y, en una segunda parte, la procesión catedralicia y celebración de la Santa Misa.


Una primera parte, especialmente simbólica y metafórica, muy religiosa, pues de lo material consistente en un derribo de trozos de piedras o derribo de puerta tapiada, se trasladaba (metapherein) a lo muy espiritual consistente en separar lo mundano y divino, lo terrenal y lo celestial, del pecado y de la gracia. Y con una finalidad manifiesta: que los que vean eso o que hasta allí lleguen peregrinando desde lejos, comprendan el alivio y las facilidades del Júbilo o Jubileo, por poder descargar tantos y tan pesados pecados. La simbología del derribo de la Puerta Santa se mantiene actualmente, aunque, por razones de seguridad y de limpieza, se haya suprimido, por primera vez, el derribo de la tapia y los cascotes de piedras. El simbolismo es tan efectivo que la Iglesia hizo abundar abrir Puertas Santas. Hay “Puertas Santas” por doquier.

Antes de que la comitiva o procesión se dirigieran a la Puerta Santa, se escuchó, después de varias lecturas, el mensaje del Papa, leído por el nuncio: “Querido Hermano”, se dirigió al Arzobispo, situado a un lado, junto a los obispos, pudiéndose contemplar la rectangular alfombra floral. Antes de narrar la apertura de la Puerta Santa, señalemos dos cuestiones asuntos que la ceremonia sugiere o evoca: 


A.- Año Santo y Año Jubilar, en cuanto su declaración, a partir de su inicio, el 31 de diciembre de 2020, permite obtener, recibir y ganar unas indulgencias plenarias cumpliendo unos requisitos. E Indulgencias que suponen una absolución de todos los pecados, con el añadido respecto al sacramento de la penitencia, de borrar hasta la pena temporal por los pecados ya sacramentalmente perdonados. Y unas Indulgencias a las que el Papa se refiere en la Bula Misericordiae vultus: “Indulgencia del Padre que a través de la esposa de Cristo alcanza al pecador perdonado y lo libera de todo residuo, consecuencia del pecado”. 


En consecuencia, las categorías de pecado y perdón son sustanciales al Año Santo. En tiempos pasados, que fueron tiempos tridentinos en los que la predicación infernal por la Iglesia tanto asustaba, las Indulgencias de los Años Santos eran especialmente deseadas y bienvenidas. Recordemos que la genuina oratoria sagrada era desgarradora y de mucho pánico sobre los pecados y los infiernos. Aquel Dios castigador movía mucho los confesionarios, las indulgencias y las direcciones espirituales. En tiempos presentes, nada de eso ocurre, pues por el pecado y por las calderas de Pedro Botero, los predicadores hoy pasan como de puntillas. Del “Dios” de antes al de ahora, hay diferencias importantes. El Dios actual, tan misericordioso, es otra “cosa”. 


Santiago apóstol (en la catedral de Santiago de Compostela)

Es interesante traer a colación la Bula del Jubileo de la Misericordia, Misericordiae vultus del Papa Francisco del año 2015. Se escribe en ella: “Misericordia es la vía que une a Dios y al hombre, porque abre el corazón a la esperanza de ser amados, sin tener en cuenta el límite de nuestro pecado”. Y luego: “Ante la gravedad del pecado, Dios responde con la plenitud del perdón”. Seguidamente: Jesús revela la naturaleza de Dios como la de un Padre que jamás se da por vencido hasta que no se haya disuelto el pecado y superado el rechazo con la compasión y misericordia”.


Las dos vías de redención de pecados, recuperando la Gracia de Dios, la del Sacramento de la Penitencia y las de Indulgencias están en crisis. Y si la gente no se confiesa hoy, tampoco se esforzará en ganar las Indulgencias, que tantos quebraderos, por corrupción, causaron, por cierto a la Iglesia, siendo causa de la Reformas protestante. 


B.- Personaje importante en el Año Santo compostelano siempre fue el Arzobispo de Santiago, hoy don Julián Barrio, el cual, no obstante haber nacido en pueblo polvoroso y de la Diócesis de Astorga (Manganeses de la Polvorosa), muy cercano a Benavente, ya de la Diócesis de Zamora, nada hace recordar al polvo ni al ruido de voladores ni petardos. Don Julián, por no haber sido “Quinto” y haber sido estudiante en el controvertido Seminario de La Bañeza, nada tuvo que ver con la animalada que fue aquello del “salto de la cabra” desde la torre de la iglesia. Eso era muy de allí, como los adobes, las sopas y como don Benicio Gallego, real y mítico alguacil de Manganeses, que, después de llamar la atención de los vecinos con el cornetín, cantaba: “Don Lirio Blanco Ramírez, Alcalde de Manganeses de la Polvorosa, hace saber…Y al final siempre terminaba diciendo: lo que se hace saber para general conocimiento”. Esa retahíla seguro que la habrá escuchado don Julián y que habrá ido al cine local, llamado “Rocío”. 


Altar Mayor de la Catedral de Santiago de Compostela, viéndose en lo alto el caballo blanco de Santiago

El caso es que don Julián, bueno, de cara redonda y de dientes como de leche --su contrario son los colmillos retorcidos--, con terquedad propia de los de Manganeses, cumplirá 75 años en el Año Santo de 2021, y esto ya calienta y anima los susurros y murmullos en las sacristías gallegas sobre su sucesor, negándose y rechazándose nepotismos con radicalidad y bajo amenazas, confiando en el Papa de Roma. Eso escuché.


De Arzobispos recordé a Quiroga y Palacios, que presidía procesiones no sólo en la Plaza de la Quintana sino por todas las rúas compostelanas la víspera de Santiago, incluida la Rúa do Vilar, la de las tazas de vino, y que está enterrado cerca de donde debe estar Don Gaiferos reposando. También recordé a Suquía y a Rouco, tan presente éste último ayer y hoy, habiendo sido ambos magistrales con el botafumeiro. Y no me olvidé del desafortunado Arzobispo gallego Maximino Romero de Lema, siempre presente en las fiestas de Santiago, que no fue nada de lo que quería ser: ni Arzobispo de Santiago, ni Cardenal, ni Prefecto de Congregación vaticana. Murió, don Maximino, volando en aeronave de Iberia “de la Ciudad Eterna a la Ciudad de la Estrella”, según escritura necrológica de don Olegario en su juventud.


Pasamos por la verja que, desde la Plaza, nos hace llegar al lugar de la Puerta Santa. El Arzobispo realizó ante la Puerta el rito de su Apertura, golpeándola tres veces con un martillo de plata y de madera. Esta vez, para evitar el polvo y como consecuencia de la gran limpieza de la Catedral llevada a cabo, no hubo derribo de muro, de piedras o cascotes (otros años, con el derribo del tapiado, a punto estuvo de ocurrir una desgracia). Hoy se abrió la Puerta con una llave y así se inauguró el Jubileo. “Esta es la Puerta del Señor”, rezó.

Ría O´ Barqueiro (La Coruña), viéndose a la derecha el pueblo O´ Vicedo (Lugo)

Abierta la Puerta Santa, accedió primero al interior de la Catedral el Arzobispo, en cuanto primer peregrino, después de arrodillarse. Se formó la procesión, de recorrido por las naves catedralicias hasta el altar mayor, siendo seguidos los sacerdotes, con casullas blancas por los arzobispos y obispos, el nuncio y el cardenal Rouco, dando comienzo la solemne Misa estacional. De obispos vimos al de Lugo, Carrasco Rouco, al de Orense, Lemos, al de Tuy, Quinteiro, a los de Astorga y León, antes de Galicia, respectivamente, obispo auxiliar de Santiago y obispo de Mondoñedo. Se oyeron las músicas de Hércules Brass, Juan Durán y del guitarrista Núñez. 

Pronunció el Arzobispo de Santiago una emotiva y brillante Homilía. Leyó: “¡Ánimo, gentes todas, que estoy con vosotros, Oráculo del Señor!”. Saludó en varios idiomas; recomendó superar el escepticismo y recordó al Año Santo, a Santiago, y a estos tiempos “que son de rezar y de amar”. La Homilía de hoy hizo recordar acaso ciertas improcedencias en la Ofrenda de ayer, pues lo que no puede o no debe decir el Rey, tampoco puede o debe decirlo su delegado, el llamado delegado regio, hoy también presente en la procesión y en el sitial catedralicio. 

Terminada la misa, el interior de la Catedral fue perfumado por medio de ese gigantesco incensario de plata llamado botafumeiro

Y concluida la ceremonia, driblando al virus, me dirijo a la ría alta y puerto O´Barqueiro, cerca de la Estaca de Bares, en la Diócesis de Mondoñedo, acaso el lugar de más belleza y sublime de Galicia. 

En ese lugar, como siempre, miro al cielo y veo, casi, a Dios. 

Feliz Año a todos, hermanos y hermanas. 



FOTOS DEL AUTOR