jueves, 25 de noviembre de 2010

ANA MARÍA MATUTE O EL VUELO DE LA IMAGINACIÓN, artículo de la escritora Aurora García Rivas


Escribir no es una profesión o una vocación, sino una forma de vivir. Son sus propias palabras, no cabe más interpretación que una.
Naturalidad, lirismo, realismo. He aquí una autora que soñaba cuentos e imaginaba duendes. Que los escribiese luego no es un milagro, sino la consecuencia natural de alguien cuya desbordante imaginación estuvo inmersa durante mucho tiempo en la infancia, pero en una infancia conscientemente atrapada entre la magia y la realidad. Que desembocase en la novela y en el relato, es sólo otra forma de contar.
El hecho de vivir la dura experiencia de estar separada de su hijo, afinó su mente para estar cerca de él y dedicarle lo más bello que tenía a su alcance: la palabra en la que imprimía un mundo de sensaciones y emociones. A pesar de ello, jamás perdió cierta cándida relación con el mundo aunque haya desembocado con frecuencia en la crudeza del realismo.
Hace muchos, muchos años, yo leía cuentos suyos. Me fascinaba su lenguaje, su aparente facilidad para contarlos. Le debo horas de entusiasmo, de ensu'eño, de hondas emociones y, sobre todo, de un lenguaje cálidamente cercano.

Aurora García Rivas, escritora y poeta (Publicado en el diario El Comercio)

miércoles, 24 de noviembre de 2010

LOS PAYOS, artículo de José Marcelino García


DOMINGOS POR EL RASTRO
Hacia esta costa dentada y arenera a la que se va a hogar el Piles, río lento, pobre y cansado, y a cuyo rodapié se engarza cada domingo este Rastro mercantil vestido con ajuares de iglesia, con cosas huidas de los viejos plateros y arcones de aldea, con colchas y lencerías de Portugal, loza y cristal de la Bohemia, ferralla y madera de cuadra y de taller, todo con polvillo de años, hacia este teatro, digo, empavesado con trapos de mil colores, vienen los payos. Uno, aquí, es solamente eso, un payo, un transeúnte desordenado y confuso por entre la turba de paseantes, todos con miradas torcidas, raras, molestas, deslumbradas, pintorescas, pingosas y matadas. Un payo entre los payos que imposta su rostro para ir pasando y paseando por entre todas estas cosas inclementes, desolladas, brillantes, patéticas y absurdas; por todo este género aquí agrupado, derrengado, relumbrón y antiguo. Sí, somos esto, una especie de populacho caminante, sigiloso y chalaneador, viciado de Rastro, desentonado (por unas horas) del centro de la ciudad, rebuscadores de abalorios y aplicaciones, de cosas ahora muy baratas que tal vez un día colgaron de nuestros sueños.
Bajan los payos de las aldeas, de los pueblos vecinos, de los barrios de la ciudad. Quieren, queremos, ver de nuevo esas cosas que fuimos tirando de niños, los trastos que dimos a los traperos. Anhelamos recuperar las esquilas y los cascabeles que sonaron por los prados libres de nuestra juventud, comprar esos cuentos maltrechos, rotos, mancos de hojas que aún sobre viven enseñando su alegría pasada, sus héroes color sepia, sus chistes y aventuras de colores.
Aquí esta la nutrida turba paya del Rastro, fisgona, sigilosa y sentimental, que ha venido a buscar gallinas, cosas orientales, libros de predicaciones, castañas del Bierzo, calderos y faroles. Los payos que se van de aquí con un baúl acuestas, con una piedra tallada, con un grifo de latón, con un manojo de llaves, con ratoneras, sifones y candados en forma de corazón. Ahí van los payos, con los pobres, entrañables y queridos restos del mundo.


(Publicado en el diario El Comercio)

HE RECIBIDO UN REGALO

José Luis Campal, que acaba de llegar de un congreso en Málaga, me ha rescatado de un jardín de la ciudad este rosal que lleva mi nombre, o viceversa. Muchas gracias, amiguín, que decimos en Asturias. Entrañable que te hayas acordado de mi persona.
Si ticas dos veces sobre la foto, la imagen se amplía y se pueden ver todas sus características.

EL MINISTRO CANADIENSE, GORDON O´CONNOR, RESPONDE

Una canadiense pacifista escribió a las autoridades de su país quejándose del trato que se da a los terroristas detenidos en Afganistán.
Le contesta el ministro de Defensa:
Estimada ciudadana comprometida:
Gracias por su carta en la que expresa la preocupación por el trato que damos a los terroristas talibanes y de Al Qaeda en manos de las Fuerzas Armadas Canadienses. En atención a las quejas que recibimos de ciudadanos comprometidos como usted, hemos creado un nuevo programa de pacifismo e integración para los terroristas.
De acuerdo con ese programa, hemos decidido seleccionar un terrorista y colocarlo bajo la dependencia de la familia de usted. El próximo lunes tendrá usted en su casa a Alí Mohamed Amé Ben Mahmud (puede llamarlo simplemente Amé). Espero que puedan tratarlo amablemente tal como exigía usted en su carta de protesta. Lo más probable es que necesite usted contratar a algunos ayudantes para esa misión.
Cada semana nuestro departamento le va a hacer una visita de inspección para comprobar que se tienen en cuenta los principios de buen trato que exigía usted en su carta. Debo advertirle que Amé es un psicópata extremadamente violento, pero confiamos en que, con la sensibilidad que usted manifestaba en su carta, logrará superar ese inconveniente. Insistimos en que su huésped resulta extremadamente eficiente en el combate cuerpo a cuerpo y que puede matar con un lápiz o un cortaúñas. Además, Amé es un experto en fabricar artefactos explosivos con productos caseros; así que tenga bien guardados esos productos a menos que en su opinión esa decisión pueda ofender a Amé. El terrorista no querrá relacionarse con usted o con sus hijas (excepto sexualmente) puesto que él considera a las mujeres como meros objetos. Ese es un aspecto muy sensible, puesto que se le han observado tendencias violentas respecto a las mujeres que no cumplen con el atuendo islamista, Así pues, confío en que a usted no le moleste llevar el burka; de ese modo contribuirá usted a respetar la cultura y las creencias que manifestaba en su carta.
Gracias otra vez por su preocupación. Estamos muy reconocidos a las personas como usted e informaremos a nuestros conciudadanos de su cooperación. Buena suerte y que Dios le bendiga.
Atentamente, Gordon O’Connor, ministro de Defensa.
Aunque parezca mentira, la carta es totalmente cierta y fue publicada en todos los periódicos.

lunes, 22 de noviembre de 2010

Y LUEGO HAY QUIEN SE ATREVE A DECIR QUE LOS JÓVENES NO RECONOCEN VALORES

Carta ganadora de un premio a la 'más expresiva' en el concurso nacional 'Carta a un maltratador'. Escrita por Fernando Orden Rueda, estudiante de 2º de Bachillerato del Instituto Bioclimático de Badajoz.

Para ti, cabrón:
Porque lo eres, porque la has humillado, porque la has menospreciado, porque la has golpeado, abofeteado, escupido, insultado... porque la has maltratado. ¿Por qué la maltratas? Dices que es su culpa, ¿verdad? Que es ella la que te saca de tus casillas, siempre contradiciendo y exigiendo dinero para cosas innecesarias o que detestas: detergente, bayetas, verduras... Es entonces, en medio de una discusión cuando tú, con tu 'método de disciplina' intentas educarla, para que aprenda. Encima lloriquea, si además vive de tu sueldo y tiene tanta suerte contigo, un hombre de ideas claras, respetable. ¿De qué se queja? Te lo diré: Se queja porque no vive, porque vive, pero muerta. Haces que se sienta fea, bruta, inferior, torpe... La acobardas, la empujas, le das patadas…, patadas que yo también sufría. Hasta aquel último día. Eran las once de la mañana y mamá estaba sentada en el sofá, la mirada dispersa, la cara pálida, con ojeras. No había dormido en toda la noche, como otras muchas, por miedo a que llegaras, por pánico a que aparecieses y te apeteciera follarla (hacer el amor dirías) o darle una paliza con la que solías esconder la impotencia de tu borrachera. Ella seguía guapa a pesar de todo y yo me había quedado tranquilo y confortable con mis piernecitas dobladas. Ya había hecho la casa, fregado el suelo y planchado tu ropa. De repente, suena la cerradura, su mirada se dirige hacia la puerta y apareces tú: la camisa por fuera, sin corbata y ebrio. Como tantas veces. Mamá temblaba. Yo también. Ocurría casi cada día, pero no nos acostumbrábamos. En ocasiones ella se había preguntado: ¿y si hoy se le va la mano y me mata? La pobre creía que tenía que aguantar, en el fondo pensaba en parte era culpa suya, que tú eras bueno, le dabas un hogar y una vida y en cambio ella no conseguía hacer siempre bien lo que tú querías. Yo intentaba que ella viera como eres en realidad. Se lo explicaba porque quería huir de allí, irnos los dos…Mas, desafortunadamente, no conseguí hacerme entender. Te acercaste y sudabas, todavía tenías ganas de fiesta. Mamá dijo que no era el momento ni la situación, suplicó que te acostases, estarías cansado. Pero tu realidad era otra. Crees que siempre puedes hacer lo que quieres. La forzaste, le agarraste las muñecas, la empujaste y la empotraste contra la pared. Como siempre, al final ella terminaba cediendo. Yo, a mi manera gritaba, decía: mamá no, no lo permitas. De repente me oyó. ¡Esta vez sí que no!–dijo para adentro-, sujetó tus manos, te propinó un buen codazo y logró escapar. Recuerdo cómo cambió tu cara en ese momento. Sorprendido, confuso, claro, porque ella jamás se había negado a nada. Me puse contento antes de tiempo. Porque tú no lo ibas a consentir. Era necesario el castigo para educarla. Cuando una mujer hace algo mal hay que enseñarla. Y lo que funciona mejor es la fuerza: puñetazo por la boca y patada por la barriga una y otra vez… Y sucedió. Mamá empezó a sangrar. Con cada golpe, yo tropezaba contra sus paredes. Agarraba su útero con mis manitas tan pequeñas todavía porque quería vivir. Salía la sangre y yo me debilitaba. Me dolía todo y me dolía también el cuerpo de mamá. Creo que sufrí alguna rotura mientras ella caía desmayada en un charco de sangre. Por ti nunca llegué a nacer. Nunca pude pronunciar la palabra mamá. Maltrataste a mi madre y me asesinaste a mí. Y ahora me dirijo a ti. Esta carta es para ti, cabrón: por ella, por la que debió ser mi madre y nunca tuvo un hijo. También por mí que solo fui un feto a quien negaste el derecho a la vida. Pero en el fondo, ¿sabes?, algo me alegra. Mamá se fue. Muy triste, pero serenamente, sin violencia, te denunció y dejó que la justicia decidiera tu destino. Y otra cosa: nunca tuve que llevar tu nombre ni llamarte papá. Ni saber que otros hijos felices de padres humanos señalaban al mío porque en el barrio todos sabían que tú eres un maltratador. Y como todos ellos, un hombre débil. Una alimaña. Un cabrón.
Fernando Orden Rueda, 2º Bachillerato Ciencias de la Salud, I.E.S Bioclimático,

domingo, 21 de noviembre de 2010

LA PLAYA EN DOMINGO


Ha llegado el mal tiempo, la lluvia, el viento, el frío… Ya salieron definitivamente del armario los abrigos, los guantes, las botas, y demás prendas de abrigo propias de este tiempo: estamos en invierno –aunque la estación no entró aún-. Y sigo yendo a la playa. Puede parecer algo extraño, pero no lo es en absoluto. Como yo, otras muchas personas lo hacen. Si en verano es atrayente, no lo es menos en invierno. Y no digo que para tomar el sol o bañarse, aunque todo es posible. Lo primero, hoy no pudo ser: Lorenzo no se asomó a su concha; lo del baño ya es otra cosa. Concretamente esta mañana de domingo, a las doce del mediodía, con 12 grados de temperatura ambiente, cinco aguerridos valientes (tres mujeres y dos hombres), se adentraban en la mar como si tal cosa ante la mirada entre atónita y sorprendida de los paseantes, que enfundados en ropa de invierno contemplaban –contemplábamos- la valiente hazaña. Pero no eran los únicos que había en el agua: los surferos se afanaban en subirse a una ola que nunca llegaba, si bien la mar estaba agitada, revuelta, olas para surf…, no. Pero su presencia entretenía y animaba a la concurrencia: paseantes domingueros de la más variada condición. Señoras vestidas de domingo asidas del brazo de su marido camino de la misa de una de San Pedro; viejos solitarios, encorvados, sin intención alguna por enderezar su cuerpo; viejas, erguidas, sin intención de encorvarse. Grupos de mujeres de edad indefinida, caminando a toda velocidad sobre horripilantes playeros, vestidas con antiestéticos chándales de colores que resaltaban aún más esas protuberancias que acarrea la edad y que son el motivo de tan agitados y sudorosos paseos. Fotógrafos domingueros, dispuestos a capturar una gaviota que se posa sobre el ocle, los desperfectos del pasado temporal, la novia que se arrima a la barandilla para inmortalizar el momento…,cualquier imagen que puedan llevarse a casa. Pasan algunas bicicletas sorteando los paseantes, una pareja patinando y perros, muchos perros junto a sus amos ansiosos por corretear por la arena. Luego estamos nosotros, los que vamos aislados, caminamos enfundados en minúsculos cascos, ensimismados en la música. Todos, cada uno a nuestra manera, damos vida en invierno a la playa. No importa que llueva -como sucedió hoy-, ni que arrecie el frio, la playa nunca es aburrida. Además, hoy, las fuertes mareas arrastraron muchas algas al arenal, el olor a mar, el olor a ocle… ¡Qué maravilla mi playa!

sábado, 20 de noviembre de 2010

ARTÍCULO DE JOSÉ LUIS CAMPAL, PUBLICADO EN EL DIARIO "MÁLAGA HOY"




DOS CARTAS ASTURIANAS DE SALVADOR RUEDA

MANTUVO Salvador Rueda, el insigne poeta modernista malagueño, una relación cordial y atenta con Asturias, región a la que dedicó composiciones líricas, a la cual visitó varias veces y donde fue agasajado, cultivando amistades que no se marchitaron con el paso del tiempo y la mengua de su fama. Ejemplo de esto último fue el vate llanisco Félix Eduardo Gavito Pedregal (1865-1936), quien le brindó el 15 de febrero del año 1913 una epístola en verso con motivo de un viaje a la Argentina para ofrecer conferencias y lecturas poéticas. En sus once sextetos, impregnados de templanza culturalista, Félix Gavito plasma el perfil psicológico del genio malagueño y le desea una feliz singladura transoceánica, con el temor añadido que le hace, primero, rogar por que no se vaya a la Argentina de gira y, después, eludir en la despedida la palabra "muerte".Recientemente localicé dos cartas de Salvador Rueda dirigidas al inteligente escritor gijonés de corte sardónico Alfredo García García, que firmaba como Adeflor y fue un gigante del periodismo asturiano de la primera mitad del siglo XX. Ambas misivas, de corta extensión, se encuadran dentro de la estancia que el padre del Modernismo español realizó al Principado en el mes de julio de 1911, una visita que desató la admiración de los ilustrados provinciales. Así, Menendo de Piloña declara que "leyendo sus versos se oye el retumbar de los cañones, la fragorosa sinfonía del cataclismo apoteósico, se toca la plasticidad esplendorosa de la mujer soberanamente bella y se siente la dulce espiritualidad de los idilios". Por su lado, el narrador Manuel Álvarez Marrón se congratulaba de "contar como huésped de nuestras montañas al primer favorito de las musas castellanas", ya que "no dejarán las gracias infinitas que ella encierra de despertar su inspiración maravillosa".La primera carta asturiana ruedina está datada en Infiesto el 9 de julio de 1911, alude a la celebración del primer centenario de la muerte de Jovellanos y dice en sus principales párrafos lo que sigue: "A descansar vine a esta tierra asturiana, pero al verla por segunda vez, después de muchos años, vuelvo a comprender que tiene demasiadas hermosuras, demasiados prodigios naturales, para que el alma pueda permanecer tranquila. Es imposible descansar donde la sublimidad de la Naturaleza tiene mis nervios en una constante excitación. Ayer mismo he estado viendo cuadros tan grandiosos entre estas montañas, que me han sacudido fuertemente, y mis nervios, algo enfermos, no están ahora para conmociones violentas. Ya sé que la hermosa Gijón atrae en estos días la atención de toda España, con el próximo centenario. Y me figuro cómo estarán esas calles y esos hoteles de gente venida de La Habana, ¡de aquella originalísima y hospitalaria Habana, que yo adoro con toda mi inmensa gratitud!".En la segunda carta, correspondiente al día 30 del mismo mes y año, el malagueño Salvador Rueda se refiere al multitudinario homenaje de que fue objeto en Infiesto: "Tengo que dar sentidísimas gracias a usted y a toda la noble prensa de Gijón y de Oviedo, que hace pocos días enviaron distinguidísimos representantes al banquete de Infiesto. De todos aquellos poetas, escritores y periodistas se hizo amigo mi corazón. Deseo vivamente de la bondad de usted que por medio de su popular diario transmita mi infinito reconocimiento a tantas plumas insignes como me enaltecieron. Yo solo puedo repetir anegado de emoción y de eterna gratitud: ¡Gracias, gracias, gracias!".Dos muestras en prosa que, con toda justicia, engrosarán, si no lo han hecho ya, la correspondencia de un autor incuestionable en la historia del más productivo movimiento literario hispánico.
JOSÉ LUIS CAMPAL (Miembro del Real Instituto de Estudios Asturianos)
Publicado el 19 de noviembre de 2010

viernes, 19 de noviembre de 2010

DON VÍCTOR GARCÍA DE LA CONCHA, SOS

He recibido un mensaje de un amigo que dice:

Estaré solo esta tarde

Y se me ha planteado un problema: ¿Qué quiere decirme?

¿Que estará sólo esta tarde?, y se marchará después
o
¿Que estará solo esta tarde? y está aburrido.

miércoles, 17 de noviembre de 2010

EXTRAÑA NOCHE


No es frecuente que padezca insomnio. De hecho, soy más bien dormilona. Sin embargo, esta noche ha sido extraña. Tras ese primer sueño, que es el verdaderamente reparador, me sobrevino un duerme-vela extraño, agitado, inusual, al que no estoy acostumbrada. Es como si no hubiese podido superar esa fase REM de la que nos hablan los entendidos en materia, prolongándose demasiado el estado de transición entre la vigilia y el sueño, colándose paradójicas situaciones no vividas, pero que, por razones aún más extrañas, reproducen momentos que pasan a ser vivencias. ¿Mejor llamarlas ensoñaciones… tal vez ilusiones? No lo tengo nada claro. El caso es que me pasé la noche en un estado de somnolencia incómodo: ni dormida, ni despierta. Puse la radio, tentada estuve de levantarme, desistí de hacerlo; en algún momento me pareció que alguien entraba en casa y en otros sentí el miedo de la noche, la soledad de la que me habla mi vecina Mari. Concretamente cada vez que me pregunta si me molestará el volumen de su televisión, ...pues como duermo poco, y estoy sorda, me dan las tantas viendo la tele. Y hoy pude constatar que apaga la caja tonta pasadas las tres de la madrugada. También comprobé que son muchas las personas que se enganchan a la radio, y llaman, para hablar con un locutor que rellena sus soledades casi siempre con banalidades. Y así fui pasando mi noche, hasta las seis de la mañana en que una voz recién levantada, clara, hasta con cierta musicalidad anuncia: Son las seis de la mañana del día 16 de noviembre, está usted escuchando radio… Sentí un escalofrío, porque lo que me recordó no lo tenía presente, formaba parte de ese mecanismo de defensa por el que olvidas lo que te duele. Y tenía que ser hoy, precisamente hoy mi noche de insomnio. La noche de un 16 de noviembre, hace ya 33 años, permanecía junto a la cama de mi padre que agonizaba. Nos dejó de madrugada. Me pregunto, ¿por qué precisamente hoy no pude dormir? Lo dejo en casualidad, no quiero ir más lejos. Pero, ¡caramba con las casualidades!

martes, 16 de noviembre de 2010

JOSÉ LUIS CAMPAL PARTICIPA EN UN CONGRESO EN LA UNIVERSIDAD DE MÁLAGA


El jueves, día 18, el escritor, miembro del Real Instituto de Estudios Asturianos, José Luis Campal, participará en la Universidad de Málaga en un congreso sobre “Literatura e internet” con una comunicación acerca de la poesía juvenil de Ramón Pérez de Ayala

domingo, 14 de noviembre de 2010

EL MARTES 16, A LAS 19 h, PRESENTACIÓN DE LA NOVELA "LA HORA DEL LOBO GRIS", FINALISTA DEL PREMIO FERNANDO LARA 2009


SINOPSIS

Tres historias paralelas pero conectadas, conforman una obra de trasfondo histórico, no exenta de misterio.
Rudolf Köerting, uno de los criptógrafos más prestigiosos de su tiempo, inicia una investigación en Anatolia para profundizar en el conocimiento del Imperio Hitita y sus rudimentarias formas de escritura.
El curso de esta expedición lleva al profesor Köerting y a su ayudante Frank Grauben, a recorrer tierras turcas, sirias y egipcias en un momento de tensión prebélica por la amenaza nazi; algo que no impide desvelar uno de los secretos más sorprendentes de la antigua Mesopotamia: la enigmática desaparición del pueblo hitita y su letal descubrimiento.
Medio siglo después, la aventura parece tener continuidad de la mano de Heinrich Mayer y su amigo Pablo Luna. Éste recibe de Mayer parte de una clave y la instrucción agónica de seguir hasta el final con el mayor sigilo posible, ya que una peligrosa organización terrorista, liderada por el Lobo Gris, está tras la pista.
Una novela absorbente y entretenida que envuelve al lector en una atmósfera histórica y misteriosa.

sábado, 13 de noviembre de 2010

REALÍZATE, MUJER. Artículo de Francisco Álvarez Velasco


Si algo ha tenido la visita del Papa, amén de satisfacer a sus seguidores, es un alto nivel de controversia; patente en manifetaciones, ríos de tinta, debates televisivos... Creo que se dicho de todo, y por todos. No ha quedado nada en el tintero, así que no opinaré al respecto. No obstante, he decidido traer a este espacio un artículo publicado en El Comercio (ya sé que hay quien opina que lo que ya se publicó no debería de reproducirlo en mi blog, tendrá hasta razón, no lo dudo)del que es autor el escritor y poeta FRANCISCO ÁLVAREZ VELASCO


REALÍZATE, MUJER
No se dice si la realización en el hogar es la del trabajo o la del ocio

Llegó, vio (no mucho), habló o leyó siete discursos y se marchó con más prisas que la borrasca 'Becky'. La cuestión es si venció o no en la cruzada contra el laicismo radical, que Mayor Oreja ve sin parangón en Europa y que viene creciendo tras aquella «extraordinaria placidez» del franquismo que siguió a la borrasca de los años treinta. La respuesta está en los réditos de lo que, según Martínez Camino, iba a resultar «un negocio espiritual y económico para todos». Los económicos -venta de souvenires, viajes, ocupaciones de hoteles.- no parecen haber sido excesivos. Quedan por ver los espirituales, pero éstos solo podrán medirse en el futuro y todo depende de cómo fructifiquen las palabras del Obispo de Roma, del que dicen que es el gran intelectual de Europa.
No olvidemos que en el principio es el verbo y que, al fin y al cabo, el Papa es sembrador de palabras 'urbi et orbi'. Las de más enjundia fueron: «Que la mujer encuentre en el hogar y en el trabajo su plena realización». Son palabras del «primer Papa teólogo profesional que tiene la Iglesia desde hace siglos y que utiliza el lenguaje de la gente común». En cualquier caso, pueden tener su misterio: hogar, trabajo -en ese preciso orden- y realización. No se dice si la realización en el hogar es la del trabajo o la del ocio, como en el caso del hombre, que puede idealizar ese territorio con el tópico de «hogar, dulce hogar».
En los tiempos de la «extraordinaria placidez» la profesión de la mujer se resumía en las siglas S. L.: Sus Labores. Labores de ama de casa excesivamente arduas cuando todavía no se había inventado ni el frigorífico, ni la fregona, ni la lavadora, ni la ropa sintética. ¿Y sus labores en el templo? Vestir santos, barrer naves y sacristía, sacar brillo al copón, bordar manteles para el altar, almidonar roquetes de monaguillos y albas sacerdotales., pero ningún papel relevante en el escenario del presbiterio, que -lo dice la palabra- es el área reservada a los presbíteros.
¿Y la plena realización? No se entiende muy bien un término que viene aplicándose preferentemente a las féminas, como si los machos humanos por el hecho de serlo estuvieran realizados. «Realizarse no es un juego de palabras», escribió Blas de Otero. No ayuda mucho el Diccionario de la Academia cuando define 'realizarse' como «sentirse satisfecho por haber logrado cumplir aquello a lo que se aspiraba». Tal vez Ratzinger se refiriera al concepto aristotélico de la mujer como «varón mutilado», que Santo Tomás tradujo como 'mas occasionatus'. De ser así, la plena realización significaría un futuro dorado con diaconisas, sacerdotisas, obispas, papisas.
Mejor, mujer, realízate, elévate (rebélate) desde la realidad en que te quieren recluir.

FRANCISCO ÁLVAREZ VELASCO

EL TURNEBÍS DEL TRIBILÍN, 15 de noviembre a las 18 horas en el Centro Municipal de La Arena




DANI GARCÍA DE LA CUESTA,
el inigualable músico que tantos momentos emotivos y mágicos nos hace disfrutar en los Encuentros poéticos, participa en la representación del grupo de teatro de sombras El Turnebís del Tribilín.
¡PARA NO PERDÉRSELO!

Con el nombre de El Turnebís del Tribilín, nace en Xixón, en 1985, un grupo de teatro de sombras de las manos de Manuel Santiago López, componente por aquel entonces, y durante 8 años, del colectivo de animación Quiquilimón.
El Turnebís del Tribilín, es uno de los poquísimos grupos de teatro sombras de toda la Península Ibérica, a pesar de ser éste un arte milenario y de mucha tradición en otros países como China, Turquía, Grecia, Egipto, etc.
El nombre del grupo surge de una anécdota familiar y de un juego de palabras sin un significado concreto.
En estos años, el grupo realizó varios trabajos de sombras chinescas que representó por centros municipales, casas de cultura, circuitos teatrales, etc…, y también trabaja por centros escolares dando apoyo a los estudios bilingües en Inglés con la representación de cuentos en este idioma.
Sus espectáculos, que se acompañan generalmente con música en directo, se basan en los argumentos de diferentes cuentos y romances recogidos de la tradición oral, como Toma castaña, El molinillo mágico, El mozo arriero, El enamorado y la muerte, La esposa infiel, etc.
El caso es que, que para el lunes día 15 de noviembre del 2010, a las 18 horas, en el centro municipal de La Arena, en Xixón, tendremos la oportunidad de disfrutar de su trabajo y aprovechar para que las nuevas generaciones conozcan este tipo de teatro y las historias que se cuentan con el, ya que van dedicadas a un público familiar. Les gustará a los niños y niñas, pero a los mayores les gustará también, y valdrá de hilo trasmisor ente generaciones.
En este espectáculo, de alrededor de sesenta minutos, se representarán varios romances y otras historias. Aparecerán de entre la oscuridad y la luz personajes como el mozo arriero, antiguo transportista, que defenderá su vida de los peligros del camino, la misma muerte dará un paseo por entre los vivos, habrá escenas de amor codificadas, y hasta es probable que algún asistente salga al escenario a colaborar en la representación de historias. No dejar pasar la ocasión.

EL TURNEBÍS DEL TRIBILÍN


Col nome de El Turnebís del Tribilín, ñaz en Xixón, en 1985, un grupu de teatru de solombres de les manes de Manuel Santiago López, componente d’aquella, y durante 8 años, del colletivu d’animación Quiquilimón.
El Turnebís del Tribilín, ye ún de los poquísimos grupos de teatru solombres de tola Península Ibérica, a pesar de ser ésti un arte milenariu y de muncha tradición n’otros países como China, Turquía, Grecia, Exiptu, etc.
El nome del grupu surde d’una anécdota familiar y d’un tracamundiu de palabres ensin un significáu concretu.
Nestos años, el grupu fizo dellos trabayos de solombres chinesques que representó por centros municipales, cases de cultura, circuitos teatrales, etc..., y tamién trabaya per centros escolares dando sofitu a los estudios billingües n’Inglés cola representación de cuentos nesti idioma.
Los sos espectáculos, que s’acompañen xeneralmente con música en direutu, básense nos argumentos d’estremaos cuentos y romances recoyíos de la tradición oral, como Toma castaña, El molinillu máxicu, El mozo arriero, El enamorado y la muerte, La esposa infiel, etc.
Ello ye, que pal llunes día 15 de payares del 2010, a les 18 hores, nel centru municipal de L’Arena, en Xixón, tendremos la oportunidá d’echar un güeyu al so trabayu y aprovechar pa que les nueves xeneraciones conozan esti tipu de teatru y les hestories que se cuenten con el, ya que van dedicaes a un públicu familiar. Gustará-yos a los neños y neñes, pero a los mayores gustará-yos tamién, y valdrá de filu trasmisor ente xeneraciones.
Nesti espectáculu, d’al rodiu de sesenta minutos, representaránse dellos romances y otres hestories. Apaecerán d’ente la escuridá y la lluz personaxes como’l mozu arrieru, antiguu trasportista, que defenderá la so vida de los peligros del camín, la mesma muerte dará un paseín per ente los vivos, habrá escenes d’amor codificaes, y hasta ye probable que dalgún asistente salga al escenariu a collaborar na representación d’hestories. Nun dexar pasar la ocasión.
Pa contactar col grupu:
manuelsantiagolr@gmail.es o dagarcues@yahoo.es

jueves, 11 de noviembre de 2010

LOS GITANOS, artículo de José Marcelino García


DOMINGOS POR EL RASTRO
Con el pelo echado hacia atrás lleno de fijativos, piel renegra por los colores de la vida libre, alegre y peligrosa, voz bronca y a la vez templada por una fe de cristianos rumberos, filadélfícos y aleluyadores, ahí están, domingo tras domingo, los gitanos del Rastro cargados de gitanismo. Tienen todo su mundo en torno así: periódicos, botellas, libros, faroles, medallas, mapas, collares, relojes, fornituras, santos viejos., todo eso, picado, envilecido, incorrupto y renaciente, en venta.
Viejo pueblo zorro (más antiguo que España), enemigo de los alcabaleros, andariego y puro que enreda el trato con malicia hablando al revés, echando un montón de flores a lo que te quiere colocar mientras pasas despacio bajo este cielo del Rastro que desciende su borra en el invierno y se levanta alto de azulidad y aviones en el verano. «¿Y ese radio funciona?», pregunta uno al calé. Y él, usando un plural ládino y mayestático (un Nos papal), responde con estudiada inocencia: «No lo sabemos».
Gitanos carromateros de viento y pandereta, ahora en furgonetas llenas de abuelas jóvenes, de niños comiendo fruta, de mujeres con lencería de farala (vestidas siempre de julio y agosto). Gitanillas de un moreno antiguo con el cabello rubio alemán, de frasco, peinado por las ráfagas del viento. Todos trashumantes, a cuestas con sus quintales de trapo y hierro, que son su trigo y su pan.
Romántico escenario este del Rastro, donde todo aquí está al raso y al descampado: espejos que refractan retales de cielo y lo ponen al alcance de la mano, como a la venta; muebles antiguos de dormitorio (aquellos de muñeca y cuadro del Purgatorio), que parecen oler todavía a orinal de tísico; cosas y utensilios vagamente de plata gitana, desenterrados, dicen, de debajo de las ruinas de una iglesia abandonada en un camino viejo. ¡Ah los gitanos!, desenterradores de gallinas y tesoros, al rebusco siempre de la chatarra que cargan ahora en furgonetas de faros tuertos. Gitanos con su idioma y su vida como fuera del tiempo, y que uno recuerda junto sus verdes hogueras al borde de los caminos

miércoles, 10 de noviembre de 2010

APRETARSE EL CINTURON


Como de casi todo, de economía no sé nada. Así que dudo mucho, ya no del rigor, ese doy por descontado que no estará presente, sino de que lo que hoy escriba tenga interés. Al menos, un interés que vaya más allá de lo que llamo el patio de mi casa. No obstante, mi ignorancia no es óbice para que el tema me preocupe. Me pasa cada vez con más frecuencia, que voy en busca de pequeños comercios, casi siempre familiares, en los que me gusta comprar porque aún funciona el vis a vis que permite que salgas, amén de con el producto que el comerciante te haya querido vender -eso se da por descontado- con el convencimiento de que te ha tratado como un amigo, lo que no viene mal para humanizar un poquito esta cada vez más gélida sociedad; pues me encuentro con que la crisis les ha obligado a cerrar. Me resisto, en cierta medida, pues también sucumbo con frecuencia a la comodidad, los precios y la variedad de las grandes superficies, a que los pequeños comercios de mi barrio dejen de existir. No me gustaría, viviendo en ésta, mi pequeña ciudad, que ese comercio que publicitariamente llaman de proximidad; no tanto por esa proximidad –que tampoco desdeño- sino por lo que tiene precisamente de eso, de cercanía con mis vecinos, con la gente que vive cerca de mí. Me gusta sentirla. Nada es más agradable, pongo por ejemplo, que acercarse a comprar un libro a la librería Paradiso, porque, amén de salir con el ejemplar debajo del brazo, sin duda la conversación con Chema nos habrá hecho pasar un rato la mar de agradable- que decimos por aquí-. Y nadie me negará que al pasar por la calle la Merced, uno espera siempre ver a Tino a pie de su librería de lance: buenos días, buenas tardes…una paradita delante del primoroso escaparate. ¡Delicioso! Y un poco más arriba la vieja imprenta, La Versal, oliendo a tinta, como las rotativas de los diarios antes de modernizarse. Trabajando, seguro que con técnicas mucho más actuales, pero sin que apenas se note, conservando ese sabor entrañable de las empresas familiares que nos hace sentirnos como en casa, partícipes activos de mil pruebas de imprenta. Y me gusta ir con las recetas médicas a mi farmacia de siempre, a la de Escalera, donde don Pío le vendía las aspirinas a mi abuela, y con ellas sabios consejos. Allí sigue habiendo conversación y consejos. Los pasteles de los domingos de La Fe, los bolsos de Casa Mariano en la calle de los Moros, la frutera de la esquina, mi peluquera de siempre, a punto de jubilarse en una cutre peluquería por la que no han pasado los años y que nada o poco sabe de productos mágicos ni modernidades. Y Así sucesivamente, aunque cada vez con menos opciones. Los viejos se jubilan y los jóvenes lo tienen muy difícil.
Algo no funciona en este texto –en el orden de mi cabeza, vamos- porque empecé hablando de economía y creo que lo estoy haciendo de nostalgia. No era esa mi intención. La idea me surgió porque esta mañana después de escuchar un programa de radio, una de las recomendaciones que daban era apretarse un poco el cinturón. Y me dio qué pensar, o por lo menos me plantee qué podía hacer yo en ese sentido. Para empezar, mi cinturón está bastante ajustado, no soy consciente de hacer ningún tipo de dispendio fuera de mis posibilidades, escasas, pero suficientes. Que eso ya es mucho. Y se me ocurrió que podía dejar de ir a la peluquería, también podría prescindir de la señora que me hace la limpieza, de los pasteles de los domingos, de ese libro que compro cuando aún no he terminado el anterior y de…unas cuantas cosillas más superfluas sin duda. Y a renglón seguido me puse en la piel de mi peluquera, si la dejo, entre las clientas que se le van por edad y algunas más que decidamos apretarnos el cinturón, no aguanta los dos años que le quedan para jubilarse sin cerrar. Mejor no recortar por ahí. ¿Y la señora que me hace la limpieza? Tiene también sus añitos y seguro que no va a encontrar otra casa, el marido en el paro, ella de casa en casa, sería inmoral decirle que dejase de venir: pues que venga, por ahí no ahorro. Y por ahí para adelante. Total que si yo ahorro, me aprieto el cinturón, y mis vecinos deciden hacer lo mismo, lo que hará el cinturón será ahogarnos a todos. Así que el sistema no va a funcionar en mi barrio.
Yo, por si acaso, hoy he salido de compras y regresé a casa con algunas cositas dentro de una bolsa roja que dice: “Estuve de comparas por Gijón”. Mi granito de arena para que el pequeño comercio pueda subsistir, ¿Alguien más puede colaborar?

domingo, 7 de noviembre de 2010

LA VIEIRA DE BENEDICTO XVI


POR JOSÉ MARCELINO GARCÍA LICENCIADO EN ESTUDIOS ECLESIÁSTICOS
El camino que durante diez siglos han recorrido los católicos de Europa, el Camino de Santiago, peregrinaje emprendido siempre con obstinación, arrojo y fe es el que, siguiendo las huellas de su predecesor, Juan Pablo II, ha emprendido desde la llamada primera Roma (la segunda es Santiago), José Ratzinger, el Papa de la vieira. De la vieira, digo, porque en el centro del escudo personal de este pontífice se destaca la concha del molusco bivalvo, concha muy gallega, típica de los peregrinos a esta tierra compostelana.
La católica España (como con frecuencia gustan de llamarla los papas), parece estar dentro de las preocupaciones más serias de Pontífice alemán, debido a su laicismo creciente, a su relativismo moral, a la pérdida de sus fuertes tradiciones cristinas y a su secularización más descarnada. Todo ello a pesar de las buenas relaciones entre la Santa Sede y el Gobierno de Zapatero.
Pero para el Vaticano ya no es la Francia de los enciclopedistas el país laico por excelencia, parece que este puesto (vale más tarde que nunca) lo ocupa la tierra de María Santísima, la que vino en carne mortal a Zaragoza a consolar, precisamente, a Santiago, el hijo de Zebedeo, que por aquí, según la tradición, estaba predicando el Evangelio. Ratzinger ha recorrido 8oo kilómetros para recordar en Santiago de Compostela las raíces cristianas de Europa y para promocionar una nueva evangelización que recupere para la Iglesia romana las viejas naciones de fuerte tradición católica. Ardua tarea esta para un Papa con pocas simpatías, con escaso carisma personal, con un lastre que lo vincula a su anterior cargo como jefe del antiguo Santo Oficio. Ardua tarea, por no decir imposible, en una sociedad actual para la que han perdido toda importancia los hechos de la vida anímica que en las sociedades, relativamente recientes, aún giraban en torno a Dios y a la Iglesia. Nuevas necesidades, nuevos cuidados, nuevos anhelos inundan los sentidos y el entendimiento de las masas. Aunque no ha desaparecido por completo la poderosa tensión en que, el cristianismo, supo poner el alma occidental, sin embargo, ahora, la juventud encuentra su compensación en otros aspectos, desviando su atención del misterio de la religión. Sólo el 13% de los católicos va a misa, y las bodas civiles superan ya a las religiosas. El Papa, este Papa, (a caso cualquier otro Papa del futuro) todo lo que al fin conseguirá en esta Europa y particularmente en España «reserva espiritual de occidente» será, con esta visita, atraer más peregrinos de bordón y botafumeiro a Santiago, más turistas japoneses y más protestantes americanos a la Sagrada Familia de Barcelona. De cualquier forma, los ángeles musicantes del maestro Mateo, tocaron el sábado en Santiago sus melodías más bellas, cuando el Papa celebró su misa sobre ese ara del cielo (Araceli), que es la plaza del Obradoiro. Melodías dirigidas todas ellas por mis amigos el Chantre de la catedral Fernando Beltrán y el Sochantre Leopoldo Torres, que interpretaron también, a dos veces, la antífona 'Tú eres Pedro', como solo ellos saben hacer. Algo es algo en esta España tan, otrora, martillo de herejes, tan, ahora, adalid del laicismo, en la que la más de la mitad de los jóvenes dan la espalda a una Iglesia a la que el Papa ha venido, con su vieira de peregrino, por tercera vez.(PUBLICADO EN EL DIARIO EL COMERCIO)

ANTE EL ESPEJO


Hay dos momentos en el día que son muy importantes para mí. El primero es cuando me levanto, y el otro cuando me acuesto. Todo lo que sucede entre ambos, de una forma u otra, pasa por ellos. Parece extraño, pero no lo es tanto. No suelo levantarme de mal humor, pero tampoco con la alegría puesta. Con los años duermo menos, despierto temprano, tengo dificultades para poner la maquinaria que mueve mis huesos en funcionamiento, y qué decir de las endorfinas –a esas les cuesta más espabilar-. Así que he tenido que poner en práctica estrategias que me permitan encarar la jornada. Dejando a un lado ducha, café en vena, higiene general, etcétera, etcétera, le confío el resto al espejo. Tenéis razón, pura frivolidad. Pero como no tengo con quien hablar, pues lo hago conmigo misma. Y como, por otra parte, me gusta mirar a la persona con la que hablo, pues a ello me pongo. Al principio ni nos reconocemos, yo diría que nos odiamos. Se empeña en decirme que estoy llena de arrugas, que esos pelos hoy no los endereza nadie, que me están saliendo demasiadas canas, que si el código de barras, que si las ojeras… ¡Vamos, la Biblia en verso! Tras ese primer encontronazo, procuramos limar asperezas, habida cuenta que hay, lo que hay. Una cremita por aquí, otra cremita por allá. Una dice que quita las arrugas, la otra las patas de gallo, la tercera asegura borrar diez años, y…, como estoy dispuesta a creérmelo –aunque no sea más que por lo que me costaron- pues la fe hace el resto. Supongo que más por esa fe, que por la realidad, se eleva mi autoestima, y hasta me veo favorecida. No opinen señores –si es que hay alguno leyendo- esto es cosa de mujeres; seguro que todas me han entendido. Y mira por donde, voy a aprovechar la ocasión para decirlo. A los caballeros les gusta vernos guapas, pues a nosotras nos gusta verlos ídem –cambiando “a” por “o”: guapos-, así que lo mismo que cuidan su estómago, su colesterol, cuiden también su piel, no es ninguna frivolidad. No digo que se maquillen, ni que intenten parecer más jóvenes –eso lo hacemos nosotras…, con bastante poco éxito-, pero cuídenla un poquito: la piel es para toda la vida. ¡Jesús, parece que vendo cosmética! No se trata de eso, se trata que de ir eliminando esos tópicos por los que el hombre que se cuida es un…, un hombre actual. Creo que me he metido en un jardín del que no saldré bien parada. Entendiendo por tal, que se me tildará de frívola, de superficial y, lo más probable, de tema carente de interés. No importa, yo sigo, quien no debe de seguir perdiendo el tiempo es el lector.
Y ahora voy al segundo momento: al final del día. Tanto si éste ha sido bueno como malo, es maravilloso. En el primer caso, uno lleva a su cama la alegría de una jornada redonda (no sucede con demasiada frecuencia, pero puede ser); y en el segundo, la noche hace de liberadora, queda atrás la jornada ingrata. A estas dos condiciones que son de gran importancia, yo le añado que es el que tiempo que dedico a la lectura –mis amantes siempre me esperan en la mesita de noche-; y también son los momentos en los que escribo estas tonterías. Lo hago en un ordenador minúsculo que me regaló Pablo, al que me resistí en un principio; pues si él es pequeño, más aún lo son sus letras, pero me permite colocarlo cómodamente sobre mis rodillas. Así que ya me he acostumbrado a este minúsculo artilugio, que me espera junto a mis libros. Es el espejo de mi noche, aunque no me devuelva imagen alguna, me permite imaginar tu cara, amigo lector/a.

martes, 2 de noviembre de 2010


Entro esta mañana en el blog y veo que hay más de 16.000 entradas. Cifra que ya sé es nimia, si se tiene en cuenta el alcance de este medio, en el que los lectores se cuentan por millones. Finalidad que, por otra parte, nunca perseguí. No me gustan las multitudes, prefiero los círculos reducidos. Ya sé que lo que digo se contradice con lo que hago. Nadie en su sano juicio lanzaría nada a la Red con la pretensión de pasar desapercibido. Pero tampoco se trata de eso. En el fondo, el hecho de escribir y no saber a quién puede llegar lo que digo, me produce una curiosidad especial que, como nunca puedo saciar, se retroalimenta continuamente y genera ese placer de los objetivos que son gratos hasta que se consiguen; que es cuando decae el interés y hay que perseguir una nueva ilusión, con esta práctica eso no me sucede nunca. ¡Vaya jardín en el que me he metido! No sé si supe explicar lo que quería. Pero bueno, sigo, pienso que alguien me entenderá. Tiene para mí el escribir una triple función, como mínimo. Por una parte, suelto la adrenalina que me sobra sin molestar, a priori, a nadie. Por otra, establezco un vínculo de comunicación con…. Bueno no sé muy bien con quién, pero así no hay el problema de la discrepancia. Que no es que no me gustase tener contrincante, pero…, hay lo que hay. Y, por último, la parte más divertida, aquella en la que entra en juego mi imaginación. Un poco el escritor al revés. Trataré de explicarlo, porque tal como voy soy consciente de que no se me entiende nada. Todo lector que se precie trata de interpretar lo que lee. Pues yo lo hago al revés, intento crear la figura del lector. Trato de ponerme en su lugar y dejo que mi imaginación vaya creando distintos personajes –posibles lectores- que se camuflan detrás de lo que no es más que un contador de visitas. No tienen nombre, no tienen cara, pero leen lo que escribo. Supongo que alguna razón tendrán. No creo que 30 ó 40 personas que acceden, más o menos todos los días al blog, lo hagan para torturarse. Y así voy creando distintos tipos de lectores. A mi aire, lo mismo que escribo, sin mucho orden, sentido ni concierto. En el recorrido me encuentro con un lector amable, que sólo intenta pasar un rato, comunicarse conmigo de alguna manera, compartiendo lo que escribo, asintiendo o discrepando, que eso es lo de menos. También estará por ahí el lector puntilloso, el que con sumo gusto colocaría los puntos y las comas en su sitio, con toda seguridad más conveniente que allí donde yo las he ido soltando; ahí habrá una crítica segura. Pero con un poco de suerte será benevolente con mi ignorancia. Luego aparecerá el purista de la lengua, el más temible, también el más asistido por la razón, el que se preguntará por qué me empeño en escribir si no lo hago con la corrección debida. Ése tendrá razón, aunque puede que no le haga caso. La ignorancia…la ignorancia que siempre es muy atrevida. Y finalmente están quienes me leen exclusivamente por que hablo del patio de mi casa, del pobre de la esquina, de mi viejo perro, de cosas vulgares, cotidianas, de aquellas que constituyen el día a día de todos. Aunque todos no seamos iguales, o aparentemos no serlo.

lunes, 1 de noviembre de 2010

LAS TRABAJADORAS DE LA DÉCADA DE LOS CINCUENTA




Siempre presumo de pertenecer a una familia de mujeres trabajadoras. Desde muy jóvenes casi todas compaginamos trabajo y estudio. Supongo que como la mayor parte de quienes nacimos –no en la posguerra exactamente- pero sí en esa España que trataba de reponerse de la miseria que acarrean todas las guerras. La pionera fue mi abuela, no ejerció profesión determinada, pero fue el motor que movió los hilos para que todas estudiásemos y formásemos parte de esa sociedad por aquél entonces machista, en la que con casarse era ya suficiente. Mi madre, que estudió su bachiller en el Instituto Jovellanos, se casó demasiado joven –en la época nada extraño- y una vez casada decidió seguir estudiando –eso sí era ya un poco más extraño- y durante un tiempo compaginó el cuidado de un bebé –que era yo-, con un trabajo de oficina a media jornada y con todas las horas de estudio que le permitían sus ocupaciones; todo siendo aún casi una niña (sólo 18 años). Contaba mi abuela, la mujer más sabia de mi familia, que la acompañaba a la Facultad de Medicina de Valladolid -donde le dieron el título de Practicante-Comadrona-, que pasaba noches enteras en una pensión estudiando, durante los cuatro o cinco días que duraban los exámenes. El esfuerzo, no podía ser de otra manera, mereció la pena: conservo su titulación con la calificación de sobresaliente. Pero la cosa no quedó ahí; al volver a Gijón y tratar de buscar trabajo, se encontró con que le dijeron que el título de más valor en esa profesión era el expedido por la Facultad de Salamanca. Y mi abuela, a la que nada se le ponía por delante, cogió a la niña- que eso era- y la encaminó hacia Salamanca, nuevos exámenes y mismo resultado: sobresaliente. Así que guardo dos títulos que saco de vez en cuando, fundamentalmente cuando necesito superar alguna barrera que me parece un poco más difícil de lo normal. ¡Aquello sí que fue difícil! Y nunca ella me lo dijo. La historia me la contaba mi abuela, con toda naturalidad, como algo normal. Y yo siempre le preguntaba, ¿pero abuela, había dinero? ¿Cómo se arreglaba? Y siempre me respondía lo mismo,con esfuerzo y ganas, niña. Luego pasó toda la vida ejerciendo su profesión. A cualquier hora del día o de la noche sonaba en mi casa el teléfono: siempre había una parturienta en alguna parte reclamando sus servicios. Guardo cientos de fotos de niños regordetes, desnuditos, con una dedicatoria que casi siempre decía,a mi segunda madre. Así que durante muchos años –durante 8 fui hija única- me adjudicaba cada uno de los hermanos putativos que iban llegando a mi casa. Lo que solía ser motivo de alegría. Nada era mejor recibido que una caja de bombones acompañando a la foto, lo que traía una “señora”, que decía Julia. No con menos regocijo acogía yo gallinas, pavos por navidad, conejos, o cualquier otro ser viviente, que Julia anunciaba como, señora una clienta del pueblo viene a verla. Para mí deliciosos animalillos que correteaban por la cocina hasta que Julia –la sádica asesina- cuchillo en mano, los convertía en puchero del día siguiente. Creo que eso es algo que nunca le perdoné. Una gallina no era más que un pago en especies, nunca reclamado, por supuesto, porque en la mayoría de las casas no había dinero, y sí muchos niños. Los tiempos cambiaron, los hijos dejaron de nacer en casa, las parturientas comenzaron a visitar al ginecólogo, todo fue mejor. Y nacieron menos niños. Mientras tanto mi madre se fue haciendo mayor. Me consta que trabajó mucho – como Gloria, María Antonia, Lolina, Asela… y tantas comadronas como hubo en el Gijón de la década de los 50-, y que fue muy feliz con su profesión, aunque muchas veces el trabajo no se compensara con dinero. Vocación, pura vocación, espíritu de trabajo. Todas ellas fueron pioneras del trabajo de la mujer, compaginaban vida familiar y laboral con gran naturalidad. Creo que algunas más seguimos su estela, pero me temo que las cosas están cambiando. Nuestras hijas, que han podido estudiar sin dificultad, para quienes todo es más sencillo –con honrosísimas excepciones que conozco- parecen ahogarse si tienen que compaginar la crianza de un hijo con el trabajo. Pretenden que sean los abuelos quienes carguen con sus hijos. Y así ves a los pobres y viejos abuelos, con mucho amor y pocas fuerzas, tirar por los nietos camino del parque, camino del colegio…No sé si estaremos en el buen camino. No sé si no querremos prolongar la vida laboral de quienes ya de suyo la tuvieron complicada. ¿Para cuándo el descanso de los viejos? Mi madre, por si le cayera algún biznieto, ha decidido anotarse a un curso de teatro para mayores. ¡ faltaría más después de tantos años de trabajo, seguir cuidando niños! Ahora toca divertirse. Están preparando una obra de Pachín de Melás. No me la pierdo, ya os contaré.

domingo, 31 de octubre de 2010

NUNCA OLVIDO A MIS MUERTOS


En la festividad de Todos los Santos debería de visitar a mis muertos, no lo hago. No quiere decir que los haya olvidado. No hay día del año en que su recuerdo no pase por mi mente. Curiosamente no por lo que me quisieron –seguro que mucho-, ni por lo que yo los quise –que no fue menos- sino por lo que me enseñaron. Siento hacia ellos una gratitud inmensa. Hacia esa mujer sabia que fue mi abuela, Sara, que me escribía versos y cuentos que aún conservo, y que igual me recitaba un poema de Machado que me cantaba una copla de la Piquer. La veo cose que te cose, en aquella vieja Singer, y canta que te canta al son del pedal. Esa su alegría llenó mi infancia de felicidad, y también con ella descubrí la inmensa tristeza que producen las ausencias. Su muerte me pilló desprevenida. Creo que fue el primer golpe duro que me dio la vida. No pasaron muchos años sin que volviera el dolor a mi puerta. Mi padre fue el siguiente. Él supo con cierta antelación que su final estaba próximo -creo que lo descubrí durante su penosa enfermedad-, sus últimos años fueron para mí una auténtica lección de vida. Me fue señalando el camino, sin palabras, con actitudes, trabajando hasta el último día, siempre dispuesto a ayudar allí donde hiciera falta -que la mano derecha no supiera lo que hacía la izquierda-. El domingo fue al fútbol a cumplir con su trabajo, el lunes me pidió desde la cama su Olivetti para escribir la crónica, y el miércoles le dábamos sepultura. Se fue con sencillez, sin hacer ruido, con la misma naturalidad que había vivido, y supo transmitir a quienes nos tocó quedar. Luego se fueron marchando el resto de los abuelos, tíos, parientes… Y mi segundo padre, Fernando. Si algo se le había olvidado enseñarme a mi progenitor, Fernando lo hizo por él. Me transmitió, entre otras muchas cosas, el amor a los libros, a la sencillez; me enseñó el valor de una mañana soleada, de una conversación con un amigo, la alegría de compartir un chocolate con churros… Nada he olvidado. Mis muertos siguen estando conmigo, aunque hoy no visite el campo santo.

jueves, 28 de octubre de 2010

RECORDANDO A SILVERIO CAÑADA, por Gonzalo Mieres

JUSTO RECONOCIMIENTO A LA BRILLANTE TRAYECTORIA COMO EDITOR DEL GIJONÉS SILVERIO CAÑADA ACEBAL FALLECIDO EN EL AÑO 2002
Gonzalo Mieres.-
Hay personas que dejan huella, pasan los años y se les recuerda por esa importante labor de promoción editorial.
A Silverio Cañada nada le era ajeno, joven y con entusiasmo, amante del libro, autodidacta, con el apoyo de su recordada esposa Tina, se prodigó en el trabajo creativo que nunca ha sido fácil, comprometido con el teatro de vanguardia, con la tertulia política y cultural, en una ciudad que demandaba actividades culturales y reivindicación. asumiendo los riesgos y dificultades que conllevaban estas acciones y la promoción editorial asturiana.

Ahora se sigue incidiendo que Gijón y el Principado de Asturias necesita imperiosamente, demanda compromisos activos, creadores de ideas, pero, como siempre, para que puedan ser viables, se deben implicar personas, crear equipos que cumplan con el deber asumiendo los objetivos, siendo eficaces en el justo a tiempo, ya que si no quedarán en cantos de sirena, predominando la insistente y cansina retórica.

Silvero Cañada ha sido un ejemplo en este trabajo que nunca ha sido fácil, un pionero, puso al Principado de Asturias en una órbita cultural, y le recordamos el primer premio del Ateneo Jovellanos a la novela ' Chuso Tornos, peso pluma', de Eduardo Alonso González , para emprender en el año 1969 el proyecto mas famoso; la Gran Enciclopedia Asturiana.
El editor César García Santiago después de pedir permiso a la familia, convoca el Premio de Narrativa 'Silverio Cañada' que no pasará inadvertido, iniciativa que pretende fomentar a autores jóvenes y con el que se rinde justo reconocimiento al emblemático editor gijonés.

Ediciones la Cruz de Grado convoca el I Premio de Narrativa "Silverio Cañada" como homenaje al editor gijonés.
SILVERIO CAÑADA ACEBAL (1938-2002)

Editor nacido en Gijón (Asturias) en 1938. Creador de Ediciones Júcar y de la Gran enciclopedia asturiana y Gran enciclopedia gallega. Con una acusada intuición empresarial y espíritu de riesgo e innovación, creó en 1967 Ediciones Júcar, que iba a alcanzar prestigio en los sectores culturales del país por sus colecciones de poesía y la emblemática serie Los juglares, dedicada a los cantautores, a las que luego sumaría otras tendencias literarias, como la colección Etiqueta Negra, de novela policiaca, y el ensayo, con libros políticos y la afamada serie de antropología. Pero su mayor éxito empresarial fue la Gran enciclopedia asturiana, una magna obra, pionera en su género en España, de la que fue uno de sus tres artífices y que, comercializada en origen en fascículos coleccionables, ha llegado a sumar 21 tomos desde su aparición en 1970 y sucesivas reediciones.
La Gran enciclopedia asturiana fue un éxito de ventas y que llevó a Cañada a emprender proyectos análogos en Galicia, primero, y en otras comunidades después. La Enciclopedia temática de Asturias y la Historia general de Asturias fueron otros proyectos ambiciosos, que lo consolidaron como el más importante editor de la región, con más de 2.000 títulos en su haber. Falleció en el año 2002.

Las bases son las siguientes:
1.- Podrán concurrir a este Premio cualquier persona con edades comprendidas entre los 18 y 35 años que presente trabajos escritos en lengua castellana y en prosa. Deberán ser originales e inéditos.

2.- La temática y el contenido de los trabajos será libre, pudiéndose presentar más de un trabajo por autor.

3.- Cada trabajo deberá tener una extensión mínima de 100 páginas y máxima de 200, han de ser originales e inéditos, en Tipografía Arial, Times new Roman o Garamond, cuerpo 12 y con espaciado de 1,5.

4.- Los trabajos se presentarán por cuadruplicado, bajo un lema o seudónimo, acompañado de un sobre cerrado en el que conste el lema en el exterior y en el interior los datos del concursante: nombre, apellidos, domicilio, teléfono/s, email y una breve reseña biográfica.

5.- El plazo de admisión de los trabajos finalizará el viernes 28 de septiembre de 2011. El envío de originales se realizará por correo certificado a la siguiente dirección:

I Premio de Narrativa "Silverio Cañada"
Casa de Cultura de Grado
Biblioteca Municipal "Valentín Andrés Álvarez"
C/ Cerro de La Muralla, s/n
33820 Grado- Asturias (España).

Otra opción es a través de internet donde se enviarán dos archivos: uno con la obra que se deberá titular como la misma y otro con la plica que se llamara "plica [título de la obra]" en la que deberán figurar los siguientes datos: nombre y apellidos, nacionalidad, dirección, teléfono y cuenta de correo electrónico. El email al que tienen que mandar las obras es el siguiente: edlacruzdegrado@yahoo.es

6.- El jurado estará compuesto por miembros designados por Ediciones La Cruz de Grado. El fallo del jurado, que será inapelable se hará público en rueda de prensa que será anunciada con suficiente antelación; asimismo, se comunicará personalmente al premiado.

7.- El premio será único, dotado con seiscientos euros (600 E), placa conmemorativa, diploma y publicación de la obra.

8. La entrega del premio está prevista que se celebre en un Centro Cultural en Gijón (Asturias) y el autor tendrá que estar presente en dicha entrega a finales de 2011.

9.- Ediciones La Cruz de Grado se reserva la facultad de publicar en exclusiva la edición de la obra premiada y además de el premio en metálico al ganador se le abonarán el 10% de los derechos de autor.

10-. La participación en este Premio supone la aceptación de estas Bases.

miércoles, 27 de octubre de 2010

OTOÑO POR EL PARQUE, artículo de José Marcelino García


El parque de la Católica Reina, jergón, en este tiempo, de hojas de oro donde cantan el raitán y los pájaros migratorios, con 'freakis' haciendo 'footing' y mendigos de banco y soledad abierta, es el Hyde Park gijonés. Puedes encontrar en él un chino de «todo a cien» haciendo taichí o un antiguo trabajador de la naval, ahora sin 'gomeru'. Puedes encontrar un hombre que se acerca a mirar las papeleras y va sacando de su fondo un plástico con patatitas, un periódico atrasado, un trozo de bocadillo, un pañuelo con un borrón de barro, un botellón de refresco lleno hasta la mitad. Puedes encontrar rumanos hablando con voz dura, troquelada y sonora, y niños y niñas comiendo su meriendas de York, entre carreras y gritos. Hay ardillas de Disney que van y vienen por la anatomía de un árbol, y miran, igual que los perritos de las praderas (si bajan al suelo), el pasar depredador de los bípedos mamuts. Hay mucho Alatriste llevando un perro, mucha ave exótica, pato salido, jaula con canarios, bustos con historia, y hasta una isla alborotada de gaviotas.
Con luna de mapa, desciende sobre el parque la noche farolera y municipal, y salen los pícaros, los espadachines, los tigres, los gatopardos, los palomos buchones, los dolientes y silenciosos, también, a pasear su soledad. Entre las sombras de plata, hay ninfas, giocondos y figuras rarísimas. Y una erótica vegetal (de lince), que, a medida que avanza la noche, se va haciendo más espesa, más callada, más vertical y desnuda. Erótica movible, silenciosa y perfumada, que, en su apogeo, cae en goterones de savia, en poluciones de miel y flores entre la tierra y las raíces.
Y la movida adunada y adolescente que suena por los jardines de este palacio oscuro, por entre este vergel botánico y solitario en noches de viernes y sábados. Humo y Absenta es el fuego de una generación muy joven, con fiebre de música, besos, coca y esnifes subiéndoles, como un turbión de platino iridiado, hacia la cabeza hasta quemarlos.
Llueve en el parque, y yo estoy dentro. Escucho la soledad del agua cayendo sobre este texto de árboles, pájaros, hombres, niños, pasiones y penas. Que nadie toque nada, por favor. (Publicado en el diario EL COMERCIO)

martes, 26 de octubre de 2010

HOMENAJE AL ESCRITOR LUIS FERNÁNDEZ ROCES EN EL ATENEO JOVELLANOS


El MIÉRCOLES, día 27 de OCTUBRE, a las 19,00 horas, se homenajeará al escritor LUIS FERNÁNDEZ ROCES en el Ateneo Jovellanos. El periodista FERNANDO DEL BUSTO hablará de la vida y obra del escritor. Presentará el acto el poeta y también escritor, José Marcelino García.
Más información: www.elateneo.es
LA ENTRADA ES LIBRE

miércoles, 20 de octubre de 2010

LAS ÚLTIMAS LETRAS DE CLARÍN


José Luis Campal
(Real Instituto de Estudios Asturianos)

Al alborear la mañana del 13 de junio de 1901 expiraba en Oviedo, su ciudad adoptiva, el literato y crítico de proporciones más giganteas que ha dado Zamora a toda la literatura española: Leopoldo García Alas y Ureña, para la posteridad Clarín, nada menos y nada más. A partir de entonces despegaría, primero con timoratas prevenciones de orden religioso y estético, y a partir del medio siglo pasado ya de un modo irrefrenable, la gloria póstuma y definitiva del artífice de «La Regenta» y de una ingente cantidad de excelentes cuentos que, con el transcurrir del tiempo, no dudo superen con creces a su otra aportación novelesca y a buena parte de su labor crítica, demasiado mediatizada por fobias y filias personales. Esa pujante corriente de reconocimiento se galvanizó en el comienzo de este nuevo siglo con el proyecto editorial de sus Obras Completas y en la tercera biografía del catedrático de Derecho, después de las realizadas por Juan Antonio Cabezas y Marino Gómez Santos.
Sin embargo, ni en el tomo correspondiente a los artículos de 1901 ni en la nueva incursión biográfica hemos visto las que quizá fueron las últimas cuartillas, inconclusas por el asalto de la muerte, que Clarín dejó en su gabinete de trabajo destinadas a una de sus «Revistas mínimas», que insertaba, desde el 26 de mayo de 1888, el diario político madrileño «La Publicidad». No se han perdido dichas cuartillas postreras porque, al cumplirse el primer aniversario de su fallecimiento, el rotativo ovetense «El Progreso de Asturias» dedicó el 13 de junio de 1902 sus dos primeras páginas a homenajear al escritor desaparecido. El año anterior, ese mismo periódico republicano de orientación liberal había consagrado su número del domingo 16 de junio a glosar la figura de Alas, para lo cual reclutó las opiniones de una veintena de autores, entre los que se citaban, entre otros, G. de Azcárate, Melquíades Álvarez, Rogelio Jove y Bravo, Alfredo Alonso, Eusebio Blasco, José Ortega Munilla o Fermín Canella.
En esas letras de despedida que vieron la luz en su cabo de año, Clarín fulmina, con una rabiosa gracia, la pedantería y falsedad imperantes en los ambientes literarios de hace una centuria, y que viene a ser hoy día prácticamente la misma miseria. Como estimo que no deben olvidarse, reproduzco a renglón seguido estos breves párrafos: «Muy escasa, muy lánguida es nuestra vida literaria, si se atiende a su movimiento ordinario, si se estudian sus “Anales”. Temporadas hay en que parece que nadie piensa para nada en las letras; a no ser esos beneméritos principiantes que, llenos de fe... en lo venidero, se lanzan al piélago inmenso de la indiferencia universal en la pobre carabela de un tomito de versos, “libertarios” o a la medida, o en el frágil esquife de una novela, ora naturalista, ora simbólica... ora pornográfica. La crítica tampoco rebulle. A esos novelistas no comprendidos les dan bombos los amigos Sainte Beuves temporeros; y otras veces, las más –esto va siendo lo más corriente y es lo más sencillo–, se los dan ellos mismos. Y hemos progresado tanto en esto de la autocrítica y del autobombo, que la costumbre es ya que el autor de uno de esos libros haga que le den un banquete sus entusiastas, que son sus íntimos y sus parientes. El banquete, claro, lo paga él. Pero, aun con todos estos artificios, poco les dura la ilusión a los neófitos, y así, el número de los desengañados, y que huyen de la imprenta como gato escaldado del agua fría, es infinitamente superior».
En ese mismo ejemplar del viernes 13 de junio de 1902, ocuparon las columnas del rotativo, para rendirle tributo, figuras de primer orden como Félix de Aramburu, Giner de los Ríos, Adolfo Á. Buylla, Adolfo Posada, Aniceto Sela, Ramón Pérez de Ayala (confesaba compungido que aún creía «ver los despojos de aquel gran espíritu, del más grande tal vez de cuantos han influido en mi alma, en esta pobre alma que llora todavía su orfandad espiritual») o el sabio alicantino Rafael Altamira, el cual no escamoteó elogios para el polémico agitador de conciencias: «Tenía Alas condiciones naturales excelentes: ingenio, intuición poderosa, gracia y donaire castizos, fantasía y un exquisito buen gusto, afinado por lecturas variadas y selectas. Pero excedió a casi todos en originalidad de pensamiento, en franca y honda independencia, que ni era fingida y superficial, ni obedecía a sentimientos de orgullo, que conducen a una libertad desarreglada, completamente caprichosa».
No faltó a estas exequias ilustradas el poeta bilingüe (castellano-bable) José Quevedo, quien depositó a los pies del amigo malogrado un sentido soneto en español, y con referencia final a Luis Bonafoux, titulado «13 de junio» y que decía así: «De la verdad eterno enamorado, / como algo que es de Dios, tal fue tu vida, / que, en empresas de amor con tu querida, / pronto rendiste el cuerpo desmedrado. // Pero alienta tu espíritu esforzado / en las puras regiones donde anida / esa misma verdad tan requerida, / a la que aquí viviste subyugado. // Al dejar este mundo mentiroso, / un rumor agitó la España entera / como en honra del sabio virtuoso; // y ocurrió, por tu dicha, de manera / que llegase al lugar de tu reposo / la baba del reptil... ¡tu honra postrera!».
Quedaron así reunidas las últimas letras de Clarín y aquellas otras que le dirigieron sus colegas y amigos y que él ya no pudo degustar.
José Luis Campal
(Real Instituto de Estudios Asturianos)
(Publicado en el diario LA OPINIÓN DE ZAMORA, 4 de octubre de 2010 )

lunes, 18 de octubre de 2010

DOMINGOS POR EL RASTRO, artículo de José Marcelino García


EL BARRO
A medida que sus mujeres envejecían, sus dueños se iban muriendo y su mundo se iba disipando en algo nuevo que venía, el barro se fue haciendo un objeto solitario. El barro, los barros, están ahora arrinconados en esta cultura del refinamiento y de la nada, de las noches de plástico, botellón y ocio inconsolable. En un mundo que no es el suyo, el barro se ha ido llenado de herrumbre, como menaje inútil poblado de cosas ausentes.
En este nido de intemperie que es el Rastro, hay un lirismo de los objetos de barro como nostalgia de algo bueno perdido que todavía se añora. Maestro de la imagen, el hombre ha pasado casi toda su vida fabricando cosas con el barro, aprendiendo a moldear con él (feble como es), dioses y reyes, ángeles y demonios, a los que transfería su espiritualidad, llenándolos de la solidez de las cosas irreales y fantásticas. Así, el barro, como un viejo camarada, fue ganando la tierra y el cielo para el hombre, acompañándole en sus buhardillas y llares, en sus cabañas y casas de paja y piedra. Por eso, el barro huele a bisabuelo, a filosofía inclinada hacia lo más hondo del tiempo. Barro obrero y labriego, recipiente cotidiano de vecindario antiguo, vaso alfarero de las viñas ancestrales, último romántico de noches españolas por colmados y mesones de Luis Candelas, ese genial bandido que estuvo en Gijón. Aquí, en este Rastro costero, encuentras alguno de estos viejos amigos: un botijo desertizado de agua; una cazuela de madre antigua; una jarra blanca del Rayo pintada de azul, del tiempo de las lecheras; un barro negro asturiano de Miranda para beber por él la salud del agua; una fuente de una época en la que se depositaba el pescado deslumbrante de los boteros o se horneaban, lenta y melancólicamente, manzanas de balsaín; un puchero, en fin, de Faro, todavía no enterrado por los dioses electrónicos.
Así están los barros por el Rastro de Gijón. Los puedes encontrar con la misma sorpresa con que se descubre la alfarería en la barca sepulcral del faraón. Y si los compras y llevas a casa, guárdalos con fervor, porque tienen el alma vieja y noble de la tierra, nuestra verdadera madre. (Publicado en el diario El Comercio)

domingo, 17 de octubre de 2010

PALABRA DE SILENCIOSO



ARTÍCULO DE JOSÉ LUIS ARGÜELLES
(Publicado en La Nueva España)
Quienes conocen bien a Luis Fernández Roces se ven obligados a recurrir al oxímoron si les pedimos que definan al escritor con un breve trazo: es un silencioso lleno de palabras. Y es que en el autor de algunos de los mejores cuentos del último medio siglo de literatura española, al que la ciudad acaba de dedicar una placita sin estatua pero con acacias y palomas, al pie mismo de la iglesia de los Capuchinos, es, sobre todo, un escuchador, alguien que sabe aquilatar muy bien las sonoridades de la vida -y de la lengua castellana, claro- en la balanza de la página en blanco. Y añadimos, además, que es un narrador de mirada profunda, cuajada de luces y melancolías, con la que ha acertado a desvelar los asuntos de sus historias, a contar -y también a cantar- las ficciones y verdades de sus libros: seis novelas («Ven y arrójate al mar», «La arena de los ciclos», «El buscador», «La borrachera», «Diálogo del éxodo» y «El paraje escondido»), una veintena de relatos agavillados en «De algún cuento a esta parte» y «Ageón», así como bastantes versos que, por ahora, ha reunido en dos colecciones de poemas: «Viejos minerales» y «Letras de cambio».

Un silencioso, pues, que ha escuchado mucho y ha visto mucho, hasta amasar una prosa y encontrar una música que destilan un estilo, una forma de estar en el mundo, de comprender el mundo. Luis Fernández Roces ha volcado en su escritura, siempre ceñida, un humanismo de mirada compasiva e inquietudes existencialistas. Es, para qué vamos a darle más vueltas al sonajero de los elogios y a la matraca del apunte crítico, uno de los grandes escritores asturianos vivos. Y si la proyección de su figura literaria más allá de Pajares es menor de lo que merece se debe, sin duda, a su alejamiento de los círculos donde se apandan muchas famas, a la sencillez de su manera de entender el oficio y a cierta miopía crítica que ignora o desprecia cuanto no pasa por los focos de Madrid y Barcelona.

Aun así, perspicaces y ecuánimes antólogos como Francisco García Pavón y Medardo Fraile -excelentes narradores, también, ambos- lo han incluido en sus imprescindibles «Antología de cuentistas contemporáneos» y «Cuento español de posguerra», respectivamente. Y son muchos los jurados que han visto en este francotirador de provincias, en este honesto y humilde constructor de ficciones y endecasílabos, a un escritor de raza merecedor de premios más o menos importantes, del «Hucha de oro» al «Asturias» de las Letras.

Luis Fernández Roces nació en Pumarabule (Siero) entre dos guerras, la Revolución asturiana de 1934 y el golpe militar de 1936 que provocó la contienda civil española. Hijo de un minero del pozo Mosquitera, su retina aún sigue calzada por las imágenes infantiles de un mundo duro de trabajo, injusticia y derrota. Desde su casa de niño veía el trajín de los relevos mineros, el cangilón con el sudor de los días. ¿Qué decide la vida de un hombre? Recuerdos así. Y quizás, en este caso, el hallazgo de un puñado de polvorientos libros en el hórreo familiar. Y entre ellos «Un capitán de quince años», de Julio Verne, cuyas agitadas líneas abrieron al púber e incansable lector de las historias que contaban los periódicos de la provincia el cofre del tesoro de la literatura.

Después vendrían las tardes en la Biblioteca de Carbayín, heredera de la de Saús, donde dicen que llegó a conferenciar Unamuno, las lecturas desordenadas (también de filosofía), los consejos de Alfredo Rodríguez y los primeros escritos, en 1949, unas crónicas futbolísticas del Santiago de Carbayín que publicó LA NUEVA ESPAÑA. Y también la afición por el teatro.

Luis Fernández Roces llegó a Gijón en 1954, después de cursar parte del Bachillerato en La Felguera y completar en Valladolid los estudios de practicante. Y a la sanidad dedicó toda su vida laboral, hasta su jubilación en 1989. Primero en el Hospital de Cruz Roja, en la calle Uría, muy cerca de su domicilio y de la plaza que ahora lleva su nombre; después de 1965, en Ensidesa. Casado y con dos hijas, durante décadas compaginó su profesión con su vocación, el tensiómetro con la pluma. Aún hay quien lo recuerda tecleando en «la errabunda» (el nombre con el que sus amigos bautizaron la máquina de escribir con la que el narrador andaba de aquí para allá) durante las largas noches de guardia, en el dispensario de la siderúrgica. Ahí escribió, por ejemplo, el largo y denso monólogo de «La borrachera», un aguafuerte gijonés en el que el médico Sotero Granda convoca a los vivos y a los muertos durante una lúcida noche de alcohol y desnudamiento verbal.

Si le preguntan, responde que su obra preferida es «El buscador», pero dicen que aún tiene una novela pendiente, escrita ya en su cabeza. Y muchos de sus lectores esperan que la fidelidad de Luis Fernández Roces a las palabras gane la partida, una vez más, al silencio.

viernes, 15 de octubre de 2010

EN ESTA PLAZA NAZCO UN POCO CADA DÍA


El escritor sierense afincado en Gijón agradece «ruborizado» el homenaje del Ayuntamiento y de la profesión

LUIS FERNÁNDEZ ROCES DA NOMBRE AL ESPACIO SITUADO FRENTE A LOS CAPUCHINOS

Fue el de ayer su «instante feliz», ese con el que conseguirá «ser feliz siempre». Porque no todos tienen el honor de «ver tu nombre presidiendo un espacio público» y ese espacio, además, es casi lo primero que ve todas las mañanas. Luis Fernández Roces sí tiene ese honor, porque desde ayer, ya de forma oficial, la plaza situada frente a la iglesia de los Capuchinos lleva su nombre. «Ruborizado», acudió a una inauguración que se convirtió en acto de homenaje, encabezado por la alcaldesa, Paz Fernández Felgueroso, y el concejal de Cultura, Justo Vilabrille.
Reconoció Felgueroso la justicia del homenaje por la «larga y fructífera trayectoria» de quien definió como «un maestro del cuento» que, pese a todo, «no le gusta darse importancia. Los demás sí debemos dársela». Y así lo hicieron los presentes. Principalmente, José Marcelino García, colaborador de EL COMERCIO y uno de los impulsores de que un espacio público de Gijón llevara el nombre de este escritor nacido en Pumarabule (Siero) en 1935, pero gijonés de adopción desde hace medio siglo. García elaboró un perfil de «uno de nuestros mejores prosistas y poetas», «escritor de raza, maestro del relato», que camina por la vida «encorvado, como esos hombres a los que les pesa muchísimo el corazón» y que de esa forma «se asoma desde hace tiempo a esta plaza para ver a través de ella la vida que va pasando».
Lo admitió después del propio Fernández Roces bajo la placa que le da su nombre a este «rincón de paz tan familiar para mí», casi su tierra natal, aseguró, donde «nazco un poco cada día, cuando abro las ventanas del amanecer. Aquí veo pasar las estaciones por estas dos acacias y sentarse los días a descansar en estos bancos».
En ese lugar que incluso se ha comprometido a mantener en perfecto estado le acompañaba ayer su familia, así como numerosos representantes de la vida cultural y literaria de la ciudad. «Ruborizado y culpable», recibió «este honor» y los aplausos del pintor Carlos Roces; del presidente del Ateneo Jovellanos, José Luis Martínez; los escritores José Antonio Mases, Antonio Merayo, Humberto Gonzali, Aurora García Rivas y Ricardo Pochtar y el también colaborador de EL COMERCIO Joaquín Fuertes, entre muchos otros. La plaza es, desde ayer, un poco más suya

(Publicado en el diario El Comercio. Foto, de Joaquín Bilbao. Texto, de O. Esteban)

miércoles, 13 de octubre de 2010

CARLOS PENELAS PRESENTA UN LIBRO

Os recomiendo la actividad cultural que sigue. La información me llega de mano de mi amiga la escritora y poeta, Aurora García Rivas. Y todo aquello en lo que interviene siempre es interesante. Así que el próximo viernes, a disfrutar de la Antología personal de Carlos Penelas.

El próximo viernes 15 de octubre, a las 19H.30’, en la Sala de Conferencias del Centro de Cultura Antiguo Instituto (Cl Jovellanos, 21), el escritor argentino Carlos Penelas presentará su libro Antología Personal. El acto está organizado por el Ateneo Obrero de Gijón y L’Arribada.

El último libro de Carlos Penelas, Antología personal, es una selección que incluye poemas de todos los libros, plaquettes e inéditos de Carlos Penelas y conmemora los cuarenta años de la publicación de su primer libro, Poemas del amor sin muros (1970).

Carlos Penelas (Buenos Aires, 1946) cursó estudios en la Escuela Normal de Profesores Mariano Acosta, donde siguió el profesorado en Letras. Esta misma Escuela le concedió en 1977 el premio “Arturo Marasso”. En la facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional de Buenos Aires cursó Historia del Arte y Literatura.
Colaborador de Propósitos, El contemporáneo, Bibliograma, Reconstruir, Pliego de Poesía, Diario Armenia, El Libertario, Diario Galicia, Diario Río Negro, La Vanguardia, Ciudad Libre, revistas literarias nacionales y extranjeras, etc., ha ofrecido numerosas conferencias en centros culturales y universitarios, de Argentina, Galicia y Madrid. Ha sido también jurado de premios literarios, organizador de homenajes a escritores, crítico literario, director de talleres literarios, conductor de programas radiofónicos culturales, etc. Ha participado en mesas redondas y ha sido invitado a congresos y otras actividades, siempre relacionadas con su oficio de escritor.


La entrada es libre.


Ateneo Obrero de Gijón

martes, 12 de octubre de 2010

INAUGURACIÓN OFICIAL DE LA PLAZOLETA DE LUIS FERNÁNDEZ ROCES

Sería estupendo asistir.

El próximo día 14, jueves, a las 12.00 h tendrá lugar la inauguración oficial de la Plazoleta del escritor Luis Fernández Roces, situada entre la Avda. de la Costa y las calles Uría y Luciano Castañón (frente a la iglesia de los Capuchinos)
Intervendrán:la alcaldesa de Gijón, Paz Fernández Felgueroso,el escritor José
Marcelino García y el propio Luis Fernández Roces.

----------------------------------------

LA PLAZA DE LUIS, ARTÍCULO DE JOSÉ ANTONIO MASES (Publicado en el diario El Comercio)

La plazoleta se acomoda a las cualidades de Fernández Roces. No es ni ampulosa ni llamativa. Se trata de un espacio recogido y casi pobre, pero lleno de esa singular grandeza que reina en lo humilde

Gijonés nacido en Carbayín, narrador y poeta multipremiado en los certámenes literarios más relevantes del país, ciudadano sencillo y afable, Luis Fernández Roces ya tiene una plaza a su nombre en la ciudad de Gijón. El dueño de una prosa limpia que ahonda en los entresijos del alma humana y se compromete con las zozobras, las incógnitas y la desconcertante aventura de vivir; el amaestrador de versos empapados de soledad -la soledad «que guardan las criaturas humanas», como él nos recuerda al evocar las palabras de Rilke-, preguntas y secretos eternos, recibe una recompensa más entre las que han cosechado sus relatos magistrales, donde no falta nada, donde no sobra nada. Este excelente contador de historias recibe ahora una acertada prueba de amor por parte de quienes han visto cómo su vida cotidiana enraizaba en la ciudad que él ha querido hacer suya. Plaza o plazoleta, es lo mismo, este espacio público emplazado en el área de Los Campos, frente a la iglesia de los Capuchinos, es el ámbito idóneo para que se haya convertido en el reducto de un homenaje de gratitud a un gran personaje como Luis, cuya vida ha transcurrido casi íntegramente en la ciudad. Y, por cierto, habitando una casa situada a pocos pasos de la plazoleta que hoy se le dedica.
Los que tenemos el privilegio de compartir amistad con Fernández Roces y entendemos que la justa distinción que le tributa el Ayuntamiento gijonés habrá sido recibida por él con agradecimiento, pero también con ciertos atisbos de sonrojo y cordial incomodidad. Luis, hombre modesto y carente de la menor señal de vanagloria, podría considerar que muchos de estos reconocimientos suelen sobrevenir revestidos de un ropaje acomodaticio, más o menos inclinado a fluctuaciones coyunturales. Pero no ignora el escritor, ni ignoramos nosotros, que nada debe considerarse más alejado de aquéllo que la razón, la circunstancia y la honestidad con que a él se le rinde este honor.
Llama la atención el hecho de que Fernández Roces haya aguardado la plena madurez -víspera de una vejez que se adivina reposada y fértil- para abordar con fruición una de sus más queridas experiencias creativas: el ejercicio de la poesía. Es sabido que todo escritor en ciernes es proclive al recurso del verso, en la creencia de que esta fórmula de expresión puede ofrecer más posibilidades. Nada más engañoso, porque la función del poeta más parece corresponder a un oficio de veteranía, estado de gracia hacia el que los escritores han de avanzar poco a poco, a lo largo de un costoso recorrido de purgas, ilusiones arrumbadas en la cuneta y un buen caudal de puñaladas, tantas veces ocultas detrás de un gesto amable, que la mano del tiempo les va asestando en el corazón de los sueños.
Esta plazoleta de Los Campos se acomoda justamente a las cualidades de Luis. No se trata de una plaza ampulosa ni llamativa. No es una plaza ornamentada con parterres, estanques, gárgolas y rosaledas. Por el contrario, se trata de un espacio recogido y casi pobre, pero lleno de esa singular grandeza que reina en lo humilde, como ocurre con el propio espíritu del escritor. Se hallan, eso sí, en esta plazoleta de Los Campos -en vísperas de ser bautizada definitivamente con el hombre de plazoleta del Escritor Luis Fernández Roces- todos los atributos pertinentes al caso: un par de árboles añosos, una farola en el centro del espacio rodeado de un racimo de bancos de madera, un retazo de césped melancólicamente ajado, una papelera y, como es de rigor, la consiguiente porción de palomas picoteadoras a la rebusca de las migas de pan que los jubilados van retirando morosamente, con la delectación de estar cumpliendo un ritual, de los bolsillos donde también guardan los caramelos de menta contra la tos. Y, en los aledaños de la plazoleta, la parada del autobús, la iglesia y el viejo quiosco de prensa, cromos y golosinas. Además, a la llegada del invierno se instala en la acerca de la vecina calle de Uría un puesto de madera donde una mujer embute en cucuruchos de periódico las castañas asadas, olorosas y tibias, que ella promociona como valdunas de Ribera de Arriba o de los montes del Bierzo.
Los que conocemos bien a Luis estamos persuadidos de que, cuando el azar cotidiano le lleve a caminar por la acera de su plazoleta, quizá no se sienta capaz de rehuir un inoportuno sentimiento de turbación, e inclinará al suelo su noble cabeza romana llena del blancor que le han venido trayendo los días y los desvelos en que buscó, y supo hallar, prosas hermosas y versos emotivos.
Creemos, sin embargo, que en el devenir de un día cualquiera, cuando el escritor se encuentre recluido en su casa, a muy escasa distancia de la plazoleta, acaso sienta el impulso de asomarse a la ventana, descorrer el visillo que ha colocado su esposa y dejar escapar una mirada furtiva -sin más interés ni complacencia que los que puedan buscarse como alivio en un pasajero momento de hastío o soledad-, hacia la pequeña plaza donde juegan, lloran y ríen los niños de cada tarde, donde picotean las ávidas palomas y donde departe una pareja de ancianos, uno de ellos con el ejemplar de EL COMERCIO encajado en el bolsillo de la gabardina sobada, el otro con las manos arrugadas y temblonas sobre el bastón. Esa mirada hecha desde la ventana, sin que nadie lo note, es todo cuanto necesita Luis para pasear una mirada breve por el escenario del mundo, resumido en la plazoleta, e ir madurando así el embrión de otra novela, de un nuevo cuento o de un poema

JOSÉ ANTONIO MASES, escritor.