domingo, 29 de octubre de 2023

LLENA LA ESPAÑA VACÍA, artículo de ÁNGEL AZNÁREZ (publicado en LA VOZ DE ASTURIAS, 20 de agosto 2023)


España Cañí” es un pasodoble torero y en crescendo (,“tararán, tararán, tararán, tan, tan”), mucha actualidad en España, Asturias y Gijón, pudiéndose añadir a las tres lugares lo de “Cañí”, con efectos devastadores para los políticos/as respectivos/as. Muchos hoy ignoran, también los republicanos, que ese pasodoble fue el primero en sonar en la Plaza de las Ventas, en el histórico paseíllo de una tarde de junio de 1931, cuando en dicha plaza se celebró la corrida de toros, que presidió el Presidente de la República, don Niceto Alcalá Zamora. Además, ese pasodoble gustó tanto en Gijón que, según cuentan los historiadores, se anunciaron dos conciertos, incluido en ambos el pasodoble dicho, concierto uno en la calle Corrida, a cargo de la Banda de Música de Gijón, y otro, en el Paseo de Begoña, a cargo de una Banda militar. 

 

El pasodoble “España Cañí” emocionó a los de Gijón, muy dados a lo emotivo, como lo prueba la facilidad de llorar al cantar el “Gijón del Alma”.  Los de Bilbao, mucho más brutos por vascos, cantan el “riau- riau”, que suena como a gatos con rabia o en celo. Los de Oviedo, siempre tiesos, cantan de pie el “Asturias Patria querida”, lo mismo en una sidrería con virutas de serrín en el suelo, que en el Teatro Campoamor junto a butacas de patio, ante reyes, infantas o lo que sea. De Oviedo tenían que ser la actual reina, la fría Leticia, y la anterior de la anterior, la más fría aún, Carmen, la del Polo. Por ser torpe de escritura, dejo mi pluma escritora aparcada por momentos y cojo la de mi maestro Umbral. Éste escribió: “Las mujeres se han reunido en torno a doña Carmen, en una corte mínima y doméstica que tiene prestigios repentinos de plata al sol”.   


La música de la “España Cañí” con letra de “siempre fui cañí, poesía en flor, esta España de mujeres bellas…” anuncia las Ferias y Fiestas de los pueblos de España y de sus nacionalidades. Eso ahora ya no ocurre ni en Gijón, amor del pasodoble, con ocasión de las fiestas de Begoña. Da igual; en Agosto, Gijón es una Fiesta con princesitas de pastel y con dos Ferias: la de Muestras y la de los Toros. En El Bibio, en lo alto de la cornamenta taurina, ondean banderas patrias, pareciendo aquello, más que una plaza de toros, el edificio de la ONU en New York. Y en la Feria de Muestras hay banderas a cientos, sólo faltando la de los piratas, que estando en la exposición, no se ven.  



Por haber tanta gente en Gijón, eché en falta la llamada “España vacía”, y hacia ella partí. Lo cual resultó un inmenso error y horror, pues esa España, en vacaciones, resultó estar llena, abarrotada; todo estaba al completo y necesitándose para todo, una cita previa, como en primer lugar por la pandemia y luego por la vagancia de los empleados públicos.   

 

Circulando por la autopista  AP-66 en dirección a León, el viernes, 11 de agosto,  admiré a la izquierda, el embalse de Barrios de Luna, ya en la comarca leonesa de Luna; temblé ante el puente espectacular de Fernández Casado; kilómetros más adelante, la indicación para ir a La Virgen del Camino, me hizo recordar que allí, junto al Santuario, en una “casa de ejercicios espirituales” los alumnos de Los Maristas, de Oviedo, vigilados por el Hermano apodado “El torero”, íbamos a hacer, bajo la dirección de un dominico-inquisidor, planes de lucha contra los enemigos del alma, en especial, contra el demonio tentador, que nos hacía pecar tanto contra el Sexto. También recuerdo que en esa “casa de ejercicios”, unas monjas dominicas, daban de comer un buen arroz con pollo y con trocitos de hígado (los mejores tropiezos, por cierto, de hígado están hoy en las sopas que prepara la cocinera del Restaurante La Llosa, en Oles (Villaviciosa), mis queridas Luisi y Teresi. 



Al otro lado, el camino de Veguellina, cerca de La Bañeza, tierra de oteros y de Oteros, me recordó a mi amigo José Corzo Villa, fallecido hace meses, y que fue la persona que más quiso a la Guardía Civil, lo cual fue de mérito, habiendo sido Corzo hijo de socialista. Y entre tanto ensueño veo a lo lejos, en León, la llamada Pulchra leoninao sea la Catedral, llamada así por el clérigo escritor, un don José González, al principio del siglo XX, personaje muy importante en la Diócesis leonesa, pues fue profesor en el importante Seminario de Valderas. La pluma del cura González era florida, llegando a escribir así: “El relojero andaba a brincos como los conejos”. Y desde tanta distancia, la Catedral majestuosa parecía raquítica, lo cual es un efecto óptico muy frecuente, pues, para admirar ante la mucha belleza, siempre hay que acercarse, y cuanto más, mucho mejor.

 

Y hubo un tiempo en que lo pulcro, que es lo bello en latín /(pulchrum), se puso de moda en León; “pulchra maragata” se llamó también a la Catedral de Astorga, villa la de los muñecos Juan y Colasa en el Ayuntamiento. Y León fue una tierra luego calificada, injustamente, de cazurra, de gentes bastas, que nada tuvieron que ver con las cartas de juegos.

 

Salgo de la autopista y desciendo por Villamañán, recordando que a la derecha queda muy poco del cementerio que allí hubo, estando enfrente el “velatorio”, que, según supe en su día, resuelve todo lo mortis-causa con rapidez de vivos y no con la lentitud de los muertos.  Y mirando al solar del que fue cementerio, no puedo evitar el pensamiento de la cantidad de personas que allí mismo, bajo tierra, se pudrieron.   

 

Pero antes de llegar a Villamañan, camino del Sur, que es Valencia de Don Juan, la antigua Collanza, con fiestas a base de halconeros, saltimbanquis y bufones, hubo que pasar por la comarca de Valdevimbre, tierra de majuelos con suaves vinos, los llamados “prietos-picudos”,  por ser de uva prieta y picuda, nada que ver con eso tan frecuente de que los humanos sean prietos y también picudos. Y lo de comer o cenar en las llamadas bodegas de Valdevimbre, no soy muy partidario, pues para comer cecina y chuletones de vacuno, siempre se dijo que se necesitan aires, ver la luz del día o contemplar la luna, siendo las bodegas estupendas para guardar vinos a buena temperatura.

 


Y por fin llegué a Valencia de Don Juan, que no es el destino de este viaje, como se descubrirá la semana próxima. Pero Valencia de Don Juan es importante por varias razones: fue lugar de veraneo de muchos asturianos, unos políticos y otros no, isidros unos y rozados otros, que allí, en el pasado, fueron a secarse y que ahora van a mojarse. Y con una Urbanización de lujo, que es Valjunco, casi como es en Madrid la Urbanización Puerta de Hierro. Tiene Valencia un complejo acuático y deportivo digno de las mayores y serias alabanzas, y felicitaciones al Ayuntamiento. Y tuvo un tren, con máquina de lanzar humos blancos al espacio azul y bufidos por bajo, primero en campos de León y luego de Castilla; un tren motejado de “Burra”, que iba desde Palanquinos (León) a Valladolid pasando por Medina de Rioseco. Y ese tren tiene un libro que lo escribió, naturalmente, un maestro, un tal Julián González Prieto, que en la contraportada explica que es palentino de nacencia y leonés de pacencia.

 

Cerca del importante Río Esla y bajo la mirada, desde lo alto, del acojonante Castillo tuerto, se encuentra el complejo acuático antes referido, que es como un Disneyland Park para comer, tomar el sol y bañarse en piscinas, piscinas de olas y de la Rana. Quise entrar y no pude, pues la cola era enorme, con minuciosidad en los registros de entradas, con barreras y obstáculos como los del metro de Madrid. Un funcionario, que por allí andaba y que debería pertenecer a un negociado de la antes llamada Depositaría municipal, me explicó que tanto control en las entradas era para no discrepar y pleitear con la Hacienda de León: disputas sobre aforos. “¡Fíjese, don Angel –me dijo el de la Depositaría- nosotros con lo legales que somos, que se nos acuse de no pagar lo debido a la Hacienda Pública, como si fuéramos empresarios mineros, es el colmo!”. El tal funcionario me contó intimidades, pero ahora, por si acaso, no reproduzco. 

 

Al no entrar, no pude ver el fondo bibliográfico de la Bibliopiscina;  no pude preguntar a los cocineros y cocineras, que tanto “trabajan” los macarrones con chorizo como plato del día, si seguían siendo tan demandados (los macarrones) como hace un par de años. Tampoco pude ver, si por la inflación de Pedrito Sánchez, subió el precio del lote de tres botellas, del vino prieto picudo y del blanco verdejo, que estaba, el lote, hace años en 10 euros. Si pude leer, en cambio, las rigurosas normas para usuarios, unas específicas y otras disciplinarias, sorprendiéndome que, entre tanto imperativo, se “colaran” consejas, aunque de mucho sentido común: “Hacer aguadillas puede ser broma de mal gusto”. 

 

Y saliendo ya de Valencia, girando a la derecha, comprobé que el Cuartel de la Guardia Civil, antes muy operativo, ahora estaba cerrado, lo que me provocó inquietud, pues lo del “Todo por la Patria” tan cerrado no me gustó. Todo por la Patria, la de adentro cerrada, y todo por la Patria, la de afuera abierta, pero nada, como si estuviese cerrada. ¡Ay, ay, Patria mía! ¡Y qué fácil, en lo de Amor a la Patria, es pasarse de rosca!   

 

Se continuará el viaje hasta llegar al ansiado destino en la España, vacia, sabiéndose al fin cuál. Resulto que esa España vacía estaba llena,   abarrotada y abigarrada, o sea, de muchos y diferentes colores.  

 

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martes, 3 de octubre de 2023

FERIA TAURINA DE BEGOÑA (2ª Parte), artículo de ÁNGEL AZNÁREZ publicado en LA VOZ DE ASTURIAS y LA VOZ DE GALICIA




Gijón y Bilbao fueron de muchos parecidos: ciudades de curas jesuitas, antes muchos y hoy apenas; las fiestas patronales se llamaron con el nombre de la misma Virgen, la de Begoña; la afición a los toros y al bonito, a los marmitakos, fue enorme por ser poblaciones de pescadores del mismo Mar, el Cantábrico; y el Somió de aquí, que fue de ricos, recuerda al Neguri de allí, que sigue siéndolo. Tantos parecidos no ocultan diferencias importantes: Gijón tiene río, aunque sin puente colgante, Bilbao tiene ría y con puente colgante; Gijón es ciudad de peritos, a diferencia de Bilbao, que es de ingenieros. Y Bilbao tuvo novelistas que se sentaron en la Academia de la Lengua, Gijón tuvo a Juanele, con su perrita Linda, que, por ser historiador de la tauromaquia gijonesa, ni se sentó en la Real ni falta que le hizo. Y con ocasión de la Feria Taurina de Begoña, de agosto 2023, un recuerdo, aquí, al llamado “gijonés hasta el tuétano”, hipérbole muy de gijoneses y bilbaínos. 

 


Oviedo y Gijón fueron ciudades de afición taurina, como las demás ciudades del Norte de España, todas con plazas de un estilo neo/mudéjar, desde La Coruña a San Sebastián. Y si Gijón tuvo una feria taurina, la de agosto, Oviedo tuvo dos, una en el mes de mayo (La Ascensión) y otra en septiembre (San Mateo). Lo que siempre se dijo que en el Norte no había afición a los toros, no era verdad. Circunstancias políticas, la vinculación entre “fiesta de los toros”, la “Fiesta nacional”, con el franquismo, fue para los nacionalismos de la periferia determinante para tratar de acabar con ella en Barcelona y San Sebastián, y ello junto a razones no políticas, la brutal naturaleza del espectáculo.  


Y para saber de toros deberían leerse los artículos de Eugenio Granell, titulados Añoranza del reino del torero famoso Los toros y el arte.

 

I.- TOROS EN OVIEDO:

Un recuerdo lejano es el de una caseta de madera para anuncios y ventas taurinas, con banderas y banderines, cerca del monumento a Tartiere, en el Paseo de los Álamos (Campo de San Francisco), situado en paralelo a la calle Uría. No había Curro Currito que no asistiese a las ferias ovetenses, viéndose desde verónicas del Romero a los saltos, como de batracio, de El Cordobés. Y subir hasta la Plaza de Toros, lejanísima, en Buenavista, era una peripecia. Se podía llegar en tranvía, de la línea Colloto-Buenavista, subiéndose a los topes en Uria o en Toreno; también se podía llegar en autobuses viejos, no municipales, con techos de lona, que, partiendo de la Uría, subían por la empinada Santa Cruz, girando luego a la derecha en Santa Susana, pues lo que sería más tarde la calle Calvo Sotelo estaba ocupada por las populares barracas de feriantes ambulantes, comenzando por las churrerías al costado mismo del Instituto Alfonso II.



 En la subida, carca ya de la Plaza, se podía ver a la izquierda el imponente y gris cuartel de la entonces Policía Armada, del que salían Jeeps Jeeps, que circulando por Muñoz Degraín y subiendo por San Esteban de las Cruces, iban, a principios de los años sesenta del siglo XX, a las Cuencas, a labores de su represivo oficio contra los mineros. Recuerdo que el profesor de Gimnasia en el Colegio de Los Maristas de Oviedo, era un elegante cabo de la Policía Armada, apellidado Muñoz, que vivía en lo alto del Cristo). Y en aquella subida, la de Buenavista, se podía coincidir con las comitivas de los toreros y cuadrillas que, en imponentes cochazos, unos desde el Hotel España, en Jovellanos, u otros desde el Hotel Principado, en San Francisco, iban a la subían a la Plaza. Una calle ésta, San Francisco, muy franquista por el Hotel, el preferido de doña Carmen, y el de la boda del hijo de Carrero en San Isidoro. 


II.- TOROS EN GIJÓN

 

Un recuerdo más cercano fue el de los toros en Gijón. Y aquí apunto que jamás me interesaron los lances, suertes, pases taurinos, el arrojar al ruedo almohadillas, no para apoyar cabezas sino culos, o el escuchar las músicas patrioteras de la banda de música. Lo que me interesó siempre fue el medio de transporte, el cómo llegar “a los toros”. Nada más llegar al “Bibio” gijonés, en tranvía, iba veloz a ver la “cochera” de tranvías que existía enfrente. Reconozco la extraña fascinación por las “cocheras” de tranvías, los de Gijón en el “Bibio”, de Oviedo en Pumarín, y de Avilés en el centro mismo. 

 

En Gijón, por el alto precio de las entradas, entendí que a los mismos que se regalaban “Cestas de Navidad” de la acreditada tienda La Argentinacon latas de caviar y foie-gras, les regalasen en agosto “entradas para la Feria de Toros”, pero sólo lo entendí a medias, pareciéndome “natural”, por ser quién era, que la familia del Delegado de Hacienda fuera gratis a los toros, y menos natural me parecía que la familia del Comandante de Marina fuera también gratis. Cuando pregunté por esto último me explicaron que era porque los reclutas de la Comandancia eran todos enchufados y había que mantener el enchufe. Luego supe que los no enchufados iban al CIR de El Ferral del Bernesga, teniendo que soportar a los “picurris”.  

 

Lo de asistir a la feria gijonesa de Begoña, en el Bibio, era como ser de la élite; allí estaban los de Somió, antes más ricos que los de ahora; ellas, Manolas, iban adornadas con peinetas y claveles rojos y ellos con camisería blanca de Luis, con tienda en la calle Los Moros. Maritina aún jugaba con muñecas y muñecos, mientras su papá curaba, cerca del Mercado de San Agustín y con éxito, a “nerviosas y mentales”. Asomarse en palcos y barrera era antes asunto de presunción, y asomarse hoy puede ser de reivindicación o de militancia extrema. Y aparecer al día siguiente en papel de periódico era la acreditación mas relevante para probar ser de la élite gijonesa, casi como ser socio del Club de Golf de Castiello, del Club de Regatas, o llevar a los hijos a los jesuitas “inmaculados”.

 

Por allí se vieron a muchos y muchas, a Rodrigo Rato, en sus tiempos de gloria y de La Pondala; a Sergio Marqués que alardeaba con puro y a Álvarez Cascos que tomaba nota, pues era cronista taurino con pseudónimo. Y mientras todo eso ocurría, las mulas negras, como gatos enlutados y espantadas por tanta muerte, arrastraban al toro muerto. Y me contaron que los carniceros locales y restauradores se forraban con lo del “rabo de toro”, haciendo las delicias para que los tragones disfrutasen de los rabos, como si fuesen cocinados en El caballo rojo, el genuino, el de Córdoba. Y los que no tenían para “rabo de toro” se conformaban con “lengua de toro”, aunque proveniente de sitios tan diferentes como son el culo y la cabeza del animal, comparten gelatinas. Un escritor antitaurino llego a escribir acerca del estofado del toro.  

 


Los tiempos de ahora, ya lo dije, lo cambiaron todo, y donde antes era exhibición de “honorables gentleman y ladies, en asientos de sombra, hoy pudieran ser de escondite. Y no es lo mismo la excelencia de ir a la Fiesta taurina, después de haber estado en la procesión del Corpus Christi durante la mañana, caso de la imperial Toledo, que ir a los toros habiendo estado durante la mañana en la otra Feria, llamada de Muestras, muy ordinaria como son todas las ferias mercantiles.   

 

La ovetense Ana, la del Consistorio gijonés de antes y efímera, quiso junto al comunista Aurelio cerrar El Bibio, pues sabido es que las izquierdas son antitaurinas (me remito a la 1ª Parte). Extrañamente me vino al recuerdo una familia que al mismo tiempo fue taurina y comunista. El taurófilo que es Andrés Amorós, en su libro Maestros y amigos (Forcola 2020), dedica el capítulo 9 a Luis Miguel Dominguín. En ese capitulo se cuenta, entre otras muchas, la siguiente anécdota entre Luis Miguel y Franco, en una cacería; al parecer éste preguntó al torero: “¿Cuál de sus hermanos es el comunista?” Y el torero contestó: “Los tres, los tres”. 

 

Añade Amorós, que Luis Miguel, amigo de Franco, a través de su hermano Domingo “ayudó a los comunistas españoles en la clandestinidad”. Acaso también por ser Franco fervoroso taurino, los comunistas han de ser antitaurinos, siendo lo taurino ideología de derechas. ¿Le gustarían los toros a Stalin? El mismo Amorós se preguntó en su libro Diario Cultural (Espasa 1983): “¿Pueden interesar los toros a una persona culta, europea, con sensibilidad?” Y consta una frase poco conocida de García Lorca: “El toreo es, probablemente, la riqueza poética y vital mayor de España”. 

 


En ese mismo libro, que también se recuerda a quien fue Juan Cueto, el de Cuadernos del Norte, de la desaparecida Caja de Ahorros de Asturias y “desaparecidos” los Cuadernos, se dedica un capítulo a Antoñete, el sabor del toreo, que si no fue Antonio Chenel comunista, tampoco fue de las derechas.  De Antoñete, el de mechón blanco y el de la madurez del clasicismo, escribió Amorós: “No importa que corte o no orejas, ni que le saquen a hombros. Toreando así, la gracia vence a la tragedia y los perfiles bárbaros de la Fiesta se redimen definitivamente en la belleza”. 

 

Y no tenemos más espacio para escribir de tantos y tantos caballos destripados y muertos por cuernos de los toros antes de lo del peto en la llamada “suerte de varas”; tampoco de Perico Beltrán y del lenguaje taurino. De Paco Nieva sólo diré que pensó mal de los toros en su furiosa obra teatral Coronada y el Toro y que poco escribió de lo taurino, aunque si un cuento titulado El burdel más bello del mundo

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viernes, 22 de septiembre de 2023

FERIA TAURINA DE BEGOÑA (1ª Parte), artículo de ÁNGEL AZNÁREZ publicado en LA VOZ DE ASTURIAS Y LA VOZ DE GALICIA el 13 de agosto de 2023

 

 Pudiera ser que lectores y lectoras se pregunten de qué “irá” esto, teniendo en cuenta que el titular, pacífico en la antigüedad, hoy en la postmodernidad, es provocador y como de revancha. ¿Será acaso el autor (A.A.R.) un cronista nuevo de lo taurino, improvisado y barato como si fuera un becario? ¿Será acaso un provocador con ganas de hurgar, con maneras bruscas, en partes blandas? ¿Será acaso un taurino, de españolez esencial, o sea,  un “facha” taurófilo, que acaso tenga  en su casa un  reclinatorio para rezar al Cristo del Cachorro  o a la Macarena  Virgen? ¿Será acaso el autor (A.A.R) un antitaurino, un “progre”, como esas rabiosas y rabiosos taurófobos y ateos?      




Todo partió de lo acaecido en un restaurante de un pueblo mariñán el domingo seis de agosto, hace días, y mientras desayunaba un moreno café con leche y un bollito de pan. De repente y asombrado, vi colgado en la pared, junto a fotos del Sporting, un inmenso cartel que, en letras gruesas, además de lo de Feria taurina de Begoña, animaba: ¡Abónate! Una Feria insuperable. Cuatro grandes corridas de abono del 15 al 18 de agosto. Se anunciaba la intervención de “matadores” de fama universal, tales como Diego Urdiales y Alejandro Talavante, también “espadas”, como las de don Heraclio Fournier, el de Vitoria. A eso se añadió, para más controversia y barullo, el anuncio, el siguiente lunes, de que el día de Begoña, en el redondel taurino de El Bibio gijonés, un cura celebrará una Misa. 

 


Manuel Vicent, el de la playa de la Malvarrosa, dijo una vez que los taurinos no ven la sangre del toro, pues parecen ciegos, a diferencia de los antitaurinos, que si ven la sangre, lo que les causa horror, y por lo que califican al “espectáculo” taurino de “barbarie litúrgica de la sangre”. Los taurinos –añade Vicent- “evitan la sangre y buscan, con cursilería a lo bruto, un toreo de cintura, una verónica de alelí, en suma, el tintirintin”. A ese “toreo de cintura”, un antitaurino hoy y antes muy taurino –lo cual es frecuente- llamado Rafael Sánchez Ferlosio, en una crónica de mayo de 1980, en Diario 16, repitió que al toreo de cintura fue llamado “el efecto muñequito mecánico”.

 

Tanto Vicent, escritor de Valencia, como Sánchez Ferlosio, escritor de la cacereña Coria y de la hipotaxis, siendo de este último el libro Interludio taurino, publicado en 2022, me hicieron pensar en la cosa rara y extravagante que es La tauromaquia, y a la que dediqué un artículo allá por febrero del año pasado, aquí también publicado en La Voz de Asturias. Me sorprende que La tauromaquia guarde en sí tantas contradicciones, pues pareciendo ser una, resulta que luego es otra. Y lo que es un espectáculo brutal y para brutos, incluido el “lance de matar al toro”, con “tortura” de un animal, sea también un conjunto simbólico de ricas significaciones para todo lo humano, sea de sociología o de antropología.

 

Dado que a partir de ahora voy a transitar “por suelos pantanosos”, con peligro de hundimiento, pido al Cachorro y a la Macarena, siempre virgen, taurinos y divinos, que me sostengan en pie.  

 

I.- Las mujeres:

 

Es sorprendente que en espectáculo tan brusco, las mujeres taurinas sean de tanta delicadeza, tan femeninas, muchas ex alumnas de La Asunción o parecidas, y delicadas, finas, unas manolas,como las mujeres de antes, en tiempos de gobernación machista y de patriarcas. Mujeres adornadas con mantillas, negras y bordadas con finos hilos, recordando a las monjas con toca y sin tocar, y con claveles en sus escasos ojales. Hembras serenas y no lascivas que escribiera un poeta. Ejemplo de ellas es la presidenta de la Federación Taurina del Principado de Asturias, la muy conocida Maritina Medio. A Maritina la pongo ahora como espoleta en la picota o cereza del Jerte por haberse ella puesto antes como espoleta en la picota o cereza del Jerte, y por lo de los toros. 



 

Ella, Maritina, adorable, además de liberal por abogada de justicias y taurófila, es, además, organizadora de misas en el redondel o coso y de rosarios con letanías infinitas. Esto último no deja de repetírmelo el peluquero de ella, que también es el mío: Don Julio Suárez, el de la calle de San Bernardo y amigo del psicoesteta, el de Oviedo, aunque nacido en el Concejo de Aller, en la Cuen. Don Julio, para mayor timbrazo de gloria, además hace maravillas con sus manos, peines y tijeras cortando pelos.   

 

 Y líbreme Dios de negar delicadezas de género en el otro lado, en el de las antitaurinas, aunque nada las guste, lo cual consta ya acreditado, pues Ana, la del Consistorio anterior y efímera, lo repitió muchas veces: nada de mantillas en la cabeza y de claveles en mis ojales. Por pragmatismo, algunas hasta prefieren en los ojales otros proyectiles, y no todas, no, pues han de excluirse las “híbridas”, a base de electricidad o de gasolina. ¿Es que en las taurinas no hay híbridas? Sí, sí, por supuesto y también. Sé que esto es muy serio y que no tiene gracia. Lo sé y no lo pretendo.

 

Sin las mujeres taurinas, los toros, por supuesto, no serían tan eróticos, siendo por ello la tauromaquia calificada de “misterio erótico” o de “amoroso sadismo”. Dicen que las mujeres suplican por los toreros y que los cuernos del toro son vistos como quienes ven poderosos falos, de falocracias; y dicen, además, que ellas sienten los empitonamientos del bicho como empitonamientosen carne propia, aunque los toros estén hormonados y machacados. ¿No habíamos concluido que en el espectáculo taurino el toro es el macho y el torero, amanerado, escondiendo los atributos viriles, es la hembra? ¿Los movimientos del torero no son como los de las hembras con faja apretada? Esto no hay quién lo entienda…

 

2.- La democracia:

 

Dicen que los taurinos son unos “fachas”, extremosos y extremados, y que los antitaurinos, por ser de la izquierda, acaso por la gracia de Dios y por nacimiento o por bautismo, son demócratas de cepas puras. Sin embargo, las llamadas “corridas de toros” parecen un espectáculo democrático; el pueblo llamado “público” es el que decide sobre premios y castigan, broncas y aplausos; concede rabos y orejas; abronca a toreros y a la presidencia, insultándola a la cara, sin temor a desacato, forzándola a sacar o retirar pañuelos, y haciendo de los “comisarios policiales”, frecuentes presidentes, no sabiendo el porqué, unos pelagatos. Y como es frecuente en democracia entre tanto público, siempre están los “entendidos”, que son los taurófilos sabihondos; en verdad, unos escasos aunque muchos son los aspirantes. Y se cuenta que antes, los entendidos llevaban a la plaza rollos de papel de retrete, lanzándolos a los matadores como serpentinas en un “Día de America en Asturias”, a manera de aplauso o de protesta. 

 

Los antitaurinos preguntarán: ¿Y el toro, en esa democracia, qué dice? pues algo, seguramente, tendría que decir, no admitiendo la unilateralidad decisoria del torero. Pues nada, nada, calla y que como escribiera Praderito y dijera su jefazo Fraga, “a otra cosa y punto”. Además, suele añadirse que hay que ser muy bruto o bruta para pretender que los animales, aunque sientan según las izquierdas antitaurinas y las ministras de los animales, hablen también y respondan a interrogantes políticas.

 

3.- El del Hospicio:

 

Y aquí surge un asunto de filiación, la legitima, que es la única y verdadera reconocida por el extremismo taurino y de derechas. No obstante lo cual, ha de reconocerse el mérito de un autor de derechas muy acreditado como fue Don Alejandro Pérez Lugín, que escribió una novela hagiográfica en dos tomos, allá por el año 1921, titulada Currito de la Cruz, el enamorado de Rocío, hija del opulento señó Manuel, novela dedicada a ese torero, “el Mejó”. Currito fue muchacho de Hospicio, no precisando llamarse Expósito, siendo de bastardía su pedigree. El gran periodista y escritor que fue Rafael Cansinos Assens escribió sobre esa novela taurina o folletín del toreo: 

 

“Currito de la Cruz, el pobre expósito, el hospiciano, adoptado por la iluminada ternura de Sor María del Amor Hermoso, la burlada doncella, y que al fin resulta su hijo verdadero, confirmando la misteriosa voz de la sangre”. Y añade el periodista sevillano: “Con Currito de la Cruz pasa a la novela el torero gentil, fino, inteligente, artista sobre todo que no acepta ya, como el gladiador antiguo, la fatalidad de morir en la plaza, y ante un toro marrajo esquiva la contingencia de un desastre sin lucimiento. Currito es sentimental y supersticioso”. 

 


Las izquierdas, también las antitaurinas, siempre gustaron de las filiaciones atípicas, por eso, nada más que pudieron, para fastidiar a los “hipócritas” de derechas, cambiaron el Código Civil y permitieron la llamada “investigación de la paternidad”. Así, para que a los sin padre, como a Currito de la Cruz, dejaran de ser llamados hospicianos

 

Y como estamos en Agosto, el martes próximo, 15 de agosto, inicio de la Feria gijonesa de Begoña, de tanta guerra o polemós, seguiremos con ésta y lo taurino (2ª parte). En ese día está anunciado el toreo o espectáculo de dos toros del ganadero, conocido por su familia, un tal Romao Tenorio, otros dos más toros y novillos de un tal Zacarías Moreno, no constando parentesco con el profeta Zacarias.   

 


¡Ahh! y se me olvidaba: las personas aficionadas a preguntar querrán saber si el que esto escribió es taurino o antitaurino. Y respondo: ya lo expliqué en la escritura de La Tauromaquia, y por lo mismo, por lo allí contado, ahora no tengo que rectificar, pues, cuando paseo por prados de aldea, fotografiando a vacas y toros, quedo pasmado por la manera de mirarme, de las vacas y toros. ¿Y qué verán? me pregunto yo.

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sábado, 2 de septiembre de 2023

AL GRANO CON LAS DENUNCIAS (4ª Parte y final), artículo de ÁNGEL AZNÁREZ publicado en "LA VOZ DE ASTURIAS"



            No es extraño que allá en lo alto de Gijón, la militar “Agrupación Mixta de Encuadramiento, del Arma de Caballería y de Ingenieros, con sede en el que fue el cuartel de El Coto, llevara el número siete, de tantos símbolos. Siete son las colinas de Roma; siete los pecados capitales; siete los sacramentos; y siete los enanitos que cuidaron de Blancanieves, protegiéndola de su bruja madrastra. ¿Por qué las madrastras son siempre tan brujas? Cerca de aquel cuartel hubo una cárcel terrible y un poco más lejos, está el edificio de los Jesuitas, hoy colegio, ayer cuartel, el de Simancas, y también circo muchas veces, más hoy que ayer.   

 

9º.- En la Comisaria de Policía de El Coto, en Gijón, el día 12 de junio de 2023, de las once horas y cincuenta minutos a las doce horas y veinte minutos.

 

Dejo atrás el que fue cuartel de El Coto, el de los militares como  Muniain y Rolandi, y el de las dos garitas en el exterior, cual torres de un tablero de ajedrez. Subo un poco más y llego a la calle Feijóo, que, por tantas subidas y bajadas, es más balancín o tobogán de feria que calle, pues, caminando tranquilo, de repente hace “jóo”, “Feijóo”, que es como si cayeras abajo para luego subir a lo más alto. Y por esa calle, antes del célebre barrio de El Coto, paseaban señoras con batas de percal, echando maíz a las pitas, y portando en la otra mano una aguja y madeja para hacer jerséis.

 

En esa calle de Feijóo, entré en la Comisaría de Policía, la otra, de la Policía Nacional, “Fuerza y Cuerpo” de España y hasta de La Reconquista y Covadonga. El nombre de la calle recuerda al Feijóo de antes, con perversión de monje benedictino, gallego de Orense y conventual en Oviedo allá por el siglo XVIII. Y el nombre de la calle recuerda al Feijóo de ahora, cara de político “chato”, muy “chato y aplanado” como aplastado, también gallego de Orense, de brillante carrera y por oposición al elitista “Cuerpo del Estado”, llamado el de Correos.




No obstante las maneras apacibles y casi dulces, las mías, que no olvidan de presuntos delitos cometidos por funcionarios públicos y con ganas de careos, tuve más empeño, persistiendo en denunciar, que si fuera empleado de un Monte de Piedad. Ahora comprendo que en las inauguraciones del llamado “Año Judicial” en palacio viejo de Oviedo, Casino en La Regenta, se alardease de que la criminalidad en Asturias bajaba y bajaba. Naturalmente, con funcionarios de “Fuerzas y Cuerpos” como los aquí descritos (3ª parte), lo extraño es en Asturias, a excepción de los de las clases dirigentes o élites, nunca en las estadísticas ni en cómputos, que haya otros delincuentes.

 

Esperé sentado en la nueva Comisaría, haciendo turno, y viendo a la derecha un policía nacional, sentado junto a la pared, que daba citas y explicaba requisitos para renovar el carnet de identidad, lo cual es, por ser de nacionales, mucho más barato que lo de la extranjería, carambola de despachos, que es de extranjeros, donde cosas muy raras y caras dicen que ocurren u ocurrieron ¿Tendrá razón mi amiga María Elena, la maoista?  


 

Una mujer, con uniforme de Policía Nacional, me atendió con el respeto debido a cualquier ciudadano por parte de funcionarios públicos.  Como escribiera André Maurois, de la Academia Francesa, “El uniforme anuncia sin ambigüedad el oficio”, y eso vale para saber cuando se está delante de una policía nacional, de un torero con coleta y moño, de un obispo con pompones morados como verrugas, o de un general de la caballería montada y húngara, antes austro-húngara de Francisco y José, Emperador. 

 

La funcionaria de la calle Feijóo, maravillosa señora, a diferencia de la dark-lady mujer fatal, con tinte hasta en el pelo, de la Comisaría de Moreda (parte 2ª), tomó dos decisiones que me parecieron muy correctas: a) pedirme el carnet de identidad para iniciar comprobaciones y examinar si por su reciente hechura admitía o no falsificaciones, y b) permitirme ejercer un derecho-obligación, que es el de denunciar. 

 

La diligente funcionaria, después de tranquilizarme dándome traslado de lo a ella indicado, al parecer, por un departamento superior sobre mi DNI., me facilitó la denuncia, que la formalicé y firmé a las doce horas y seis minutos, siendo el instructor el funcionario 79.180 y el atestado el número 13157/23). El instructor que la redactó, según mis explicaciones, me entendió perfectamente, poniendo mi firma sin objeción alguna, sin modificar una coma, lo cual me sorprendió hasta a mí, tan acostumbrado a objetar comas y puntos y comas. El lunes día 10 de julio supe que doña Delia, delgada y delegada del Gobierno, había entregado medallas a integrantes de “Fuerzas y Cuerpos”, más no me hice ilusiones, al saber dos cosas muy interrelacionadas: a) que el hombre y la mujer siempre tienen necesidad de honores y b) que los dan (los honores y medallas) a quienes menos las merecen. No vi premiado a mi instructor.   

 

10º.- Y ya con la denuncia bajo el brazo, a seguir la pelea con REPSOL, la gran Compañía, que como las grandes compañías, es más tóxica que el amianto. 




Sobre las trece horas y cuarenta y un minutos, trasladé por “mail” al Departamento de Calidad la denuncia formalizada minutos antes. A las diecisiete horas cuarenta y dos minutos, a la “Oficina de Atención del Accionista” de Repsol, envié otro “mail” adjuntando la denuncia. Y esto último lo juzgué interesante por haber leído en Internet que unas tales, Antonina, Patricia y Elena, eran las responsables de “relaciones con accionistas minoritarios” de la petrolera Compañía. Y en el último “mail” recibido de esa “Oficina”, el 18 de julio de 2023, un sonriente de nombre Ramón, con corbata hortera, da “saludos cordiales” a los accionistas. Una página Web, la de los accionistas de Repsol, por muy castiza, huele a churro y parece un botijo manchego. 

 

A media mañana del miércoles 14 de junio, recibí llamada desde Madrid de Repsol, el número de la llamada empezaba con el 918 y terminaba con el 21. En dicha llamada se me informó que “todo” estaba arreglado, pidiéndome disculpas, contestando yo que, por supuesto, los errores son inevitables en el acontecer humano, pero que hay que responsabilizarse debidamente, y que en eso consiste la obligación de indemnizar o sea, dejar “indemnes” a los perjudicados, de daños materiales y morales. 

 

El miércoles día 21 de junio manifiesto ante otra llamada de Repsol que preciso la constancia por escrito de la propuesta de indemnización, que me llegó por “mail” el viernes día 23 que dice: “Tras conversación telefónica, adjunta podrá encontrar la propuesta en compensación por el retraso en la contratación de suministro de luz y gas… Lamentamos las molestias que esto le haya podido ocasionar y le recordamos que estamos a su disposición en el teléfono gratuito…”.

 

Y desde entonces, nada contesté ni hice, habiendo hasta el momento conseguido una sola cosa, aunque muy importante: que Repsol y sus comerciales ya no me molesten.  



11º.-Y terminando ya, o la traca final: 

 

Pudiera ser, para entender este final, que haya que leer las cuatro partes anteriores y el Aviso y denuncio. Si así resultase, pido disculpas. Recuerdo que todo empezó con aquello de “Solicitud rechazada por no haber el análisis de riesgo preliminar”. Y ahora, después de tantos episodios, no me da la gana de contratar la luz y gas con REPSOL. No me fío naturalmente. Y si sigo como accionista es para aprovecharme de las minusvalías de las ventas de acciones, pues muchas fueron compradas a veintitantos euros por acción y ahora están a doce.  

 

No es extraño, que con militantes tan destacados del Partido socialista catalán y del Partido nacionalista vasco, las acciones coticen tan a pérdidas. Cosa comprensible tratándose de catalanes y vascos, y es que con ellos siempre pasa eso, sobre todo si los apoya la Caixa, antes Caja de Pensiones.


 


Que la junta general de la Compañía ratifique a políticos, directivos en cargos empresariales, es una prueba más del capitalismo de mondongo, de tocino y morcillas que impera en España, todos puestos, los mondongueros, ahí por el Gobierno y los partidos de turno. Y unos enchufados que mandaron a la jubilación a empleados con 60 años y que ellos, algunos ya con 75 años, repiten año a año. Mochuelos de chimeneas y/o picos de pajarracos. Ni se les desinfecta con acido clorhídrico. 

 

Y hubo quien se acordó de la llamada “Agencia española de Protección de Datos”, la de la Ley 11/2022, de 28 de junio, General de Telecomunicaciones; yo también después de haber leído la Circular 1/2023, de 26 de junio y firmada por su directora con apellido de Patria. ¡Qué bonito y literario es eso que se llama “derecho” a no recibir llamadas no deseadas! Y si las grandes compañías estornudan, la Agencia esa es que se corre como transportada por el viento. Y para comentar esa Circular hay que tener muchas ganas de reír, y yo ya me reí bastante y de muchos.

 

12º.- Y para llegar a la docena, lo del “establo de desecho”:

 

No es gruesa la separación entre “Estado de Derecho” y “Establo de desecho”. Para pasar del 1º al 2º al Estado le basta con no proteger a sus ciudadanos, despreciarlos a lo fascista o a lo democrático, y pronto éstos encontrarán a los que los protejan, que serán las mafias. El caso de Sicilia es el modelo. Y eso sería una pena, habiendo en este tiempo muchas bondades.

 

Siendo los anteriores y éste, artículos de presuntos delincuentes, pregunto: ¿Dónde está la magnífica colección de huchas, de gran interés artístico, que fue de la Caja de Ahorros de Asturias? Y ¿dónde está la completa colección de “Cuadernos del Norte”, de gran interés cultural, que fue de la Caja de Ahorros de Asturias? ¿Se basta, señora Consejera de Cultura,  o precisa usted de “excitación de celo”?


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sábado, 19 de agosto de 2023

AL GRANO CON LAS DENUNCIAS (3ª Parte), artículo de ÁNGEL AZNÁREZ (publicado en LA VOZ DE ASTURIAS el 16 de julio, del 2023)

                                         

            Haciendo cola y esperando turno en una Comisaría de Policía, se excitan los sentimientos benévolos, solidarios, de amor al prójimo. Eso “suaviza” tanto como escuchar desde palacios a Francisco, jesuita y papa, disertando sobre el amor a los pobres y a los excluidos sociales, para sazón de unos y desazón de otros. Mas lo de Francisco es transitorio y lo del Cielo es eterno: al Cielo, como en el chiste de Mingote, siempre van los de siempre, los de la Adoración Nocturna y alguno de la Diurna.


Haciendo cola y esperando el turno en una Comisaría de Policía, es como estar en dos sitios al mismo tiempo, fenómeno raro de bilocación, tanto en el centro como en la periferia, y asunto muy frecuente en monjas santas como Sor María, la de Agreda, que estuvo al mismo tiempo en Agreda, bajo el Moncayo, y en Nuevo México. La Realeza española siempre fue mucho de monjas, hasta que llegó Juan Carlos. Primero Sor María de Agreda conspiró con Felipe IV de Austria contra Olivares, conde y duque, y luego Sor Patrocinio ayudó a la borbónica y napolitana Isabel II a quitar el corsé y los sujetadores XL. La extrema derecha de Valladolid quiere hacer santa a Isabel I de Castilla. 



Haciendo cola y esperando el turno en la Comisaría de Policía de Moreda, en Gijón,       estaba la que, creyendo de Marrakech o de Arabia, resultó ser de aquí, de Cancienes, vistiendo a lo moro y muy tapada, se proclamaba feminista y ecológica. Allí estaban, además, unas gentes saharianas, con papeles de extranjerías, y antes de saber cómo se arreglaban esos problemas, no precisamente a base de calderillas como tan bien me explicó María Elena, asistente social hoy y ayer de la Liga Comunista Revolucionaria, maoista total. Y por allí estaban danzando gentes que, por apariencia y colorido, eran de muslos alegres, nalgas de nácar y caderas vibrantes. “¡Guerra, guerra, queremos guerra, incluso aquí!” –proclamaban esas prodigiosas señoritas con foto del brasileño Lula en los jerséis-.

Y en el final del número 6º de la anterior parte, (En la sede de la Comisaría de Policía de la Nacional, en la zona que antes fue de la fábrica de Moreda, en Gijón, llegando a las diez horas del día 12 de junio de 2023 y saliendo a las once horas y treinta minutos), escribí: 

“Y sobre las once horas y diez minutos, aproximadamente, se abrió una puerta, a la derecha, y una voz de hombre llamó: ¡Ángel, Ángel, pase, pase! Y entré, situándome y sentándome entre plásticos protectores, a derecha e izquierda”. 



7º. Ya en el locutorio-confesionario en el que me senté y de lo en él ocurrido, rodeado de plásticos para proteger de todo hasta de la sarna. 

El agente se sentó enfrente y este paciente miró arriba y vio a la izquierda un número, el 15, a la derecha vio otro número, el 13, estando justamente debajo del número 14. El agente, antes de dirigir la palabra al paciente, atendió una llamada telefónica, acaso porque esa llamada tenía preferencia de cita previa, de la que nada, de la llamada, contaré por respeto a la confidencialidad, aunque podría hacerlo: sólo escribiré que era sobre un asunto de Facebook, que inquietaba a un ciudadano. 

Y ahora llegó lo mío, poniendo cara de bobo como el que solicita una hipoteca al bancario: “Usted qué quiere” –me preguntó- el agente vestido de azul y oscuro como el mar cuando está el cielo azul y oscuro. Expliqué como pude, con mi torpe palabra, el objeto de la denuncia, que, para conocimiento de mis lectores y lectoras, está en partes anteriores, y relacionada con un presunto uso indebido de mi D.N.I. 



 “Eso no es materia de denuncia, no es posible” -dijo él de manera veloz, como si ella, la de la entrada, flaca y rubicunda, le hubiese advertido del Mihura que llegaba-. Con extremo cuidado, farfullé lo de que denunciar es un derecho, siendo también una obligación; “que si -añadí- es el Juez o la Jueza quienes han de valorar lo denunciable o no, jamás a un funcionario del Ejecutivo, de Sánchez y de Marlaska. 

“Eso, eso, debe usted ir al Juez directamente” -me replicó él, que, por momentos, me recordó, por su discurso, la sabiduría de sabios procesalistas de lo criminal, que tanto tuve que estudiar como los Orbaneja, Sospedra Navas, Moreno Catena, Encinar del Pozo y otros. 



“No, no y no; que no admito su denuncia”-repitió-. Cabizbajo, apenado y compungido miré las blancas paredes de la instancia cual celda teresiana, y salí por el mismo sitio por el que entré, sobre las once horas y treinta minutos del día 12 de Junio de 2023. Muchas imágenes de lo agrícola se amontonaron en mi cabeza: calabacines con patas, sandías y sandíos, o rábanos para coger por hojas y orejas. Y esto, que lo estoy escribiendo el lunes 10 de julio, coincide con lo leído esta misma mañana en la página 44 de El País, sección de “Gente y estilo de vida”, donde un actor, Maximiliano Teodoro Iglesias, el de los proyectos encadenados, ¿y qué es un proceso? –pregunté- sino un proyecto encadenado –respondí inquieto-, sentenció: A nadie le gusta escuchar un no, pero aprendes a gestionarlo”. ¡”Maxi, Maxi, superlativo y torero, torero de tronío, que llamándote Maximiliano no eres mejicano para tu dicha, pues los mejicanos con el dinero de toldos son todos maximilianos, aunque peinen ondas cerca de la frente! 



8º.- Sentado en el Café Van Gogh, en Marqués de San Esteban, esquina a Matadero Viejo. 

 En la mañana del 12 de junio, antes del mediodía, salí de la Comisaría, acercándome a la Calle Marqués de San Esteban por la Avenida Juan Carlos Iº. Sin saber gestionar el no policial, la memoria hizo revivir el estanco, no estanque con patos de largas patas, que había enfrente del hoy Museo del Ferrocarril, estanco pequeño con cocina pobre y adosada, oliendo en verano a fréjoles cocidos y en invierno a vapor de eucaliptos, pues, al parecer, la estanquera, nada parecida a la de Vallecas, era catarrosa y griposa. 

Llegué a Marqués de San Esteban, bajando por la acera de la derecha, como antes bajaban los tranvías pintados de amarillo, color de anémicos, que hasta allí llegaban desde El Muselón en dirección al palmeral de Jardines de la Reina. Pensé, para distraerme, en los tranvías y en el estraperlo y en los estraperlistas, todos contemporáneos, y poniendo los estraperlistas de moda edificar mansiones desde El Bibio a Villamanín, en Somió (Gijón). 



Me senté en el número 55 de Marqués de San Esteban, en el llamado Café Van Gogh, en la terraza exterior para descansar por tantos problemas, causándome excitación que en la misma esquina se iniciara la calle “Matadero Viejo”. Es indudable: lo de la Comisaría excitó mi sensibilidad y espíritu de seguridad, dudando y dudando entre pedir un café con leche y un bollo con meollo de chocolate o pedir un clásico aperitivo, un vermú con aceitunas, con o sin pepita. Dejé lo del vermú y las aceitunas por causa de horario, pues aún no era mediodía. 

9º.- Marchando en taxi  hacia la zona alta de la Ciudad el mismo día 12 de junio, antes de las doce del mediodía:

La dama que estaba al frente del Van Gogh, a mi instancia, solicitó telefónicamente un taxi, pues seguía firme mi empeño de denunciar, hasta ahora imposible. El taxi me transportó al otro extremo de la Ciudad, yendo de extremo a extremo, y por tercera vez tuve que pagar lo del taxímetro exclamando: ¡Qué caro puede llegar a ser eso de denunciar sabiendo, en el mejor de los casos, en qué barrio de la Villa se empieza (Contrueces) el recorrido e ignorando dónde se puede terminar (El Coto)! Llegue al Coto, lugar en el que antes de ahora, de avenidas  largas y anchas como las de París, las casas se componían de una planta baja y alta, con gallinero anejo para pitas y demás avifauna. 

Pasé junto al que fue el Gran Cuartel, donde a primera hora, el trompeta de turno tocaba la corneta o el cornetín, avisando de que el comandante Cienfuegos daba novedades al teniente coronel Guiote. Nunca pasaba nada, pues nunca había novedades. Aquello, lo del cuartel, no era cualquier cosa: era una Agrupación Mixta de Encuadramiento nº 7, con muchos ingenieros, lo cual era sorprendente en un sitio como Gijón en el que tantos, casi todos, eran peritos industriales o decían que estudiaban eso. Entretanto, Escudero, el Brigada, de Oficinas militares, llenaba papelitos con partes inútiles.

Y cerca del que fue templo castrense, se encuentra la dependencia a la que llegué justo al mediodía del 12 de junio…

Continuará en 4ª Parte.


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