jueves, 18 de noviembre de 2021

DOLORES VÁZQUEZ NO ASESINÓ A ROCÍO WANNINKHOF (2ª parte), artículo de ÁNGEL AZNÁREZ, publicado en "La Voz de Asturias", 7 de noviembre 2021

    


 

         III.- la Imparcialidad del Jurado y los juicios mediáticos:

 

         La imparcialidad y/o la neutralidad de las personas que componen un órgano jurisdiccional, subjetiva (no tener relación con las partes procesales)  u objetivamente (no tener interés en el asunto a decidir), son una de las garantías indispensables a todo proceso justo, también derecho fundamental, por exigencia del artículo 24.2 de la Constitución española, trasunto de convenciones internacionales. Y es tan importante que un juicio sin imparcialidad o neutralidad de los juzgadores se convierte en una pantomima, una farsa, un paripé o un circo

Por eso, la Ley regula con detalle las causas de abstención y recusación de jueces (en España la Ley Orgánica del Poder Judicial y las dos leyes de enjuiciamiento, la civil y criminal). E imparcialidad exigible tanto a los jueces profesionales como a los no profesionales, caso de los nueve integrantes  del Tribunal del Jurado. Es de tener en cuenta la Jurisprudencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos, el cual sentenció que, para estimar la imparcialidad, basta la apariencia de la misma. Y al principio de la  imparcialidad del Ministerio Fiscal se refiere el artículo 124 de la Constitución. 

         


Muchos asuntos de competencia juzgadora por el Tribunal del Jurado, especialmente los llamados delitos contra las personas, tienen gran repercusión mediática (prensa, TV y redes sociales); interesan  a los medios de comunicación, y no sólo por el interés intrínseco de la información, sino también por el negocio y los dineros con ello relacionados, muy importantes para las cuentas de resultados de esas sociedades anónimas que son las empresas cuyo objeto o giro es la información. Y aquí se produce un fenómeno curioso: de una parte está la llamada sociedad de la información, de tanta importancia, en la que estamos y vivimos, con derechos ciudadanos fundamentales, de la llamada personalidad, a la libertad de expresión y a la libertad de información, y de otra parte, todo eso está en manos de empresas mercantiles que, a lo mejor, tienen un código ético que se lo saltan cuando les conviene. 

         En asuntos como en el asesinato de Rocío Wanninkhof ya en si morboso como cualquier asesinato, se añadió la llamada “lesbianofobia”, un cóctel perfecto para zascandiles, chupatintas y paseantes de platós televisivos y de otros medios de comunicación, en función de supuestos periodistas, llamado del corazón, siendo, de verdad, de malolientes braguetas. Basta leer el Veredicto del Jurado, que en primera instancia, en Málaga, juzgó a Dolores Vázquez, para darse cuenta de la importancia otorgada a la relación lésbica entre Dolores y Alicia, iniciada en 1982 y concluida en 1995, siendo la última la madre de la joven asesinada. Y la joven víctima, Rocío, se dijo ser opuesta a esa relación diabólica entre dos mujeres, una de ellas, precisamente, su madre. Parecían en encajar las piezas del puzzle. Y todo ello en un tiempo, principios del presente siglo, muy estigmatizador de la homosexualidad y el lesbianismo en todas partes, especialmente en sociedades antes tan primitivas como es el caso de la andaluza. Sin este último “pecaminoso” hecho, con presiones mediáticas y sociales, no se puede entender la equivocación judicial. 


¡La que se hubiese organizado si el Jurado hubiere absuelto a la “maldita lesbiana”! 

Conclusión: el único juicio serio, que es el del tribunal del Jurado, va precedido muchas veces por esa caterva o tropel de juicios mediáticos, que a tantos hacen ricos y que tanto estorban, pues los juicios mediáticos son eso, “contaminación mediática” o excrecencia de los verdaderos juicios. La cuestión es muy importante, pues esos “juicios” pueden influir en los miembros del Jurado afectando a su imparcialidad a la hora de condenar o declarar inocencias. Y eso no sólo se debate en cafeteras tertulias o reuniones, sino en el proceso judicial mismo; son los  abogados de los condenados en juicios del Jurado, con trascendencia mediática, los primeros en alegar, en los recursos que formulan contra la sentencia condenatoria, en el de Apelación y luego en el de Casación, la falta de imparcialidad del Tribunal del Jurado por indebida influencia de los medios de comunicación, con el argumento de que a sus patrocinados se les aplica una indebida presunción de culpabilidad, contraria a la exigida presunción de inocencia (“Toda persona acusada de un delito debe considerarse inocente hasta que se demuestre su culpabilidad”), y quitándose importancia al esencial juicio oral (inmediación, oralidad y publicidad), en teoría, única fuente de información de los hechos ocurridos para los nueves miembros del Jurado.  

         A esas alegaciones de los defensores, por una obligada congruencia, han de responder los tribunales, primero, en el trámite de la Apelación, el Tribunal Superior de Justicia de la Comunidad Autónoma respectiva, y luego, en el trámite de la Casación, el Tribunal Supremo. En el asunto de “El Chicle”, se puede leer la respuesta del Tribunal de Apelación del T.S. de Galicia a las denuncias de falta de imparcialidad por causa de los juicios mediáticos, en la Sentencia de Apelación de 19 de junio de 2020, número de Recurso 8/2020. Y se puede leer la respuesta del Tribunal Supremo a las denuncias de falta de imparcialidad por causa de los juicio mediáticos, en la Sentencia de Casación de 26 de noviembre de 2020, número de Recurso 10.477/2020. En las sentencias de Apelación y Casación, en el caso de la muerte de Rocío Wanninkhof, no hay referencia al tema mediático, siendo más tarde, en otros procesos, cuando se analiza esa cuestión. 


Es de señalar que ambas sentencias, las del caso Wanninkhof, son de fácil encuentro en la página web del Consejo del Poder Judicial, y ha de repararse en que el Tribunal Supremo sentenció, definitivamente, al año de la sentencia del Tribunal Superior de Andalucía. En el caso de las sentencias de “El Chicle” hubo más rapidez, pues la de Apelación se dictó en junio y la de Casación en noviembre, del mismo año, el año pasado (2020). 

Los tribunales, reconociendo la indebida influencia de los juicios mediáticos, como norma general, no admiten (acaso no puedan) la alegada falta de imparcialidad, pues ello, lógicamente, acabaría con la posibilidad de celebrar juicio penales, con o sin Jurado (la misma falta de imparcialidad en los juicio habría tratándose de profesionales juristas o no profesionales) y siempre allí donde hubiese también juicios mediáticos. No sería posible la necesaria jurisdicción penal. 

A.- La Sentencia del Tribunal Supremo de 26 de noviembre de 2020, para declarar la imparcialidad del Jurado, motiva y razona que no existe una presunción de parcialidad de un Jurado por la circunstancia del carácter mediático de un juicio. 

B.- La Sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Galicia se motiva y razona: “No existen datos objetivos, más allá de la genérica alusión por la recurrente a una difusa contaminación mediática, que permita considerar que el Tribunal de legos se ha comportado de manera ajena a las exigencias de imparcialidad que justifican su actuación, que no haya basado su decisión sobre las premisas que deriven, exclusivamente, de aquello que aconteció en el plenario”. 

Corresponde ahora a los lectores y lectoras, acaso futuros jueces no profesionales formando parte de Jurados, razonar y juzgar lo conveniente. 

Y en este importante asunto, el de Dolores Vázquez o el de Rocío Wanninkhof, el magistrado ponente de la Sentencia de Casación, don Perfecto Andrés Ibáñez, en el importante libro por él escrito, titulado Tercero en discordia, publicado por la Editorial Trotta en 2015, al asunto de los juicios mediáticos, se refiere en el último capítulo, el XIX, que subtitula: Justicia, publicidad y medios de comunicación masivos. 


Sobre lo que llama “El banquillo de plasma” (página 526), escribe: 

“En muchas ocasiones, la publicidad de la notitia criminis es para el afectado bastante más gravosa que la eventual sentencia condenatoria.  Sobre todo si, como ocurre con hasta frecuencia, aquella resulta tratada  con particular desenvoltura, como si la mera adjetivación de presunto en la atribución de la calidad de autor de los hechos pudiera eximir al  informador de toda otra responsabilidad”. 

En la 3ª y última parte, trataremos los dos siguientes asuntos: 

IV.- El supuesto progresismo de algunos defensores del Tribunal del Jurado. 

V.- La complejidad resultante de la Ley Orgánica del Tribunal del Jurado.  


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jueves, 4 de noviembre de 2021

DOLORES VÁZQUEZ NO ASESINÓ A ROCÍO WANNINKHOF ( 1ª parte), artículo de ÁNGEL AZNÁREZ publicado en "LA VOZ DE ASTURIAS" (31 de octubre de 2021)




         El pasado 25 de septiembre de este año (2021)  se cumplieron veinte años desde que el Tribunal del Jurado en el ámbito de la Audiencia Provincial de Málaga condenara,equivocadamente o por error, a Dolores Vázquez Mosquera, sin antecedentes penales, a la pena principal de quince años y un día de prisión, por un delito de asesinato contra la joven Rocío Wanninkhof, hija de su pareja sentimental Hilaria Hornos. Dolores V. M. permaneció indebidamente en prisión desde el 8 de septiembre del año 2000 hasta que se decretó su libertad el 1 de febrero de 2002. En todo el procedimiento fue lamentable la intervención del Ministerio Público.

         Escribí un artículo que titulé Tribunal del Jurado y juicios mediáticos, y subtitulé Condena ahora a un gallego culpable y antes a una gallega inocente (Dolores Vázquez), con ocasión de la Sentencia del Tribunal Supremo, fechada el 26 de noviembre de 2020, en la que se rechazó modificar la pena impuesta en su día, también por un Tribunal del Jurado, al apodado “El Chicle”, por el asesinato de la joven Diana Quer. Esta misma semana, que el Tribunal Constitucional resolvió la constitucionalidad, por mayoría, de la pena permanente revisable (caso de “El Chicle”), es Dolores Vázquez, la que recuerda a los españoles, desde su soledad y desamparo en la Galicia natal, la injusticia contra ella cometida, reclamando reparación.

        


 El estrepitoso asunto judicial, el del error cometido -visto por quien esto escribe, que fue magistrado e interviniente en apelaciones contra sentencias de Tribunales de Jurados, con muchas horas de meditación- es    susceptible de ser analizado desde diferentes puntos de vista, pues cuestiones fundamentales de la sociedad española están implicadas: a) la de los errores judiciales, por supuesto; b) el real rechazo de eso tan tapado que es el lesbianismo, habiendo llamado “lesbofobia” al rechazo de la relación afectiva entre Dolores e Hilaria; c) unos periodistas o asimilados (sin títulación profesional e intrusismo) que pontifican desde sus ignorantes escritos o declaraciones en canales de televisión, haciendo juicios paralelos; d) de una fascinación estúpida por lo popular, incluso en asuntos judiciales, habiendo unos jueces autocalificados de progresistas, que terminan siendo muy reaccionarios, pues el colmo de lo reaccionario y el extremismo es condenar a inocentes. ¿Qué es más importante –pregunta muy fácil de responder- o descubrir al verdadero delincuente, sin error judicial o defender al Jurado por ser “popular”?



         I.- Peripecias judiciales del caso “Dolores Vázquez”. 

         A.- La condena indebida resultó de la sentencia del denominado Tribunal del Jurado, constituido de conformidad con la Ley 5/1995,  de  22 de mayo, que desarrolló el artículo 125 de la Constitución de 1978. Una sentencia redactada por el Magistrado-Presidente de aquel Jurado, el único juzgador profesional del tribunal que es miembro de la carrera judicial, y que ha de estar basada (la sentencia) en los hechos probados y en la declaración de culpabilidad del veredicto del Jurado popular. Veredicto y sentencia, muy diferentes y de diferente procedencia, que han de complementarse.

            B.- Esa sentencia condenatoria fue apelada ante el Tribunal Superior de Andalucía, el cual, el 1 de febrero de 2002, en ponencia magnífica del Magistrado, hoy fallecido, Jerónimo Garvín Ojeda, declaró nulos tanto el veredicto del Jurado como sentencia del Magistrado-Presidente; se ordenó la devolución de los autos a la Audiencia de Málaga para un nuevo juicio. En esa misma fecha se puso en libertad a Dolores Vázquez, tal como dijimos en el primer párrafo. Señalemos que la causa de tales nulidades, según el Tribunal de Apelación, fue la falta de la debida motivación incriminatoria del veredicto y la posterior sentencia.   

         C.- La decisión del Tribunal Superior de Andalucía, de repetir el juicio, fue recurrida en Casación ante el Tribunal Supremo, el cual, en sentencia de 12 de marzo de 2003 desestimó los recursos de Casación, haciendo firme el pronunciamiento del TSJ de Andalucía interpuestos por la madre de la víctima y lamentablemente por el representante del Ministerio Fiscal. La ponencia de la Sentencia del Supremo correspondió al Magistrado Perfecto Andrés Ibáñez, por aplicación de lo dispuesto en el artículo 206 de la Ley Orgánica del Poder Judicial. Es muy importante señalar que la sentencia del TS tuvo un voto particular, que analizaremos en la segunda parte, del Magistrado “progresista” José Antonio Martín Pallín, fechado el voto contrario también el 12 de marzo de 2003, siendo sustituido en la ponencia al no conformarse con el voto de la mayoría,  declinando la redacción de la sentencia.  

         D.- Cuando los autos iban camino, de vuelta, a la Audiencia de Málaga para repetirse el juicio, en el mes de septiembre del mismo año 2003, se descubrió por el ADN que el asesino de R.W. fue un tal Alexander King, produciéndose el natural sobreseimiento de la Causa contra Dolores Vázquez. O sea, que ningún órgano judicial, ni en la Apelación ni en la Casación, sentenciaron la inocencia de Dolores Vázquez, limitándose a ordenar la repetición de aquel juicio errático y condenatorio en 2001, que, naturalmente, al descubrirse el verdadero asesino no hubo que repetir. 


         II.- La falta de motivación. 

         Es sabido que de conformidad con los artículos 24 y 120 de la Constitución, la motivación suficiente es requisito esencial de toda resolución judicial, siendo ese el argumento de la mayoría de los recursos contra las sentencias condenatorias de los Jurados. Y siempre me llamó la atención que ante una cuestión de enjundia constitucional y procesal, una de las primeras sentencias del Tribunal Constitucional sobre la motivación de las resoluciones judiciales en general haya sido redactada por un experto en Derecho Privado, caso de don Luis Díez-Picazo y Ponce de León (STC 13.5.1987), y lo último sobre la motivación está en el voto particular de  la Magistrada María Luisa Balaguer a la importante sentencia 148/2021, de 14 de julio de 2021. 

         La motivación, que es la justificación del ejercicio de la jurisdicción penal, es el nudo gordiano en la dificultad de las resoluciones del Tribunal del Jurado; motivación que ha de existir primero en el  veredicto y luego de la sentencia, siendo diferente la intensidad de uno (veredicto), a cargo de jueces legos, y de otra (sentencia), a cargo de juez profesional. Pueden hasta agobiar los debates doctrinales sobre la motivación en los juicios de Jurados, mas ahora, aquí, señalemos que poca discusión admite la falta de motivación en la condena a Dolores Vázquez, teniendo en cuenta que el asesinato de R.W. no lo cometió ella sino otro, un tal Alexandre King. ¿Cómo iba a estar adecuadamente motivada la sentencia condenatoria de Dolores Vázquez, si dió pie a un monumental error judicial? 

Es natural que el Tribunal de Apelación (TSJ) y luego el de la Casación (TS) hayan declarado que en el caso del juicio condenando equivocadamente, “la motivación haya sido sin contenido, aparente o tautológica”, reprochando al Magistrado-Presidente del Jurado, juez profesional, que se “haya dormido en los laureles” en su sentencia, sin haber devuelto al Jurado el veredicto de éste, para hacer otro, tal como “manda Dios”. 

En la siguiente parte, analizaremos el papel que desempeñan los llamados “juicios mediáticos” en las decisiones del Jurado y como los jueces, autollamados progresistas, pueden estar en diferentes campos, unos atentos para no condenar a inocentes y otros, embarullados con lo de Tribunal popular, creyendo absurda y estúpidamente que el “pueblo”, al juzgar, nunca se equivoca. El caso de Dolores Vázquez demuestra lo contrario: una absoluta equivocación. 

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martes, 26 de octubre de 2021

COPULATIVAS (Y/O) DISYUNTIVAS, artículo de ÁNGEL AZNÁREZ (publicado en "La Voz de Asturias" el domingo 24 de octubre de 2021)

 

                             (Asuntos de Gramática y de Política)

         Parece raro, pero así aconteció. Después de haber soportado a los once años un cafre, profesor de Gramática española, que era marista y natural de León, que era un “hermano” sin ordenar y que repartía más hostias que los “padres” ordenados al final de las misas, mantuve, no obstante, una permanente afición a la Gramática. El gusto por la ciencia gramatical llegó al extremo de que el libro gramatical de Luis Miranda Podadera fuese mi libro de cabecera, antecedente de los dulces sueños, sin pesadillas nocturnas por rezar siempre lo de los benedictinos de la Abadía de Solesmes: Procul recedant somnia, et noctium phantasmata (“Aleja de nosotros los fantasmas nocturnos y el engaño de los sueños”). 

Desde 2019, el libro de cabecera, para bien escribir y mejor dormir, pasó a ser Glosario de términos gramaticalesde la Real Academia española y de otros, editado por la Universidad de Salamanca en aquel año. Y siempre las conjunciones en esos libros me interesaron mucho, pudiendo ser, acaso, porque todo lo terminado en “ón”, como conjunción, me agrada, o tal vez por el riesgo en el cuidado debido para no colocar una “o” donde debe ser una “u” -conjunción en vez de “conjonción”-, que puede ser terrible. 


No obstante los atractivos indicados, destaco la preocupación que me causan las conjunciones por ser siempre invariables, ni masculinas ni femeninas, ni singulares o plurales, lo que no casa conmigo, que tengo afición a lo variable, a lo que lo no es definitivo, como el ius variandi de los contratos administrativos. En consecuencia, siempre preferí el Purgatorio al Paraíso y al Infierno, estos últimos, según cuentan los cuentos, siempre estáticos, permanentes. Además, para acreditar lo dicho, traigo el recuerdo de que transité del inmutable notariado, de tanta riqueza, a la variable judicatura, de tanta pobreza, y ello a diferencia de otros y de otras, siempre en lo mismo. A eso, se le puede llamar “desprendimiento ascético”.

         Y dentro de las conjunciones, me interesaron las disyuntivas y las copulativas, más que las demás. Las copulativas, sin más analizar o descubrir sus muchos intríngulis, gustarán más a los lectores y lectoras, pues si las disyuntivas son también interesantes aunque estériles y con muro divisorio, las copulativas propician lo redondo, el engorde, la preñez y los natalicios. Ganaderos son de las disyuntivas: “o animales vacunos u ovejas o ganadería de porcinos intensivos/ o los lobos”, así como los ecologistas son de las copulativas: “animales vacunos, y ovejas y ganadería de porcinos intensivos/ y lobos”. 

 Vayamos por partes y sin precipitación:  

         Los partidarios de las disyuntivas, del “o”, suelen ser autoritarios y acelerados, drásticos y rotundos, con afición a colocarte las pistolas al pecho como en duelos retadores de hace siglos, y siempre igual: “o lo tomas o lo dejas”; todo tiene que ser ya, ya, y como decía Fraga y los suyos: “y punto final”. Suelen, además, ser monógamos y celosos, les faltan los terceros tan importantes en lo sexual y lo matrimonial -el matrimonio como cosa de tres, no de dos-, pues están permanentemente con “el conmigo o sin mí”. Sus guerras son Cruzadas y han de acabar en Victoria. 



Por el contrario, los partidarios de las copulativas, del “y”,  parecen ser más flexibles, bizcochables, al igual que los bollos suizos, que no preñaos, con azúcar quemado y vuelto a quemar, siempre por arriba; a casi todo dicen que sí y siempre, firmes partidarios de las “terceras vías”. Creen, sin duda, en el cambio climático y en la descarbonización de La Calzada, Aboño y de todo Gijón, así como en el barrio de la Luz de Avilés. 

         Y de lo más importante, importantísimo, es que los de las disyuntivas separan, como si fueran albañiles manipulando cementos, de manera radical, la vida de la muerte, la salud y la enfermedad. Los de las copulativas creen, por el contrario, que la vida y la muerte, la salud y la enfermedad, son de tanta proximidad que hasta se tocan, con tocamientos y roces constantes -no hay preñez sin tocamientos-, pues para preñar hay que tocar los debidos instrumentos, más o menos afinados. No sé si los cristianos somos de las copulativas o de las disyuntivas, sabiendo, eso sí, que los mahometanos son muy copulativos, pues Mahoma, en el Corán, sura Al-An,am escribió: “Dios hace surgir la vida del seno de la muerte, y la muerte del seno de la vida”. Y siempre quedan los que no son de las disyuntivas ni de las copulativas: son los de la resurrección de las carnes.

         
Que la muerte forme parte de la vida, y que sin ésta no se pueda entender aquélla, supuso una gran revolución, antropológica. Y qué decir de eso tan interesante que refiere que la salud y enfermedad no van cada uno por su carril sino que comparten el mismo, como si se tratara de ADIF. En general, hay salud cuando la enfermedad baja, y hay enfermedad cuando la que baja es la salud, siendo de tener en cuenta: 


En primer lugar, porque, al parecer, todos estamos sanos y enfermos al mismo tiempo, siendo la llamada curación una entelequia, un imposible, como la dialéctica de Hegel. En segundo lugar, porque si coexisten la salud y la enfermedad, y esta última puede ser física o psíquica, habrá que preguntarse: 

--¿Cuántos de los que nos gobiernan, y también de la oposición, que parecen tan sanos, en realidad, son enfermizos, con padecimientos esquizoides y otros desequilibrios, que creyéndose genios, en realidad son unos locos? No tienen ni siquiera, los pobres, los títulos con los que presumen.

--¿Cómo es posible que tantos presidentes de lo que sea, con los que nos cruzamos en la calle o vemos fotografiados en los periódicos, no sepan que su exaltación orgullosa sólo es pura melancolía, o/y ostentación a intervalos de depresión y manía?

Hay que definirse y volver a lo principal, estimado lector/lectora: ¿Es usted de las conjunciones disyuntivas o/y de las copulativas? Esa pregunta es el principio del Génesis y de cualquier génesis.

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lunes, 18 de octubre de 2021

BURRA Y BOTIJO, artículo de ÁNGEL AZNÁREZ (Publicado en "La Nueva España", 16 de octubre de 2021)

            Expertos en Preceptiva literaria, ciencia autoritaria en la que tantos maestros y maestras nacionales era peritos, indicaban que los títulos de lo que fuere, de libros, de capítulos y de artículos periodísticos, tan fáciles de escribir y de tanto interés, han de ser trasmisores de signos seguros para que el lector/lectora sepa a qué atenerse, perdiendo el tiempo justo, tan justo como los precios en un mercadillo navideño organizado por frailes franciscanos o capuchinos, que son iguales.   



Así, un título como el antecedente, Burra y botijo, no es signo seguro, lo reconozco; al contrario, es confuso. Unos se asustarán, pensando lo atrevido que hay que ser para escribir en estos tiempos acerca de las burras, femeninas de burros, llamadas pollinas en lenguaje cervantino; otros, muy asturianos, serán indiferentes a los botijos, bien porque siendo botijos ellos mismos, se consideran más espigados que los espárragos gigantes de La Rioja, o bien por lo barata que está el agua (en mi Lydl, el de San Lázaro, subiendo al Cementerio de San Salvador, hay botellas de agua a 0,18 céntimos de euro). 

         
Durante un tiempo me cansé viendo a “burras lecheras”, atadas a los postes de luz, en muchos lugares de Oviedo, en El Rosal, en Muñoz Degraín, en el Postigo, y en la cercanía de la Plaza “El Paraguas”, la de la leche, en tiempos anteriores a los de la Central Lechera Asturiana. Me llamó la atención lo pequeñas que eran las burras, de rabos cortos o escasamente rabudas, en comparación con los machos, los burros, que lo tienen todo grande. Las burras o pollinas, negras, y grises, caminaban como encogiendo sus patas traseras, como si quisieran esconder el sexo; eran unos andares que recordaban a los propensos a colitis.


Y la poética de la “burrez”, que empezó con la observación de las burras cargadas de latas de leche, llegadas desde La Manjoya, tuvo su apogeo con las lecturas poéticas de Juan Ramón Jiménez, sólo de buen carácter cuando escribía del burro Platero, al que enterró con amor en Nazaret de Moguer, a la sombra del pino Gordo. Lo de la esposa, Zenobia, es otra historia, como otra historia es la leche de burra para el baño de Popea, la amante de Nerón.


  



Asturias, por ser tierra de mucha agua, nunca precisó de botijos; apenas a ellos se refirió el etnógrafo y cura José Manuel Feito, fallecido, en en su libro La artesanía popular asturiana (1977). La página 10 de Babelia, del 17 de julio de este mismo añotitulaba La dinámica del botijo, aquí, en tierra “carbayona”, apenas fue leída, y eso aunque se cuenten cosas tan interesantes como que el botijo, por formas de barriga, es de simbología femenina y fecundante, además de gestor eficiente del agua: “gracia de polisemia” se concluye en BabeliaAhora “lo botijo” pasó a ser simbología masculina, y pensando en ellos, en tantos botijos, resulta doloroso el pensar en el sufrimiento de tantos, que inclinados muy de mañana, prietas las barrigas, han de colocarse los calcetines, los grises o de colores, o atar los cordones de los zapatos casi amarillos.

            Pero no, estimados lectores/lectores, esto no va de burras ni de botijos; esto va de trenes, como de trenes fue la imponente novela de Eduardo Zamacois, titulada “Memoria de un vagón de ferrocarril”. De trenes, llamado uno el “Tren burra” y otro el “Tren botijo”, y de la RENFE asturiana, acaso hoy ADIF, que no siendo ni burra o botijo, pudo ser aún peor. Ante esta, mi revelación, unos exclamarán ¡Ah, ahhhh! como con alivio, que es un luto de grises, los miedosos de toda la vida; otros exclamarán ¡Bah, bahhh! los insatisfechos o prontos a decepcionarse, también de toda la vida. Y como interesa concordar a ambos, para que lean lo mismo aunque de diferente manera, procede recordar a Graciano, no al periodista, no al monárquico, no al ahora poeta, lector del portugués Torga, sino al genuino, al canonista del siglo XII especializado en Concordia discordantium canonum. 


La máquina "inglesa" con autoridades locales

        


 
Lo mejor escrito acerca del “tren burra” se debe a uno de Palencia, llamado Julián González Prieto, Julianín o Juli, que explica en su libro, publicado por Editorial Cultura Norte, en 2010 (“Libros para un reino milenario”), de qué manera, saliendo de Palanquinos (León), picados los billetes por el revisor, se podía llegar con la locomotora a vapor, viéndose desde lejos los penachos de humos, hasta Medina de Rioseco (Valladolid), pasando por Valencia de don Juan, en aquellos tiempos, antes de ese “vinito” de moda, de uva “prieta y picuda” y antes de que esa Villa, la de Coyanza, fuera lo que es hoy por lo de la piscina: una Perlora del siglo XXI, como en tiempos fue la Perlora asturiana de Educación y Descanso. En Valencia de Don Juan se organizan eventos tan originales y cazurros como el de “Nuestros Mayores bailan”…

            Y el “tren botijo” salía de Madrid a Alicante, al grito de ¡viajeros al tren! llevando botijos para mantener fresca el agua durante el interminable viaje, y aplacando la sed durante la travesía por Castilla y la Mancha, tierras que el mismísimo Immanuel Kant, el de La paz perpetuasin moverse de Königsberg, calificó de “espacios absolutos y sin cosas”. Un territorio in-menso, es decir, sin medida. 


Y las máquinas ferroviarias, no sólo las de vapor, llevaban botijo; también lo llevaban las primeras eléctricas, de la serie 7700, de sobrenombre “las inglesas”, de color verde, de 122 toneladas de peso y 22 metros de longitud cada una, y utilizadas en las líneas León-Gijón y León Ponferrada, operativas desde mediados de los años cincuenta hasta mediados de los noventa del pasado siglo, muy apropiadas para la “rampa de Pajares”, que, como escribió Fermín Rodríguez Gutiérrez: “Superó la Cordillera, abasteció España y desenclavó Asturias.  

La máquina verde, inglesa, con vagones del tren rápido Gijón-León

RENFE en Asturias ni fue “tren burra” ni “tren botijo”, ni burra o botijo. No sé si fue mejor o peor, y así hasta hoy, no sé si RENFE o ADIF. Sospechas de lo peor hay muchas

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lunes, 11 de octubre de 2021

POMPAS FÚNEBRES, QUE NO DE JABÓN, artículo de ÁNGEL AZNÁREZ (publicado en "la Nueva España" el 12 de octubre 2021)

           

A Carmen Ruiz-Tilve, que quiero más de lo que se imagina.

 

 

Decir lo evidente como que Venecia es muy bonita, es decir nada; incluso suena a bobada como tantas dichas por aquéllos a los que nos referimos en el artículo anterior, de Nabos y otras berzas. Cosa distinta sería, y muy seria, decir qué es lo que hay de  “veneciano” en esas ciudades europeas, en San Petersburgo, Ámsterdam o Brujas, calificadas como las otras “Venecias de Europa. Regresé hace horas de Aveiro, la llamada “Venecia de Portugal”, y el parecido con la genuina y verdadera italiana, me pareció no existir: nada en Aveiro de palacios con hadas, ni opulencias bizantinas como los caballos colocados en San Marcos, ni góndolas negras que avanzan como cisnes negros. En Aveiro las barcazas son a motor. 

 


Y como siempre que me aburro, mi distracción consiste en comer pasteles; en el caso de Aveiro, fueron los ovos moles, gustados en una pastelería cercana al Hotel Moliceiro y próxima a La Tasquinha da Ria. Como el  aburrimiento es frecuente en Oviedo, lo supero comiendo milhojas en la Confitería Asturias, en la calle Covadonga; antes fueron los milhojas de la Confitería Niza, en la calle Magdalena, y en la misma calle, al otro lado, en la Confitería de Las Dueñas, sucursal de la de la calle Palacio Valdés, de las apellidadas por parte de madre, las Lorenzo. Por tanto apellido “Lorenzo” en esta ciudad, de pasteleras y alcaldes, que acaso sean lo mismo, bien podría llamarse Vetusta “El lugar de Lorenzaccio“, como la obra del pedante y romántico Alfredo de Musset. 

 

Las pompas fúnebres en Venecia siempre me fascinaron, pues fascinante siempre me resultó ver pasar una góndola funeraria por el Gran Canal, portando, al ritmo del suave oleaje, el féretro con el cadáver, mezclados los olores de las salinas aguas y de las flores del muerto, y camino en procesión hasta el cementerio de San Michele (Isla de los muertos). Tal cementerio es una inmensa Isla, y hasta llegar a ella, se pueden escuchar, en el trayecto músicas de bandolinas con notas de Vivaldi. Además, si el muerto, en vez de haber sido católico, hubiese pertenecido a la Iglesia Ortodoxa de Constantinopla, mucho mejor aún, pues ver y escuchar a tres popes, barbudos, subidos a una góndola, junto a un féretro, cantando, con ronquera, liturgias y recitando letanías, hasta el más ateo acaba creyendo en Dios. 

 

Y no dejo de pensar en la fastuosidad que debió de haber con ocasión de las procesiones mortuorias, camino de la Isla de San Michele, de dos muertos, en vida estetas de la Santa Rusia, fieles al Patriarcado de la Iglesia Ortodoxa rusa, la de toda la vida allí, incluso en tiempos de Lenin, hoy momia. Uno llamado Serguéi Diaghilev, cuyo amante, el bailarín Ninjsky, murió loco a los veintiséis años, lo cual fue considerado como la última prueba de su sensatez. El otro, Igor Straavinsky, contra el que no pudo ni Stalin, siempre peinado, el Igor, con raya en medio de fijador, viendo fuego en todas partes y en todos, en los pájaros incluidos.

 


Acaso tanta contemplación de lo fúnebre veneciano fue consecuencia de la atracción por lo fúnebre ovetense, pues haber nacido en la calle Campomanes y visto pasar, bajando, tantos entierros, hasta la “despedida del duelo”, resulta imborrable e importante. Una “despedida” que tenía lugar, abajo, junto a la calle Magdalena, y mirando al “Campillín” y a Arzobispo Guisasola, enfrente justo de la Panadería de Lupe y la Carnicería de Pilarina, que tenía una hermana rica, rica por farmacéutica en Gijón. Los curas, presentes en los entierros hasta la despedida del duelo, con inmensas capas pluviales de color negro con dorados como oros, podían cambiar, pero los vehículos fúnebres siempre eran los mismos: uno muy exuberante, de la denominada “Funeraria Empresa-Fortuna”, la de Cabo Noval, y otro más sensato, de “Funeraria Guerra”, la de Rúa 11, especializada, como se anunciaba, en “arcas para traslados y en carrozas de gran lujo”. 

 

Precisamente en los locales de esas funerarias se podían ver, desde la calle, los féretros a estrenar, debidamente estanqueados. Por eso, las funerarias y los estancos tanto se me parecieron, no sólo por la nicotina mortal, sino también por estar muy bien colocados, muy ordenados, unos encima de otros, los féretros, y las cajetillas de tabaco también. Si no querías ver los féretros, desde la calle, apilados porque “te daba un no sé qué”, tenías que dar vueltas o andar a lo perifrástico, como ir al Teatro Principado, en Cabo Noval, no entrando directamente por la calle Santa Cruz, sino por la calle Principado. Si querías ir a la oficina de la Caja de Ahorros o a Fluorescencia Onís, en la Plaza de la Catedral, tenías que dar una vuelta para no bajar por la calle Rúa, bajando por Altamirano, y llegando a la Plaza de la Catedral, pasando antes por la Plaza de Porlier. 

 


Es verdad que no todos los cortejos fúnebres bajaban por Campomanes. Hubo procesiones mortis-causa muy celebres y multitudinarias que transcurrieron por otras vías. El entierro de don Valentín Masip colapsó las calles Fruela y Jesús, en los años sesenta; el entierro del Arzobispo Lauzurica colapsó las calles San Vicente y Jovellanos, también por aquellos años; el funeral de don Agustín de Saralegui, a finales de los setenta, abarrotó la plaza de la Catedral con el funeral en San Tirso. La Iglesia de los Carmelitas y la calle Santa Susana, en los años ochenta, quedaron pequeñas por las multitudes que despidieron al notario Caicoya y a su esposa Carmen, sin duda, ésta una Cores y de lo más elegante, viéndola aún subiendo por Toreno, a la altura de Politecna, con sus ojos claros y su tez tan blanca que parecía azul.

 

Cuando murió el Arzobispo Lauzurica, en 1964, los Maristas de Santa Susana obligaron a que sus bachilleres fuésemos a rezar ante los restos mortales de Monseñor, que la Santa Sede, sabiamente, había trasladado a Madrid cuando la sangre episcopal ya no llegaba al cerebro; fue entonces cuando la mujer de Franco decidió que don Segundo García de Sierra y Méndez, antes párroco gijonés, fuese arzobispo coadjutor. Lauzurica, inmenso, grande, me confirmó en una mañana de fiesta en San Isidoro; y aquella imagen de Lauzurica, grande como su capa episcopal, contrastó con lo pequeño que me pareció allí dentro, en el cajón mortuorio, instalado ardientemente en el Palacio Episcopal. Mala suerte tuvo don Segundo, pues días antes de morir Lauzurica, la Santa Sede y Franco nombraron Arzobispo titular de Oviedo a Tarancón y a él Arzobispo de Burgos. 

 


Lo ruso y lo veneciano siempre me interesaron mucho en lo global y en lo local, sabiendo que fue pasión de rusos y rusas morir y enterrarse en Venecia, tal como supimos de Diaghilev y Stravisnky, y de marquesas, no como las de aquí, sino primas de los Romanov. Y en esto ocurrió una cosa sorprendente, acaso milagrosa: muchas mañanas, desayunando un café y una “pinca” (bollo con trozos de frutas escarchadas), en la Confitería Rialto, en la calle San Francisco, de Oviedo, me preguntaba: ¿Cómo será posible que llamándose la Confitería de manera tan veneciana, RIALTO, la especialidad sean las MOSCOVITAS?

 


La inicial perplejidad la llegué a transmitir  a sus dueños, los Gayoso, que no me hicieron ni p… caso. De pronto, un día, caí en la cuenta: el éxito con las Moscovitas del Rialto, forma parte de ese mágico e irresistible atractivo o embrujo, que siempre y para todo, tienen lo ruso, moscovita, mezclado con el Rialto veneciano. Por ello, tratándose entre ambos, el negocio es siempre seguro, muy seguro. 

 

¡Menudo kikirikí, el de los Galloso o Gayoso, padre e hijo, del Rialto ovetense!

 

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jueves, 30 de septiembre de 2021

NABOS Y OTRAS BERZAS, artículo de ÁNGEL AZNÁREZ (publicado en "La Nueva España, 26/09/2021)


                                               

Recuerdo de Conchita Quirós, siempre mi librera.

 

 


Por el título del inicio, críticos de la gastronomía y de las artes de los guisos, muy fartones ellos, acaso crean que cambié a su especialidad, que es muy científica, de mucho saber y saberes. Pero no, quedo donde siempre estuve, aún sintiéndolo mucho, pues hoy el prestigio social se adquiere colocándose un gorro blanco de cocinero arriba y un mandil blanco de cocinero más abajo, entre pecho y barriga. Antes, el tan buscado prestigio lo daba, por ejemplo, el ser notario, obispo, o funcionario del negociado de “Vias y Obras” en la Excma. Diputación provincial. Ahora, por el contrario, el prestigio lo da el ser cocinero, sin dejar de salir, de punta en blanco, en los periódicos, aunque sea diciendo bobadas. Comprendo que a un caballero que no sepa cocinar un solomillo Wellington, se le cierren las puertas sociales y caiga en ostracismo. Mi modelo fue otro: la cocinera con bata negra y brazos potentes, que en “Casa Bango, en El Fontán, retirada en la cocina que era como un apartado y escondido retrete, hacía maravillas con huevos y merluzas ¡Qué tortillas!

 


El caso es que por ser notario de la “Senda del Oso”, entre Proaza y Teverga, al empezar los otoños, en preparación a los fríos invernales, mi querido amigo Mauro de la Torre, el de Proaza, no paraba de insistir en subir a casa de Rita, en Villamejín, a comer nabos, o ir a casa de Rosita, en Teverga, a comer otras berzas, bien solos o en compañía del buen médico local, catalán de nacimiento, que unos llamaban Profítos y otros Profitós. Las suculencias de nabos y berzas quedaron tan enraizadas en mi alma y cuerpo que, cuando oigo la palabra nabo o berza, pienso, sin remedio, en Proaza y Teverga, y que, cuando veo a nativos de ellas, pienso en los nabos y en las berzas. ¡Que inolvidable fue para mí aquello, como inolvidable debió ser para el mañoso Ulises, el de Homero, el banquete en la casa de Alcínoo! 

 


De la extravagancia resultante de que el Alcalde de Oviedo, don Alfredo Canteli, haya nacido en Teverga, apareciendo con frecuencia en la prensa como es debido e indebido, el recuerdo de nabos y berzas se hace persistente y continuado. Mis “Ángeles Custodios”, con buenas interlocuciones con “lo mas alto”, ya me informaron de que, al enterarse santos varones, que fueron alcaldes  de Oviedo, casos de Masip Acevedo y Rico de Eguibar, de que el actual Alcalde era de Teverga, se movieron de sus sitiales contemplativos y estáticos, a la derecha del Padre, debiendo ser tranquilizados por el mismo San Pedro. 

 

Si por el hilo del nabo y de la berza se puede llegar hasta el Alcalde de Oviedo, siempre inseparable de su esposa queridísima, y con frecuente cara de anuncio de injerto capilar, por ese mismo hilo se puede llegare a la Alcaldesa de Gijón. Resulta que ésta,  la alcaldesa de Gijón, nació en Oviedo ¡Es carbayona, jolin! Eso es muy chocante, aunque un poco menos que lo del párrafo anterior, teniendo en cuenta que lo más, genuinamente,  ovetense, “el carbayón” pastelero, fue un invento dulce de un cazurro de La Maragatería, llamado Camilo y Blás. Y lo de la alcaldesa ovetense en Gijón, como con lo de los toros, tiene dividida a la afición; hay división de opiniones. 

 

FOTO DEL KREMLIN, DEL EX-COMUNISTA

Mientras unos dicen que, políticamente, la tal dama es un gigantesco e inmenso nabo, otros aseguran, también políticamente, que es un compuesto de muchos nabos y de alguna nabiza, ideales éstas para el caldo gordo. Ante tanta división de opiniones, no me queda más que preguntar a su gran colaborador -así lo haré- que tiene nombre de emperador romano, Aurelio, y del que dicen que, después de leer las obras completas de Carlos Marx en alemán, quedó un poco “pa allá” y tan persistente en carguitos con sueldo.

 


Lo de la guerra “nabal” me llamó mucho la atención, teniendo en cuenta mis pericias en lo “naval
”. La cosa me preocupó tanto que a punto estuve de organizar en Proaza una convención con mis compañeros jurídicos de la Armada, que debidamente advertidos por mí, manifestaron mucho interés en aclarar la confusión posible entre lo nabal o de nabos y lo naval o de navíos. Pudiera ser, no me consta, que el CNI, hubiera tomado cartas en el asunto, aunque seguro que si los acharolados de la Guardia Civil, de cuyo gorro de charol negro escribió Gómez de la Serna que fue el mejor intento en plástico de resolver el enigma de la cuadratura del círculo.  


 

Canteli, tan recordado por las berzas teverganas, y de ojos azules como de vikingo, pasó desde Teverga por el Gijón bancario y de lo Banesto del Conde, don Mario, y subió al Naranco como lo hacen los ovetenses de toda la vida, y bajó luego, ahora, a pasearse, como buen vetustense por La Encimada o barrio de Clarín, como Fríjilis, el amigo de la Ozores. Canteli siempre fue mucho de la Virgen de Covadonga, arriba en el Centro, Virgen que era la de los curas y los obispos, mientras que los del clero regular tenían otra Virgen, la del Carmen, como  favorita. 

 

Los Carmelitas de Santa Susana siguieron como si nada, con sus escapularios y estampitas de la Virgen del Carmen, con lo de la “Juventud del Carmelo” en el local, para jugar al billar, situado en un sótano de Santa Cruz, y con las novenas y procesiones presididas por frailes carmelitas, con capas blancas, por Santa Susana. Y una vez, con ocasión de rezos al brazo incorrupto de Santa Teresa, trajeron a un benedictino, amigo de Franco, llamado Fray Justo Pérez de Urbel.

 

Entre lo de la Virgen de Covadonga y la del Carmen, pareció sensato la pretensión del jesuita Vilariño de colocar un Corazón de Jesús en lo alto del Naranco, e inaugurado después de acontecer muchas peripecias. Y en lo alto de la Sierra del Aramo, para asombro, colocaron los muy católicos de Información y Turismo de entonces, un repetidor que resultó ser de televisión, que no una cruz. Eso sí que fue un milagro.

 

Este kirikikí de galli-pavo anuncia que, entre quincenas, callará, permaneciendo durante ese tiempo aquí, en silencio, siempre acompañado, estando siempre entre pollitas y pollitos. 

 

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